Las explosiones son primavera

Para L., mi estación favorita.

Las explosiones son primavera – Salvador Dalí

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Las explosiones son primavera

Las explosiones son primavera
como manchas de sangre en un fondo de nieve
o nubes en tono pastel abandonadas en el cielo
por un artista indisciplinado y olvidadizo.
Palabras que renacen, voces
desde lo alto de un árbol, en un nido
donde pichones hambrientos no dan tregua
a sus incansables padres.
Voluntad atareada, velo descorrido
(recuerdo rasgado de anteriores destellos)
polen viajero, brote y tallo
aire espejo
reliquia
voces de enamorados en promesas infinitas.

Todo es
porque todo es en sí mismo
Danza de abejas en un mundo que es todo panal
y almendros en flor.

Las explosiones son primavera
en los ojos de la noche que destellan más claros
en el terciopelo que los contiene
en la fuerza de la migratoria ballena y mariposa
en el tiempo que abre los glaciares
las almenas, la savia renovada
en el río que apalabra su descenso
lenguaje de furia incontenible, tintineo de caireles
que se vuelve órgano de catedral
y coda definitiva en los deltas o los mares.

Las explosiones son primavera
zumbidos invisibles de mosquitos en la noche
e inicio de insomnio
¿y por qué no? Ellos también tienen derecho
a su porción de alegría, a su parcela de vida
a esos renovados impulsos que son y serán y serán
por siempre ―ciclo infinito, devenir eterno―
las inevitables, y cíclicas, y necesarias, y delicadas
explosiones
de primavera.

¿Cómo se te ocurre?

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¿Cómo se te ocurre?

¿Cómo se te ocurre escribir un poema?

¿Cómo crees que una palabra

detrás de otra palabra puede

siquiera

llegar a tener algún significado?

                             “Brilla en la noche

                             el silencio magnífico de las estrellas

                             y su luz, su cuña

                                            su astilla

                                                 filigrana

                                de plata

                               se clava en mi carne

                                                         y mi madero”.

Por Dios ¿De dónde sacas esas ideas?

¿Cómo es posible que aún creas

que puedes hacer que una palabra diga

lo que tú quieres que diga?

¿Qué significa

                       blanco

                                 naranja

                                            peca

nievenubenueve

                       aguacero

                                  estatua

                                             sabor?

                            “La mañana se mide en tazas de té

                                              y la lluvia

                                              en melancolías fugaces,

                                              en tu rostro o tu nombre dibujados

                                              en el vapor condensado en las ventanas.

                             La noche, en cambio,

                                              se mide en olvidos”.

Con tu tozudez habitual

insistes.

¿Dices que puedes hacer que un papel hable?

¿Hablas de etimologías, significado, significante

Como si esas no fueran

                                      palabras?

¿Qué norma sigue la palabra «norma»?

                                     “Y buceo en un mar

                                                      azul transparente y leve

                                                      leve de nada o de casi nada

                                                      de tan etéreo.

                                       Deambulo entre las curvas        de las mareas

                                                      entre los meandros

                                                                                del aire.

Por Dios ¿Cómo se te ocurre intentar

siquiera

intentar

escribir un poema?

La precaria existencia del amor perfecto

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De La infinita paciencia del agua, me segundo (e inédito) libro de poemas, recupero este brevísimo poema:

Amores perfectos

Ante la imposibilidad de ardores voluptuosos,
el platonismo nos compensa
con amores perfectos.

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El poema nace ante la imposibilidad de acceder al paraíso, pero no de imaginarlo. Las causas de lo primero pueden ser muchas pero todas ellas pueden sintetizarse en una sola palabra: distancia. No importa si el objeto de nuestro amor vive a una casa de distancia, si esa persona no nos ama, lo mismo sería que si viviera en las antípodas. ¿Y si la distancia es realmente física? Tal vez sea peor, porque no tendríamos, siquiera, la oportunidad de saber si los hados nos hubiesen beneficiado al menos con una sola, mínima posibilidad de acercamiento. De allí, entonces, que podamos imaginar un amor perfecto (gracias, en parte, a Platón, que creó esa entelequia que hoy mal llamamos amor platónico). Como sea, perdámonos en las infinitas posibilidades y elijamos la mejor de todas ellas: la del amor perfecto. ¿por qué conformarnos con menos?

