La salvación por la escritura

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De Emil Cioran, el gran pesimista, les dejo un fragmento de sus Conversaciones, donde explica porqué escribe y porqué siguió escribiendo sin detenerse nunca. Creo que hay algunos de quienes pasan por aquí que podrían verse reflejados en algunas de sus palabras (no creo que en todas, por su bien espiritual; parecerse en exceso a Cioran no es algo demasiado deseable, eso es seguro); pero sí al menos en las que se refieren a la necesidad de escribir, aun cuando nadie vaya a leer ese trabajo. (aquí debería ir una conclusión, pero sería redundante y menos elegante que la que se encuentra en el texto que dejo a continuación. Vayamos a él).

Tras la aparición en español de Brevario, dos estudiantes andaluces me preguntaron si era posible vivir sin “fundamentación”. Les respondí que era cierto que no he encontrado en ninguna parte un cimiento sólido y que sin embargo he logrado durar, pues con los años se acostumbra uno a todo, incluso al vértigo. Y además no velamos ni nos interrogamos constantemente, siendo como es la lucidez absoluta incompatible con la respiración. Si fuéramos en cada instante conscientes de lo que sabemos, si, por ejemplo, el sentimiento de la falta de fundamento de todo fuera a la vez continuo e intenso, nos liquidaríamos y nos dejaríamos invadir por la idiotez. Se existe gracias a los momentos en que se olvidan ciertas verdades, y ello porque durante esos intervalos se acumula la energía que permite afrontar dichas verdades. Cuando me desprecio, para recuperar la confianza me digo que, después de todo, he logrado mantenerme en el ser o en una apariencia de ser con una percepción de las cosas que pocos hubieran podido soportar. Varios jóvenes en Francia me han dicho que el capítulo del Brevario que les ha interesado más es “El autómata”, esa quintaesencia de lo intolerable. A mi manera, debo de ser un luchador, puesto que no he sucumbido a mis obsesiones.

Los dos estudiantes me preguntaron también por qué no he dejado de escribir, de publicar. No todo el mundo tiene la suerte de morir joven, les respondí. Mi primer libro, de título rimbombante —En las cimas de la desesperación— lo escribí en rumano a los veintiún años, prometiéndome no volver a escribir nada más. Luego escribí otro, y me hice la misma promesa tras acabarlo. La comedia se ha repetido durante más de cuarenta años. ¿Por qué? Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar de un año a otro, dado que las obsesiones expresadas se debilitan y se superan a medias. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar no lo es menos. Un libro que aparece es nuestra vida o una parte de nuestra vida que se convierte en algo externo, que deja de pertenecernos, que ha cesado de agobiarnos. La expresión nos disminuye, nos empobrece, nos descarga del peso de nosotros mismos, la expresión es pérdida de substancia y liberación. Ella nos vacía, es decir, nos salva, nos despoja de una plétora que estorba. Cuando se execra a alguien hasta el punto de querer liquidarlo, lo mejor que se puede hacer es coger un folio y escribir un buen número de veces que es una canalla, un truhán, un monstruo; tras ello, se da cuenta uno cuenta de que se le odia menos y de que apenas se piensa ya en la venganza. Eso es más o menos lo que yo hago conmigo mismo y con el mundo. Extraje el Brevario de mis bajos fondos para injuriar a la vida e injuriarme. El resultado fue que me he soportado mejor como he soportado mejor la vida. Cada uno se cura como puede.

Emil Cioran, Conversaciones.

10 comentarios el “La salvación por la escritura

  1. Cioran, un gran humano, simplemente humano..¿qué más podemos ser? Gracias, siempre un zarpazo adentrate en sus letras

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    • Borgeano dice:

      Has tocado un punto central: Cioran fue un gran tipo; muchos creen que por ese pesimismo que permea toda su obra era un tipo amargado u hosco; pero nada de eso, en realidad era un alma en exceso sensible ante los dolores de este mundo.
      Gracias a ti por el comentario.

      Un abrazo.

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  2. «Cada uno se cura como puede», perfecta definición. Pero, también, existe el componente lúdico (hedonista, en cierta forma) que permite elevar la escritura y convertirla en arte (claro, aquellos que poseen ese don, los demás seguimos intentándolo). Como terapia la abordamos la mayoría aún sin ser conscientes de ello, Cioran pone las palabras exactas a ese sentimiento que nos aboca a llenar el folio en blanco.

