Sombras de gris

 

perros 03

 

En la última entrada nombré a alguien habitual de este sitio: Diógenes de Sinope. Como alguno recordará, soy un ferviente admirador y seguidor de las doctrinas de los filósofos cínicos o, como al mismo Diógenes le gusta decir, de los filósofos perros. También recordarán que mi fervor no es menos profundo en lo que se refiere al rechazo que siento por Platón y sus huestes posteriores. En ese sentido, soy un antiplatonista nato y activo.

Pero, como todo en esta vida,  hay matices que uno debe conocer y reconocer para no convertirse en un fanático absolutista, como esos que vemos pulular por todos lados, individuos o grupos que no permiten la menor crítica por más bien fundamentada que ésta sea. Para evitar estos excesos nada mejor que poner en tela de juicio lo que uno cree o piensa o supone y, de ese modo, ir adecuando esos pareceres al nivel que le corresponde. Por ejemplo, volviendo al tema del inicio de esta entrada y para salir de la remanida anécdota de Diógenes y Alejandro Magno, podría citar otra:

Cierto día Platón ve a Diógenes lavando unas verduras para comer y le dice «Si hubieses sido amable con Dionisio no estarías lavando verduras» (Se refiere al tirano Dionisio de Siracusa, no al dios del mismo nombre). A lo que Diógenes responde: «Y tú, si lavaras tus propias verduras no tendrías que ser esclavo de Dionisio».

Muy bonito. Punto para Diógenes, pero… hay otra anécdota que me parece aún mejor y que no deja al filósofo cínico muy bien parado. Se dice que cierto día Platón (también estaba invitado Dionisio, dicho sea de paso) invita a Diógenes a su casa y que éste, al pisar las ricas alfombras de la casa, dijo «Piso la vanidad de Platón»; a lo que éste respondió: «Sí, Diógenes, pero con otra vanidad…». Notable respuesta que no sólo puso a Diógenes en su lugar, sino que nos alerta a todos los que lo admiramos que hay, siempre, límites a la admiración y a las ideas. Cuando uno lee textos sobre Diógenes encuentra a un hombre de una altura moral inigualable; pero no pocas veces lo vemos caer en una soberbia improducente y, lo que es peor, incoherente. De allí que debamos tomar nota de ello e ir puliendo lo que tomamos de estos grandes hombres. Sin caer en el relativismo de que «todo vale lo mismo» (horrible idea moderna que debe ser evitada a toda costa, sin ir más lejos, valga como ejemplo de un absoluto erróneo) debemos reconocer que no todo Diógenes es digno de ser seguido al pie de la letra y que no todo Platón debe ser descartado o relegado al olvido. Hay que aprender a ver, entre tantos blancos y negros, a las deliciosas sombras de gris.

5 comentarios el “Sombras de gris

  1. Estoy tan de acuerdo contigo en tus reflexiones filosóficas, que sólo puedo decirte que, como siempre, aplaudo lo que escribes. También quiero agradecer tus comentarios en mi blog, lo aprecio mucho y me estimula. Gracias por todo Roberto, decirte que eres genial, es poco. Diógenes es uno de mis favoritos, como también lo es Erasmo… Gracias, amigo.

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    • Borgeano dice:

      Gracias a ti, Julie, por estar aquí y por tus comentarios. Sé que compartimos amores filosóficos además de poéticos, lo cual nos permitirá seguir conversando por mucho, mucho tiempo. Agradezco tus palabras de reconocimiento hacia este humilde sitio y hacia mi persona. Uno hace lo que le gusta y cuando ello se comparte con alguien como ustedes es doblemente placentero.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Yo también soy amante de la filosofía, de los filósofos cínicos -que no de los cínicos que nos rodean- y de esta estupenda entrada que has hecho. te dejo este enlace, no sé si ya lo conoces.

    Muchas gracias y un gran abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Sé que coincidimos en varios placeres intelectuales, Isabel, y doy gracias por ello. Gracias por dejar aquí tu poema, espero que muchos aprovechen la oportunidad y lo disfruten tanto como lo he hecho yo. Por cierto, debo reconocer que Hiparquia es una de mis asignaturas pendientes. Le he prestado más atención a Hypatia, pero eso sólo fue debido al azar (Hypatia llegó a mí por medios indirectos y luego fue ganando su propio espacio).
      Gracias nuevamente por el poema y por estar aquí.

      Un fuerte abrazo.

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      • Me sonrío, querido Roberto, porque mi asignatura pendiente es Hypatia, de la que cuento con toda la información pero “la pobre” está en lista de espera.
        Gracias a ti, sabes que te acompañaré siempre que no haya “interferencias” por medio.
        ¡Buen fin de semana! Un gran abrazo.

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