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Quisiera recordar, aquí, unas palabras que ya compartí alguna vez, y que tal vez acompañen con más certeza lo que vengo diciendo. Pertenecen a Roland Barthes y, en lo que a mí respecta, son perfectas en su sentido e intención:

«El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras. Lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación. (Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: es el galanteo)».

Ante la imposibilidad de amores voluptuosos, también se puede amar a través de las palabras.

Seguir pensando mal, seguir obrando mal

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A raíz de un triste caso de violencia de género que ocurrió recientemente en esta ciudad, he encontrado muchas versiones del hecho, las cuales sería demasiado extenso tratar por separado (aunque ganas no me faltan; por cierto); pero lo que veo, en líneas generales, es que hay una profunda falta de pensamiento crítico que les brinde solidez, lo cual sería más que deseable, porque si algo necesita un sistema crítico es, precisamente, solidez; es decir, lógica y coherencia. Trataré sólo uno, tangencial al hecho en sí, aunque hijo de este.

He leído, en una de las tantas publicaciones que desbordaron las redes sociales a lo largo del fin de semana, el siguiente texto (lo copio de manera literal, los errores le pertencen):

«Quizá no hemos reflexionado sobre el verbo “cuidar”. Cuidas al perro, al gato porque los has sacado de su hábitat (no olvides que al domesticarlos los has inutilizado). Cuidas la planta porque la has sacado de su entorno. Cuidas al León porque lo tienes encerrado en una jaula. Cuidas al niño/niña porque sabes que no pueden hacer muchas cosas, como alimentarse y buscar su propio alimento. Cuidas al anciano porque sabes que ha perdido habilidades. Cuidas al enfermo porque sabes que ha perdido su fuerza y sus defensas.

En todas, el verbo cuidar conlleva dependencia y no necesariamente amor. ¿Así quieres “cuidar” a una mujer? Es decir, que se vuelve inútil y dependa solo de ti. ¿Por qué quieres ese control? Amor no hay. Si hubiera amor la dejarías libre. Al niño/a los/as cuidas y precisamente porque los amas los dejas libres cuando ya son autosuficientes. Justifícate como quieras, pero el verbo “cuidar” tiene sus propias connotaciones, no depende del punto de vista, sino el uso que le damos y siempre coincide en esa dependencia que el otro tiene del cuidador».

A continuación, se agregaba una captura de pantalla con la definición del verbo «cuidar»:

Cuidar

  1. Ocuparse de una persona, animal o cosa que requiere de algún tipo de atención o asistencia, estando pendiente de sus necesidades y proporcionando lo necesario para que esté bien o esté en buen estado.

2. Procurar, a una cosa o persona, la vigilancia o las atenciones necesarias para evitar algún malo peligro.

Lo que me llama la atención es que no hay, en la definición del término, nada que avale lo dicho en el texto. ¿De dónde sale la idea de que son los hombres y sólo los hombres quienes usan de esa manera el término «cuidar»? Si se parte de esa premisa, por supuesto que sería un error grosero que habría que subsanar; pero no es así y la prueba la tenemos en una simple distinción: sólo hay que cambiar los términos «hombre» y «mujer» por el término «persona» (a fines del año pasado fui invitado a dar un par de clases en una universidad local y, al plantearle a los alumnos los problemas bajo este cambio de términos, la mayor parte de las discusiones se terminó casi de inmediato. Muchos de ellos reconocieron que plantear los problemas sociales como venían haciéndolo, sólo acentuaba las diferencias, no acababa con ellas). Entonces tenemos ahora el problema planteado de este modo: «Una persona necesita ayuda, otra persona se la ofrece».

¿Qué hay de malo en este nuevo planteo? Absolutamente nada. Sólo hace patente el hecho innegable que somos seres interdependientes y que nos necesitamos los unos a los otros. ¿Importa el sexo de quien necesite ayude y de quien la brinde? No, por supuesto; y aquí terminaría el asunto, pero permítanme ir un paso más allá, para lo cual voy a tener que dejar de pensar en abstracto para ejemplificar lo que quiero decir con un ejemplo personal.

