Los ojos de los elefantes

En los últimos tiempos, este asunto del maltrato animal, del trato animal, de los animales en sí, se me ha ido tornando en una obsesión. Creo (quiero creer) que estamos lo suficientemente maduros como para empezar a ver las cosas como son, que los animales son seres que sienten, desean, sufren, etc. Creo (quiero creer) que ya estamos más que sobrepuestos a la estupidez cristiana que nos colocaba por delante y por encima de todas las criaturas de la tierra: «El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados» (Génesis 9:2). Es hora de que dejemos de ser tan hipócritas y olvidar tanta palabrería hueca y falsa. Si somos seres inteligentes (los más inteligentes decimos, ya que no los más modestos), comencemos a actuar como tales, ya que eso es lo que nos convierte en lo que somos: el acto, no la exposición elegante de ellos.

Hace unos días salió a la luz la noticia de la muerte de una elefanta preñada por haber comido una piña con explosivos. Esto me trajo a la memoria a algunos casos particulares que siempre tengo presentes por un detalle en particular: los ojos, la mirada de estos animales. Como con todo en esta vida, tenemos nuestras filias y nuestras fobias. De las segundas no hablaré ahora, de las primeras, de las muchas que forman ese conjunto, los elefantes ocupan un lugar especial. ¿La razón? Pues tal vez la única palabra que pueda sintetizar lo que siento ante ellos es asombro. No por nada el hinduismo le brinda un lugar de preponderancia entre sus dioses, cosa que no está nada mal. Si hay algún animal que puede llegar a entrar en la categoría de dios, esos son los elefantes.

Dije que después de la noticia de la muerte de esta elefanta preñada, no pude menos que recordar algunas historias de humanos y de elefantes; más precisamente del accionar de los primeros y de los ojos de los segundos. Busqué las imágenes con no poco dolor, lo reconozco, porque ello me es inevitable. Hay algo allí que excede lo que mi entendimiento puede llegar a captar. Lo que veo en esas miradas no puedo traducirlo ni, tampoco, quiero hacerlo. Sé que esa tarea será imposible y el solo intento eso será siempre inexacto.

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La primera de las fotos es la de un elefante siendo transportado para un circo. La segunda, la que viene a continuación, trae consigo una historia que será breve: Tyke fue una elefanta perteneciente al Circo Internacional de Honolulú que el 20 de agosto de 1994, después de huir durante una presentación en el Neal Blaisdell Center, murió de 86 disparos por la policía. El animal tenía apenas veinte años y, harta del maltrato diario, huyó, hiriendo a dos personas. La brutalidad de la escena hizo que Tyke fuera, a partir de allí, la imagen de los derechos de los animales. Yo sigo sin poder apartar mi mirada de la suya.

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Tyke

Pero como todos sabemos, esto es moneda corriente, nada que no sepamos ya. Recuerdo que alguna vez escribí sobre estos animales. Busco la entrada y veo que tiene ocho años, lo cual es nada en ninguna escala temporal; sólo me causa una profunda molestia tener que volver a escribir sobre el mismo desagradable tema después de tanto tiempo.

En esa entrada conté los casos de Topsy, una elefanta a la que electrocutaron en el Luna Park de Conney Island en el año 1903. Eran los tiempos turbulentos del inicio de la electricidad y de todos los horrores que alumbraría el siglo XX. Topsy tenía 28 años y había sido una de las principales atracciones del parque, una magnífica elefanta de tres toneladas que hacía las delicias de los visitantes. Sin embargo, sus violentos arrebatos le llevaron a matar a tres hombres en menos de tres años, el último de ellos el borracho de su cuidador, que le daba de comer cigarrillos encendidos. Los propietarios de Luna Park decidieron deshacerse de Topsy. Probaron con zanahorias untadas de cianuro, pero no funcionó. Entonces se les ocurrió la idea de sacar dinero con el asunto y anunciaron que Topsy sería ahorcada públicamente por sus crímenes. El anuncio despertó las protestas de los defensores de animales, que consideraron que colgar a un elefante era inhumano, así que buscaron otra solución.

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Topsy

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Fue entonces cuando el prestigioso Thomas Alva Edison en persona propuso que utilizaran un sistema que él y uno de sus colaboradores venían desarrollando desde hacía algunos años. Concretamente desde 1890, año de la primera ejecución con silla eléctrica en el estado de Nueva York. A las asociaciones de animales les pareció que freír a un elefante era una forma más «humana» de matarlo.

Casualmente, la compañía de Edison, promotora de la corriente continua, se disputaba entonces el control del sistema eléctrico estadounidense con la compañía Westinghouse. Para desacreditar a su adversario, el gran Nikola Tesla, Edison había declarado que el sistema de corriente alterna de la Westinghouse era una verdadera amenaza para los hogares, y aquel experimento le ayudaría a demostrarlo. (No en vano, ya había pasado diez años electrocutando perros y gatos en su laboratorio para demostrar los peligros de la corriente alterna).

