La (verdadera) visión poética de las cosas

 

Pensamiento mágico

 

El pensamiento mágico tiene dos grandes virtudes: es bonito y no se necesita un cerebro para aceptarlo. El pensamiento racional, por otra parte, requiere cierto esfuerzo y, no pocas veces, requiere un gran esfuerzo, lo cual no lo hace muy apto para las conversaciones casuales. Lo que sí puedo asegurar es que el pensamiento racional es mucho más bonito que el pensamiento mágico, sólo que éste se presenta ya vestido de fiesta, mientras que al otro hay que ayudarlo a vestirse.

Todos conocemos las diferentes versiones del pensamiento mágico: astrología, tarot, energías positivas y negativas, psicoanálisis, física cuántica mal entendida, buenas ondas, etc. Tal vez la frase que mejor sintetiza esta tontería es la por demás conocida de Paulo Coelho: «Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas». No pocas burlas ha generado esa tontería, pero Coelho no está solo en estos asuntos y tampoco fue que inventara nada. Por ejemplo, me topo con esta frase del inefable Ernesto Sabato: ««Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiésemos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro. Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino». El mismo perro con diferente collar: ¿tiene algún asidero esta idea de que todo está predeterminado y que nada ocurre porque sí? Pues no, claro; pero suena bien y tal vez alguno ande enamorando incautas con citas como estas.

 

pensamiento

 

La contraparte, como dije, es más complicada, menos accesible, pero más hermosa (aunque a largo plazo). Probemos con uno del bando opuesto, a ver qué pasa: «La racionalidad ha construido el mundo moderno. Es una cosa preciosa pero también frágil, que puede ser corroída por una irracionalidad aparentemente inofensiva. Debemos favorecer las pruebas verificables sobre el sentir personal. De lo contrario, nos hacemos vulnerables ante aquellos que oscurecen la verdad»; dijo Richard Dawkins y Coelho y Sabato miran para otro lado y patean piedritas en el suelo, haciéndose los distraídos.

Sé que esta postura es criticada, a veces, tildándola de excesivamente realista y, por ende, de pesimista; pero como ya varias veces también he aclarado aquí, eso es un error que no por común pueda ser considerado como infantil. Es cierto que una postura absolutamente racional puede ser pesada y no siempre deseable; pero existe un ámbito donde lo irracional está bien entendido y aceptado en alto grado: el arte. ¿Adónde nos lleva una sinfonía o una poesía? ¿Qué hay de racional en lo que uno siente frente a un cuadro o ante una actuación excelente? No hay modo de racionalizar eso, y está bien que así sea. Es lo inexplicable del arte y de nuestra relación con él. Es entonces que aquí tampoco tiene cabida el pensamiento mágico en tanto visión poética de las cosas (como muchos quieren hacerlo pasar). No. Para la poesía ya está la poesía; es decir, para lo irracional ya está el arte. Y para el pensamiento mágico, el cesto de la basura. Cada cosa en su lugar.

En la mesa no se canta (ahora, antes sí)

Cuchillos y música 02-crop - 02

Pregunta retórica: ¿Para qué sirve un cuchillo? Pues no para eso en lo que acaban de pensar. Al menos no siempre, claro. Me he topado con estos maravillosos ejemplares de cuchillos medievales que llevan inscritas algunas partituras musicales. Estos cuchillos parecen ser de los siglos XV o XVI y, por supuesto, estaban destinados a la mesa, pero como dije, no para su función primaria de objeto cortante. Bueno, en realidad nadie sabe muy bien qué función cumplían. Por una parte hay quien dice que sí servían para cortar y trinchar: su filo y el ancho de la hoja los hacen aptos para la carne, lo mismo que la punta aguzada; pero hay quien dice que un noble de aquella época jamás cortaría su propia comida y que tampoco cantaría con un cuchillo ensangrentado proveniente de la mano de un criado.