Cuando leí el fragmento que destaco al inicio de la entrada pensé en mi entorno personal. Pensé en mi esposa, por ejemplo. ¿La cuido? Por supuesto. ¿Por qué? Pues porque la amo, claro; pero también me di cuenta de que la cuido porque no temo que le pase algo; porque temo que algo le suceda. Temo, sí, que algo le suceda y que eso la aparte de mí. ¿Es egoísta esta actitud? Tal vez. Pero eso es porque soy humano, no un ser perfecto que puede pensar por fuera de su corporalidad y de sus limitaciones. Lo mismo me sucede con mis hijos, con mi hermanos y hasta con los extraños (¿quién, al ver a alguien en peligro -digamos algo simple como cruzar una calle sin prestar la debida atención- no haría lo posible para evitarle un daño?). Y lo mismo sucede con mi esposa ¿por qué me cuida ella a mí? Por los mismos motivos, claro está; no porque me considere inferior o inútil. Y lo mismo sucede con mis hijos (no hay placer mayor que abrir el teléfono y encontrar un mensaje de ellos quienes, lo primero que dices es ¿Cómo estás? A pesar de la distancia, el cuidado, el acto amoroso a través de unas palabras que dicen más que lo que meramente está incluido en su definición).

Dos consideraciones finales:

  1. Me gustó descubrir que temer por la suerte de aquellos a los que amamos nos hace más fuertes. Es precisamente en esos momentos donde nos sobreponemos a todo y es en esos momento cuando desmostramos que no hay diferencias de sexo que valga cuando se trata del bienestar del otro (algunos recordarán un hecho particular que me ocurrió hace unos años cuando mi esposa, literalmente, y sin exagerar, me salvó la vida. he dejado en este sitio una crónica de aquellos días como agradecimiento explícito a ella. Aquella vez yo fui el más débil de las personas, ella la más fuerte).
  2. Mientras se siga pensando en términos de hombre/mujer (con la adjetivación implícita de hombre-victimario/mujer-víctima) nos será mucho más difícil encontrar una salida al problema de la violencia (y hablo de la violencia en general. Violencia. La que sufre cualquier ser humano) y sus posteriores consecuencias. Entender que todos somos uno y el mismo y que debemos cuidarnos entre todos independientemente del sexo o de la edad o de la nacionalidad o de cualquier otro añadido posterior a nuestra concepción primaria de ser humano, es el primer paso para avanzar en la dirección correcta. Lo demás sólo retrasará la aparición de posibles soluciones.

Posiciones encontradas

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Dijo Elena Garro: «El amor no existe. Existe sólo un mundo que trabaja, que va, que viene, que gana dinero, que usa reloj, que cuenta los minutos y los centavos y acaba podrido en un agujero, con un piedra encima que lleva el nombre del desdichado». Pero de inmediato por la ventana entra William Burroughs y sentencia: «No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Sólo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor Puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor».

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¿Qué hacemos ante la dicotomía? Podemos tomar un camino o el otro o, mejor aún, podemos crear el nuestro. Por mi parte, pesimista irredento, no creo en la bondad del mundo, pero creo que al final de la jornada, cuando la noche cae y el silencio se adueña del mundo, no hay nada como la compañía de una piel amada para expulsar a todos los fantasmas. No es verdad que el amor no existe, como dice Garro; el amor es un acto, una acción, una práctica. El amor no existe si eres imbécil o incapaz, pero si te pierdes en él y aprendes un par de cosas, pues sí, ahí está, frente a ti, resplandeciente como ninguna otra cosa. Burroughs lo entendió (el viejo beatnik sorprendió a más de uno aquí): a pesar de todo lo malo que nos rodea —¡O tal vez por eso mismo!— el amor es algo que tenemos que crear (si no existe) o aprender a alimentar (si existe independientemente de nosotros).

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Y hablo del amor como sentimiento a un ser y del amor como sentimiento abarcador, amplio, general. El amor a nuestra pareja y el amor a todos y a todo lo demás. He dicho aquí incontables veces que las dos únicas cosas que valen la pena en esta vida es el (amor al) conocimiento y el amor en sí. Para mí Borges, Mozart, viajar, pasear por cualquier calle de cualquier ciudad, un bosque, Schopenhauer, la llanura pampeana, el mar, Gustav Klimt, la matemática (que no entiendo del todo), la lluvia, el jazz, son algunos de los que forman parte del primer grupo. El segundo lo ocupa Lourdes, por completo. Es por eso que, al apagar la luz al llegar la noche, si siento su respiración a mi lado, sé que todo estará bien y que el día ha valido la pena. A pesar de todo.

XXX

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XXX – Collage en papel – Borgeano

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XXX

No quiero habitar tu olvido
me conformo, tal vez
con florecer unos minutos en tu
memoria
cuando desayunas, por ejemplo
o te bañas
……………………………..y ser agua.

