Todos en capilla II

Mis queridos hermanos, estamos aquí reunidos para dar lugar a la palabra y sólo a la palabra que, en definitiva, es lo único que tenemos. Hoy abrimos nuestros libros y leemos a la hermana Pearl S. Buck, quien nos dice:

«No puedes obligarte a ti mismo a sentir algo que no sientes; pero sí puedes obligarte a hacer el bien, a pesar de lo que sientes».

Los sentimientos no son algo que podamos manejar a nuestro antojo; es cierto. No podemos enamorarnos de manera conscientes del mismo modo en que no podemos odiar eligiendo de antemano al objeto de ese sentimiento. Tenemos una relación sentimental con las cosas o con los seres que es independiente de nosotros; pero sí podemos hacer algo con respecto al modo en que nos conducimos con todos aquellos que nos rodean. Allí la apóstol nos recuerda las palabras de otro de nuestros imprescindibles hermanos: Jean Paul Sarte, cuando éste dice «El hombre está condenado a ser libre», con lo cual nos señala la necesidad de ser conscientes de que las elecciones que tomamos a lo largo de nuestra vida son nuestra responsabilidad y que, por ello mismo, debemos llevarla a cabo con plena conciencia (permítaseme la redundancia) de los alcances de cada uno de nuestros actos.

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¿Qué podemos hacer ante los avatares de la historia? ¿Cómo podemos cambiar el rumbo de aquello que sabemos que está mal? ¿Cuándo debemos comenzar a responsabilizarnos de nuestras palabras, de nuestras acciones, de nuestro pensamiento? La hermana Pearl S. Buck ya nos lo dijo:

«No puedes obligarte a ti mismo a sentir algo que no sientes; pero sí puedes obligarte a hacer el bien, a pesar de lo que sientes».

Es decir: Pensar, actuar, ahora.

Id en paz, mis hermanos, y que la paz esté con vosotros.

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Aire

En 2014, la Universidad de Sheffield, Inglaterra, presentó «el primer poema de limpieza del aire del mundo», cuatro estrofas del profesor de literatura Simon Armitage impresas en un panel de 10 por 20 metros recubierto con partículas de dióxido de titanio que usan luz solar y oxígeno para despejar el aire de los contaminantes de óxido de nitrógeno.

 

Simon Armitages - In Praise Of Air (1)

 

«Esta es una colaboración divertida entre la ciencia y las artes para resaltar un problema muy serio de mala calidad del aire en nuestros pueblos y ciudades», dijo el profesor de ciencias Tony Ryan, quien colaboró ​​en el proyecto. «Este poema por sí solo erradicará la contaminación por óxido de nitrógeno creada por unos 20 automóviles por día». Armitage, por su parte, dijo: «La poesía a menudo se crea con lo íntimo y lo personal, por lo que es algo extraño pensar en una pieza expuesta en un lugar público, tan grande y tan audaz. ¡Espero que la ortografía sea correcta!»

 

Simon Armitages - In Praise Of Air (2)

 

He aquí una traducción mía, por el momento, al menos:

En alabanza del aire

 

Escribo en alabanza del aire. Tenía seis o cinco años
cuando un prestidigitador abrió mi puño anudado
y sostuve en mi palma todo el cielo.
Lo llevé conmigo desde entonces.

Deja que el aire sea un dios mayor, que su ser
y su tacto, que su leche materna siempre se incline
a nuestros labios. Tanto una libélula como un Boeing
cuelgan en su nada transparente…

Entre el revoltoso bric-a-brac que guardo
tengo un cofre de tesoro de espacio vacío,
y en los días cuando los pensamientos se llenan de smog
o la civilización cruza la calle
con un pañuelo blanco sobre su boca
y los autos soplan besos en nuestros labios con los suyos
giro la llave, tiro de la tapa, respiro profundamente.

Mi primera palabra, la primera palabra de todos, fue aire.

 

 

Siete

Hoy va de entrada breve. No soy muy amante de los cartelitos que simplifican las cosas hasta extremos que vuelven, a esas cosas, meras etiquetas para dejarlas a un lado cuanto antes y así poder pasar a lo que sigue con celeridad; pero cuando encontré este cartelito vi que sí decía algo que si bien puede no ser correcto en un cien por ciento, la verdad es que se acerca bastante.

