Sobre lo bello

lo bello

El título de esta entrada es, a todas luces, parcial. Mal podría en unas pocas palabras establecer lo que toda la historia de la filosofía no ha podido hacer en miles de años. Si intentara hacer tal cosa no pasaría de una mera sentencia, la cual sería incompleta y la que quedaría caduca en muy poco tiempo. Así que me limitaré a unas citas de Friedrich Schiller y nada más (queda para más adelante lo que dijeron otros pensadores al respecto; el tema es rico y extenso y todos nos dejan buena material para pensar).

Antes que nada, quiero aclarar el motivo que me llevó a esta entrada. Como ustedes sabrán, hace un par de semanas se vendió en Art Bassel Miami, y por una cifra que ronda los ciento veinte mil dólares, una «obra de arte» que sólo es una banana pegada a la pared con cinta adhesiva. No voy a agregar nada al respecto, todo lo que tenía que decir ya está condensado en las comillas de «obra de arte».

Alguien me preguntó, con no poco asombro, cómo es posible que alguien gaste esa cantidad de dinero en una «obra» que en un par de días se echaría a perder y que, por consiguiente, perdería todo valor. Pero hoy el «arte» se mueve por otros caminos que los habituales que le conocíamos. Hoy, lo que esa persona compró no fue la «obra» en sí; sino que lo que compró fue un certificado que le permite replicar la obra cuantas veces quiera y donde quiera. Es decir, que esa persona tiene un certificado que le permite pegar una banana con cinta a una pared y decir que ésa es la obra en sí misma.

Bien, permítanme irme de esos asuntos lo antes posible.

En sus Cartas sobre la educación estética del hombre, escritas entre 1793 y 1794, dice Schiller: «[…] la época no parece pronunciarse en absoluto a favor del arte […] El provecho es el ídolo de nuestra época, al que se someten todas las fuerzas y rinden tributo todos los talentos. El mérito espiritual del arte carece de valor en esta burda balanza […] (p.117). ¿Cómo se protege el artista de las corrupciones de su tiempo, que le rodea por todas partes? Despreciando el juicio de su época, levantando la mirada hacia su propia dignidad y hacia la ley, y no cabizbajo en busca de la felicidad y de la necesidad material (p.179)».

Doscientos veinticinco años han pasado desde que Schiller dijera lo anterior y estamos todavía discutiendo sobre qué es arte y qué no lo es. Difícil cuestión, sin ninguna duda; pero antes de que aparezca alguno de esos subjetivistas o posmodernos que deambulan por todos lados (para los primeros, como se sabe, todo es subjetivo; así que nada podríamos decir al respecto. Para los segundos, no hay relatos; por lo tanto, tampoco podríamos decir nada. Habría que hacerles tomar un curso de lógica a esta gente. Tema para otro día. Pero desde ya aclaro que no acepto nada que provenga de ninguna de esas dos corrientes de antipensamiento); dejemos en claro que algunas cosas aprendimos; que los seres humanos hemos recorrido un largo trecho en lo que se refiere al conocimiento y a cómo es que éste se aplica. Así que aquí nada de “todo es según quién lo mire” ni tonterías por el estilo. Quien no quiera hacer el esfuerzo de educarse, es libre de hacerlo; quien no quiera aprender y elevarse por encima de sí mismo, allá él, nadie va a detenerlo; pero que no venga a decir que Lady Gaga es igual que Mozart o que una banana pegada con cinta a una pared vale lo mismo que Velázquez porque con ello sólo demostrará su completa ignorancia, su incapacidad para educarse (aunque sea a sí mismo) y su absoluto desprecio por lo mejor que ha creado el ser humano a lo largo de la historia: la ciencia y, por sobre todas las cosas, el arte. Lo único que a largo plazo podría llegar a justificarnos como especie.