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Mary. colgada a principios del siglo XX

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Supongo que no es necesario que termine esta entrada con las preguntas de siempre, porque de tan obvias no creo que sean necesarias. Sabemos cuáles son y que todas son variantes que incluyen como eje central actividades humanas como el circo, los zoológicos y acuarios, la tauromaquia, la cacería deportiva. Cada cual responderá a esas preguntas según su buen saber y entender. Lo único que yo sé es que, en lo que a mí respecta, no habrá nadie que pueda justificar lo que veo en los ojos de esos elefantes. La razón no sirve para esas cosas.

13 comentarios el “Los ojos de los elefantes

  1. Nausea, rechazo desde el alma, ver las actitudes del sujeto inteligente llamado hombre. La vileza que hemos causado a quienes sin ellos el hombre no podría sobrevivir. Sin duda en un circo organizado por elefante, el hombre sería la estrella. Pero dudo que los elefantes tuviesen tan oscura idea. Abrazo mi buen amigo y tu permiso para colgarlo en mi blog.

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    • Borgeano dice:

      Los seres humanos somos el gran enigma de la creación. Podemos ser lo mejor y lo peor que le haya pasado a la Tierra. Tan sólo esa idea es suficiente como para empezar a comportarnos como corresponde; lamentablemente, como digo siempre en este mismo lugar, la mayoría marcha en sentido contrario.
      Y con respecto a compartirlo, ya sabes que no tengo que dar permiso alguno (y más aún con un texto como el de hoy, que merece ser compartido por ellos, no por quien lo ha escrito ni nada de eso).

      Un abrazo.

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  2. kutukamus dice:

    Poor animals. And the Topsy story is very very sick, on our part.

    Never heard any of this. Thanks for sharing.

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  3. Carmen B. dice:

    A tí , Roberto,te “dicen” mucho los ojos de un elefante pero es seguro que también te “dicen” los de cualquier otro animal; es difícil sustraerse a sus miradas; un perro, un caballo, miran con una profundidad que se clava. Pero esos que los matan de tan vil manera seguro que no le miran a los ojos. Aunque puede que haya gente que entienda esas miradas.
    Quien no entiende una mirada, nunca entenderá una explicación.
    Un abrazo.
    comparto en mis redes.

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    • Borgeano dice:

      Sí, sí, claro que sí, Carmen; lo hacen y de una manera que no tienes ni idea; pero en el caso de los elefantes siempre han excedido mucho a los que me hacen sentir los demás (la única excepción son los perros, quienes nos miran con total entendimiento en cualquier circunstancia). No sé, tal vez me sienta más sensible en estos momentos y eso pueda influir no poco; pero insisto en que el primer texto lo escribí hace ocho años…
      Como sea, la idea central permanece. Somos responsables. Lo demás es anecdótico.

      Un abrazo.

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  4. […] Los ojos de los elefantes — El Blog de Arena […]

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  5. […] Los ojos de los elefantes — El Blog de Arena […]

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  6. Tus textos son de un interés especial siempre, merecedores de la máxima atención y que provocan una reflexión y consecuentemente acción. Gracias por ello. Sin embargo en éste las imágenes que presentas son impresionantes. Esas miradas “animales”… y que como dice Carmen, podrían ser las de cualquier otro animal (yo he convivido con tres pastores alemanes hembras y me he comunicado con ellas a través de sus miradas), son especialmente dolorosas e ilustradoras del contenido de tu texto. Gracias una vez más por tu compromiso con los “otros”. Un abrazo Roberto.

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    • Borgeano dice:

      Pues los elefantes no son los únicos, claro que no, sólo que en ellos esas miradas me llegan más profundo. Comparto contigo el señalar a los perros como a otros animales con una mirada muy especial. En particular yo echo muchísimo de menos a mi “Che”, el cual, como siempre digo, era mi amigo, no una mascota ni “el perro de la casa”. Pero ellos son algo aparte.
      De todos modos, podemos usar a los elefantes como ejemplos máximos, pero no únicos. Tenemos una fuerte responsabilidad con todos ellos.

      Un fuerte abrazo.

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  7. Quienes son capaces de hacer con los niños, y mujeres casi niñas o adultas tantas t tantas atrocidades, si no tienen piedad de sus mirada, ¿qué esperar que no hagan con los animales?
    Gran artículo de una realidad desgarradora.
    Un fuerte abrazo.

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    • Borgeano dice:

      Toda forma de crueldad (y los seres humanos somos especialistas en ellas) es… (¿y cuál es el adjetivo que podríamos poner a continuación? ¿”deplorable”, “criticable”, “injustificable”? Todas ellas son inadecuadas por incompletas). Uno cree que poco a poco las sociedades van avanzando, pero a veces esas mismas sociedades –es decir, las personas que las conforman– nos brindan pruebas más que sólidas de que esto no es siempre así. ¿Soy pesimista en exceso? Tal vez, y tú me conoces bien; pero no puedo evitarlo. En este caso particular esos ojos han sido los catalizadores de unos comentarios que deben ser extendidos a toda forma de vida.

      Un fuerte abrazo.

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