Cada uno (y entre todos)

Conversar 01

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La entrada inmediatamente anterior a esta tuvo cierto tinte pesimista, aunque yo no me encontrara bajo ese estado de ánimo (no es lo usual, pero a veces uno puede manejar una situación negativa con cierto desapego emocional, lo cual no está nada mal); pero tal vez así se sintió, ya que los comentarios fueron bienintencionados e intentando ser optimistas. Creo que la síntesis se encontró en las palabras de jb, cuando dijo «Cualquier sistema, cuyo fin sea su propia ponderación, ganará cuanto más debilite las relaciones de las personas, cuanto menos fe y confianza tengamos en la otra persona. Eso nos hace, aquí y ahora, unos soberbios libertarios, y unos corrosivos subversivos del establishment, a la vez». Estoy en un todo de acuerdo con ello, sin duda alguna; y de entre las muchas herramientas que este establishment tiene para separarnos a los unos de los otros, se encuentra, sin duda, el silencio, el aislamiento, la falta de comunicación (repito: como bien lo señaló jb). Ello me recordó una maravillosa página de La expulsión de lo distinto, de Byung Chul Han, la cual lleva por título Escuchar:

«En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. A cambio de pago, el oyente escuchará a otro atendiendo a lo que dice. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Lo que hace difícil escuchar es sobre todo la creciente localización en el ego, el progresivo narcisismo de la sociedad. Narciso no responde a la amorosa voz de la ninfa Eco, que en realidad sería la voz del otro. Así es como se degrada hasta convertirse en repetición de la voz propia.                                                                          Escuchar no es un acto pasivo. Se caracteriza por una actividad peculiar. Primero tengo que dar la bienvenida al otro, es decir, tengo que afirmar al otro en su alteridad. Luego atiendo a lo que dice. Escuchar es un prestar, un dar, un don. Es lo único que le ayuda al otro a hablar».

Escuchar como un acto revolucionario. La idea no es menor. Tampoco es descabellada, por supuesto, creo que todos lo sabemos bien por experiencia propia (¿cuantas veces nos hemos cruzado con personas que sólo quieren hablar, hablar y hablar aun cuando no dicen nada interesante pero que exigen o pretenden una atención casi exclusiva?).

Estamos viviendo tiempos complejos y, tal vez por ello mismo, debamos ser creativos al mismo tiempo que enérgicos. Tal vez ya no sea tiempo de grandes revoluciones (las cuales posiblemente perderían la guerra antes de comenzar la primera de las batallas); tal vez sea el tiempo de las pequeñas acciones continuas: hablar para decir algo y, sobre todo, escuchar. Escuchar al otro. Porque yo soy el otro y el otro somos todos.

6 comentarios el “Cada uno (y entre todos)

  1. Es curioso, pero ya existe gente que se presta a escuchar, hace unos meses en la radio escuché de un tipo, creo que es en Barcelona (España), que se sienta en una plaza con un par de sillas y un cartel que dice algo así como “si necesitas hablar te escucho”… un acto totalmente altruista.

    Un abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Pues ahí tenemos a todo un adelantado ¡Y qué bueno que lo hace de manera altruista ! Eso es loable. De todos modos, la tristeza de que haya que llegar a estos extremos ya nos está indicando que algo no anda bien.

      Un abrazo.

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  2. Carmen B. dice:

    Escuchar es hoy un bien muy preciado, creo. Y lo es porque no se escucha con plena atención. No hay más que oír los debates en televisión o en la radio, o en programas de entretenimiento para serse cuenta de cuán difícil resulta la escucha activa y atenta; lo que ahí importa es que acabe tu turno para que empiece el mío. Si no acabas pronto , interrumpo!
    En esos medios precisamente,es donde se debería prestar mucha atención, ya que tienen los medios de
    Comunicación, o deberían tener, la responsabilidad de informar y también de formar a los oyentes. Pero a veces esos debates se convierten en un patio de
    Vecinos, en donde casi se llega a la violencia verbal. Es otro ejemplo de lo que dices. Es difícil escuchar.
    Nos gusta más hablar.
    Abrazos

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    • Borgeano dice:

      Es un buen punto el que señalas, Carmen; la T.V., la cual sería una magnífica herramienta si se la usara como corresponde (incluso para el divertimento, claro; no soy de los que quiere “alta cultura” las 24 horas del día) es ta sólo un medio de sometimiento y de manipulación del pensamiento. Fíjate cómo imponen su agenda… ¿Los temas “importantes” son los que aparecen en televisión o porque aparecen en televisión son “importantes”?
      Luego, esos programas que señalas me parecen detestable porque, precisamente, al ser los más vistos son los que “enseñan” cómo se debe discutir (ya que no debatir, que sería lo correcto) y, como lo señalas, no se hace otra cosa que interrumpir al que está hablando incluso a fuerza de gritos o improperios si es necesario.
      Por eso he dicho aquí mismo que lo mejor que uno puede hacer es irse a una isla desierta. Todos tenemos una en nuestro cuarto, con un libro y una libreta de apuntes.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Se nos educa para tener la mente (cerebro) siempre activo. Aprender a hablar, charlar, etcétera. De tal manera que hablar se ha convertido en un acto meramente mecánico, pasivo. De ahí que coincido contigo en que escuchar es un acto revolucionario, de hecho escuchar correctamente implica un acto voluntario y profundamente activo, empático…
    Saber escuchar, el silencio, la soledad (bien entendida, como decías en una entrada anterior) están mal visto entre la mayoría de la humanidad.
    Me viene a la memoria las palabras de Siddhartha en la obra homónima de Hermann Hesse: sé esperar, meditar y ayunar…

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      Así es mi querido, Xabier. Supongo que a ti te habrá sucedido como a mí (ya te he dicho cuántas veces doy por sentado que lo que pienso o vivo yo ocurre de igual manera del otro lado del Atlántico), el quedarse sorprendido (y cuando digo “sorprendido” lo hago con toda la profundidad del término) ante el total estado de tortura al que se somete la gente hoy en día. Y esto no es una exageración, claro que no. Verlos constantemente conectados a unos auriculares, mirando una pantalla y ya no solo en su la intimidad de su hogar sino en todos lados, en un concierto, en el cine, caminando por la calle, en un autobús, comiendo… y si les preguntas algo te miran sorprendidos, como si recién hubiesen despertado a la realidad y tienes que repetir la pregunta para que te contesten (si tienes suerte) y vuelvan cuanto antes a su ruido constante… Realmente no sé cómo pueden vivir de esa manera.
      Sí, claro que estoy convencido de que escuchar es un acto revolucionario (y no soy el que ha descubierto esto, ya hay bastante literatura al respecto); a lo que podríamos sumar el caminar y el saber estar en silencio.
      Por suerte, de alguna manera, para nosotros es una fortuna; porque mientras ellos sigan perdidos en sus munditos virtuales, más solos nos dejan. Creo que ahí ganamos algo.

      Un fuerte abrazo.

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