Breve ensayo sobre el cansancio

Parte I: la gente

Leyendo los comentarios a entradas anteriores, me encuentro con dos que me dejan material para pensar o, sería mejor decir, para poner en claro a algunas de mis ideas. Uno de esos comentarios hace referencia al uso del término «populacho» en referencia, claro está, a la masa indiferenciada. Esta crítica se me hace, también, en lo personal. Cuando hablo suelo usar la misma idea y generalmente se me señala que eso se considera incorrecto, poco amable, grosero. En mi última entrada, en la que copié algunas entradas de unos diarios personales de hace casi diez años, ya señalaba que lo políticamente correcto me parece una actitud poco menos que falsa e intelectualmente cobarde. Está claro que la cuestión no es la de andar insultando a diestra y siniestra y, mucho menos aún, la de creerse por encima de nadie; pero vamos, que tampoco la idea opuesta, la de creer que todos son iguales, es la más deseable de las actitudes.

Y esto último no lo digo por uno mismo, quien no tiene más valor que el de cualquiera que se encuentre dentro del promedio general; sino que lo digo por aquellos que sí han alcanzado algún grado de excelencia y que son menospreciados por aquellos que no tienen la altura suficiente ni como para subirse (solos) a un banquito, cosa de ver un poco más lejos. Es ahí cuando la referencia al populacho, a la masa o como sea que se denomine al grupo mediocre en general tiene sentido. Cuando uno se encuentra con que aquel que ha dado su vida para lograr lo que nadie ha logrado antes  ―independientemente del ámbito al que se haya dedicado―, es menospreciado o ridiculizado por aquellos que no entienden ni quieren entender y que además se jactan de esa ignorancia («A mí nadie me va a hacer creer que…» es una de sus expresiones favoritas), sabe que se encuentra ante lo más bajo de una forma social (ya que no se trata de clases sociales aquí, sino de formas sociales; es decir de actitudes o hábitos de ciertos grupos). De allí que denominarlos con expresiones tales como masa o populacho no sea una forma denigrante de señalarlos, sino sólo descriptiva. Lo que es denigrante es la actitud de estas personas, después, señalar su existencia es algo secundario (si no se quiere usar una expresión como «populacho» habrá que buscar alguna otra ¿y cuánto tiempo pasará, entonces, hasta que lo políticamente correcto vuelva a señalarnos que está mal decir esa nueva expresión?).

El segundo comentario hace referencia a algo que dije sobre no tener fe «ni siquiera en mí mismo» y agrega que «el escepticismo no da margen ni siquiera para excluirnos a nosotros mismos»; cosa con la que estoy de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto ¡y es que soy tan voluble que ni siquiera puedo ser constante en ello! Y enlazo esto con lo anterior: lo que me cansa de la gente es, precisamente, que no saben ser, ni siquiera por un rato, escépticos. No hay modo en que uno pueda estar con alguien sin que ese alguien de inmediato se ponga a hablar, a decir algo, lo que sea y, lo peor de todo, es que la gente sabe todo de todo. ¿Cómo lo hacen? No tengo ni idea; pero nadie parece poder decir «No lo sé», temiendo, tal vez, el escarnio ajeno y exponiéndose así, precisamente, al escarnio ajeno; porque es bajo este saber todo de todo que se dicen las burradas más grandes y vergonzosas.

¡Qué lejos de aquel sano escepticismo del viejo Pirrón! Pirrón argumentó que la actitud que más conviene adoptar es la epojé, es decir, la suspensión del juicio o de la afirmación; y luego otro de la misma escuela, el finado Sexto Empírico diría que la epojé es «el estado de reposo mental por el cual ni afirmamos ni negamos». ¡Nada menos que «reposo mental»! Sólo se trata de eso: de descansar un rato; de decir «No lo sé» cada tanto (incluso cuando no corresponde; sólo para no tener que vernos envueltos en discusiones banales, por ejemplo).

