Todos en capilla VI

 

Ataraxia

 

Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para dar vida a las palabras que los apóstoles nos han legado a través del tiempo y de las latitudes todas. Para dar vida a las palabras, dije y me repito para recordar que éstas son algo más que un mero compendio de términos bonitos o bienintencionados. Así que abrimos nuestros libros y leemos la Regla número 1:

«Todos hemos nacido en Arcadia, es decir, entramos en el mundo llenos de aspiraciones a la felicidad y al goce y conservamos la insensata esperanza de realizarlas, hasta que el destino nos atrapa rudamente y nos muestra que nada es nuestro, sino que todo es suyo, puesto que no sólo tiene un derecho indiscutible sobre todas nuestras posesiones, sino además sobre los brazos y las piernas, los ojos y las orejas, hasta sobre la nariz en medio de la cara. Luego viene la experiencia y nos enseña que la felicidad y el goce son puras quimeras que nos muestran una ilusión en las lejanías, mientras que el sufrimiento y el dolor son reales, que se manifiestan a sí mismos inmediatamente sin necesitar la ilusión y la esperanza. Si esta enseñanza trae frutos, entonces cesamos de buscar felicidad y goce y sólo procuramos escapar en lo posible al dolor y al sufrimiento. Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar en manos del destino. Acerca de ello: ¿por qué habría de ser necio procurar en todo momento que se disfrute en lo posible del presente como lo único seguro, puesto que toda la vida no es más que un trozo algo más largo del presente y como tal totalmente pasajera?».

Ya lo dijo el apóstol; la vida es ahora. En este instante y nada más que en este instante. ¿Qué haremos con él, con ella, con esto? No desear en exceso, no permitir que las posesiones nos posean, no permitirnos no ser, en suma.

Vayamos en paz y que la paz venga a nosotros. Nos vemos el próximo domingo.

 


Aprovechando que el año tiene cincuenta y dos semanas, iré compartiendo las cincuenta reglas de un librito que tengo por ahí. Al final señalaré quién es el autor y demás. Digamos que abro aquí un proyecto que jugará con la filosofía, la literatura, y la realidad, todo matizado con un leve humor nada original pero que le dará a estas entradas un tono menos acartonado, si me lo permiten.

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