Cuchillos y música

Es decir: los cuchillos ahí están, pero todavía no se entiende muy bien la forma de su uso. Maya Corry, del Museo Fitzwilliam en Cambridge, una institución con su propia colección impresionante de armas y armaduras, donde se encuentran estos cuchillos en exhibición, comenta: «son un tipo inusual de cuchillo del siglo XVI destinado a la mesa, no al campo de batalla, y ofrecen una notable comprensión de ese aspecto armonioso y audible de las devociones familiares»; es decir: oración y canción.

Cuchillos y música 02-crop 03

La curadora de Victoria and Albert Museum, Kirstin Kennedy, admite que «no estamos del todo seguros» para qué se utilizaban esos espléndidos cuchillos; pero sí sabemos que cada cuchillo tenía una pieza musical diferente en cada lado, y que un conjunto de ellos contenía diferentes partes de armonía para convertir una sala llena de comensales en un coro. Un juego de cuchillas tenía la Gracia de un lado, con la inscripción «La bendición de la mesa»; el otro lado contiene la Bendición, que se canta después de la cena.

 

El lenguaje es el común para cualquier hogar en la Europa del Renacimiento, pero cuando se canta, al menos por el coro del Royal College of Music, que recreó la música e hizo las grabaciones que dejaré aquí, las oraciones son magníficamente elegantes. En los primeros audios se escuchan, respectivamente, una versión de la Gracia y de la Bendición de los cuchillos del Museo Victoria y Albert; abajo pueden escuchar una segunda versión, esta vez de un conjunto de oraciones corales de los cuchillos del Museo Fitzwilliam, grabadas para la exhibición Madonnas y Milagros.

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Nota: me disculpo por el torpe formato de la entrada; hubiese querido que los audios hubiesen aparecido en un formato más pequeño e, incluso, elegante; pero como no sé hacerlo (y la verdad es que no quiero pasar dos horas aprendiendo a hacer cosas que no sé si funcionarán y que luego nunca utilizaré) decidí dejarlo como está. Lo importante, para mí, es compartir estas curiosidades con ustedes. El resto lo aprenderé poco a poco y en su momento. Gracias a todos por comprender.

Lobos de mar

 

Pescador 01

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Descalzo el pie sobre la arena ardiente,
ceñida la cabeza de espadañas,
con una caña entre las verdes cañas,
que al Tajo adornan la famosa frente,
tiende sobre el cristal de su corriente
su cuerda el pescador, y por hazañas
tiene el sufrir que el sol por las montañas
se derribe a las aguas de occidente.

Así comienza Lope de Vega su poema Descalzo el pie sobre la arena ardiente y uno siente que está hablando, a través del tiempo, de los últimos pescadores de la isla griega de Paros. Muchos de los que por aquí pasan saben de mi debilidad por los retratos, debilidad que excede el mero marco artístico y que se adentra en lo que suelen decirme (o, dicho con mejor tono, con lo que suelo ver) esos rostros que me miran desde la imagen. Ya he hablado aquí de los trabajos de Steve McCurry, Jay Weinstein, Michael Ackerman o de Jan Banning; a los que hoy sumo un nuevo nombre. Copio del sitio web donde se encuentra este trabajo que he encontrado ahora:

Christian Stemper es un fotógrafo que, desde 2010, ha estado documentando a los últimos pescadores individuales restantes y sus barcos, en la isla griega de Paros. El documental fotográfico LUPIMARIS está dedicado a la historia, las historias y los rostros de los pescadores griegos y sus tradicionales y coloridos barcos de madera.

La mitad de los barcos que fueron fotografiados en 2010 ya no existen: destruidos, abandonados o vendidos a turistas. Debido a que ya nadie quiere convertirse en pescador, las embarcaciones de pesca tradicionales están muriendo y, por lo tanto, también lo hace una tradición milenaria. Son los últimos de su tipo y están en estado de extinción.

No hay mucho que agregar. Cuando un trabajo habla por sí mismo lo único que uno puede agregar es un lugar común, o dos, a lo sumo. Dejo a continuación una breve galería con fotos que parecen iguales pero que, sin duda, no lo son. Todas hablan o vibran en diferentes frecuencias, las que son, al mismo tiempo, armónicas. La humanidad subyace en esos retratos y todos estamos reflejados en ellos.

Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic en una de ellas. Pueden ir al sitio oficial del documental, aquí.

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¿Me interpreta, maestro?

Esta entrada viene a colación de la entrada anterior; puede leerse sin haber leído aquella, pero se entenderá mejor si se sigue el orden correspondiente. Intentaré ir al grano y de ser lo más breve posible, sobre todo en el primer párrafo:

lápiz rojo

 

Heidegger distinguía entre dos tipos de existencia: la que él llamaba existencia auténtica y la existencia inauténtica. La existencia auténtica es aquella que es llevada a cabo por quienes piensan, por quienes aprenden, por quienes toman las riendas de su ser. En suma: por quienes se enfrentan a la vida, con todo lo que ella implica (incluso la muerte); los que hacen algo con ella. Por otra parte, tenemos a quienes viven una vida inauténtica; es decir, para ser directos, aquellos que tratan por todos los medios de escapar de todo lo anterior. Una de las formas predilectas de estas personas es, por supuesto, negarse a pensar, ya que pensar implica, sobre todo, tener que pensar en la muerte y tener que enfrentarse a ella. ¿Qué tiene que ver esto con lo dicho hace dos días? Ahí voy.

En la entrada anterior dije que hay muchas personas que repiten las mismas frases independientemente de la latitud en la que se encuentran. Es así que frases como «Si quiero salir y contagiarme nadie puede prohibírmelo. Es mi derecho»; «Los pobres son pobres porque quieren»; «Hay que votar por un rico, porque los ricos no roban» y otras por el estilo se oyen igual en el último extremo del cono sur como en el medio de Europa o en el último confín de Asia. ¿Cómo puede ser esto posible? La respuesta es sencilla: se copian unos a los otros y, como no piensan, como no tamizan lo que consumen, repiten todos las mismas frases, palabra por palabra. Claro, ahora con las redes sociales se refuerzan, también, los unos a los otros, porque ninguno de ellos acepta en sus cuentas a nadie que piense diferente; sólo se aceptan aquellos que refuerzan lo que ellos ya quieren saber (si es que el término saber puede ser utilizado aquí). Incluso esta conducta tiene nombre propio: se llama sesgo de confirmación. Es entonces que se produce esta endogamia pseudointelectual que termina, siempre, en la más profunda de las ignorancias o, como diría Heidegger, en la vida inauténtica. Esa misma de la que hay que huir como si de la peste se tratara porque no es otra cosa que eso: una peste que infecta todo lo que toca.

La nave de los tontos

 

Djokovic

 

En este blog se evitan, en la medida de lo posible, las llamadas «noticias del día»; si bien los temas actuales suelen ser traídos aquí, lo hacen más por su interés general que por su interés particular. Es decir, dicho esto con toda modestia, que se trata de pensar desde lo que sucede más allá de lo específico que sea ese hecho. Pero hoy va a ser uno de esos días de excepción, porque el tema contiene ambos ingredientes: la actualidad y la generalidad.

La noticia en particular es una que seguramente ustedes conocen: el tenista Novak Djokovic ha dado positivo para Covid-19. En este mundo que ya lleva más de ocho millones de infectados eso no sería digno de mención, salvo que Djokovic se infectó por imbécil y podría decir que por algo más que imbécil. Djokovic declaró ser anticurentena y dijo que su protección contra el virus era la oración. Entonces no tuvo mejor idea que la de organizar un torneo de tenis, el Adria Tour y asistir a fiestas donde no se respetaba el debido distanciamiento social. Como imaginarán, los contagios se hicieron presentes más rápido que ligero y varios fueron los que terminaron enfermos. Djokovic se negó, en un principio, incluso, a hacerse el hisopado. Luego resultó que él y su esposa (y según el medio informativo, también su hija) dieron positivo en el test. ¿Se entiende ahora lo de imbécil o más que imbécil?