Pero hasta en esto hay límites, por supuesto (es por eso que dije que no puedo ser constante ni siquiera en estos asuntos). Se dice que Pirrón dejó de hablar porque, al no poder afirmar ni negar nada, el acto de pronunciar una palabra ya estaría contradiciendo a su propio pensamiento. Más allá de la exageración de la anécdota, la verdad es que hay que ser escéptico hasta cierto límite. Aquel que por coherencia intelectual crea que debe permanecer dentro del escepticismo ―o de cualquier otra escuela― en pleno beso, no es más que un imbécil. Cada cosa en su lugar. Todo es tan complejo (el mundo y nosotros en él) que hay que adaptarse y acomodarse como corresponde a cada situación o, al menos, hay que intentarlo con la mayor de las intenciones. Algo tan simple como eso es lo que marca la diferencia con el populacho (cof, cof… con perdón de la expresión).

Diarios viejos

Me gustan los diarios personales. Entre mis lecturas preferidas se encuentran los diarios personales de aquellos autores o personajes que admiro pero, más aún, me gusta escribir mis propios diarios. Desde que comencé a hacerlo he notado que cada día cambia una vez que se lo lleva al papel. La mirada de la escritura es otra que la mirada corriente del minuto-a-minuto (Jaques Derrida dirá que se escribe con la mano, no con la cabeza; señalando así que el mero acto de escribir «saca» de nuestro interior algunas cosas que ni siquiera nosotros mismos no sabíamos que estaban allí).

Ayer, ordenando papeles, colocando libros en estantes nuevos, revisando carpetas y cuadernos varios, encontré un diario del 2011 y 2012 que por alguna razón (bueno, hay una sola, y se la llama desorden) no quedó, como el resto, ordenados prolijamente en una caja en Argentina. Sentado en el piso leo por aquí y por allá y me digo que algunas entradas podrían compartirse. Las personales quedan donde deben, en lo privado y, tres o cuatro, deberían hacerlo en el olvido, aunque una vez escritas…

 

Diario 100

 

08/11/11

Leo en Puro humo, de Cabrera Infante, que un tal Luis Marx inventó un método para cuidar sus plantaciones de tabaco. Con sábanas blancas cubría enormes extensiones de sus vegales. Luis Marx llamó a su invento «mi gentil red de mariposas», un bello nombre para un objeto trivial. Hace unos días vi una noticia sobre la Estación  Espacial china, a la que llaman «Pagoda del cielo». Otro nombre bello, aunque esta vez menos sorprendente. Creo que deberíamos usar ese tipo de expresiones más a menudo, aún en el lenguaje cotidiano. Pero sin exagerar; ya se sabe, demasiada miel…

11/11/11

Bueno, llegó al fin el 11/11/11. Habría que declararlo el Día Internacional del Idiota. Los noticieros dan vergüenza, cosa que diariamente  hacen, pero hoy se han superado. Parece que nada importante ha pasado en el mundo hoy, todo se reduce a ver cuánta gente se ha casado en esta fecha (se dice que la cantidad triplicó a la habitual, por lo que lo de Idiota está plenamente justificado); a ver rondas de gente  meditando en los parques; a ver cuánta gente jugó a la lotería (En una agencia aseguraron que el 90‰ de las jugadas eran al número 11, 111 ó 1.111). Y en todos los canales igual. Schopenhauer tenía razón: la inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites.

29/11/11

La ausencia de fe, en mi caso, se eleva al cuadrado. No solo no tengo fe en la existencia de un creador supremo ni en nada por el estilo; sino que -y creo que esto es un poco más grave-, no tengo fe en mí mismo. Digo que lo segundo es más grave porque sobre lo primero no tengo injerencia alguna, en cambio sobre lo segundo, al menos de una manera supuesta, sí; pero eso me lleva a un círculo vicioso, a una paradoja.