 

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Lo que ilustra la imagen son los siete elementos que necesitamos para ser felices (y ahí entró la frase estúpida; pero sigamos, de todos modos); y la verdad es que, como dije antes, no está demasiado errado en su apreciación. Sobre todo, claro, si uno se queda un ratito allí, viéndolo, analizándolo, pensado en él un poco más de lo que solemos hacer habitualmente y, sobre todo, viendo cuáles de estas cosas aplicamos a nuestra vida y cuáles no. También dije que la imagen puede no ser correcta en un todo; es así que cada cual sabrá dónde rascarse y dónde no le pica.

Según Peter Adeney (el creador del estudio científico sintetizado en la imagen): «Todas estas cosas están resueltas en una vida primitiva, rústica, sencilla, conectada con el mundo natural y con el mundo de la comunidad (y no sólo virtualmente); así que todas las demás cosas, todas las cosas con las que llenamos nuestras vidas son realmente excedentes. Tienen en común que no son cosas consumibles o que podamos comprar. Absurdamente gastamos la mayor parte de nuestra energía y tiempo en conseguir aquello que realmente no necesitamos y que no contribuye significativamente a hacernos más felices. Sería quizás más inteligente simplemente contentarnos con lo que ya tenemos y dedicarnos a administrarlo».

Shhh…

 

Rembrandt - The Philosopher in Meditation

Rembrandt – The Philosopher in Meditation

Como muchos saben, en este sitio hay muchos temas recurrentes; uno de ellos es el silencio, el cual no sólo me parece algo meramente agradable sino, sobre todo, indispensable. Acabo de leer un artículo sobre él y me encuentro con que «el silencio tiene una cualidad que favorece la neurogénesis (la formación de nuevas conexiones neurales). Por último, existe también la noción mucho más antigua que relaciona al silencio con lo místico, con los estados de comunión con la naturaleza o con la deidad, con la paz de la mente que trae entendimiento de la verdad o de aquello que está más allá del cambio (del ruido del pensamiento y sus conceptos)».

Como soy adepto al silencio pero muy poco a las cuestiones místicas y más cuando estas son tomadas así, de manera general, no puedo menos que preguntarme si quien escribió el artículo no se dio cuenta de que tal vez una cosa sea consecuencia directa de la otra. Quiero decir, si el silencio promueve la neurogénesis ¿No será esta capacidad de crear nuevas conexiones neuronales lo que nos lleva a un estado de entendimiento más alto, el cual antes, al carecer de los conceptos adecuados, se consideraban como divinos o espirituales?

 

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Al respecto ahora se están poniendo de moda ciertos sitios silenciosos (al margen: qué patéticos somos los seres humanos que tenemos que crear modas para lo obvio… pero no quiero entrar en este tema; entonces, sigo). Uno de esos sitios es Noruega, país que tiene unos bosques que parecen ser la quintaesencia de la paz y del silencio. Megan O’Rourke, poeta norteamericana, quien pasó allí unos días, cuenta su experiencia en un artículo del New York Times:

« A la orilla del agua, la transformación fue más sutil —una transformación interna más que un cambio externo. Resulta que en el silencio, percibimos más—, nuestros sentidos se vivifican. Me percaté de dos árboles caídos cuyas raíces se entrelazaban de tal manera que sería imposible separarlos sin tener que dañarlos a ambos. En vez de acelerar como un motor siempre en marcha, mi mente bajaba de velocidad, deslizándose hacia los lados y hacia dentro. Entrando en una caleta, me di cuenta de lo habituada que estoy al ruido cuando mi mente empezó a interpretar el sonido de las olas como si fuera el rugido de motores».

 

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Si el silencio modifica a nuestro cerebro y si nuestro cerebro es el hogar de nuestra mente, vuelvo a mi pregunta original: ¿No será que lo místico, lo religioso, la paz, el entendimiento, o cualquier otro nombre que queramos darle está allí y que son, en suma, lo mismo? ¿No será que la mente y el silencio son dos manifestaciones de una sola, indivisible, cosa?

 

 

 

Colmillos

Imaginemos por un momento una situación descabellada, digamos una de esas películas con ideas algo absurdas pero con mucha acción: por ejemplo, una mujer está ahogando en un lago a sus dos hijos pequeños y quien viene al rescate es un perro. El animal salva a uno de los niños e intenta, infructuosamente, salvar al otro. Claro; el animal es un animal y no tiene aparejos ni herramientas ni, si los tuviera, tampoco tendría la capacidad para usarlos, así que usa lo que tiene: sus dientes. El animal es un héroe, por supuesto, pero aquí viene el meollo ridículo de la película: como el perro mordió al niño que salvó (y digamos que también a la harpía de la madre) y la ley establece que un animal que ataca a un humano debe ser sacrificado, eso es lo que se hará: el perro será sacrificado.

