Escribir bien, pensar bien, obrar bien

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Como si hiciera falta alguna prueba más de la necesidad de una educación multidisciplinar en la sociedad actual, encuentro este pasaje en una novela que, a pesar de ser de principios del siglo XX, aún habla (tal como corresponde a una verdadera obra de arte) a los hombres de todas las épocas. Se trata de un fragmento de La montaña mágica, de Thomas Mann:

«—Ustedes han tenido en su país —dijo Settembrini—, ustedes tuvieron, hace dos siglos, un poeta, un admirable viejo conservador que concedía una gran importancia a la bella caligrafía, pues creía que conducía al bello estilo. Hubiera tenido que ir un poco más lejos y decir que un estilo bello conduce a las bellas acciones. Escribir bien es casi ya pensar bien, y de esto no hay mucha distancia a obrar bien. Toda civilización y todo perfeccionamiento moral ha salido del espíritu de la literatura, que es el alma de la dignidad humana y que es el espíritu de la política… Sí, todo eso no hace más que uno, no hace más que una sola y misma idea de potencia y es con un solo nombre que se puede reunir todo.

            ¿Cuál era ese nombre? Ese nombre se componía de sílabas familiares, era la palabra: Civilización. Y al dejar caer esa palabra de sus labios Settembrini alzaba su pequeña mano derecha amarillenta, como quien quiere brindar».

 

Settembrini, ese maravilloso personaje secundario que marca una ruptura en el texto cada vez que aparece, dice algo que de tan obvio pasa desapercibido: el conocimiento está tan interrelacionado que no puede haber civilización sin cultura. Hoy, que todo tiene que pasar por la productividad más desbocada, deberíamos recordar que lo que nos hace humanos es la educación, la cultura, el arte; no el tamaño de nuestra televisión o el cargo que tenemos en una empresa.

14 comentarios el “Escribir bien, pensar bien, obrar bien

  1. Durante mucho tiempo La montaña mágica, de Thomas Mann, fue mi libro de lectura, y hoy me he sentido feliz al leer un fragmento de su sabiduría. Gracias por traerlo. En estos tiempos que vivimos hoy, es importante lo que hoy expresas en tus reflexiones. Y te diré que estoy totalmente de acuerdo contigo y lo sigo estando de igual forma lThomas Mann. Gracias.
    Mi abrazo fuerte.

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    • Borgeano dice:

      La montaña mágica era una novela que tenía siempre “en vista” pero de la cual no conseguía ningún ejemplar económico. Hace poco me agencié uno y me sumergí de inmediato en ella. Por supuesto, disfruté cada segundo de lectura. Esa novela tiene todo, pero los dos capítulos finales me hicieron saltar de sorpresa y alegría. Sorpresa por el curso de la historia y alegría por la belleza a la que estaba accediendo (precisamente, no hay nada bello como historia allí). Me alegra mucho haberte recordado aquella lectura y el placer que te (nos) brindó.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Tengo pendiente leer “La montaña mágica”.

    Ahora estoy enfrascado en las 1100 páginas de “Vida y Destino” de Vasili Grossman.
    No sé si lo has leído, si no es así, creo que te podría gustar.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      La montaña mágica fue una de esas novelas que se hizo rogar. Ahora que pude comprar un ejemplar (de segunda mano, pero lo que para mí le agrega cierto encanto; otro tipo de encanto añadido) me dediqué a ella por completo y, por supuesto, la disfruté en cada página. Es una de esas lecturas a las que nos estamos desacostumbrando; capítulos largos, reflexivos, largos diálogos, descripciones minuciosas, párrafos filosóficos, etc. De todos modos (y sé que no digo nada nuevo con ello) es una novela maravillosa.
      En cuanto a “Vida y Destino” pues no, no la conocía; pero si tienen 1100 páginas y me la recomiendas, pues veré si me acerco a ella de alguna manera.

      Gracias por la recomendación y un fuerte abrazo.

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      • ¡Cómo es la vida de curiosa!, justo hoy avanzando la lectura que te decía que ocupa mi tiempo ahora, aparece esto: “No habló de la reunión del Consejo Científico; se interesó por Nadia, pidió a Liudmila Nikoláyevna que le prestara La montaña mágica de Mann, preguntó a Zhenia sobre Vera y su hijito, y qué contaba en sus cartas Aleksandra Vladimirovna desde Kazán”.
        Sí uno se dejase llevar por el esoterismo y las supersticiones pensaría que estas casualidades y caprichosas coincidencias temporales son señales ocultas. 😊

        Un abrazo.

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      • Borgeano dice:

        Esas cosas son más comunes de lo que pensamos, pero sí, sin duda que uno se pone a pensar en que “parece mentira” o que “parece que hubiera algo más”. Pero como decía, no son tan extrañas, sólo es que estamos más atentos a ello en un momento determinado. Y no sé a ti, pero a mí esos encuentros fortuitos me parecen una delicia.