Diario 101

29/12/11

Vi Waking Life, de Richard Linklater. Me gusta mucho este director y el estilo que les imprime a sus películas; aunque por momentos uno se pierde entre tanta gente que habla y habla sin parar. Pero no importa, son sólo unos segundos y uno vuelve enseguida a la pantalla. Me gustan esos diálogos extraños donde todo se mezcla: filosofía, ciencia, religión, arte, realidad, irrealidad. Ésos son los diálogos que me gustaría mantener y que sólo consigo hacerlo -al menos hasta cierto punto- con M.

30/12/11

Leo, en Destrucción del edificio de la lógica,  de Noé Jitrik: «¿Por qué la gente rechaza hablar de conceptos y sólo quiere referir acontecimientos o anécdotas?». Algo tan simple como eso es lo que me pregunto siempre; y las respuestas que encuentro no son muy optimistas.

17/01/12

…en un momento de la charla A. me dice «¡Pero R., te vas a volver un ermitaño!», «si supieras cuánto lo espero…» me dieron ganas de contestarle. Y la verdad es que, cada día que pasa, la gente me importa menos. Al menos el contacto con la gente.

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Y en definitiva, ¿qué significa corrección política? Pues no es más que una tautología. Toda corrección es política.

— ♦ —

No todas las aves hacen nido en el mismo árbol. Para algunos, como el cóndor, los árboles son demasiado pequeños; ellos necesitan, como mínimo, una montaña.

diario 102

01/02/12

La naturaleza humana tiende a lo dionisíaco, las religiones atan al hombre a lo apolíneo. De ahí proviene la neurosis humana, su propia frustración, su agresividad incontenible.
Las religiones, por lo tanto, no pueden ser perdonadas. Y la neurosis, la esquizofrenia, son enfermedades mentales contagiosas; en tanto son transmitidas de unos individuos a otros. Memes virales, podrían llamarse.

02/02/12

Ayer murió Wislawa Szymborska. Acabo de enterarme por internet. Obvio; ¿en qué otro lugar pueden pasar esta noticia? ¿en la T.V. o en la radio? Difícil.
Y uno siente una pena infinita, como si se hubiese ido un amigo de la infancia o algo así. Y es que es eso, casi exactamente, lo que ocurrió.

— ♦ —

Tarde y noche tranquilas. María, que está a trescientos cincuenta kilómetros de distancia,  me dice que llueve mucho. Un par de horas después llueve en Mar del Plata, pero esta vez no se lo dije a nadie. Sonrío cuando comienza a llover, y cambio la música de la computadora por la música del agua.

diario 103

Definir todo lo posible

Diccionarios de autor hay varios, los más famosos deben ser los de Gustave Flaubert, Diccionario de lugares comunes; y el de Ambrose Bierce, Diccionario del diablo (horrible título, por cierto. Ambrose Bierce publicó sus definiciones, por entregas, en un periódico californiano bajo el título, más adecuado, de Diccionario del cínico; pero a la hora de publicarlo en formato de libro, un editor más preocupado por las ganancias que por la literatura le cambió el título. El hecho no es menor, sé que en la Biblioteca Pública de Mar del Plata ese texto literario estaba archivado bajo el rótulo de ocultismo y que había que pedirlo de manera especial. Como ven, imbéciles son los que sobran).

 

Diccionario

 

Me fui por las ramas, como es habitual. Regreso como puedo, bajando a tierra por una rama diferente. El tiempo pasa. Eso que todos sabemos de manera intelectual a veces, y cada día más a menudo, se hace presente en el espejo o en la carne misma. Que anteojos para leer, que pastillas para dormir, que no corras tanto desgraciado que no puedo seguirte el paso, que mejor me quedo en casa que hace frío… Y que se nos van para siempre algunos amigos, algunos seres queridos de esos que uno quisiera tener más tiempo con uno, por ejemplo. Ya hace un par de años que el que se fue se llamaba Luis, el que publicaba sus textos bajo el seudónimo de Lucho Bruce, ocultando así su inseguridad (una de las muchas cosas que teníamos en común). Hoy, releyendo al azar algunas cosas sueltas, encontré estas definiciones que publicó hace un tiempo bajo el título de Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no. Las comparto con ustedes porque me gustan muchísimo, porque al leerlas confirmo que el título era sólo otra de sus muchas ironías, porque ya hace dos años que se fue y dos años es mucho tiempo en estos casos, y porque el tiempo pasa y escribir, crear algo, compartirlo es, tal vez, una minúscula forma de hacerlo correr un poco más lentamente.