 

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Bueno, eso es lo que pasó hace un par de meses en Nueva Gales del Sur, en Australia y, por supuesto, después de la sorpresa inicial, comienzan a aparecer las frases y las preguntas de rigor. Las primeras son las más obvias, esas en las que todos caemos pero donde se quedan las personas como la tía Esmeralda, que nunca pasa de los titulares. Cosas como «No, si yo te digo que ya no se sabe quién es más animal…» o lo que dice el indignado de siempre «¡A ella habría que matarla, no al perro, que es un héroe!».

derechos de los animalesDespués podemos pasar a una segunda categoría de preguntas que, si bien tienen la misma base y el mismo fundamento que lo que acabo de decir, su objetivo es el de ir un poco más allá en estas cuestiones. Por ejemplo: ¿No va siendo hora que comencemos a reconsiderar el concepto de animal? Hace quinientos años René Descartes quitó a Dios del centro de las cosas, pero puso al hombre en ese centro y, peor aún, puso al pensamiento allí. A partir de entonces los humanos nos hemos dedicado a fregar las cosas con más entusiasmo aún de lo que lo habíamos hecho antes. Ahora nada podía detenernos. Sin embargo, ahora, en pleno siglo XXI, vemos que no somos más racionales que antaño o vemos que el concepto de racionalidad, para ser más precisos, debe ser puesto en tela de juicio.

Animales

En otras palabras; lo que quiero decir es que tal vez debamos, ahora, descentrar al ser humano de manera definitiva y colocarlo donde corresponde: en un sitio particular y privilegiado dentro del entramado de la naturaleza. Y soy consciente de que dije «privilegiado»; pero no olvido que ese privilegio conlleva, también, la mayor de las responsabilidades. Sólo de ese modo dejaremos de ahogar a nuestros niños en un lago y, por sobre todo, dejaremos de asombrarnos de lo que puede hacer la naturaleza con los dientes de un Pitbull.

 

Hay muchos artículos sobre esta noticia en la red; aquí les dejaré el enlace a uno solo de ellos para que vean que no deliro. Quise decir: aquí.

Revoluciones en todos los tamaños

 

Revolución (1)

 

Walter Benjamin, en su Tesis sobre la historia (apuntes, notas y variantes), dice: «Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presentan de muy distinta manera. Puede ser que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en tren aplica los frenos de emergencia».

Cuando hablamos de revoluciones solemos pensar en la revolución rusa, en la francesa, en la cubana o en alguna otra particular pero que siempre tendrá la misma forma identitaria: un grupo de hombres y mujeres que mediante actos más o menos violentos cambia el estado de las cosas. Eso hace que olvidemos un hecho importantísimo: las revoluciones pueden ser de cualquier tamaño y objetivo. Las revoluciones pueden ser, incluso, personales y privadas. Como he dicho aquí alguna vez, hoy en día hablar bien es un acto revolucionario.

 

Revolución (2)

 

Ahora acabo de leer un artículo que promueve algunas acciones personales para llevar adelante una pequeña revolución. Si lo hiciéramos todos las cosas cambiarían radicalmente; pero como eso seguramente no ocurrirá, lo mejor que podemos hacer es llevar adelante estos cambios nosotros. Si por casualidad la cantidad de personas es mucha será genial, si no lo es, al menos habremos ganado en lo personal y eso, insisto, es una forma de revolución.

Vayamos a la propuesta del artículo (voy a tratar de no comentar demasiado cada punto. Muchos de ellos son claros por demás):

  1. Cuestiona.

Uno de los puntos claros. Desde Descartes en adelante ya se sabe que hay que cuestionar todo. Incluso a nosotros mismos.

  1. Desconéctate.

Fundamental. Hoy los medios no sólo estupidizan, sino que adoctrinan. Cuanto más lejos de ellos, mejor.

…. 3.Evita la distracción.

  1. No votes por ningún partido político.

Éste es un punto delicado. Sin bien la clase política está a la baja no es menos cierto que es una mal necesario. Además un buen político es algo maravilloso, que haya pocos es otra cosa. Comencemos a crearlos, por ejemplo.

  1. Aprende a discernir.

Esto está relacionado con los puntos 1, 2, y 3; y la síntesis es la filosofía.