No busco ni pretendo, sólo espero
como un ansia que no acaba
aparecer
alguna noche

………………en tus sueños

y quedarme
……………………….. allí

………………………………. tal vez para siempre.

 

Breve ensayo sobre el cansancio

Parte I: la gente

Leyendo los comentarios a entradas anteriores, me encuentro con dos que me dejan material para pensar o, sería mejor decir, para poner en claro a algunas de mis ideas. Uno de esos comentarios hace referencia al uso del término «populacho» en referencia, claro está, a la masa indiferenciada. Esta crítica se me hace, también, en lo personal. Cuando hablo suelo usar la misma idea y generalmente se me señala que eso se considera incorrecto, poco amable, grosero. En mi última entrada, en la que copié algunas entradas de unos diarios personales de hace casi diez años, ya señalaba que lo políticamente correcto me parece una actitud poco menos que falsa e intelectualmente cobarde. Está claro que la cuestión no es la de andar insultando a diestra y siniestra y, mucho menos aún, la de creerse por encima de nadie; pero vamos, que tampoco la idea opuesta, la de creer que todos son iguales, es la más deseable de las actitudes.

Y esto último no lo digo por uno mismo, quien no tiene más valor que el de cualquiera que se encuentre dentro del promedio general; sino que lo digo por aquellos que sí han alcanzado algún grado de excelencia y que son menospreciados por aquellos que no tienen la altura suficiente ni como para subirse (solos) a un banquito, cosa de ver un poco más lejos. Es ahí cuando la referencia al populacho, a la masa o como sea que se denomine al grupo mediocre en general tiene sentido. Cuando uno se encuentra con que aquel que ha dado su vida para lograr lo que nadie ha logrado antes  ―independientemente del ámbito al que se haya dedicado―, es menospreciado o ridiculizado por aquellos que no entienden ni quieren entender y que además se jactan de esa ignorancia («A mí nadie me va a hacer creer que…» es una de sus expresiones favoritas), sabe que se encuentra ante lo más bajo de una forma social (ya que no se trata de clases sociales aquí, sino de formas sociales; es decir de actitudes o hábitos de ciertos grupos). De allí que denominarlos con expresiones tales como masa o populacho no sea una forma denigrante de señalarlos, sino sólo descriptiva. Lo que es denigrante es la actitud de estas personas, después, señalar su existencia es algo secundario (si no se quiere usar una expresión como «populacho» habrá que buscar alguna otra ¿y cuánto tiempo pasará, entonces, hasta que lo políticamente correcto vuelva a señalarnos que está mal decir esa nueva expresión?).

El segundo comentario hace referencia a algo que dije sobre no tener fe «ni siquiera en mí mismo» y agrega que «el escepticismo no da margen ni siquiera para excluirnos a nosotros mismos»; cosa con la que estoy de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto ¡y es que soy tan voluble que ni siquiera puedo ser constante en ello! Y enlazo esto con lo anterior: lo que me cansa de la gente es, precisamente, que no saben ser, ni siquiera por un rato, escépticos. No hay modo en que uno pueda estar con alguien sin que ese alguien de inmediato se ponga a hablar, a decir algo, lo que sea y, lo peor de todo, es que la gente sabe todo de todo. ¿Cómo lo hacen? No tengo ni idea; pero nadie parece poder decir «No lo sé», temiendo, tal vez, el escarnio ajeno y exponiéndose así, precisamente, al escarnio ajeno; porque es bajo este saber todo de todo que se dicen las burradas más grandes y vergonzosas.

¡Qué lejos de aquel sano escepticismo del viejo Pirrón! Pirrón argumentó que la actitud que más conviene adoptar es la epojé, es decir, la suspensión del juicio o de la afirmación; y luego otro de la misma escuela, el finado Sexto Empírico diría que la epojé es «el estado de reposo mental por el cual ni afirmamos ni negamos». ¡Nada menos que «reposo mental»! Sólo se trata de eso: de descansar un rato; de decir «No lo sé» cada tanto (incluso cuando no corresponde; sólo para no tener que vernos envueltos en discusiones banales, por ejemplo).