 

Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no

 

ARTE: Lo que hallamos siempre en aquello que no entendemos.

MUJER: Si tiene “ovarios”, marimacho; si tiene “tetas”, puta.

HOMBRE: Si tiene cerebro, “reaccionario”, si tiene pene grande, “ganador”.

JOVEN: Individuo que posee el derecho a ser imbécil y de que todos se lo festejen.

ADULTO: Individuo que es tan imbécil como los jóvenes, tan renegado como los viejos y que no sabe “de que va la cosa”.

VIEJO: Individuo que carece del derecho de ser sabio porque lo tildan de “renegado”.

NIÑO: Definición de mono en estado de locura y evolución.

PERRO: El único ser vivo sobre el planeta que besará tus lágrimas cinco segundos después de que le diste una patada.

GATO: Se hace el canchero porque no tiene la nobleza del perro ni la fiereza del tigre.

CHATEAR: Insultar a un enemigo a través de un cristal blindado.

RESPETO: Nos acordamos de lo que es cuando lo exigimos del otro.

TELEVISOR: Aparato que posee un control remoto que sólo lo posee el Macho Alfa.

DINERO: Lo que hace que tu cara de mandril luzca como la de Judd Law, parezcas de 30 cuando tienes 60 y manejes un coche que no te mereces.

HAMBRE: El dolor mas intenso que sufre la humanidad – cuando es tu panza – la que está vacía.

GUERRA: No conozco ningún vencedor que se haya quejado de ella. Éstos festejan el triunfo, los vencidos lo sufren humillados, las pruebas de lo atroz se encuentra bajo la tierra, las fotos, los heridos, los humos de las bombas, los gritos de las hembras, el llanto tan en vano… Y los que las desatan, contando sus billetes.

MÚSICA: Si Dios –en el caso de que existiera –tuviera voz, sonaría como nuestra melodía predilecta.

VINO: Lo bebemos para que las uvas no se transformen en pasas. ¿Que sería de este mundo lleno de pasas de uva y sin vino?

FRASES: Inventarlas es una manera de querer pasar por menos estúpido de lo que realmente somos.

PENSAR: Hábito altamente nocivo, altamente adictivo, altamente doloroso y peligrosamente demodeé.

INCULTURA: A veces se esconde detrás de títulos universitarios, Doctorados y Masters.

CRITERIO: Es como la elegancia, se tiene o no, no es cuestión de comprar.

VALENTÍA: Lo único que nos queda cuando estamos al borde del abismo.

TURISTA: Renegado de la belleza que lo rodea todo el tiempo, aun en el lugar donde vive.

NOCHE: Sería perfecta si no existiera el día.

DORMIR: Cuando realmente lo estamos disfrutando hay que despertar.

REZAR: Seguir apretando el gatillo cuando se nos acaban las balas.

RELIGIÓN: Tomar un cargador de fusil en medio del combate y darse cuenta de que está vacío.

SEXO: Siempre el mejor es el que tuvimos aquel día…

MIEDO: No sentirlo es señal de estupidez, sentirlo es señal de saber perfectamente que necesitamos ganarle para poder seguir.

IRONÍA: Lo único que nos queda por decir cuando no podemos decir la verdad francamente.

ADULTEZ: Etapa de la vida donde te das cuenta de que todo lo que pensabas estaba equivocado y que lo que pensás ahora, seguramente, también va a estar equivocado.

