Librerías Ghandi o de cómo una empresa toma de rehén a tu dinero

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gandhi

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Ghandi es la cadena de librerías más grande de México, si no me equivoco. Es famosa, entre otras cosas, por sus creativas campañas publicitarias y por tener sucursales en todo el país. Aquí en Morelia, no había una y recién se abrió la primera de ellas hace unos pocos meses. Esta sucursal se encuentra en un centro comercial y es pequeña, por lo cual el surtido de material es bastante limitado. De todos modos, hace poco compré un ejemplar de Sobre el buen vivir. Consejos para ser feliz; de Arthur Schopenahuer, volumen editado, precisamente, por Ediciones Ghandi. Con edición de Julián Romero y traducción de Víctor Carrera.

Por suerte comencé a leer el libro de inmediato y no lo dejé «para después», como sucede en otras ocasiones, porque uno está leyendo otra cosa o por alguna otra razón. Y digo que por suerte comencé a leerlo de inmediato porque —para ser la historia corta—, la traducción es espantosa; pero tanto, tanto, que me fue imposible proseguir con la lectura. Llegó un punto en particular en que lo que se dice en el libro es diametralmente opuesto a lo que escribió Schopenhauer. Por suerte conozco bastante a este autor y pude darme cuenta del error ¿pero de cuántos otros no pude percatarme? ¿Y qué sucede si alguien toma a este volumen queriendo adentrarse en le pensamiento de Schopenhauer por primera vez? Como dije, no pude continuar con la lectura y sólo leí por aquí y por allá a ver qué encontraba. Un desastre absoluto. Vergonzoso. (No exagero y quiero repetir lo que dije antes: la traducción le hace decir a Schopenhauer lo contrario de lo que él dijo en su obra. Eso es algo inadmisible).

Bien. ¿Qué hacer en esos casos? Presento una queja. Pero, para que se me entienda bien lo que quiero decir, me tomo el trabajo de señalar los errores que encontré, con número de página y cita textual. Me sirvo para ello de la edición alemana original de Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften (libro de donde fueron tomados estos textos) y también de la traducción de Editorial Trotta. Envío una carta con el archivo de texto en el que he detallado todo lo anterior. La respuesta que me llegó fue muy formal y concisa. En sus puntos más importantes, dice así:

Agradecemos tus comentarios y sugerencias.

Hicimos llegar a nuestos (sic) compañeros del Área de Compras tus observaciones.

Te hacemos llegar nuestras políticas y procesos de devolución en caso de que no desees conservar el libro que adquiriste.

Condiciones Generales.

– Las devoluciones serán válidas dentro de los 60 días a partir de la fecha de compra.
– Los productos deberán estar en buen estado, completos y en su empaque original.
– Presentar factura o nota de compra.

Devoluciones en librerías físicas.

– Forma de devolución.

– El monto de la devolución se hará en monedero electrónico.

En síntesis: mi dinero es rehén de Librerías Gandhi porque ellos así lo han determinado. No sólo venden un producto defectuoso (no es que el libro simplemente «no me gustó» ¡Está mal! Por dios… es como comprar un libro de matemática donde los signos + y – están invertidos…) sino que además imponen sus condiciones de devolución y ésta no es tal, sino que la devolución se hace en «monedero electrónico»; es decir: te jodes, el dinero de aquí no sale. Si quieres te llevas otro libro, pero el dinero no. ¿Y si no quiero otro libro? Lo dicho: te jodes; pero el dinero de aquí no sale.

Sobre el buen vivir

Fui a la sucursal en cuestión y encuentro que tienen otra edición del mismo libro, con tapas duras y una bonita portada. Cuesta el doble. Es, también, una edición de Ghandi. La reviso y encuentro la misma espantosa traducción (el error grosero sigue allí, como burlándose de mí). Encuentro otra edición, esta vez de Alianza Editorial (toda una seguridad en cuanto a calidad); pero cuesta el triple… la reviso y, como esperaba, la traducción es correctísima. En la pág. 59, de hecho (le tomé una fotografía) encuentro la traducción como debe ser. Entonces tenemos este otro escenario: Librería Ghandi te vende un producto defectuoso y cuando dices que quieres un producto en correctas condiciones… tienes que pagar el triple… ¿Lindo negocio, no?

El ejemplar de aquí arriba es, como puede verse, el vergonzoso libro de Ghandi. Como no puedo devolverlo (no quiero otro libro y tampoco puedo pagar el triple por uno bueno) no tengo ninguna otra opción más que quedármelo (por cierto, reconozco que no tengo el ticket de la compra —¿Quién guarda un ticket por la compra de un libro por dos meses?— pero tampoco sé, por ejemplo, qué entiende esta gente por empaque original… ¡Es un libro! ¿Se referirán al envoltorio plástico? Porque ése sí que no lo tengo… (y una duda marginal: si todas las devoluciones deben realizarse en tiendas físicas ¿cómo hacen las personas que han comprado un producto como éste por internet y en su ciudad no hay una sucursal de Ghandi? Supongo que aquí te jodes al cuadrado o al cubo).

