Límites (que no llegadas)

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A veces uno lee un libro, ve una película o, como en este caso, un artículo, y mira hacia ambos lados, suponiendo que alguien nos ha estado espiando y tomando notas de nuestro accionar a lo largo de todo este tiempo. Algo así me pasó al leer un artículo de The Atlantic (Your professional decline is coming (much) sooner than you think) donde fue tanta la identificación con el tema que se estaba tratando que no pude menos que considerar esa vieja sensación que dice: están hablando de mí…

Les dejo extracto muy breve del artículo de The Atlantic y los puntos esenciales que me llamaron la atención (o que me gustaron en especial, lo cual es otra forma de decir lo mismo):
«Le dije a Acharya mi problema: muchas personas con logros sufren a medida que envejecen, porque pierden sus habilidades, ganadas durante muchos años de arduo trabajo. ¿Es este sufrimiento ineludible, como una broma cósmica sobre los orgullosos? ¿O hay una laguna en alguna parte, una forma de evitar el sufrimiento?

Acharya respondió elípticamente, explicando una antigua enseñanza hindú sobre las etapas de la vida, o ashramas. El primero es Brahmacharya, el período de la juventud y la adultez joven dedicado al aprendizaje. El segundo es Grihastha, cuando una persona construye una carrera, acumula riqueza y crea una familia. En esta segunda etapa, los filósofos encuentran una de las trampas más comunes de la vida: la gente se apega a las recompensas terrenales (dinero, poder, sexo, prestigio) y, por lo tanto, intenta que esta etapa dure toda la vida.

El antídoto para estas tentaciones mundanas es Vanaprastha, el tercer ashrama, cuyo nombre proviene de dos palabras sánscritas que significan «retirarse» y «en el bosque». Esta es la etapa, que generalmente comienza alrededor de los 50 años, en la que deliberadamente nos enfocamos menos en la ambición profesional y nos volvemos cada vez más dedicados a la espiritualidad, el servicio y la sabiduría. Esto no significa que deba dejar de trabajar cuando cumpla 50 años, algo que pocas personas pueden permitirse hacer, solo que sus objetivos de vida deben ajustarse.

Vanaprastha es un tiempo de estudio y entrenamiento para la última etapa de la vida, Sannyasa, que debe estar totalmente dedicada a los frutos de la iluminación. En tiempos pasados, algunos hombres hindúes dejaban a su familia en la vejez, tomaban votos sagrados y pasaban el resto de su vida a los pies de maestros, rezando y estudiando. Incluso si sentarse en una cueva a los 75 años no es su ambición, el punto debe quedar claro: a medida que envejecemos, debemos resistir los señuelos convencionales del éxito para enfocarnos en cosas más trascendentalmente importantes».

Lo dicho: una delicia de texto (bueno, ya, al menos para mí). Y es que por un camino o por otro creo que en algún momento debe llegarse a esa conclusión que me parece casi definitiva o esencial. Algunos llegamos a través de la filosofía occidental y a los tropezones; otros, aquellos que viven en las antípodas, llegan a través de sus propios mitos y religiones; otros, lamentablemente, no llegan nunca.

¿Cómo dice el dicho? ¿Que todos los caminos llevan a Roma? Mmmmm… creo que no, que llevan a otro lado, y cuando antes nos enteremos de eso, antes nos libraremos de todo lo superfluo; el modo de hacerlo es lo de menos.

7 comentarios el “Límites (que no llegadas)

  1. María dice:

    Muy interesante lo que nos cuentas querido Roberto. Llega un momento en que librarse de lo superfluo y mirar hacia dentro, se hace casi tan importante como saber envejecer. Mil abrazos desde aquí.

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    • Borgeano dice:

      Es todo un aprendizaje, quuerida María; no apto (y tal vez no necesario) para todos. Para mí es imprescindible, de allí que me haya gustado tanto el fragmento del artículo de The Atlantic. ¡Pero por lo que veo en los comentarios no ha sido tan valioso para los demás! No importa, uno escribe para uno, primero, y después, tal vez, eso sea compartido (me alegra que haya habido un comentario tuyo).
      Creo que lo del artículo me sabe tan especial porque fue algo que yo llevé a la práctica precisamente a esa edad, y fue tan profunda la experiencia, que ha marcado un antes y un después en mi vida.
      Gracias por estar aquí.

      Un fuerte abrazo.

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  2. A mí también me convence este plan de vida, tan epicúreo.

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    • Borgeano dice:

      Pues yo lo he llevado a la práctica a esa edad exacta de la que habla el texto y con toda certeza puedo decir que no lo cambio por nada en el mundo (¿Para qué? ¡S y a he ganado el mundo!).
      Pero creo que no es algo que todos puedan llevar adelante. La mayoría se queda en la «fase dos»; por así decirlo; apegados a lo material como a una tabla de salvación.

      Un abrazo.