 

Djokovic 02

Djokovic, Zverev, Thiem, Dimitrov, de fiesta

 

«Todo lo que hicimos en el último mes, lo hicimos con un corazón puro e intenciones sinceras. Nuestro torneo pretendía unir y compartir un mensaje de solidaridad y compasión en toda la región», declaró el tenista y he aquí lo que me permite salir de lo particular para comenzar a adentrarme en lo general. Esto es lo que sucede cuando la gente no tiene conocimiento científico. Como vemos, no es una crítica clasista ni nada por el estilo, no; aquí se trata de otra cosa, por ejemplo, del viejo refrán zapatero a tus zapatos. Djokovic es el número uno del tenis, nada más. Punto. Después, que no hable de ciencia ni de medicina ni de política, porque es un cero a la izquierda, una nulidad absoluta, un perfecto ignorante (por cierto, este tipo también es anti vacunas ¿qué pensará ahora, sobre todo después de saber que ha contagiado a su propia hija?). Si volvemos a ver la foto superior vemos que hay muchos niños allí, además de las figuras del deporte; y ése es el problema. Realmente estoy harto de escuchar por doquier a imbéciles que dicen «Si quiero salir y contagiarme  nadie puede prohibírmelo. Es mi derecho» (seguramente ustedes también escucharon en algún medio esta expresión con las mismas palabras. Y es que esta clase de ignorante se copia entre ellos. Lo explicó bien Heidegger, pero ello vendrá en la próxima entrada). ¿Cómo explicarle a esta gente cómo funciona un virus y su sistema de propagación? ¿En realidad se hace necesario tener que volver una y otra vez a la escuela primaria? Esta gente (esta gentuza) no entiende de ciencia, pero tampoco entiende de política (no entienden, por ejemplo, la diferencia entre gobierno estado) ni de filosofía (la ética que todos deberíamos poner en práctica en casos como en el que estamos inmersos es fundamental. Pensar en el otro como un otro es la base de todo, incluso de los dos asuntos anteriores. Es por eso que la ciencia y la política deben estar supeditadas a la filosofía).

Qué agobio se siente al tener que hablar de esto, cuánto cansancio conlleva tener que ver el accionar de quien se siente por encima de todas las cosas, cuánto daño y dolor produce la estupidez… y ahí vamos, en esta nave de los tontos en la que remar no sirve para nada, sólo para ver cómo el resto de la tripulación se mete el dedo en la nariz y luego, literalmente, se come los mocos.

 


La nota terminó ahí arriba. Lo que dejo a continuación, para quien tenga aún ganas de seguir leyendo (o para leer algo como la gente) puede seguir con los dos párrafos siguientes, una maravilla de síntesis, sentido común y conocimiento del querido Carl Sagan:

«Uno de los aspectos más importantes del método científico es que el argumento de la autoridad no vale para convertir una hipótesis en una teoría. Además, el científico siempre tratará de ver qué fisuras hay en ciencias construidas hace años (y que se ven como la autoridad en la materia), como lo hizo Einstein con la teoría de la gravedad de Newton, la mayor autoridad (aunque llevara siglos muerto) en la ciencia de su época. El pensamiento científico nos lleva al pensamiento crítico, individual y libre; la ciencia, al contrario de lo que mucha gente cree, nos reta a desafiar a la autoridad. La evidencia científica es la verdadera autoridad. No cualquier tirano puede vestirse de poder sobre un pueblo formado científicamente. La ciencia ilumina nuestras mentes hacia la libertad y a su vez la libertad es un componente imprescindible para lograr el desarrollo científico.

El sometimiento de todos fenómenos al rasero riguroso de la investigación científica nos ha entregado una posibilidad de vida y libertad más amplia. El problema es que nuestra sociedad no se adhiere a la evidencia para explicar las cosas o para solucionar una dificultad. Vivimos en una sociedad altamente tecnológica que no utiliza los métodos científicos desde los que nace la propia tecnología. Donde debería haber luz, nos encontramos la oscuridad, la ciencia nos brinda una llama que ilumina el camino hacia la libertad».