DEPRESIÓN: Una de las pocas enfermedades en la cual, quien la sufre, es castigado y no consolado.

MANOS: Si eres como yo, seguramente te tocaron en el reparto: suaves para trabajar, hoscas para acariciar, torpes para crear y dos para confirmar la ironía.

REÍR: Compulsión que nos ahorra la pena de llorar.

LLORAR: Compulsión que nos priva de la dicha de reír.

AMAR: Hace que nos consumamos para que los demás sean felices.

ODIAR: Hace que nos consumamos para que los demás vean que somos felices y ellos no.

VIDA: Si es buena, es la que viven los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

MUERTE: Si es buena, es la que sufren los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

Invierno

 

invierno

.

Invierno
Trazo una línea en el piso
y el invierno queda de mi lado.

La sombra y la línea de sombra
no llegan a opacar a la esperanza
ni abonan la maleza del insomnio
(es curioso que no penda de mi cuello
y se balancee como un amuleto oscuro).

Alguna vez, con tenacidad exasperante
intentó hacerlo (y tal vez lo consiguió,
con no poco esfuerzo, por breves períodos
de tiempo). Pero por fortuna el ocaso, con sus lluvias persistentes,
nunca fue más extenso que la primavera.

De todos modos, la obstinada, la persistente,
la recurrente ansia de vivir, de saltar a los días
de sumar bocanadas de aire, de comer pastelillos,
de pasar a buscarte y salir a caminar, o de oír música,
vuelve a trazar una línea en el piso.
Pero ahora, si el invierno insiste en quedar de mi lado
no me quedará otra opción que arroparme bien
con bufandas, orejeras, guantes y botas gruesas
y cruzarla
todas las veces que sea necesario.

Erik Satie (poema)

A raíz de la entrada anterior (la musa perenne) recordé la breve historia de amor que unió a Erk Satiey Suzanne Valadon y que, como dije, pueden leer aquí. También recordé que había escrito un poema a Erik Satie, con el cual cierro un librito que tengo por allí, aún inédito. Como siempre, considero que todo lo que escribo es un Trabajo en progreso, si me permiten la traducción literal de esa ajustada expresión inglesa. Aquí, entonces, les dejo mi pequeño homenaje a ese hombre inclasificable.

erik-satie

.

Erik Satie
Helo aquí
al amo de las cosas pequeñitas
creando sus melodías con notas blancas
o negras
en escalas también breves
diminutas
coleccionando paraguas
y dibujos en pedacitos de papel
sus notas delicadas
sus animales fabulosos
sus instrumentos imposibles
sus paisajes imaginarios
y la más lúcida de las certezas:
«Me llamo Erik Satie, como todo el mundo».

Una vez
(y sólo una, como corresponde
al amo
de las cosas pequeñitas)
encontró el amor
o el amor lo encontró a él
en la piel y en las manos
de Suzanne Valadon.
Ella, con mano experta
abrió el saco inexperto de Satie
y desabotonó su alma inexperta
le pintó un retrato
y después
se fue para siempre.

Entonces él
escribió decenas de cartas de amor
que nunca se atrevió a enviar
y después la esperó por años
en aquel café en el que la conoció
se sentaba siempre a la misma mesa y siempre
dejaba
una silla vacía
Estoy esperando a alguien
solía decir
el amo de las cosas
pequeñitas.

Escribía melodías
(lento y doloroso)
con pocas notas y silencios
ensordecedores
escribía notas y dibujos
en pedacitos de papel
y también
la más lúcida
de todas las certezas:
«Me llamo Erik Satie, como todo el mundo».

