Malabares

 

malabaristas 01

 

Leo en El mito de Sísifo, De Albert Camus: «El tema de este ensayo es, precisamente, la relación entre lo absurdo y el suicidio, la medida exacta en la cual éste es una solución al absurdo. En principio, se puede plantear que para un hombre que no hace trampa, lo que él cree verdadero debe regular su acción. La creencia en lo absurdo de la existencia debe, pues, dirigir su conducta. Es de una curiosidad legítima preguntarse, claramente y sin falso patetismo, si una conclusión de este orden exige que se abandone lo más pronto posible una situación incomprensible. Aquí me refiero, desde luego, a los hombres dispuestos a ponerse de acuerdo con ellos mismos».
Debo ser sincero: leo el ensayo de Camus con una posición tomada de antemano; y este párrafo que acabo de citar me plantea preguntas para las cuales ya tenía una respuesta. Para explicarme tengo que traer aquí a Schopenhauer, porque fue el que mejor expuso esa idea de que el mundo es un absurdo pero en el que hay momentos que dan valor al acto de vivir. Más precisamente lo dice así: « […], se pierde completamente en objeto, es decir, olvida su individualidad, su voluntad, y queda únicamente como puro sujeto, como espejo del objeto». (El mundo como voluntad y representación I, § 34, 233).
¿Cómo es esto? Pues que el mundo es un absurdo no es algo que requiera mucha explicación; sólo alcanza con ver esos compendios del pesar y de la maldad humana que se llaman «noticieros televisivos» donde se siguen, sin solución de continuidad, un desastre tras otro. En ese caso sí podemos estar de acuerdo con Camus y su duda: ¿Cómo hacer para no suicidarse ante tanto absurdo? Pero si uno tiene la buena costumbre de alejarse de esos compendios del pesar y también de todos aquellos que nos rodean y que no hacen otra cosa que imitar a esos programas sólo que en versión familiar y personalizada, puede dedicar su tiempo al arte y a la contemplación de otras cosas que son el polo opuesto a lo antes descrito. En mi caso, y en este momento en el que escribo esto, tengo siete libros de Albert Camus (vengo charlando con él desde hace tres semanas y creo que tengo material como para otras tres semanas más); la colección completa de los conciertos para piano de Mozart (12 CD´s, los cuales pienso escuchar en orden) y, ante la imposibilidad de agenciarme los originales, voy «coleccionando» todos los Modigliani que encuentro, ya sea en papel o a través de la red. Por supuesto, no me olvido de otra parte importante de la realidad. Dentro de unos minutos L. saldrá de su trabajo y, como todas las tardes, saldremos a caminar. Tal vez nos sentemos un rato en la plaza, tal vez lo hagamos en un café; tal vez sólo caminemos o entremos a una tienda o a una librería. Cuando volvamos a casa nos acostaremos, charlaremos otro rato, nos abrazaremos y así terminaremos el día.
Es entonces cuando el mundo se modifica y cobra otro carácter, otro valor, otro sentido y es entonces cuando uno dice ¡Por supuesto que vale la pena vivir este absurdo!

 

malabaristas 02

Hace unos días fuimos con L. y sus hijos al circo ¿Al circo en pleno siglo XXI? ¡Pues sí! ¿Por qué no? Si vivimos de absurdo en absurdo… como sea, el espectáculo —con esas limitaciones propias del circo, el cual nos llevó de la mano a nuestra infancia, entre otras cosas—, fue sencillo pero divertido; colorido, inocente y, hasta podría decirse, humilde. Y fue tan humilde que ambos coincidimos en que el mejor número fue el del malabarista, quien realizó el viejo acto de arrojar pelotas al aire o contra el piso con notable destreza. Él fue la respuesta perfecta a la incógnita de Camus: en el absurdo del circo él era un perfecto malabarista y la enseñanza que me dejó fue clara: del mismo modo que él lo hace con pelotitas, yo hago malabares con conceptos e ideas y, entre catástrofes televisadas, Camus, Mozart, Modigliani, muertos en primer plano y las risas y los besos de L., me digo que mientras esté en este escenario tengo que dar, cada día, lo mejor de mí. Porque entre el absurdo y la belleza sólo hay un paso y una decisión y, más que nada, porque sí; porque vale la pena.

 

 

14 comentarios el “Malabares

  1. María dice:

    Siempre valdrá más la pena dar todo lo mejor de nosotros, sin plantearnos nada mas.
    Besetes desde aquí, Roberto.