Tres preguntas, una respuesta

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hiperconectividad

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«¿Dónde nos encontramos hoy en día? Europa sigue atrapada en medio de una gran pinza, uno de cuyos extremos es Estados Unidos, y el otro, China. Estados Unidos y China, vistos desde un punto de vista metafísico, son lo mismo: el mismo desatado frenesí de tecnología desencadenada y de organización desarraigada del hombre medio. Cuando el último rincón del globo ha sido conquistado técnicamente y se puede explotar desde el punto de vista económico; cuando, cualquier incidente que escojamos, en cualquier lugar que escojamos, y en cualquier momento que escojamos, nos es accesible todo lo deprisa que deseemos; cuando, a través de la «cobertura en directo» televisiva, podemos «experimentar» de manera simultánea una batalla en el desierto iraquí y una representación de ópera en Pekín; cuando, en una red digital global, el tiempo no es más que velocidad, instantaneidad y simultaneidad; cuando el ganador de un reality show se considera un gran hombre del pueblo; entonces sí asoma como un espectro sobre todo este alboroto la pregunta de: ¿para qué? ¿Adónde vamos? Y luego, ¿qué?». Dijo Slavoj zizek en un libro cuyo nombre se me ha perdido.

A veces uno se repite en este pensar una y otra vez en las mismas cosas; pero es que la realidad se impone y como uno no vive en aislado en la cima de una montaña, sino que lo hace en una ciudad más o menos grande rodeado de cierta cantidad de personas, esas mismas cuestiones con sus mismas preguntas y su mismo cansancio reaparecen como las películas de superhéroes: una por mes y todas iguales.

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Hiper

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Lo que suele aparecer, también, son las respuestas, las cuales, como siempre digo, ya fueron escritas mucho tiempo antes (creo que he dicho esto tantas veces y he escrito tantas entradas al respecto, con diferentes ejemplos y casos que ya podría reunir todos esos textos y convertirlos en un volumen). En este caso, lo cual tampoco es novedoso, la respuesta viene de un estoico, don Marco Aurelio, lo llamaban, quien dijo: «Somos todos criaturas de un día, tanto el que recuerda como el que es recordado. Todo es efímero, tanto la memoria como el objeto de la memoria. Está por llegar el momento en que habrás olvidado todo; y está por llegar el momento en que todos se habrán olvidado de ti. Piensa siempre que pronto no serás nadie y no estarás en ningún lado».

Ya. Nos es fácil aceptar eso, lo entiendo, pero no por ello deja de ser menos verdad. Que no nos guste o que hoy se prefiera la dicha permanente del circo mediático es otra cosa; pero el punto está ahí, en las palabras de Marco Aurelio; y tan así es que si volvemos ahora sobre las palabras de Zizek y las leemos bajo esta nueva luz, vemos que no quedan de ella sino sólo las preguntas. Lo demás ha desaparecido todo en la nada del sinsentido; es decir, en el olvido. Lo dicho: Marco Aurelio tenía razón.

La revolución descremada

 

pseudo revolucionario 02

 

Dijo Antonio Machado: «Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre»; a lo que agrega Facundo Cabral: «Cuando conozco a un hombre, no me importa si es negro o blanco; cristiano, judío o musulmán, de izquierda o de derecha. Me basta y me sobra con que sea un hombre. Peor cosa no podía ser». Todos pensamos más o menos lo mismo, según el día de la semana o según de quién estemos hablando, si de los demás o de nosotros mismos. Así que Machado es perfecto para hablar de nuestra familia o de quien piensa como nosotros, mientras que Cabral es perfecto para señalar a ese vecino molesto o a ese extranjero detestable.

Digo esto ahora que ya pasó la ola de enojo y furia por la muerte (la detestable muerte en su forma y en su fin) de George Floyd. Ahora que todo está volviendo lentamente a la normalidad, que las tiendas han comenzado a quitar los paneles de protección, que los medios le brindan mucho menos espacio (o nada, directamente), que la gente sigue más o menos enojada pero en sus casas, que se venden menos botes de pintura en aerosol, que algunas estatuas aún permanecen de pie.