    Gracias por compartir este magnífico texto.

    Un cálido abrazo

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    • Borgeano dice:

      Otra vez de acuerdo, sobre todo en el aspecto lúdico de la escritura. No toda escritura es terapéutica, gracias a los hados; de lo contrario no tendríamos literatura sino sólo diarios y confesionarios. Creo que quienes tenemos la piel sensible, pero no al extremo de Cioran, podemos adentrarnos en ambos aspectos de ella: el lúdico y el terapéutico; el punto exacto donde se encuentran estas dos facetas es la que crea el arte (es una idea general; pero creo que puede ser válida como punto de partida para un estudio del tema).

      Un cálido abrazo.

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  3. Ediciones del Jazmín dice:

    Me veo (parcialmente) reflejado en este fragmento: «Porque escribir, por poco que sea, me ha ayudado a pasar de un año a otro, dado que las obsesiones expresadas se debilitan y se superan a medias. Escribir es un alivio extraordinario. Y publicar no lo es menos. Un libro que aparece es nuestra vida o una parte de nuestra vida que se convierte en «»algo externo, que deja de pertenecernos, que ha cesado de agobiarnos». Y bien lo dice cuando escribe «y se superan a medias». He podido ver impresos media docena de mis pensamientos inquietantes recurrentes, «las obsesiones expresadas»; y, en efecto, se han debilitado, mas no desaparecido. Hay quienes las «imprimen» de manera críptica (yo lo he hecho en dos libros para niños, con explicaciones para «mi niño» [Loqueleo de Santillana]). Y, no obstante, se recurre a esos recuerdos, a esas obsesiones de vez en cuando para poder justificar la vida y justificarse ante la propia conciencia (si es que me explico). Con todo, hubo tantos que no pudieron lograrlo. Justamente ayer publiqué en mi estado de WhatsApp a manera de ejemplo aleccionador fotos, datos biográficos y textos de Virginia Woolf. Ella es solo una de tantos que se desnudaron ante el espejo interno y, no obstante, no fueron capaces de despojarse, tal vez ni siquiera a medias, de ese lastre emocional. Algunos dirán aquí, llegado este punto, que casos como este y el de, por ejemplo, Lord Byron son excepciones que se deben a la insania. En eso debo discrepar, ya que también vivo con la psicosis maníaco depresiva (caso precoz… desde los cinco años). Empero, soy un hombre feliz con las mismas preocupaciones de todos los seres humanos y con las mismas necesidades. Puedo decir que mi felicidad nace del contentamiento y que mi felicidad no es absoluta (la de nadie que se diga feliz lo es y el que insista en ello es mentiroso). Gracias por compartir estas palabras. Saludos hasta el vecino México para ese argentino que encalló por amor en esas playas. JSC

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    • Borgeano dice:

      Antes que nada, Jazmín; gracias por un comentario tan rico y con tanta materia para trabajar. Lo leí ayer (cuando respondí a los otros comentarios) pero el tuyo me dejó pensando y al final lo dejé para hoy.
      Creo que muchos de nosotros nos hemos visto reflejados en esas palabras de Cioran; claro, como bien aclaras, ese reflejo es sólo parcial (¡por fortuna!) y estoy seguro de que también esa parcialidad se refleja en cada uno de una manera diferente o en un aspecto diferente de nuestra sensibilidad.
      Coincido en la importancia del detalle de señalar que esa «salvación» a la que podemos acceder por medio de la escritura es siempre parcial (si no lo fuera, podríamos quitarnos de encima toda dolencia o carga espiritual tan solo escribiendo un texto, de cualquier clase, sobre ella) y tal vez eso es lo que separa al verdadero arte de la mera acción comercial. Sea el ámbito que fuere (letras, música, pintura, actuación, etc.) el artista expresa su ser más íntimo allí y se desnuda, aunque sea metafóricamente, en su obra. También he hecho lo mismo que tú (y lo seguiré haciendo por el mismo motivo) al expresar, aunque de manera velada o indirecta, mis obsesiones en mi escritura (mi primera novela nace de esa necesidad, por ejemplo). Y creo que allí es donde yo me veo reflejado en las palabras de Cioran (y que es donde creo que comparto contigo la mirada): esa salvación es siempre parcial; pero aun así es indispensable, de allí la necesidad constante de volver una y otra vez a ella (lo curioso es que si me propusieran abandonar la escritura a cambio de todos mis pesares espirituales, no creo que aceptara; uno es lo que es y si bien hay veces que duele o molesta, los placeres a los que la escritura nos permite acceder no son menores. De allí que ese cambio, aunque me traería algún beneficio, también me quitaría mucho placer).
      Es muy interesante el caso de Woolf y Byron que traes a colación. Son, sin duda, casos demasiado particulares y coincido contigo en que es una simplificación excesiva tildarlos, simplemente, de insania. Quien así lo hace no entiende las complejidades y las profundidades a los que ciertos espíritus sensibles pueden llegar.