14 comentarios el “Sobre lo bello

  1. ¡¡ Grande Borgeano…!!
    Vale que la cultura sea casi gratis, pero siempre costará esfuerzo, y Lady Gagá nunca será comparable a Mozart… 👏👏👏

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    • Borgeano dice:

      Gracias, “delos”; sé que es un tema complejo, pero en líneas generales, al menos para los que no quieren hacer trampa o para aquellos que no nos quieren hacer pasar gato por liebre, es bastante claro.

      Un abrazo.

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  2. Mozart me aburre y El bolero de Ravel me emociona, me transmite coherencia, sincronización, deseo de perfección y en general me motiva. Velasquez es excepcional, no me gusta el arte de Diego y Frida, amo todo lo que tiene que decir Caravaggio en sus pinturas. Pero las estéticas son relativas a lo que cada cual siente y se inspira, Mago de Ozz con su fiesta pagana es insuperable. Cada pueblo crea su arte según el entorno, muchos dicen que el arte chino o japones es insuperable, a mi no me dice nada. Pero si veo una obra de arte rusa en todas sus expresiones me quedo extasiada.

    Soy flexible, lo que a ti te gusta y entiendes por arte probablemente para mi no lo es, lo que yo veo de bello en las primeras expresiones de arte primitivo para ti no lo son.

    Podríamos encajar este asunto en las diferentes estéticas y lo que cada cual prefiere? Te leo con una rigidez y ortodoxia, que hasta me parece que eres blanco y ojos azules.

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    • Borgeano dice:

      Como dije, es un tema complejo y por demás extenso. Pero, para empezar, lo que no podemos hacer es querer hacer pasar nuestra subjetividad por objetividad. En le caso de los dos músicos que nombras, mi gusto es exactamente el contrario, pero eso sólo indica por cuáles derroteros se mueven nuestras (como se dice ahora) “playlists”. Pero, aún así, hay diferencias entre las cuestiones artísticas y no todo puede ponerse en el mismo nivel de excelencia sólo porque a alguien le guste. Ése es el tipo de subjetividad que hay que evitar
      ¿Cómo determinar, entonces, cuál obra es mejor que otra? Aquí viene lo complicado del caso. Es difícil, pero puede hacerse, aunque para ellos hay que tragarse decenas de volúmenes; empezando por Joseph Addison, James Burke, Baumgarten, Kant, Schopenhauer, etc. Y eso n hablar de lo que encontramos en el día de hoy. Por mi parte, creo que la propuesta de Jorge Wagensberg es la más lúcida e inteligente y nos permites comprender (y aceptar) nuestra subjetividad al mismo tiempo que podemos señalar las diferencias de grado entre diferentes obras.
      Por último, tu pregunta: ¿Podríamos encajar este asunto en las diferentes estéticas y lo que cada cual prefiere? Yo diría que no si lo que se pretende es establecer un nivel de calidad a partir de ese punto (toda subjetividad es válida en tanto y en cuanto se mantenga como subjetividad); y diría que sí si tomáramos la pregunta como el punto de partida de una discusión más profunda. En ese caso podría servir como un buen punto de partida.

      Un abrazo.

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      • Es tu posición, no estoy de acuerdo. Acotaríamos la evolución del arte, la canonizamos y cerramos nuestro cerebro a todo aquello que no se ajuste a los parametros. Un Dalí pasó por proponer locuras que hoy son realidad, Caravaggio fue rechazado muchas veces por la estética de la religión. El artista verdadero es un visionario, no pongas su cerebro en una jaula, eso lo dijo Rubén Darío.