Y es que hoy en día hasta las protestas tienen fecha de caducidad; y esta es menor que la de un yogurt. Hoy que la gente tiene más tiempo y más poder en sus manos tienen, al mismo tiempo, menos conciencia ideológica y, por supuesto, también aguanta mucho menos. Un auténtico revolucionario lleva sus ideas hasta las últimas consecuencias. Está tan convencido en lo que cree que, por eso mismo, cree que la única forma de cambiar las cosas es cambiando el sistema en sí, es decir: cambiando al poder mismo. Ahora no, ahora todo se reduce romper cristales, incendiar un par de autos, golpear a alguien y, sobre todo, a pintar con pintura en aerosol toda pared o monumento, y eso es todo.

 

pseudo revolucionario

 

Me resulta muy gracioso, después, las justificaciones que esos mismos grupos comparten en las inevitables redes sociales (otra «forma» de la «revolución»), equiparando una pintada ―con un slogan mal escrito― con una verdadera revuelta.

Y que conste que no me opongo a las protestas (cuando están bien fundamentadas) y tampoco a las protestas violentas (si fuera necesario). A lo que me opongo es a esta cosa intermedia, a este accionar chirle e improducente, a esta cobarde forma de protestar actuando de forma violenta pero gritando a voz en cuello cuando el que está enfrente actúa a su vez. Un verdadero revolucionario se las juega, se arriesga, pone todo en juego. Incluso su vida si así lo considerara necesario. Porque un verdadero revolucionario sabe que si ataca al poder, el poder responderá. La lucha será desigual incluso en su volumen, pero si está convencido de sus ideales, eso será secundario. Y son esos los revolucionarios que me gustan. Los otros, los que sólo pintan con aerosol un monumento, no son más que pseudocríticos sociales que «atacan» a una piedra; es decir, a quien no puede defenderse ni, tampoco, cambiar absolutamente nada.

¿Será el fin de las revoluciones? Seguramente. Al menos en occidente y en el oriente occidentalizado, todo parece haber descendido al nivel de la ofensa personal (todo me ofende, soy una pobre víctima de… lo que sea). La adolescente postura del nadie me entiende ha sido llevada, al fin, a la sociedad toda. Hoy no es que no haya motivo de quejas y de rebeliones, lo que no hay es gente que las lleve a cabo, ya que todos viven en una adolescencia eterna, y con ella nunca se podrá llevar a cabo un verdadero cambio radical del actual estado de cosas.

pseudo marta

El teatro de la palabra

 

Hace unos días, una amiga de la casa, Isabel Fernández de Quirós, quien presentó su nuevo libro de poemas Aire que rompe la niebla ―lo hizo, acorde a los tiempos que vivimos, de manera virtual; así que tenemos un excelente registro de ello. Quien quiera verlo puede acceder aquí y oír su poesía en su propia voz―, me dijo algo que me pareció perfecto como síntesis de lo que es la poesía: «Cada poema es una obra de teatro en miniatura, cuanto mejor se interprete más tocará el corazón del escuchante».

 

Poetikon

 

Yo siempre he abogado por la lectura poética en voz alta, cosa que sé que no es algo original, pero que de todos modos no siempre es compartido o aceptado (desde aquella tarde en que Tomás de Aquino vio a Anselmo leyendo sin mover los labios, día en que cambió la historia de la lectura para siempre, leer fue considerado un acto íntimo, personal y, sobre todo, silencioso. Después uno ve que sólo se cambió un hábito por otro y que el hábito terminó transformándose poco menos que en una superstición). Como sea, Isabel había dado en el clavo: la lectura poética en voz alta nos permite acceder a ciertas capas de sentido que a veces la lectura silenciosa nos veda. La puesta en escena, si se me permite la expresión, hace que pasemos a formar parte del poema y que éste pase a formar parte de nosotros mismos.