Lo único que me queda, al menos como mínimo consuelo, es el de poder avisarles a mis amigos mexicanos que tengan mucho cuidado con los libros de Ediciones Ghandi, de su calidad, de sus traducciones y, sobre todo, de su política de devoluciones; porque de todas estas cuestiones, la verdad, no sé cuál es la peor.

13 comentarios el “Librerías Ghandi o de cómo una empresa toma de rehén a tu dinero

  1. Para mi lo peor es el asunto de las edición, ya que lo veo como un engaño y tergiversación de lo escrito, en la que el lector se puede hacer una idea equivocada de lo leído de ese autor, y tomar un pensamiento en base a ese texto falso y erróneo por lo mal llevado al papel.

    Luego, que no te devuelvan el dinero señalándoles tal cúmulo de faltas y errores, ya es de vergüenza.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Estoy de acuerdo contigo, Alberto; mi pérdida económica es mínima comparada con el daño que están haciendo a nivel editorial y cultural. Te juro que mi primer pensamiento al leer la errata fue la que puse en el texto: ¿Y qué sucede con aquellos que se acercan a este autor por primera vez por medio de este texto?
      Lo del dinero es vergonzoso tratándose de un caso de error flagrante por su parte. ¡Y ese desparpajo con el que te tratan! Estamos a merced de ellos (de las empresas, me refiero), lo queramos o no.

      Un abrazo.

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  2. Caramba, Roberto, que mal rollo. Y suerte tienes de haber detectado los errores/horrores. El sector editorial, y aquí incluyo todo; editoriales, distribuidores, librerías, es una selva. Normalmente pagamos los platos rotos los escritores noveles (esto daría para una larga entrada) pero la desfachatez es que también la tengamos que pagar los lectores.

    Sería para elevar una queja a la asociación de traductores: https://omt.org.mx/ contacto@omt.org.mx

    Este tipo de prácticas como el “monedero electrónico” son cada vez más habituales, en vez de reponer el daño penalizan al afectado, fiel reflejo de esta sociedad en evidente decadencia.

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Ya lo hemos hablado en otras ocasiones: estamos a merced de las empresas y, por lo que he podido probar últimamente, cada vez lo estamos más y de un modo más absurdo (podría señalarte tres o cuatro ejemplos que me han sucedido personalmente en los últimos meses. Las respuestas que he recibido van de lo ridículo a lo indignante).
      Agradezco que me hayas dejado el enlace a la asociación mexicana de traductores; en unos minutos les dejaré una carta por allí (al menos para que no sigan ensuciando el nombre de Schopenahuer ¿Y de qué otros más? Vaya uno a saber).
      La nueva costumbre del “monedero electrónico” ni siquiera debe ser legal, pero como uno carece de la información adecuada, allí están ellos aprovechándose de esos huecos que desconocemos (una empresa japonesa establecida aquí, ante mi queja por haberse quedado con el cambio que me correspondía (habrás notado que el “redondeo” siempre es a favor de ellos) me dijo que podía ir a buscarlo, pero del 30 de enero al 02 de febrero y a tal hora. Es decir, que yo debería modificar todos mis horarios para poder acceder al beneficio de que me devolvieran lo mío).
      Y después se quejan cuando la gente…

      Un fuerte abrazo.

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  3. Qué pena que traten así el libro y a un autor de esa categoría -el libro de compañía en mi adolescencia- . Ya todo es puro negocio y como muy bien dices cuestión de dinero. Como dice Alberto, es de vergüenza. Gracias por esta información. Mi abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Esa colección, Julie, es extensísima y contiene autores que han escrito en español como en otras lenguas ¿Qué otros errores, entonces, podemos presumir en ella? ¡Incluso en los autores en español! Si son tan descuidados a la hora de preparar una edición, cualquier cosa puede pasar…
      Y pensar que es la cadena de librerías más grande de México, para quienes devolver el importe del libro o cambiarlo por uno en buenas condiciones no les costaría nada… Pero ni eso; una empresa, hoy, no puede darse el lujo de “perder” ni un centavo, aún cuando ello implique perder a uno o varios (porque les haré la propaganda que corresponde) clientes.

      Un abrazo.

