El subproducto esencial

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eres feliz o solo sonries YA

 

«A mí no me gusta hablar de felicidad, sino de armonía: vivir en armonía con nuestra propia conciencia, con nuestro entorno, con la persona que se quiere, con los amigos. La armonía es compatible con la indignación y la lucha; la felicidad no, la felicidad es egoísta». Dice José Saramago y da, como siempre, en el clavo. La frase, podría decirse, es un dístico, y cada una de sus partes es, a la vez, independiente y dependiente de la otra. La primera de ellas es la que más me importa: la felicidad subordinada a la armonía me parece una idea de profunda belleza y verdad. Es casi un pequeño koan zen.

Hace un par de meses se llevó a cabo un debate más que interesante entre el filósofo esloveno Slavo Zizek y el psicólogo Jordan Peterson. El debate llevó el atractivo título de Felicidad: Capitalismo contra Marxismo (y fue publicitado como «El debate del siglo»,  lo cual todavía está por verse. Pueden encontrarlo completo y subtitulado en YouTube). en un momento del debate Slavoj Zizek plantea así su idea de la felicidad: «… llamémosla la naturaleza corruptiva de la felicidad. Entonces mi fórmula es «la felicidad debería ser tratada como un subproducto necesario». Si te enfocas en ella, estás perdido. La felicidad aparece como un subproducto de ti trabajando por una causa. Ése es el asunto básico para mí».

La misma idea, la misma precisión: la felicidad no es algo que podamos alcanzar apuntando directamente a ella. Lo que solemos conseguir en esos casos es sólo un remedo, un pseudo producto que se parece en algo al original, pero que sólo dura muy poco tiempo y que nos deja, al desaparecer rápidamente, nada más que vacío. La felicidad verdadera, esa que Saramago y Zizek nos dicen que es un subproducto de la armonía y de la lucha por una causa válida, no sólo es más profunda y persistente; sino que muy posiblemente no nos deje nunca, ya que su aparición se transforma en esencia, en raíz, en lo mejor de nosotros mismos.

2 comentarios el “El subproducto esencial

  1. Al igual que Erich Fromm habla del miedo a la libertad, podemos hablar también de un miedo atávico a la felicidad (o un recreamiento narcisista del sufrimiento) que precisamente, desde mi punto de vista subjetivo recae en nuestra forma de vivir desequilibrada, inarmónica.
    Tenemos miedo a la felicidad porque vivimos totalmente en desarmonía con nosotros y con nuestro entorno.

    ¿Es la “felicidad” un producto de consumo?
    Te adjunto este enlace sobre “El hombre más feliz del mundo”
    https://hipertextual.com/2018/01/matthieu-ricard-revolucion-altruista

    Vivir en armonía con todos los seres vivos es complejo porque desde que nacemos se nos educa en el desequilibrio y el egoísmo. Se nos recalca una y otra vez, de formas sutiles o descaradas, que el dinero da la felicidad. Tanto el capitalismo como el comunismo no dejan de ser dos caras de una misma moneda, el desequilibrio. El fin justifica los medios, la erótica del poder…

    Tu texto de hoy es sumamente profundo pues abarca conceptos filosóficos, éticos, psicológicos… podríamos disertar largo sobre el tema pero, Saramago nos deja una síntesis perfecta.

    Un fuerte abrazo

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  2. Tengo escrito algo en esa línea, sobre mis dificultades con la palabra felicidad.
    Un abrazo.

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