      Un abrazo y gracias por ayudarme a seguir pensando.

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      • Ediciones del Jazmín dice:

        Me emociona muchísimo tu respuesta, tu sinceridad, tu franqueza… tu claridad. Pero también, y mucho más, saber que te he ayudado a seguir pensando. ¡Muchas gracias! Viene a pelo decir que al releer mi comentario caí en la cuenta de que hay en él varios gazapos y descuidos tipográficos (es una lástima no poder enmendarlos). ¿Por qué guarda relación esto con lo que nos atañe en este espacio? Porque si se me dificulta tanto alejar de mí el «mal hábito» (entre muchas comillas) de no revisar prolijamente mis correos electrónicos y mis comentarios antes de enviarlos o publicarlos, ¡cuánto más aquellos dolores causados por las malas experiencias y los aprendizajes no deseados del pasado! Somos tan interesantes y complejos, pero a la vez tan frágiles, ¿verdad? Y es ahí en donde reside la belleza del arte como expresión humana del anhelo de perfección, la búsqueda del camino de vuelta al Edén en medio de este mar de futilidad. Es un gusto leerte siempre.

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      • Borgeano dice:

        Lo bello de todo esto es, precisamente, estas comunicaciones que se abren de manera constante y azarosa y que nos van enriqueciendo mutuamente.
        También comparto contigo la molestia por los errores enviados en comentarios o, incluso, en los mismos textos; pero se entiende que a veces un error de tipeo no significa más que eso: un error (lo que hay que evitar son los errores de concepto, que son los graves); los demás van y vienen y uno reconoce cuando el que está del otro lado sabe de lo que habla o no. En tu caso no tienes que excusarte en lo más mínimo.
        Por último, traigo nuevamente a papá Schopenhauer, quien está siempre de acuerdo conmigo en que lo único que vale en esta vida son las cuestiones del amor y del conocimiento. En ese sentido es allí donde podemos, como bien dices, acceder por un rato al Edén, a pesar de nuestra fragilidad.

        Un fuerte abrazo y, nuevamente, gracias.

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  4. Carmen B. dice:

    Yo me quedo con la solución que apunta Cioran: » cuando se execra a alguien hasta el punto de querer liquidarlo, lo mejor que se puede hacer es coger un folio y escribir, un buen numero de veces que es un……!

    No se sí será lo mejor, pero seguro que alivia. ¡ Que tuviera el arte de escribir !; Y voy a ponerlo en practica , aunque no lo lea nadie. Lo prometo.

    Un abrazo y un gustazo leerte .

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    • Borgeano dice:

      Estamos de acuerdo, Carmen; ése es un punto central de las palabras de Cioran. Yo lo hago no solamente por eso (ya he llegado a un punto donde no siento esos deseos, por fortuna); pero sí escribo mucho para mí, para descubrir lo que tengo en mi interior. Parece mentira; pero el acto de escribir es el que hace «salir» cosas que no sabíamos que estaban allí. Amo a mis diarios, esos que escribo para que no sean leídos. Creo que mañana (y si no es esa es la siguiente) se subirá una entrada que habla al respecto de eso mismo (la reconocerás porque encontré unas cartas y escritos de autores famosos y, en lugar de hablar de ellas hablaré a partir de ellas).
      Un gusto verte por aquí.

      un abrazo.

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