        Un abrazo.

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      • Sí, estoy de acuerdo que son comunes y cuando los sentimos en positivo nos parecen deliciosos y cuando son en nuestro perjuicio pensamos que el universo se confabula contra nosotros.

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  3. macalder02 dice:

    No he leído la Montaña Mágica pero ahora con lo expresado en tu comentario, me ha despertado el interés de hacerlo y cuando me atasqué, estoy seguro que voy a contar con tu ayuda. Este 13 me voy a vivir a Santiago de Chile. Aquí en Venezuela la situación está muy difícil en todo aspecto. Por el control de cambio, no hay libros que se pueda comprar. En Santiago es otra cosa. Tengo un hijo que vive allí y ya estuve el año pasado de visita y me gustó la ciudad. Saludos.

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    • Borgeano dice:

      Antes que nada, pues los mejores deseos en esta nueva etapa que se presenta ante ti. Lamento las circunstancias que te obligan al cambio; pero a veces no tenemos opciones, aunque ello sea por responsabilidad o culpa de otros (algo similar viví yo en el 2000, cuando me fui de Argentina a los EE.UU.). Al menos tienes a tu hijo allí, lo cual ya es algo bueno dentro de todo lo malo que un exilio implica. Así que mucha suerte y lo mejor para ustedes. Claro está, para lo que uno pueda servir, encantado.
      Con respecto a La montaña mágica, te cuento que yo esperé muchos años a encontrar un volumen que me resultara accesible. Si bien soy un comprador compulsivo de libros, a veces dejaba pasar uno de esos volúmenes para poder comprar otros… Como sea, es una lectura altamente recomendable (ya has visto que no soy el único aquí que así lo cree), aunque, insisto, hay que tomarse su tiempo, ya que es una literatura que tiene cien años encima y los ritmos son otros. Por supuesto, en esta lectura en particular y en cualquier otra en que pueda serte de ayuda, cuenta conmigo.

      Un fuerte abrazo.

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  4. Ciertas señoras alababan al expresidente John F. Kennedy en la red social por antonomasia, el “caralibro”. Debajo de una fotografía en la que se veía rodeado de una enorme biblioteca y firmaba quién sabe qué documento, una de ellas comentó: “Él sí leyó todos esos libros, era un hombre verdaderamente culto”; y había muchos elogios parecidos a este. Por último, una mujer escribió más o menos esto: “¡Es una lástima que no le haya servido de nada leer tantos libros, porque eso no impidió que hiciera sufrir a la esposa con sus infidelidades!”. Ese fue el último comentario debajo de aquella entrada en aquella red social (cancelé mi cuenta hace unos cuatro años). Leo en la Internet un artículo titulado “¿Vencerá el bien alguna vez al mal?”: “Cada vez que despedimos de la mente un pensamiento malsano y cada vez que rehusamos devolver mal por mal, el bien vence al mal. No obstante, aunque esas son victorias valiosas, no eliminan las […] fuentes principales del mal. Por más que nos esforcemos, no podemos vencer completamente nuestras debilidades”. Vino a mi encuentro este recuerdo (el de las señoras de marras) por esta frase (aunque las alabanzas aludían al hábito de la lectura de aquel hombre, no al arte de la escritura): “Hubiera tenido que ir un poco más lejos y decir que un estilo bello conduce a las bellas acciones”. Y luego añade Mann (y esto me gusta mucho): “Escribir bien es casi ya pensar bien, y de esto no hay mucha distancia a obrar bien”. Después de lo cual he recordado aquello de que los libros son mejores que quienes los escriben. Y sí, lo admito: no estoy satisfecho con quien soy. Terrible sería, me parece, que lo estuviera. Añade Mann estas palabras que me hicieron sonreír y pensar en los actos atroces, ‘in crescendo’, de las clases política, religiosa y económica poderosas del mundo: “Toda civilización y todo perfeccionamiento moral ha salido del espíritu de la literatura, que es el alma de la dignidad humana y que es el espíritu de la política…”. Y sí, ¿qué sería del recuerdo moral y de la ley y de la cultura sin los libros, sin las palabras…? No sé cuántas personas sobrevivirán cuando termine de ser cribada la humanidad. Únicamente espero estar ahí para saberlo (y escribirlo). Me ha gustado mucho esta entrada y me he tomado la libertad de compartirla en Tweeter. Saludos desde Guatemala.

