El espejo, en blanco y negro

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Félix Nadar

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De Correr el tupido velo, de Pilar Donoso, donde la hija del escritor chileno nos narra la tormentosa relación con su padre; rescato este fragmento tomado de los diarios de José Donoso y que ella transcribe (creando un diálogo más que interesante entre ella y el padre que ya no está):

«No tengo fe en mi capacidad de sinceridad pura y directa, aunque sí, lo sé, tengo fe en mi capacidad de entregar toda mi sinceridad cifrada en el código de mis libros. ¿Pero no existe también otra sinceridad, más sutil tal vez, más aterrada, o por lo menos con otra verdad, en la pose, en la actitud premeditadamente falsa? ¿Por qué nuestra pasión por los retratos del siglo pasado? ¿Por qué Nadar y Julia Margaret Cameron y Lewis Carroll, y todos los demás, que fuerzan a sus sitters a tomar poses falsas, de donde, sin embargo, sale algo que es verdadero, porque es otra forma de fantasía? Hubo un tiempo en que la fotografía, la gran fotografía, era considerada la espontánea, callejera, el snapshot. Cartier-Bresson, Margaret Bourke-White, Capa, etcétera. Pero el gusto ha dado una vuelta completa y estamos mirando con asombro a los retratistas de pose y artificio, a Irving Penn, a Avedon mismo. Me gusta pensar que si bien sé que estos diarios, ahora, serán conservados en la Universidad de Princeton, y podrán ser escudriñados por estudiosos, estos señores no encontrarán sólo un monigote relleno de paja, sino que, si bien no un retrato cándido, encontrarán algo parecido a una estudiada foto de Nadar».

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Robert Capa

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«El gusto ha dado una vuelta completa», dice Donoso y hoy podríamos añadir que no sólo lo ha hecho el gusto, sino también el sentido o, sin llegar a ponernos pretenciosos, podríamos decir la verdad. La distinción que hace José Donoso no es menor: ¿Quién soy? ¿El que escribe este diario o el que escribió mis novelas? En un primer momento uno supone que el novelista es, de alguna manera, alguien un poco ficcional, casi un personaje en sí mismo que sentado frente a un escritorio en una habitación solitaria nos narra las peripecias de otros personajes ficticios, mientras que el que escribe el diario es el hombre de carne y hueso que sólo escribe lo que realmente siente, cosa que puede ser un pensamiento notable o tal vez una trivialidad doméstica.

Sin embargo, Donoso, apelando para ejemplificar su idea a la gran fotografía del siglo XX, nos dice que el escritor está en todos lados; que el escritor es, antes que nada, un simple ser humano que se desgrana en cada una de las páginas o de las palabras que escribe, más allá del formato o de la intención.

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Richard Avedon, por Richard Avedon

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Y como la literatura no sólo es entretenimiento, sino interpelación, ahora nos resta dar a nosotros el paso personal y preguntarnos dónde nos encontramos ¿En cada uno de nuestros actos o detrás de la máscara, es decir sólo en la apariencia? ¿Y cuánto de mentira (tal vez involuntaria) hay en la primera, y cuánto de verdad hay en la segunda? Interesantes preguntas para hacer frente al espejo.

6 comentarios el “El espejo, en blanco y negro

  1. El espejo no suele mentir. Uno mismo es díficil, no imposible, que sea objetivo consigo mismo.
    Volvemos al punto de entradas anteriores; el observador y el observado. Si podemos observarnos a nosotros mismos, nuestra conciencia hace de espejo. Entonces caen las máscaras y nuestros actos son consecuentes con nuestra forma de pensar y sentir.
    Sobre el tema literario, es evidente que parte importante del escritor está presente en sus escritos.Y, como bien dice Donoso: el escritor está en todos lados; que el escritor es, antes que nada, un simple ser humano que se desgrana en cada una de las páginas o de las palabras que escribe, más allá del formato o de la intención.

    Me encantó la fotografía de Capa.

    Un cálido abrazo

    Le gusta a 2 personas

    • Borgeano dice:

      Peter Burke, hablando sobre la fotografía, dice “La fotografía no miente, pero hay fotógrafos mentirosos”. Podríamos llevar la misma idea al espejo, éste no miente, pero a veces uno tiene la sensación de que hay gente que, antes de pararse ante él, se coloca unas prácticas gafas oscuras: todo con tal de no verse tal cual son. Claro, cada cual puede hacer lo que quiera, tú y yo sabemos que eso es una pérdida total y absoluta de vida y de coherencia. Mejor aprender a reconocerse en lo que uno es y partir desde allí (¿de qué otro modo, si no, podríamos arreglar aquello que no nos gusta?).
      Donoso (a quien no he leído, pero del que he apuntado un par de novelas luego de haber leído este libro), no sólo tiene razón, sino, por lo visto, era consecuente con sus palabras, lo cual es una virtud en sí misma. Ya veré en algún momento si esa virtud era equiparable a su talento como escritor.
      Mientras tanto, sigamos desgranándonos humildemente en nuestras páginas.

      Un cálido abrazo.

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  2. Carmen B. dice:

    Yo creo que siempre estamos con una máscara, de modo que “cuando no nos ven”, actuamos con nuestro auténtico Yo. muy a nuestro pesar y, aunque vayamos buscando el Yo mismo, la verdad desnuda y observarnos sin testigos, que difícil es el camino de plantarse ante ese yo y ser crítico con él. hay voces internas que nos hablan: el miedo…. Sí, creo que siempre nos ponemos la máscara y estamos tan acostumbrados a ella que nos cuesta , a veces, reconocernos al quitárnosla. Epicuro de Samos, decía: “Vive oculto”, sobre todo, conminaba e ello cuando mas necesitásemos la compañía.

    Interesante , tu tema, Roberto.

    Un abrazo

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    • Borgeano dice:

      Vernos a nosotros mismos debe ser una de las tareas más difíciles que podamos pretender. De allí que, precisamente, sea necesario y estimulante ¡Los trabajos sencillos dejémoslos para quienes no se atrevan a tanto!
      La máscara (es interesante la etimología de la palabra, la cual relaciona a la palabra “máscara” con la palabra “persona”, aunque no tan directamente como muchos piensan. De todos modos, la relación está allí) es inevitable para vivir en sociedad; de allí que recurriera al espejo para la pregunta final, la cual debemos hacernos cuando nos encontremos solos, en la intimidad de nosotros mismos, si se me permite la metáfora.
      Me llama la atención lo que dices de Epicuro. Ya mismo voy a buscar eso.

      Un fuerte abrazo.

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  3. Interesante pregunta final que cada uno tiene que responderse a sí mismo. Muchas gracias y un fuerte abrazo, Roberto. ¡Salud!

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    • Borgeano dice:

      Ésa es la idea, querida Isabel, que cada cual (si quiere, claro, uno aquí sólo propone), se haga esa pregunta y, si es posible, que se la responda de la manera más honesta posible. no es un trabajo fácil, pero como siempre, los más arduos son los que mejor resultado dan.

      Te mando un fuerte abrazo.

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