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  3. Joha Calderon dice:

    Es muy dificil entender que la vida. Nadie ha tenido su edad hasta que la cumple. Vemos a los más grandes que nosotros de una manera que se va borrando o acentuando conforme pasa el tiempo. ¿Eran nuestros padres sabios cuando eramos pequeños? ¿Son realmente nuestros abuelos conscientes que se les va la vida? O que ya se les ha ido de las manos retener lo que consideraban suyo. Todos vivimos eso constantemente, etapa por etapa. Primero se nos va la adolescencia, luego la juventud y así sucesivamente. Lo que sucede es que al principio no asusta tanto. Vamos por ese camino diseñado y ya transitado para convertirnos en adultos. Ya una vez ahí creemos que es el destino. Que ya jugamos todas las cartas, hemos ganado o perdido según sea la mano que tengamos. El mundo está diseñado para atraer a los niños y jóvenes a jugar el juego de la vida hasta ese punto. Luego los abandona a su suerte. Ya no son tan agiles, ya no les conviene endulzarnos. Hay nueva gente que atrapar. Así empiezas a pensar que sos más viejo para todo. no te dan ideas de cómo prepararte o aceptar esta etapa. Cómo podés disfrutarla con otra energía, con otra cabeza. En otras culturas si se ha tendido historicamente a proteger esto, a ver cómo meta llegar pleno a la vejez y ser lider espiritual, de vida y compañero para el que necesita guía. Lamentablemente la posmodernidad ha borrado esto, lo que causa ese vacío y ese impotencia. Convierten el oro en paja, destruyendo al ser humano en su etapa más integral, cuando recorrió todas o la mayoría de sus edades.

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  4. Johanna Calderón dice:

    Es muy dificil entender que la vida. Nadie ha tenido su edad hasta que la cumple. Vemos a los más grandes que nosotros de una manera que se va borrando o acentuando conforme pasa el tiempo. ¿Eran nuestros padres sabios cuando eramos pequeños? ¿Son realmente nuestros abuelos conscientes que se les va la vida? O que ya se les ha ido de las manos retener lo que consideraban suyo. Todos vivimos eso constantemente, etapa por etapa. Primero se nos va la adolescencia, luego la juventud y así sucesivamente. Lo que sucede es que al principio no asusta tanto. Vamos por ese camino diseñado y ya transitado para convertirnos en adultos. Ya una vez ahí creemos que es el destino. Que ya jugamos todas las cartas, hemos ganado o perdido según sea la mano que tengamos. El mundo está diseñado para atraer a los niños y jóvenes a jugar el juego de la vida hasta ese punto. Luego los abandona a su suerte. Ya no son tan agiles, ya no les conviene endulzarnos. Hay nueva gente que atrapar. Así empiezas a pensar que sos más viejo para todo. no te dan ideas de cómo prepararte o aceptar esta etapa. Cómo podés disfrutarla con otra energía, con otra cabeza. En otras culturas si se ha tendido historicamente a proteger esto, a ver cómo meta llegar pleno a la vejez y ser lider espiritual, de vida y compañero para el que necesita guía. Lamentablemente la posmodernidad ha borrado esto, lo que causa ese vacío y ese impotencia. Convierten el oro en paja, destruyendo al ser humano en su etapa más integral, cuando recorrió todas o la mayoría de sus edades.

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    • Borgeano dice:

      Tu comentario tiene muchas «puntas» de donde agarrarse. En líneas generales estoy de acuerdo en un todo. Me gusta mucho eso de que «Nadie ha tenido su edad hasta que la cumple» y que vamos «creciendo», «quemando etapas» sin darnos cuenta de ello y que de pronto nos encontramos con que la vida es cualquier otra cosa que lo que nos habían dicho (y eso si alguien tuvo la suerte que de algún adulto le haya dicho algo al respecto. En mi caso, ni por asomo).
      El punto central vuelve a ser, simplemente, la eterna diferencia entre el ser y el no-ser. Como bien dices, todo está diseñado para que la gente se vuelque al no-ser de manera constante; de allí que sean tan peligrosos los que son (sobre todo para el decadente capitalismo).
      Ahora ¿cómo se aprende a «ser»? Menuda pregunta… Creo que cada cual debe encontrar su camino o, dicho de un modo que puede parecer paradójico, debe encontrar su propio camino hacia «el camino».
      Por último, si bien tienes razón de que en otras culturas se ha cuidado más la importancia y el valor de esas enseñanzas, eso también está decayendo a pasos agigantados. Los jóvenes japoneses ya están súper occidentalizados; en China tal vez perviva algo; pero los comunistas hicieron lo suyo hace unos setenta años en nombre de la dictadura opuesta…
      Por lo pronto, sintamonos felices de que, de algún modo,, hemos despertado a tiempo (dicho esto sin orgullos ridículos o formas pretenciosas; si algo te enseña este camino es, precisamente, a dejar de lado todo orgullo patético).

      Gracias por estar acá.

      Un abrazo.

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