 

Paisaje con perro

Una pregunta que occidente recién está empezando a plantearse, es si los animales piensan o no; es decir, si sólo actúan por instinto o hay algo más que los impulse (primer problema: ¿Qué es pensar? ¿Lo que hacemos los humanos? Miremos a nuestro alrededor… ¿Estamos seguros de que todos nosotros pensamos? Si no es así ¿Quién lo hace? Etc., etc.). El budismo es tal vez la única filosofía que desde hace milenios protege la vida animal, pero no por eso la considera igual que al ser humano; es decir: la respeta en tanto vida, pero no la considera en igualdad de condiciones intelectuales (segundo problema: ¿Cómo podríamos llegar a entender el pensamiento de otra especie? Si ya bastante difícil lo tenemos para entendernos entre nosotros, imaginemos, nada más, el problema de intentar comprender a una especie totalmente diferente a nosotros).

Bien, no es mi intención responder a ninguna de estas preguntas, por supuesto; sólo quiero traer a colación un asunto tangencial, relacionado con ello, pero no exactamente igual. Una amiga me pasó, ayer, esta foto:

Perro

En medio de toda la tristeza y las incertidumbres de estos días, esa foto me alegró la tarde. Las preguntas con las que comencé esta entrada surgieron de inmediato, junto a otras más sencillas, que ni siquiera buscaban una respuesta: ¿Qué es lo que está mirando? Podríamos suponer que tal vez el dueño se encuentre nadando o algo así, pero eso no siempre es necesario (A Terry, el perro de L., le gusta mirar por la ventana hacia la calle y no porque allí esté su dueña. Mira el tránsito, la gente que pasa… ¿Por qué; qué es lo que él ve allí?). Como no sé qué es lo que ese perro está mirando prefiero creer que está mirando el horizonte, que está mirando, sí, el paisaje (tercera pregunta: ¿Pero es que un perro puede tener una concepción estética?).

No lo sé, pero si alguien contestara a todas estas preguntas con un rotundo «No» («No, los perros no piensan, no sienten y, mucho menos, tienen una concepción estética de lo que los rodea)», en lo que a mí respecta, no me plantearía ningún problema, sino que sólo lo desplazaría un par de milímetros. Me explico: si el perro no es más que un perro, un ente sin entelequia, podríamos decir que un perro sólo es pura naturaleza; y he aquí lo que más me gustó de la foto: lo que yo veo aquí es a la naturaleza mirando a la naturaleza. ¡Nada menos! Lo voy a decir más fuerte, para que se entienda bien; el título de la foto, para mí, sería:

La naturaleza mirando a la naturaleza

¿Bonito círculo cíclico, no les parece? (Para quienes quieran adentrarse en este tema les recomiendo un libro estupendo: Yo soy un bucle extraño, de Douglas Hofstadter). Sé que es una idea romántica por excelencia, más propia de un Schiller que de un habitante del siglo XXI; pero vamos, que esto último no es para poner orgulloso a nadie, mientras que ser un Schiller… Pero, esperemos un minuto ¿No hubo alguien que propuso una idea similar en el siglo pasado? ¡Pues sí! Ahora que lo recuerdo, fue un astrónomo por demás conocido: fue Carl Sagan, en su libro Cosmos, cuando luego de analizar al cerebro humano y de comparar a éste (por números y por conexiones) con las galaxias y el universo dijo aquello tan bonito de que «el cerebro es la forma que ha encontrado el universo de observarse a sí mismo».

El mismo círculo, el mismo bucle extraño, tal vez los mismos actores: ese perro y yo, me digo, no somos tan diferentes. Después de todo, si no puedo entender lo que piensa Terry ¿Cómo sé que él no me considera nada más que una estupenda máquina de arrojar pelotas, que es lo único que a él le interesa? (y noten lo que es el ego humano: dije, refiriéndome a mí mismo «estupenda máquina de arrojar pelotas» sin saber la opinión de Terry, quien tal vez me considere poco menos que mediocre). Cuando nos miramos a los ojos es inevitable que piense ¿Es que pensará en algo este animal? Para cerrar el círculo una vez más, a partir de ahora tendré que aceptar que, tal vez, en su lenguaje perruno él esté preguntándose exactamente lo mismo.