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  2. Mi estimadísimo filosofo; vale la pena estar aquí. vale la pena , a pesar de los absurdos. Para eso, como bien dices, está el arte; están la música y los libros. y el Amor de L. Y (de J. para mí). y está esta cosa nueva a la que ahora mismo me estoy asomando que se llama blog.Y leo tu entrada. Y siento toda la belleza de lo bien hecho. Gracias por regalar tu pensamiento.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Gracias por tu comentario, Carmen; justo hoy desperté con la idea de abandonar un poco este sitio, pero tu comentario hizo que me replanteara esta decisión; gracias por ello.
      Con respecto al tema de la entrada me alegra ver que estamos de acuerdo. Este maravilloso absurdo en el que estamos inmersos no deja de ser, paradójicamente, digno de ser vivido.

      Un abrazo.

      P.S.: Antes que nada, bienvenida al maravilloso mundo de los blogs. Una pregunta ¿Tu blog es http://soyaldeana.wordpress.com/ ? Porque recordaba uno llamado (si mi memoria no falla) “Soy Aldeana”. Si ése enlace me lleva al tuyo será un placer pasar por allí.

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  3. Este texto, querido amigo, no tiene desperdicio -por otra parte habitual en todo lo que escribes-, pero el asunto que hoy expones tiene mucha enjundia y es muy adecuado para filosofar sobre el sentido de la vida, lo absurdo de ella y lo que merece la pena de ella. Y esto, pienso yo, tiene muchísimo de subjetividad, ¡son tantos los factores que condicionan el sentimiento y el pensamiento humano!
    Camus sigue siendo, desde mi juventud,compañero de lectura y de reflexión ¡tan actual en tantos de sus pensamientos!. Y Mozart…qué decirte.
    Un gran abrazo.
    P.D. Coincido contigo en la tiranía del tiempo y los blogs.

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    • Borgeano dice:

      Antes que nada, muchas gracias por tus palabras y por tu lectura, Isabel. Sé que al escribir este tipo de entrada (que son, por una parte, de las que más me gusta escribir, aunque no son de las que comparto más a menudo; la mayoría de ellas queda en un archivo personal) me conecto, de alguna manera, con ciertas personas en particular, lo cual le brinda a la entrada un carácter particular. Además de esto, lo que me agrada es que puedo “filosofar desde el yo”, y esto no significa, por supuesto, ningún acercamiento egocéntrico, sino, simplemente, el placer de la filosofía desde la praxis, lo cual para mí es una forma de conducta.
      Ahora, ver que a alguien a quien aprecio y admiro le agrada lo que acabo de escribir ya me permite ir a dormir con una satisfacción sencilla pero profunda; así que gracias por todo ello.
      Gracias, por supuesto, a los amigos como Camus, Modigliani y, sobre todo, Mozart. Los dos primeros van y vienen, pero éste último ronda la casa de manera constante (conseguí TODA la obra de Mozart –168 CD´s y pensé en escucharlos todos en orden, cosa que iba a llevarme más de un año; pero la verdad es que los conciertos para piano son los que andan rondando de manera constante; sobre todo nuestro queridísimo concierto número 20).
      Me extendí demasiado. nuevamente gracias, y disculpas.

      Un fuerte abrazo.

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  4. macalder02 dice:

    Para entender mejor tu escritura, nada como terminar leyendo las opiniones de lo que más saben y eso me da una idea más cabal de lo dice tu escritura. Al final de tanta filosofar, la vida es una sola y se vive una sola vez. Nada como disfrutarla y a ti no te va nada mal. Yo prefiero Mozart. Mis saludos.

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    • Borgeano dice:

      Pues debo reconocer que a mí no me va mal, es cierto; pero aquí quisiera decir dos cosas: primero, que no siempre esto fue así. Y segundo, que si hoy puedo disfrutar de algo es porque en algún momento tomé la decisión consciente de cambiar las cosas (y que ello no fue nada fácil). Lo que veo a mi alrededor es que la mayoría de las personas, aunque quisieran hacer lo que yo hice y hago (algunos me lo han dicho de manera directa) pero que nunca toman la decisión y se abocan a ello.
      Pero al final sólo puedo abocarme a lo mío y allí sí, estoy de acuerdo contigo (y doy gracias por ello), no me va nada mal.

      Un abrazo.

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  5. La sobremesa es de lo mejor y la disfruto. Nada puedo agregar después de leer tu excelente texto y los comentarios que te han hecho. Me lleva a pensar que con el ojo que te despiertes en la vida será con el que digamos adiós. Abrazo mi buen.

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    • Borgeano dice:

      Los placeres sencillos son, al final del cuento, los mejores de todos (tal vez no sean los más intensos; pero como son más en cantidad, ganan por goleada).
      Me gusto muchísimo esa metáfora del ojo que nos has compartido. Creo que es una excelente forma de sintetizar lo que he dicho en la entrada.

      Un fuerte abrazo.

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