Escribir, aunque nadie nos lea

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Encontré, hace unos días, unas cartas y manuscritos de algunos escritores famosos. En lugar de hablar de ellas, y aprovechando unas lecturas que hacía por esos días, preferí usarlas para ilustrar algunas reflexiones sobre el lenguaje y la escritura. Los cuatro primeros textos que siguen a continuación parten de las lecturas del escritor español José Salinas y pertenecen, en un alto grado, a él; yo sólo me animé a pequeños agregados personales. El quinto texto parte de la lectura de Joan-Charles Mèlich.

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I. Existe una estrecha relación entre el lenguaje, el individuo y el tiempo; y esta relación confluye en la lengua escrita. Esta es muy diferente de la lengua hablada, porque la actitud del ser humano cuando escribe, su actitud psicológica, es muy distinta de cuando habla. Cuando escribimos se siente, con mayor o menor conciencia, lo que se llamaría la responsabilidad ante la hoja en blanco; es porque percibimos que ahora, en el acto de escribir, vamos a elevar al lenguaje a un plano distinto del hablar, vamos a operar sobre él, con nuestra personalidad psíquica, más poderosamente que en el hablar. En suma, hablamos casi siempre con descuido, escribimos con cuidado. Casi todo el mundo pierde su confianza con el lenguaje, su familiaridad con él, apenas coge una pluma.

II. Por motivos viejos y nuevos, ha llegado el momento en que el hombre y la sociedad actuales tienen que detenerse a reflexionar profundamente sobre el lenguaje, bajo el peligro de verse arrastrados ciegamente a su degeneración por la presión de fuerzas externas que, inconscientes de la génesis de su propio accionar, hacen zozobrar el sentido de lo que, ya de por sí fluido y móvil, quiere ser impulsado en determinada dirección cayendo, de esta manera, en la contradicción de que para luchar contra una (supuesta) tiranía, se actúa de manera tiránica.

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III. No hay forma en que un ser humano completo y complejo, es decir, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión y dominio de su lengua. Porque el individuo se posee a sí mismo, se conoce, expresando lo que lleva dentro, y esa expresión sólo se cumple por el medio del lenguaje. A medida que se desenvuelve el razonamiento y se advierte esta fuerza extraordinaria del lenguaje en modelar a nuestra propia persona, en formarnos, se aprecia la enorme responsabilidad de una sociedad humana que deja al individuo en estado de incultura lingüística. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias.

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IV. Madam, you have bereft me of all words / Only my blood speaks to you in my veins (Señora, me ha dejado sin palabras / Sólo mi sangre le responde en mis venas) dice Shakespeare por boca de Bassanio en El mercader de Venecia. La visión de la belleza de Porcia ha logrado que Bassanio pierda el habla, pero lo dice con palabras y es gracias a ellas que ahora sabemos que no las tiene. Hermosa paradoja del lenguaje poético que nos deja saber que el silencio sólo puede ser expresado a través de la ruptura del silencio. Somos, entonces, seres inseparables del lenguaje.

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V. «Escribir lo que nadie leerá. Ése es el momento en el que surge la escritura como forma de vida» dice Joan-Charles Mèlich; y es todo lo que importa o todo lo que debería importarnos. Si después nuestras letras llegan a alguien y encuentran un interlocutor válido, mejor, pero no debería ser ése el objetivo primero; sino, simplemente, el escribir; «escribir lo que nadie leerá».

El cartero llama dos veces XXI

En 1938, la señorita Mary V. Ford de Searcy, Arkansas, recibió una carta de rechazo de Walt Disney Productions informándole que las mujeres no tenían ninguna posibilidad de trabajar en el área creativa de su Departamento de Entintado y Pintura, y sólo una pizca de posibilidad de trabajo rellenando celuloides, «el único trabajo abierto a las mujeres». La carta, firmada irónicamente por una mujer llamada «Mary», fue descubierta por el nieto de la Sra. Ford, Kevin Burg, después de su muerte.