Pero hasta en esto hay límites, por supuesto (es por eso que dije que no puedo ser constante ni siquiera en estos asuntos). Se dice que Pirrón dejó de hablar porque, al no poder afirmar ni negar nada, el acto de pronunciar una palabra ya estaría contradiciendo a su propio pensamiento. Más allá de la exageración de la anécdota, la verdad es que hay que ser escéptico hasta cierto límite. Aquel que por coherencia intelectual crea que debe permanecer dentro del escepticismo ―o de cualquier otra escuela― en pleno beso, no es más que un imbécil. Cada cosa en su lugar. Todo es tan complejo (el mundo y nosotros en él) que hay que adaptarse y acomodarse como corresponde a cada situación o, al menos, hay que intentarlo con la mayor de las intenciones. Algo tan simple como eso es lo que marca la diferencia con el populacho (cof, cof… con perdón de la expresión).

Diarios viejos

Me gustan los diarios personales. Entre mis lecturas preferidas se encuentran los diarios personales de aquellos autores o personajes que admiro pero, más aún, me gusta escribir mis propios diarios. Desde que comencé a hacerlo he notado que cada día cambia una vez que se lo lleva al papel. La mirada de la escritura es otra que la mirada corriente del minuto-a-minuto (Jaques Derrida dirá que se escribe con la mano, no con la cabeza; señalando así que el mero acto de escribir «saca» de nuestro interior algunas cosas que ni siquiera nosotros mismos no sabíamos que estaban allí).

Ayer, ordenando papeles, colocando libros en estantes nuevos, revisando carpetas y cuadernos varios, encontré un diario del 2011 y 2012 que por alguna razón (bueno, hay una sola, y se la llama desorden) no quedó, como el resto, ordenados prolijamente en una caja en Argentina. Sentado en el piso leo por aquí y por allá y me digo que algunas entradas podrían compartirse. Las personales quedan donde deben, en lo privado y, tres o cuatro, deberían hacerlo en el olvido, aunque una vez escritas…

 

Diario 100

 

08/11/11

Leo en Puro humo, de Cabrera Infante, que un tal Luis Marx inventó un método para cuidar sus plantaciones de tabaco. Con sábanas blancas cubría enormes extensiones de sus vegales. Luis Marx llamó a su invento «mi gentil red de mariposas», un bello nombre para un objeto trivial. Hace unos días vi una noticia sobre la Estación  Espacial china, a la que llaman «Pagoda del cielo». Otro nombre bello, aunque esta vez menos sorprendente. Creo que deberíamos usar ese tipo de expresiones más a menudo, aún en el lenguaje cotidiano. Pero sin exagerar; ya se sabe, demasiada miel…

11/11/11

Bueno, llegó al fin el 11/11/11. Habría que declararlo el Día Internacional del Idiota. Los noticieros dan vergüenza, cosa que diariamente  hacen, pero hoy se han superado. Parece que nada importante ha pasado en el mundo hoy, todo se reduce a ver cuánta gente se ha casado en esta fecha (se dice que la cantidad triplicó a la habitual, por lo que lo de Idiota está plenamente justificado); a ver rondas de gente  meditando en los parques; a ver cuánta gente jugó a la lotería (En una agencia aseguraron que el 90‰ de las jugadas eran al número 11, 111 ó 1.111). Y en todos los canales igual. Schopenhauer tenía razón: la inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites.

29/11/11

La ausencia de fe, en mi caso, se eleva al cuadrado. No solo no tengo fe en la existencia de un creador supremo ni en nada por el estilo; sino que -y creo que esto es un poco más grave-, no tengo fe en mí mismo. Digo que lo segundo es más grave porque sobre lo primero no tengo injerencia alguna, en cambio sobre lo segundo, al menos de una manera supuesta, sí; pero eso me lleva a un círculo vicioso, a una paradoja.

Diario 101

29/12/11

Vi Waking Life, de Richard Linklater. Me gusta mucho este director y el estilo que les imprime a sus películas; aunque por momentos uno se pierde entre tanta gente que habla y habla sin parar. Pero no importa, son sólo unos segundos y uno vuelve enseguida a la pantalla. Me gustan esos diálogos extraños donde todo se mezcla: filosofía, ciencia, religión, arte, realidad, irrealidad. Ésos son los diálogos que me gustaría mantener y que sólo consigo hacerlo -al menos hasta cierto punto- con M.

30/12/11

Leo, en Destrucción del edificio de la lógica,  de Noé Jitrik: «¿Por qué la gente rechaza hablar de conceptos y sólo quiere referir acontecimientos o anécdotas?». Algo tan simple como eso es lo que me pregunto siempre; y las respuestas que encuentro no son muy optimistas.