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    • Borgeano dice:

      Antes que nada, Ediciones del Jazmín, quiero agradecerte por el estupendo comentario. Da gusto encontrar a alguien con quien se puede dialogar con extensión y profundidad. Paso a responderte de manera algo caótica:
      Quiero empezar por tu frase: “lo admito: no estoy satisfecho con quien soy”. Estamos de acuerdo con que sería terrible sentirnos satisfechos de lo que somos ¿cómo podríamos avanzar si así lo fuera? La insatisfacción personal (siempre que no sea una condición patológica, por supuesto) es fundamental para poder seguir el camino que nos ha tocado en suerte (y para disfrutarlo, además).
      Lo de Facebook es atroz, sin duda. Yo he dado de baja todas mis redes sociales excepto esa y sólo porque tengo allí a cinco o seis personas que no quiero perder y a los que no encuentro por otro medio. De todos modos, sólo ingreso para ver si hay algún mensaje directo o a un par de páginas de libros y de arte, donde consigo material que a veces no encuentro en otros sitios. Evito a toda costa todo tipo de lectura de memes o de debates, ya que sólo es una pérdida mayúscula de tiempo y de esfuerzo. Lamentablemente el estilo o forma de conducta que se encuentra en esos sitios se ha extendido a otros ámbitos y es así como podemos ver gente que discute con la misma profundidad en una reunión familiar, amistosa o hasta en la TV. Se está emparejando hacia abajo de manera desproporcionada y eso nunca puede ser bueno.
      Lo de Kennedy, a pesar de que sólo lo pones como ejemplo, me recordó que tengo que escribir una entrada basada en él. ¿Sabías que su famosa frase “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país” es un plagio absoluto? Letra por letra… Pero volviendo al tema, sí, claro, ése es el tono de los debates por “caralibro”; de allí que haya que huir de allí como de la peste.
      Por último, accedo a lo más rico de tu comentario: la idea central plasmada por Mann de que la bella escritura podría ser el principio de una bella actitud (me permito el uso del condicional porque esto es una especie de círculo vicioso positivo: escribir bien es pensar bien es obrar bien; pero también lo inverso es válido y cierto: pensar bien nos lleva a escribir bien y a obrar bien; o cualquiera otra de las combinaciones posibles). Por una parte haces bien en señalar a las cúpulas del poder como ejemplo de que lo que dice Mann es totalmente cierto. Hoy en día todos esos sitios de poder están en manos de incapaces intelectuales que se mueven en pos de sus propios beneficios y nada más. Esto me recuerda aquella sentencia de Roland Barthes: “Los títulos universitarios son los nuevos títulos de nobleza”. ¡Y es cierto en la práctica diaria! Hoy tener un título universitario da “brillo y lustre”; pero eso no significa nada. La capacidad intelectual de la mayoría de estos titulados es paupérrima y gracias si saben algo de su propio tema y especialidad. Después, si los sacas de allí, no saben absolutamente nada (Me permitiré una anécdota personal: mi esposa trabaja en una empresa que hace reconocimientos y otros elementos para las universidades. La cantidad de universitarios o profesores que no saben llenar un formulario, o que escriben con faltas de ortografía o que no pueden escribir un párrafo de agradecimiento a un colega –y hablamos de no más de tres renglones–, es increíble. Se ha encontrado con casos donde profesores titulados y que dictan cátedra se retiran de la empresa porque no saben escribir el apellido del homenajeado y “deben ir a averiguarlo”).
      Por último, todo esto hace –he hablado mucho de esto en este sitio– que uno termine por aislarse y sólo se encuentre cómodo en una biblioteca, rodeado, a lo sumo, de dos personas y mientras tanto la sociedad se mueva y ulule en el exterior como una tormenta que arrasa todo consigo.

      Bien, gracias nuevamente por tu comentario.
      Un fuerte abrazo.

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  5. Carmen B. dice:

    Mi Admirado filósofo ; siempre que accedo a tu blog me encuentro un regalo que son tus escritos. Y en este de hoy, además de tus escritos, encuentro las respuestas de los blogueros/ as. Y me maravillo de lo hermoso que es plasmar un pensamiento accionando un teclado y comprobar la repercusión que tiene ; me refiero a lo que has generado con la novela de Man: tanto como hiciera el al escribirla. Es la maravilla de las cosas bien hechas; la maravilla de la cultura, de los libros…y de este ciberespacio que bien usado sirve para estos encuentros , aquí, al otro lado del mundo, Al levantarme, encuentro estas reflexiones.
    ¡Gracias!

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    • Borgeano dice:

      Nuevamente, Carmen, debo agradecer tus palabras para con este modesto sitio y con quien lo lleva adelante. Creo que ese diálogo que señalas es lo que más me agrada de este escribir en un blog; porque de un modo u otro yo podría escribir en lo privado de mi hogar (cosa que también hago, por supuesto) ¿Pero de qué sirve todo ello si no se comparte de alguna manera? El diálogo que se produce después es lo más enriquecedor de todo y es lo que agradezco infinitamente (por cierto, no pocas veces he modificado mis escritos a raíz de lo que me han dicho ustedes, los interlocutores de las diferentes latitudes con quienes nos cruzamos a diario). En ese sentido, demos gracias por estar maravillas que la tecnología nos brinda.

      Un fuerte abrazo.

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