La danza de la muerte

El Beso de la Muerte, (EL Petó de la Mort, en catalán) es una escultura de mármol, que se encuentra en el cementerio de Poblenou en Barcelona y realizada en 1930. Se dice que esta escultura inspiró la película El séptimo sello, de Ingmar Bergman.

 

El beso de la muerte

 

La obra es romántica y terrible y lleva a las personas que la ven a expresar diferentes puntos de vista: a la vez atrae y repele. Se encuentra sobre la lápida del empresario textil Josep Llaudet Soler. La escultura representa a la muerte, en forma de un esqueleto alado, que besa la mejilla de un hombre joven. La escultura evoca diferentes respuestas a las personas que la ven: es el éxtasis en el rostro del joven o la renuncia a la vida.

Hacia 1930 la familia Llaudet perdió un hijo en plena juventud y quiso hacer una escultura para su tumba, que representase los siguientes versos de Mossen Cinto Verdaguer del epitafio:

«Mas su joven corazón no puede más;
en sus venas la sangre se detiene y se hiela
y el ánimo perdido con la fe se abraza
sintiéndose caer al beso de la muerte».

El encargo de la obra fue hecho al taller del escultor Jaume Barba, a quien desde siempre le fue adjudicada la creación de la escultura. Sin embargo, tomando en cuenta que este artesano tenía más de 70 años cuando se realizó, algunos se inclinan a pensar que el verdadero autor fue Joan Fontbernal, yerno del maestro y quien era el escultor más cualificado del taller de la familia Barba.

La figura de la muerte como «la gran igualadora» es una figura retórica utilizada a lo largo de toda la historia artística, pero que tuvo su auge en la edad media y llega hasta el siglo XIX. Obras como La danza de la muerte, de Saint Saënz es un excelente ejemplo de ello (pueden escucharla aquí). La obra, estrenada en París el 24 de enero de 1875, describe a la Muerte tocando el violín a medianoche. A su ritmo, los esqueletos bailan alrededor de una tumba, y al amanecer, con el canto del gallo, los muertos vuelven a sus tumbas. Las palabras finales son sintomáticas: «¡Que viva la muerte… y la igualdad…».

En la pintura encontramos muchas obras que nos muestran a la muerte bajo el manto del romanticismo, lejos de la figura más oscura o violenta a la que estamos acostumbrados hoy. He aquí un par de ejemplos:

 

Bouguereau

Adolphe William Bouguereau – Égalité devant la mort

Danza macabra

Jakob von Wyl  – Danza macabra

V0017615 The dance of death. Oil painting.

Anónimo – Danza macabra

Por último, dejo una obra moderna, pero que me atrae muchísimo. Aunque no se relaciona directamente con el tema de la danza macabra, sí lo hace de manera tangencial, pero no menos contundente. Se trata de Death and Life (Muerte y vida), de Gustav Klimt, y lo que me parece más fascinante es el equilibrio que logra el pintor en esa tela. Ese grupo de personas a la derecha, el cual representa a la humanidad toda a lo largo de sus edades, está compensado por esa muerte solitaria a la izquierda. Un solo personaje vale lo mismo que todos nosotros. La muerte, después de tanto tiempo, sigue siendo la gran igualadora.

 

klimt

4 comentarios el “La danza de la muerte

  1. El arte siempre ha sido, y es, fiel reflejo de lo que supone la muerte para la mente humana.
    Gracias por esta muestra de grandes obras.
    ¡Feliz semana!

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      El arte es, sin duda, uno de los interlocutores de mayor altura de todos aquellos a los que podemos acceder. En lo personal, ir a un museo es una forma de crear un diálogo inmediato conmigo mismo (salvo, claro está, que la muestra sea demasiado mala; pero aún así hay veces en que el diálogo aparece, aunque sea como crítica) de manera inmediata.

      Gracias por tus deseos (he estado un poco mal de salud y recién aparezco hoy por la red).

      Un fuerte abrazo.

      Me gusta

  2. Katherine dice:

    Como casi siempre, el arte termina por revelar más de lo que llevamos dentro que incluso lo que lleva dentro el artista, la muerte parece tan subjetiva como cada uno de nosotros!!

    Le gusta a 1 persona

    • Borgeano dice:

      Tienes razón en todo lo que dices, pero me voy a permitir comenzar por el final. Me parece estupenda la señalización que haces de que la muerte es tan subjetiva como cada uno de nosotros. En ese sentido, podríamos decir que no hay una muerte, sino tantas como personas (o seres vivos que sean conscientes de ella. Tal vez haya alguno de esos que nosotros consideramos “inferiores” que sepan sobre ella más que nosotros).
      En cuanto al valor del arte, qué decir… no hay mejor interlocutor. Siempre nos dejará algo que crecerá dentro nuestro, incluso cuando la obra sea criticable.
      Gracias por tu comentario.

      Un abrazo.

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