17/01/12

…en un momento de la charla A. me dice «¡Pero R., te vas a volver un ermitaño!», «si supieras cuánto lo espero…» me dieron ganas de contestarle. Y la verdad es que, cada día que pasa, la gente me importa menos. Al menos el contacto con la gente.

— ♦ —

Y en definitiva, ¿qué significa corrección política? Pues no es más que una tautología. Toda corrección es política.

— ♦ —

No todas las aves hacen nido en el mismo árbol. Para algunos, como el cóndor, los árboles son demasiado pequeños; ellos necesitan, como mínimo, una montaña.

diario 102

01/02/12

La naturaleza humana tiende a lo dionisíaco, las religiones atan al hombre a lo apolíneo. De ahí proviene la neurosis humana, su propia frustración, su agresividad incontenible.
Las religiones, por lo tanto, no pueden ser perdonadas. Y la neurosis, la esquizofrenia, son enfermedades mentales contagiosas; en tanto son transmitidas de unos individuos a otros. Memes virales, podrían llamarse.

02/02/12

Ayer murió Wislawa Szymborska. Acabo de enterarme por internet. Obvio; ¿en qué otro lugar pueden pasar esta noticia? ¿en la T.V. o en la radio? Difícil.
Y uno siente una pena infinita, como si se hubiese ido un amigo de la infancia o algo así. Y es que es eso, casi exactamente, lo que ocurrió.

— ♦ —

Tarde y noche tranquilas. María, que está a trescientos cincuenta kilómetros de distancia,  me dice que llueve mucho. Un par de horas después llueve en Mar del Plata, pero esta vez no se lo dije a nadie. Sonrío cuando comienza a llover, y cambio la música de la computadora por la música del agua.

diario 103

Definir todo lo posible

Diccionarios de autor hay varios, los más famosos deben ser los de Gustave Flaubert, Diccionario de lugares comunes; y el de Ambrose Bierce, Diccionario del diablo (horrible título, por cierto. Ambrose Bierce publicó sus definiciones, por entregas, en un periódico californiano bajo el título, más adecuado, de Diccionario del cínico; pero a la hora de publicarlo en formato de libro, un editor más preocupado por las ganancias que por la literatura le cambió el título. El hecho no es menor, sé que en la Biblioteca Pública de Mar del Plata ese texto literario estaba archivado bajo el rótulo de ocultismo y que había que pedirlo de manera especial. Como ven, imbéciles son los que sobran).

 

Diccionario

 

Me fui por las ramas, como es habitual. Regreso como puedo, bajando a tierra por una rama diferente. El tiempo pasa. Eso que todos sabemos de manera intelectual a veces, y cada día más a menudo, se hace presente en el espejo o en la carne misma. Que anteojos para leer, que pastillas para dormir, que no corras tanto desgraciado que no puedo seguirte el paso, que mejor me quedo en casa que hace frío… Y que se nos van para siempre algunos amigos, algunos seres queridos de esos que uno quisiera tener más tiempo con uno, por ejemplo. Ya hace un par de años que el que se fue se llamaba Luis, el que publicaba sus textos bajo el seudónimo de Lucho Bruce, ocultando así su inseguridad (una de las muchas cosas que teníamos en común). Hoy, releyendo al azar algunas cosas sueltas, encontré estas definiciones que publicó hace un tiempo bajo el título de Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no. Las comparto con ustedes porque me gustan muchísimo, porque al leerlas confirmo que el título era sólo otra de sus muchas ironías, porque ya hace dos años que se fue y dos años es mucho tiempo en estos casos, y porque el tiempo pasa y escribir, crear algo, compartirlo es, tal vez, una minúscula forma de hacerlo correr un poco más lentamente.

 

Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no

 

ARTE: Lo que hallamos siempre en aquello que no entendemos.

MUJER: Si tiene “ovarios”, marimacho; si tiene “tetas”, puta.

HOMBRE: Si tiene cerebro, “reaccionario”, si tiene pene grande, “ganador”.

JOVEN: Individuo que posee el derecho a ser imbécil y de que todos se lo festejen.

ADULTO: Individuo que es tan imbécil como los jóvenes, tan renegado como los viejos y que no sabe “de que va la cosa”.

VIEJO: Individuo que carece del derecho de ser sabio porque lo tildan de “renegado”.

NIÑO: Definición de mono en estado de locura y evolución.

