El error nuestro de cada día

Los manuscritos medievales a menudo contienen huellas dejadas involuntariamente por el escriba. Hijos de la producción en masa, los errores en los libros, como los errores tipográficos, generalmente se detectan antes de llegar a los estantes; pero ello no siempre sucedía en tiempos antiguos.

Uno que escapó a la vista de la impresora: una página de la llamada 'Biblia malvada', impresa en 1631, con un giro interesante en los Diez Mandamientos

En el primer caso, el escriba medieval no fue necesariamente tan afortunado, el error pasó sin ser notado y, como una ironía perfecta del destino, el error no era menor. Se trata, nada menos, que de uno de los diez mandamientos, más precisamente del séptimo: «No cometerás adulterio», donde el escriba omitió el «no», quedando el mandamiento en un interesante «Cometerás adulterio» (En la fotografía, en el punto 14 se lee «Thou thalt commit adultery», cuando debería decir «Thou thalt NOT commit adultery».

Copiar a mano era un proceso arduo y los errores podrían cometerse con demasiada facilidad. Hoy me gustaría explorar dos versiones del error accidental más común cometido por los escribas medievales, que es el eyeskip, el cual ocurre cuando el ojo del escriba literalmente salta de una palabra a la siguiente mientras copia, de lo que resulta en la omisión o repetición de palabras o frases.

Leiden UB, VLF 30, Lucretius 'De Rerum Natura, f.  21v
Leiden UB, VLF 30, Lucretius ‘ De Rerum Natura , f. 22r

1] ossa uidelicet e pauxillis atque minutis
2] ossibus hic et de pauxillis atque minutis
3] uiceribus uiscus gigni sanguenque creari
4] sanguinis inter se multis coeuentibus guttis
[Lucretius, De rerum natura I, líneas 835-8]

En este caso tenemos un libro del siglo IX, producido en la escuela del palacio del famoso emperador Carlomagno. Es uno de los tesoros de la colección de Leiden: una copia del poeta romano Lucrecio De rerum natura (VLF 30). No sólo es una de las primeras copias medievales del texto, sino que ha sido corregida por un escriba cuya identidad conocemos: el monje irlandés Dungal. El trabajo de Dungal puede verse en esta página (f. 22r). El cambio en la mano es claramente visible y, además, la corrección tiene una especie de aspecto aplastado. Esto se debe a que Dungal ha reemplazado una línea de poesía por dos, agregando algo que el escriba original había pasado por alto. Si miramos el texto de las cuatro líneas resaltadas arriba, podemos ver que las líneas 1 y 2 son bastante similares, ambas terminan en pauxillis atque minutis. El error reside en que el escriba omitiera la línea 2, pasando directamente a la línea 3. El nombre técnico para la omisión del texto debido a que el escriba omite una frase para pasar directamente a la siguiente es el de haplografía. Como podemos ver, Dungal rectificó el error raspando la línea fuera de lugar y luego reemplazándola con las dos líneas necesarias de texto correcto.

Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f.  21v
Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f. 21v. Foto: Irene O’Daly

El eyeskip podría resultar en omisión, como señalamos en el primer caso, o también podría resultar en la repetición de parte del texto. Este manuscrito, el Scholiasta Gronovianus (VLQ 130), una copia del siglo X de una colección de comentarios sobre los discursos de Cicerón, contiene un ejemplo de este tipo, un error denominado dittografía. Como podemos ver, fue notado por un lector posterior, que subrayó la línea duplicada a la mitad de la página. Aquí el problema parece haber sido provocado por la recurrencia de la palabra quomodo (como se indica). En lugar de pasar a quomodo dixit, el ojo del escriba volvió a la oración anterior y repitió la línea que comienza quomodo facit. Es interesante notar que la separación de palabras no está estandarizada en este manuscrito; es probable que el ejemplar del que estaba copiando el escriba tampoco estuviera estandarizado, lo que puede haber hecho que los errores de este tipo sean aún más fáciles de hacer.