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  4. Entiendo tu disgusto, estoy de acuerdo con tu queja. Pero aquí dos problemas, una cosa es la mala traducción (de lo cual es responsable el editor), y otra la complicación para devolver el libro. En cualquier caso, la víctima eres tú.
    Tu nota me hizo recordar mis tiempos de estudiante de filosofía. Leimos a Kant y Hegel en español. Y recuerdo que el profe (que sí sabía alemán y los había leído en esa lengua) se escandalizaba a cada rato con las traducciones y se compadecía de nosotros los estudiantes por tener que leer semejantes cosas raras que ponían los traductores. Con lo difícil ya que es Hegel, estos traductores nos lo hicieron más enredado aún. Saludos.

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    • Borgeano dice:

      Qué belleza la de ser políglota… Yo puedo leer en inglés y ahora estoy estudiando italiano pero, como se dice habitualmente, “ya estoy de salida” y lo hago por puro placer. lo que señalas en tu primer párrafo, Amira, es lo que nos está sucediendo a todos con respecto a las grandes empresas: nos tienen como a sus rehenes, literalmente. hay muchísimos y variados ejemplos (podría darte tres más que me sucedieron en los últimos meses. Una empresa japonesa, la cual se quedó con mi cambio –habrás notado que ahora el “redondeo” siempre es para ellos– me dijo que podía pasar a buscarlo pero del 30 de enero al 02 de febrero y de tal a tal hora… Es decir, cuando ellos quieren y bajo las condiciones que ellos inventan. Y otras bellezas por el estilo.
      Kant y Hegel (podríamos sumar a Heidegger en al grupo) mal traducidos debe debe ser como estudiar filosofía en klingon… un horror. Pero insisto en que cualquier inversión del texto es gravísima. Recordemos aquella maravillosa novela del gran Saramago, Historia del cerco de Lisboa, donde un corrector pone un simple “no” donde no debe ir. Entonces en ves de decir “El ejército de X apoyó a Z”, dice “El ejército de X no apoyó a Z”. Caos por doquier…

      Un abrazo.

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  5. Verónica dice:

    No puedo menos que solidarizarme ante tamaña doble estafa. Me horroriza pensar en el daño que provocan las malas traducciones. Aún si devolviesen tu dinero, del cual han dado sobradas muestras de no hacerlo, no hay un pedido de disculpas ni una errata a nivel editorial. Han tratado tu planteo tan bien documentado de una forma meramente comercial. Me horrorizo, nuevamente.

    Fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Lo de la errata es un muy buen punto, Verónica; antes al menos las editoriales tenían ese pequeño rasgo de honestidad comercial e intelectual. Ahora ni eso. En serio que has dado en el clavo…
      Esa colección es económica y, por lo que he visto, muy extensa; me horroriza pensar en la cantidad de errores que deben figurar en esos volúmenes (no puedo asegurar, siquiera que los haya, pero si ése es el modo de tratar a quien se los señala, tal vez lo mismo haya pasado con otra persona y con otro libro). La cuestión es que ahí están (repito: he visto una edición más cara con el mismo exacto texto. Me tomé el trabajo de revisarlo en la misma librería), listos para burlarse de cualquier lector.

      Un fuerte abrazo.

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  6. Carmen B. dice:

    Vaya falta de respeto hacia una obra y un autor de semejante categoría, la editorial ya podría dar explicaciones ; y por otra parte la falta total de consideración hacia un cliente que paga el precio marcado. Lo peor de la librería es la falta total de atención al cliente. Cada vez me gustan menos las cadenas comerciales. Sean del género que sean. Una librería de cualquier empresa pequeña , respondería de otra manera ante una reclamación así.
    Un abrazo solidario.

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    • Borgeano dice:

      La expresión “falta de respeto” es la clave, Carmen; porque todo se sintetiza en ella: falta del respeto hacia el autor y falta de respeto hacia el cliente. ¿Pero a ellos qué les importa? Hicieron la venta del día y ya está, a otra cosa. El capitalismo es cortoplacista; no puede ver mucho más allá de lo que tienen ante sus ojos. Quieren vender hoy y mañana veremos (la respuesta es “mañana le vendemos a otro, los libros, con errata y todo, allí están y alguien se los va a llevar). ¿Sabes dónde ves otro aspecto de su ceguera comercial? En el hecho de que cada vez que vas a la tienda los empleados –siempre jóvenes– son diferentes. Calculo que es porque pagan sueldos bajos (no puedo asegurarlo, claro; pero a “rotación” no se debe, aquí sólo tienen una sucursal) y los empleados mucho no aguantan. La cuestión es que nunca encuentra a alguien que sepa lo que está vendiendo. A veces preguntas por autores por demás conocidos, pero ellos te preguntan “cómo se escribe” para poder buscarlo en una computadora. No tienen ni la menor idea de lo que los rodea ¡Qué viejos se sienten aquellos tiempos donde el empleado –muchas veces el mismo dueño de la librería– te atendía e, incluso, te aconsejaba!

      Un fuerte abrazo.

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