Claro está, esto nos permite, también, diferenciar un buen poema de uno malo (si los versos no están bien armados, medidos o musicalizados se hacen evidentes los ripios y los tropiezos) pero, sobre todo, nos permite, y esto es lo más importante, acceder mucho más profundamente a aquellos poemas buenos. Borges, creo que en el prólogo a su volumen de poesía completa, dice que el poema no está en el conjunto de signos impresos en una hoja, sino en el diálogo que se crea entre esos signos y el lector. La idea es hermosa y, por supuesto, altamente poética: el poema en sí no está ni en el libro ni en el lector, está en el puente que se teje entre ambos; y para ello se hace necesario este teatro en miniatura del que habla Isabel. Saber (aprender a) convertirnos en el ser capaz de transformar esos símbolos en poesía ya es motivo suficiente como para justificar, aunque sea por unos momentos, nuestra existencia.

Los ojos de los elefantes

En los últimos tiempos, este asunto del maltrato animal, del trato animal, de los animales en sí, se me ha ido tornando en una obsesión. Creo (quiero creer) que estamos lo suficientemente maduros como para empezar a ver las cosas como son, que los animales son seres que sienten, desean, sufren, etc. Creo (quiero creer) que ya estamos más que sobrepuestos a la estupidez cristiana que nos colocaba por delante y por encima de todas las criaturas de la tierra: «El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados» (Génesis 9:2). Es hora de que dejemos de ser tan hipócritas y olvidar tanta palabrería hueca y falsa. Si somos seres inteligentes (los más inteligentes decimos, ya que no los más modestos), comencemos a actuar como tales, ya que eso es lo que nos convierte en lo que somos: el acto, no la exposición elegante de ellos.

Hace unos días salió a la luz la noticia de la muerte de una elefanta preñada por haber comido una piña con explosivos. Esto me trajo a la memoria a algunos casos particulares que siempre tengo presentes por un detalle en particular: los ojos, la mirada de estos animales. Como con todo en esta vida, tenemos nuestras filias y nuestras fobias. De las segundas no hablaré ahora, de las primeras, de las muchas que forman ese conjunto, los elefantes ocupan un lugar especial. ¿La razón? Pues tal vez la única palabra que pueda sintetizar lo que siento ante ellos es asombro. No por nada el hinduismo le brinda un lugar de preponderancia entre sus dioses, cosa que no está nada mal. Si hay algún animal que puede llegar a entrar en la categoría de dios, esos son los elefantes.

Dije que después de la noticia de la muerte de esta elefanta preñada, no pude menos que recordar algunas historias de humanos y de elefantes; más precisamente del accionar de los primeros y de los ojos de los segundos. Busqué las imágenes con no poco dolor, lo reconozco, porque ello me es inevitable. Hay algo allí que excede lo que mi entendimiento puede llegar a captar. Lo que veo en esas miradas no puedo traducirlo ni, tampoco, quiero hacerlo. Sé que esa tarea será imposible y el solo intento eso será siempre inexacto.

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La primera de las fotos es la de un elefante siendo transportado para un circo. La segunda, la que viene a continuación, trae consigo una historia que será breve: Tyke fue una elefanta perteneciente al Circo Internacional de Honolulú que el 20 de agosto de 1994, después de huir durante una presentación en el Neal Blaisdell Center, murió de 86 disparos por la policía. El animal tenía apenas veinte años y, harta del maltrato diario, huyó, hiriendo a dos personas. La brutalidad de la escena hizo que Tyke fuera, a partir de allí, la imagen de los derechos de los animales. Yo sigo sin poder apartar mi mirada de la suya.

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Tyke

Pero como todos sabemos, esto es moneda corriente, nada que no sepamos ya. Recuerdo que alguna vez escribí sobre estos animales. Busco la entrada y veo que tiene ocho años, lo cual es nada en ninguna escala temporal; sólo me causa una profunda molestia tener que volver a escribir sobre el mismo desagradable tema después de tanto tiempo.