  1. No formes parte de ningún ejército.

Obvio.

  1. Es tu salud, cuídala tú (no la industria farmacéutica).

Otro punto delicado. Si bien uno puede tomar ciertas precauciones sobre la propia salud, la crítica barata y liviana sobre la industria farmacéutica no es, creo, del todo beneficiosa. Es cierto que es una de las industrias más oscuras, pero también es de las más necesarias. Sólo hagamos un ejercicio de imaginación. No tenemos que ir muy lejos, sólo 150 años al pasado y pensar cómo era la salud en aquellos tiempos. Sin aspirinas, ni penicilina ni anestesia. Imagen sólo una visita al dentista…

  1. Evita los alimentos industrializados.

….  9.Deja de consumir.

Éste es el que más me gusta. Simple, higiénico y el más efectivo.

 

Revolución (3)

 

¿Servirá para algo todo esto? Sí, no me cabe la menor duda de ello. Sirve para la sociedad de todos y para la sociedad de uno. Y todo es cuestión de empezar, nada más.

Ni siquiera en privado

 

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En Argentina se ha armado cierto revuelo por los decires de una mujer que se queja (en una conversación telefónica) porque desde su departamento de lujo tiene que ver a los pobres descansando a la vera del lago. Transcribo parte de lo que esta mujer dijo, tan sólo una pequeña parte:

«Yo quiero descansar, pero descansar sobre todo visualmente. A mí me molesta que estas bestias —porque son bestias, porque no tienen el mínimo de educación— estén reunidos como ayer, el día de la madre, sentados en una reposera de Mar del Plata tomando mate y con el perro en la piscina. Yo soy una mujer normal a la que le gustan ciertos parámetros estéticos, como ser el estar en Punta del Este, donde nadie te va a tomar mate adelante… Yo pensé que había otra onda en el edificio, otra onda más cool, más relajada y la verdad es que es gente muy… de cuarta… que tienen modales de décima categoría… Yo no desprecio a la gente… Créeme, Michel, que yo no desprecio a la gente…»

Como dije, el asunto ha levantado cierto revuelo y no es para menos; pero de entre todos los programas radiales que escuché al respecto (los que iban desde el ataque frontal hasta la burla), hubo uno que llamó mi atención. Darío Sztajnszrajber, filósofo, destaca un problema primero: Que el asunto se haya hecho público. Él dice que si se hubiese mantenido en privado el tema sería otro. Cabe aclarar que Darío Sztajnszrajber no defiende en ningún momento a esta mujer, pero como buen derridiano que es se pierde en florituras semánticas y deja el tema central sin tocar. Esa distinción sobre la esfera pública y la privada me deja pensando.

 

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Por un lado, si bien se entiende que en privado uno es libre de pensar lo que quiera, el tema de la moralidad y de los propios límites de pensamiento sigue en pie. En síntesis: ¿Es permisible el pensamiento racista sólo porque éste no se manifiesta en público? Por mi parte creo que no y que lo censurable radica en el acto de pensamiento, no si este es público o no (esto último lo hace más grave con respecto a las relaciones sociales, nada más; es decir que lo expone en una esfera más amplia).

Por último, vi un video donde hablaba el hombre que dio a conocer el audio y allí encontré lo que el filósofo no se atrevió a decir: «Decidimos con mis hijos dar a conocer este material porque creímos que la sociedad no podía perderse escuchar este audio que si bien hoy tiene un fuerte contenido periodístico también posee un fuerte contenido social que vivimos todos los días y que marca la grieta que subyace en nuestra sociedad».

Me quedo con esa postura: lo que está mal no puede justificarse y hacer público un audio privado, aunque en una primera instancia pueda considerarse como una falta, se hace necesario y ético más cuando, como en este caso, lo amerita la situación.

 


Actualización: Como voy escribiendo las entradas y las dejo programadas para que se suban diariamente, el texto anterior lo escribí hace unos veinte días. Ahora me encuentro con este video del actor cómico Diego Capusotto y de su personaje Micky Vainilla. Da la sensación de que el video fue hecho para burlarse de esa mujer de la que hablo en la entrada, pero no; ese programa es del 2013. Capusotto lo único que hace es exponer, mediante el humor, lo que ya está allí, en la sociedad toda. Después, el que haya aparecido ahora esta grabación no hace otra cosa que volver a la realidad aquella frase de Oscar Wilde: «La naturaleza imita al arte».