perro 02Nota al margen: Dejé otra anécdota personal para el final, ya que al incluirla en el texto sentí que lo entorpecía un poco. Sigo sin poder aseverar nada en cuanto a las capacidades de los animales; pero quiero recordar a mi querida Donna, quien, entre otras curiosidades, gustaba de la música clásica. Cuando ponía música ella se iba o se acostaba frente a las bocinas. Por supuesto, al notar esto hice varios experimentos a lo largo de los años que vivió conmigo, y puedo asegurar que Donna prefería a Mozart o a Satie antes que a Led Zeppelin o John Zorn. Eso lo teníamos muy claro, ella y yo. ¿Esto es prueba de que algunos animales tienen alguna forma de sentido estético? Por supuesto que no; pero creo que también es algo que excede lo meramente curioso o azaroso.

Luz prestada

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Mis estimados contertulios: heme aquí, presente de manera fugaz, cual cometa que se acerca a la órbita terrestre de forma esporádica, aunque con menos renombre y precisión que el que lleva el nombre de Mr. Halley. También con menos brillo, para ser sinceros, y es por eso que he pedido prestado algo de brillo ajeno para estas circunstancias (breve fuga trivial: algunos asuntos personales y ciertos problemas técnicos –mi teléfono y mi laptop pasaron a mejor vida– me mantienen fuera de la red. He vuelto al papel y al lápiz y a la lectura constante de esos objetos tan caros a nuestros afectos que se llaman libros. En cuanto pueda volveré; por ahora eso está difícil. Me disculpo con aquellos a quienes debo respuestas y cartas).
Pero estaba hablando de brillo ajeno y, como mi ausencia no tiene fecha de caducidad (es decir, no sé cuándo volveré a subir otra entrada), me gustaría que la página que quede aquí sea por demás luminosa; es por eso que le he pedido a una querida amiga que me deje publicar un par de poemas suyos y ella dijo, por suerte, que sí.
Laura Mastracchio es una poeta argentina que –movida por un exceso de celo en la búsqueda de la perfección– escribe menos de lo que debería y que –movida por un exceso de autocrítica (mal compartido por quién esto escribe y por dos más que yo conozco)– comparte menos aún. Así que es un enorme gusto el poder compartir dos poemas suyos aquí, iluminando esta casa hasta que los vientos del destino empujen mi barca hasta este puerto en algún momento futuro.
Disfrútenlos

IDENTIDAD

Impedir que
la voz del tiempo
precipite mi paso,
es todo un desafío.
Procuro retenerme
justo aquí,
en oportuna soledad
no tan lejos del alba,
en un silencio
casi imposible,
para intentar morir
un poco menos.

Debo
contra toda razón
aceptar el reto
de lo infinito:
trazos y letras
en virtuoso hallazgo,
el lenguaje del color
y la poesía
sobre el breve lienzo
de mi existencia.

 

NOSOTROS

Nosotros,
los que solíamos tomar café
con nuestra propia sombra
y luego, jugar a pisarle los pasos
en soleadas calles porteñas.

Nosotros,
los que al vernos reflejados
en una u otra vidriera
versábamos a puro antojo
sobre los valores de la vida.

Nosotros
sumábamos nuestros nombres
al patrimonio de lo eterno,
y no hacíamos más que reír
ante la certitud del espejo.

Nosotros
-entiéndanme bien-
solíamos ser nosotros mismos.

Nosotros
damos hoy vuelta a la esquina
para perdernos de vista
por el empacho de encajar
con el modelo de lo absurdo.

Nosotros
extraviados estamos
de la propia memoria:
guardamos lo que éramos
en bolsillos rotos.

Nosotros,
multitudes sonoras
rabiosamente conectadas
a caprichos contemporáneos.

Nosotros
-entiéndanme bien-
sabíamos estar con nosotros mismos.