En esa entrada conté los casos de Topsy, una elefanta a la que electrocutaron en el Luna Park de Conney Island en el año 1903. Eran los tiempos turbulentos del inicio de la electricidad y de todos los horrores que alumbraría el siglo XX. Topsy tenía 28 años y había sido una de las principales atracciones del parque, una magnífica elefanta de tres toneladas que hacía las delicias de los visitantes. Sin embargo, sus violentos arrebatos le llevaron a matar a tres hombres en menos de tres años, el último de ellos el borracho de su cuidador, que le daba de comer cigarrillos encendidos. Los propietarios de Luna Park decidieron deshacerse de Topsy. Probaron con zanahorias untadas de cianuro, pero no funcionó. Entonces se les ocurrió la idea de sacar dinero con el asunto y anunciaron que Topsy sería ahorcada públicamente por sus crímenes. El anuncio despertó las protestas de los defensores de animales, que consideraron que colgar a un elefante era inhumano, así que buscaron otra solución.

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Topsy

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Fue entonces cuando el prestigioso Thomas Alva Edison en persona propuso que utilizaran un sistema que él y uno de sus colaboradores venían desarrollando desde hacía algunos años. Concretamente desde 1890, año de la primera ejecución con silla eléctrica en el estado de Nueva York. A las asociaciones de animales les pareció que freír a un elefante era una forma más «humana» de matarlo.

Casualmente, la compañía de Edison, promotora de la corriente continua, se disputaba entonces el control del sistema eléctrico estadounidense con la compañía Westinghouse. Para desacreditar a su adversario, el gran Nikola Tesla, Edison había declarado que el sistema de corriente alterna de la Westinghouse era una verdadera amenaza para los hogares, y aquel experimento le ayudaría a demostrarlo. (No en vano, ya había pasado diez años electrocutando perros y gatos en su laboratorio para demostrar los peligros de la corriente alterna).

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Mary. colgada a principios del siglo XX

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Supongo que no es necesario que termine esta entrada con las preguntas de siempre, porque de tan obvias no creo que sean necesarias. Sabemos cuáles son y que todas son variantes que incluyen como eje central actividades humanas como el circo, los zoológicos y acuarios, la tauromaquia, la cacería deportiva. Cada cual responderá a esas preguntas según su buen saber y entender. Lo único que yo sé es que, en lo que a mí respecta, no habrá nadie que pueda justificar lo que veo en los ojos de esos elefantes. La razón no sirve para esas cosas.

Registrar la proeza

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Ejemplar de Prometheus

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«Las grandes pirámides de Egipto todavía no se han construido cuando en el (hoy conocido como) pico Wheeler, en el estado de Nevada, una modesta semilla cae del cielo, hace fortuna y germina alegremente. Muchos años después pasa por allí el joven geógrafo Donald Rusk Currey y se queda estupefacto ante un impresionante ejemplar de Pinus longeava. Según algunos, Cumy piensa: «Yo a ti te conozco», porque cree reconocerlo como Prometheus, un árbol singular descubierto por el profesor Darwin Lambert. Los botánicos tienen la exquisita costumbre de no dar las coordenadas exactas de las maravillas que encuentran para evitar que alguien tenga un mal pensamiento o un momento de súbita estupidez. Segun otros, los más, Currey no sabe de ningún estudio previo en la zona y bautiza el árbol como WPM-114. Después de varios intentos fallidos para extraer una muestra de la planta que permita estimar su edad. Currey tiene una idea: pedir permiso a Donald E. Cox, del Servicio Forestal, para talar la joya. Y a Cox se le ocurre una idea aún mejor: concederle el permiso. El día 6 de agosto de 1964 Prometheus es asesinado. La autopsia demuestra que en el momento de su ejecución el árbol tenía 4950 años, el individuo pluricelular más viejo del planeta. La plusmarca ha habría sido fácilmente superada (a razón de una mejora de un minuto por cada minuto que trascurre) si no llega a ser porque una inteligencia se empecina en parar el cronómetro para registrar la proeza».

Jorge Wagensberg, El gozo intelectual, p. 254.