        Abrazo

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      • Borgeano dice:

        Insisto. No estoy diciendo que “mi” postura es la que decide qué es arte y qué no. Lo que yo considero bello o no sólo sirve para mí y de ninguna manera estoy declarándome dueño de a verdad. Lo que estoy diciendo es que no todo puede ser considerado arte (y mucho menos cuando quien determina esto es una mera intención económica) y que hay grados en la calidad del arte. Repito, no porque yo lo diga; sino porque hay muchos otros, mejores que yo, sin duda alguna; que nos han ayudado a poder comprender esto.
        Con respecto a “acotar” lo que es arte y lo que no; pues no veo problema alguno en ello. Toda disciplina tiene límites ¿Por qué el arte no? Si no lo acotáramos de alguna manera, todo podría ser arte, con lo cual nada entonces tendría valor artístico (me permito otro ejemplo: todos sabemos que una silla es una silla. Es un objeto que cumple una función práctica. ¿Una silla es una obra de arte? No; es un mueble, por más bonito que sea. Ahora, viene Pedro, pone una silla en un museo y dice “esto es arte”. A partir de ese momento esa silla es una obra de arte ¿en qué difiere esa silla de la que yo me siento? En nada ¿Pero es mi silla arte? No; no lo es; no tiene la firma de Pedro. ¿Entonces dónde está la obra de arte, en la silla o en la firma de Pedro? si es en la silla misma; todas las sillas son arte –cosa que ya determinamos que no es–; si es en la firma de Pedro estamos determinando que el arte no está en la silla y por lo tanto esa silla (y ninguna otra) no es arte).
        El punto aquí, Gilgamest; es comenzar por el principio: ¿Todo es arte? ¿El arte debe tener algunas características particulares o no?

        Un abrazo.

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      • Te opones al arte conceptual, muy de moda en la pereza gringa. Eso es otra cosa. Muchas cosas no son arte, sino propestas para decoraciones que seran vendidas, por eso le dicen arte conceptual, es un negocio. No entendí que te referías a eso, en ocasiones no eres directo. Yo diría que lo de la taza con pelos comenzó esa tendencia.

        Buenas noches, abrazo.

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  3. De acuerdo contigo….”no todo vale” que es el implícito mercantilista actual…saludos

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    • Borgeano dice:

      Una cosa va de la mano con la otra, Ana; y haces muy bien en aclararlo. Como hoy el mercado domina todo, y el único objetivo del mercado es producir dinero, harán lo que sea necesario para producirlo cuanto antes y al costo más bajo. ¿Para qué esperar que un artista tarde meses en crear un cuadro? ¿Para qué gastar en materiales y tiempo de estudio? ¡Peguemos una banana a la pared y ya está! El mercado declara que eso es arte y listo, problema resuelto. Lo peor es que la gente compra esa basura (y no me refiero a la mujer que compró esa banana; sino al resto de los espectadores que compran el relato de que eso es arte). El mercado vuelve imbécil a la gente, así tiene consumidores que no piensan. Negocio redondo.

      Un abrazo.

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  4. studiodaryavonberner dice:

    Solo una pequeña errata “…es libe de hacerlo”.

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  5. Carmen B. dice:

    Por supuesto que muy de acuerdo con lo que dices. Y es verdad que hay tantos gustos como colores. Pero se podría discutir entre una época artística u otra; entre una corriente artística u otra; o entre un artista u otro: pero entre iguales
    anda el juego. El que “ crea” una piel de plátano y le pagan ese dineral, no entra en el juego.
    Me imagino la sensibilidad que es necesaria para pintar Las Hilanderas, por ejemplo…y no la veo ni la imagino en el autor de esa otra obra- banana.

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    • Borgeano dice:

      Has tocado un punto neurálgico de la discusión, Carmen; has dicho “sensibilidad” y con ello has dado en el clavo. Ése es también un término que ha sido prostituido por el mercado del arte (y por el mercado en general). ¿Qué es sensibilidad? Ambos sabemos lo que significa en el sentido clásico del término; pero hoy aparecerá el posmoderno de siempre y te dirá que alguien puede sentir esa “sensibilidad” ante la banana pegada con cinta (si no has visto la noticia te recomeindo que la busques; está en todos lados y es realmente risible) y que por lo tanto tú no puede decir nada al respecto. Y así nos va, claro; con un montón de sensibles dando vueltas por aquí y por allá.

      Un fuerte abrazo y gracias por tu comentario.

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