Los errores resultantes del eyeskip nos dicen algo sobre el proceso y las dificultades de copiar a mano, y el papel del corrector / lector posterior. En algunos casos, incluso podemos encontrar un grupo de manuscritos donde se copia el mismo error accidental de uno a otro, lo que nos permite establecer relaciones textuales entre manuscritos, útiles para comprender la historia de la transmisión de un texto. ¡Entonces los errores medievales, incluso cuando se corrigen, brindan una oportunidad genuina de aprender de los errores!

8 comentarios el “El error nuestro de cada día

  1. En aquellas épocas el escriba se la jugaba, no existía la opción de la preimpresión, o vista previa, como tenemos ahora (lo que no nos evita, a veces, errores increíbles en nuestros textos). Siempre me ha fascinado los caracteres tan precisos de los escribas antiguos. Aunque en algunos casos son difíciles de leer. Soy neófito en el tema, el caso que mi pareja que es historiadora y arqueóloga estuvo haciendo su árbol genealógico y llegando a recopilar información de la edad media, tuvo que realizar un curso de paleografía dada la dificultad de algunos de ellos.
    Me encanta la frase que cierra, de forma magnífica, tu texto de hoy.

    Un fuerte abrazo

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    • Borgeano dice:

      En algún lado, en este sitio, hay una entrada donde hablo de las dificultades (incluso hasta de las enormes dificultades físicas) a las que estaban expuestos los copistas medievales. Lo que para nosotros sería un trabajo soñado, para ellos era una auténtica tortura.
      Yo tampoco son ningún experto, sólo soy un curioso apasionado por esos libros a los que no puedo tener acceso y que, gracias a esta maravilla de internet, ahora puedo acercarme un poco.
      Tu pareja, aun sin conocerla, me despierta una pequeña y sana envidia (esa sana envidia que sentimos los que querríamos saber de todo y que al final no sabemos nada de nada). Esos trabajos de investigación cultural me parecen una delicia. Yo estaría molestándola constantemente preguntando esto y aquello…
      Gracias por estar por aquí.

      Un fuerte abrazo.

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  2. macalder02 dice:

    Que interesante tu artículo. La verdad que era una labor titánica que tenían los escribas de aquella época. pero me quedo en la primera parte. El error en la omisión del “no” del séptimo mandamiento. De haber seguido con “Cometerás adulterio”, la Iglesia se hubiese ahorrado millones de perdones por ese pecado. Claro, en estos tiempos ya no tiene tanta vigencia ese mandamiento. Las amantes como que ya están oficializadas como tales. En Venezuela, hubieron dos presidentes que a pesar de tener “su primera dama” (la esposa) las amantes mandaban más que ellos a vista y paciencia de todo el mundo. Creo que ellos y la sociedad, tuvieron conocimiento de la omisión de caprichoso “no”.
    Disfrute de la lectura y además, obtuve más conocimiento de la historia de la escritura.
    Un gran abrazo
    Manuel

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    • Borgeano dice:

      Sabes que en un principio estaba seguro de que era el sexto mandamiento (porque así lo había leído en un suelto de una revista hace ya algunas décadas. Tal vez sea la memoria la que me traicione; pero estoy casi seguro de que en la revista señalaba al sexto) he incluso yo escribí una pequeña broma diciendo “Benditos sean quienes se hayan guiado por esa biblia”; pero luego, al revisar el texto para señalar dónde faltaba ese “no” vi que era el séptimo.
      Y sí, hoy los mandamientos son relativos, incluso entre los creyentes, así que si le comentáramos algo de esto a uno de ellos tampoco creo que entienda mucho, en general suelen tener un conocimiento demasiado pobre de su libro de cabecera.
      Por allí hay alguna entrada mía donde hablo de as dificultades físicas que sufrían los copistas en la edad media. Un trabajo que para nosotros sería un sueño, para ellos era una auténtica pesadilla.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Muy interesante el tema! 🙂

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