PERRO: El único ser vivo sobre el planeta que besará tus lágrimas cinco segundos después de que le diste una patada.

GATO: Se hace el canchero porque no tiene la nobleza del perro ni la fiereza del tigre.

CHATEAR: Insultar a un enemigo a través de un cristal blindado.

RESPETO: Nos acordamos de lo que es cuando lo exigimos del otro.

TELEVISOR: Aparato que posee un control remoto que sólo lo posee el Macho Alfa.

DINERO: Lo que hace que tu cara de mandril luzca como la de Judd Law, parezcas de 30 cuando tienes 60 y manejes un coche que no te mereces.

HAMBRE: El dolor mas intenso que sufre la humanidad – cuando es tu panza – la que está vacía.

GUERRA: No conozco ningún vencedor que se haya quejado de ella. Éstos festejan el triunfo, los vencidos lo sufren humillados, las pruebas de lo atroz se encuentra bajo la tierra, las fotos, los heridos, los humos de las bombas, los gritos de las hembras, el llanto tan en vano… Y los que las desatan, contando sus billetes.

MÚSICA: Si Dios –en el caso de que existiera –tuviera voz, sonaría como nuestra melodía predilecta.

VINO: Lo bebemos para que las uvas no se transformen en pasas. ¿Que sería de este mundo lleno de pasas de uva y sin vino?

FRASES: Inventarlas es una manera de querer pasar por menos estúpido de lo que realmente somos.

PENSAR: Hábito altamente nocivo, altamente adictivo, altamente doloroso y peligrosamente demodeé.

INCULTURA: A veces se esconde detrás de títulos universitarios, Doctorados y Masters.

CRITERIO: Es como la elegancia, se tiene o no, no es cuestión de comprar.

VALENTÍA: Lo único que nos queda cuando estamos al borde del abismo.

TURISTA: Renegado de la belleza que lo rodea todo el tiempo, aun en el lugar donde vive.

NOCHE: Sería perfecta si no existiera el día.

DORMIR: Cuando realmente lo estamos disfrutando hay que despertar.

REZAR: Seguir apretando el gatillo cuando se nos acaban las balas.

RELIGIÓN: Tomar un cargador de fusil en medio del combate y darse cuenta de que está vacío.

SEXO: Siempre el mejor es el que tuvimos aquel día…

MIEDO: No sentirlo es señal de estupidez, sentirlo es señal de saber perfectamente que necesitamos ganarle para poder seguir.

IRONÍA: Lo único que nos queda por decir cuando no podemos decir la verdad francamente.

ADULTEZ: Etapa de la vida donde te das cuenta de que todo lo que pensabas estaba equivocado y que lo que pensás ahora, seguramente, también va a estar equivocado.

DEPRESIÓN: Una de las pocas enfermedades en la cual, quien la sufre, es castigado y no consolado.

MANOS: Si eres como yo, seguramente te tocaron en el reparto: suaves para trabajar, hoscas para acariciar, torpes para crear y dos para confirmar la ironía.

REÍR: Compulsión que nos ahorra la pena de llorar.

LLORAR: Compulsión que nos priva de la dicha de reír.

AMAR: Hace que nos consumamos para que los demás sean felices.

ODIAR: Hace que nos consumamos para que los demás vean que somos felices y ellos no.

VIDA: Si es buena, es la que viven los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

MUERTE: Si es buena, es la que sufren los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

Invierno

 

invierno

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Invierno
Trazo una línea en el piso
y el invierno queda de mi lado.

La sombra y la línea de sombra
no llegan a opacar a la esperanza
ni abonan la maleza del insomnio
(es curioso que no penda de mi cuello
y se balancee como un amuleto oscuro).

Alguna vez, con tenacidad exasperante
intentó hacerlo (y tal vez lo consiguió,
con no poco esfuerzo, por breves períodos
de tiempo). Pero por fortuna el ocaso, con sus lluvias persistentes,
nunca fue más extenso que la primavera.

De todos modos, la obstinada, la persistente,
la recurrente ansia de vivir, de saltar a los días
de sumar bocanadas de aire, de comer pastelillos,
de pasar a buscarte y salir a caminar, o de oír música,
vuelve a trazar una línea en el piso.
Pero ahora, si el invierno insiste en quedar de mi lado
no me quedará otra opción que arroparme bien
con bufandas, orejeras, guantes y botas gruesas
y cruzarla
todas las veces que sea necesario.