Disney letter 01

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Querida señorita Ford,

Su carta de fecha reciente ha sido recibida en el Departamento de entintado y pintura para su respuesta.

Las mujeres no realizan ningún trabajo creativo en relación con la preparación de los dibujos animados para la pantalla, ya que ese trabajo es realizado en su totalidad por hombres jóvenes. Por esta razón, las jóvenes no son consideradas para la escuela de formación.

El único trabajo abierto a las mujeres consiste en trazar caracteres en láminas de celuloide transparentes con tinta china y completar los trazados en el reverso con pintura de acuerdo con las instrucciones.

Para postularse para un puesto como «Entintador» o «Pintor», es necesario que uno venga al Estudio, trayendo muestras de pluma y tinta y trabajos con acuarelas. No sería aconsejable venir a Hollywood con lo anterior específicamente a la vista, ya que en realidad hay muy pocas vacantes en comparación con el número de jóvenes que  se postulan.

Atentamente,

WALT DISNEY PRODUCTIONS, LTD.

Mary Cleave

 

El nieto de la señora Ford dijo que su abuela nunca le había hablado del rechazo y que ésta sólo se dedicó a criar a su familia. En una entrevista al Huffington Post UK dijo que su abuela nunca persiguió el arte como una carrera «pero que tuvo un aprecio de por vida por el arte, cosa que nos transmitió. No tenemos ningún ejemplo de su trabajo, pero recuerdo que creaba hermosos bocetos o garabatos en un estilo de ilustración de moda de los años 1940 o 1950».

Me pregunto cómo sabe que su abuela nunca persiguió al arte como carrera, si ni siquiera tuvo la suerte de poder dedicarse a él por un tiempo. El hecho de que sintiera aprecio por el arte a lo largo de toda su vida me parece un indicativo más que fuerte en favor de la segunda opción… Bueno, la cosa sigue por ahí. La carta permaneció oculta hasta que después de la muerte de la señora Ford su hija (supongo que la madre del que dio la entrevista) la encontró y la enmarcó. No sé, es una cuestión personal; pero creo que yo nunca enmarcaría una carta de rechazo por más que fuera de Disney o de cualquier otro; pero cada uno a lo suyo.

Por cierto, parece ser que la señorita Mary Cleave, si es que realmente existió (pienso que tal vez Disney hiciera firmar esas cartas con nombre de mujer para que el rechazo fuera menos violento. Es sólo una suposición), tenía no poco trabajo, ya que esta otra carta, de 1939, salvo un par de detalles menores en el último párrafo, es exactamente igual.

 

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Por último, cabría decir que, durante la década de 1930, las mujeres sólo trabajaban como entintadoras y pintoras en Disney. Se les desalentó de ser animadores y no se les permitió entrar al edificio de animación a menos que se tratara de asuntos puntuales. No fue sino hasta 1941, con el estallido de la guerra, que Disney comenzó a entrenar a mujeres en el sector de animación para así poder mantener a un grupo de trabajadoras mientras los hombres habían ido a la guerra. Es decir, por pura conveniencia. Parece que de manera repentina, la mujeres ya eran capaces de ser creativas.

El cartero llama dos veces XX

 

Robert Pirosh

Robert Pirosh

 

Hacía mucho que no escribía una entrada basada en ese género que me gusta tanto como es (¿como era?) el epistolar. Ahora me encuentro con esta curiosidad y no puedo menos que compartirla. De antemano pido disculpas por la traducción; pero es que la carta original contenía varios neologismos o formas curiosas del inglés; así que me he tomado algunas libertades y he, incluso, cambiado varias palabras para que el sentido se mantenga dentro de ciertos límites lógicos. De todos modos el sentido final de la misiva quedará claro cuando se termine su lectura.

La historia es la siguiente: El redactor Robert Pirosh llegó a Hollywood en 1934, ansioso por convertirse en guionista de alguna de las grandes productoras de cine. Escribió y envió, entonces, la siguiente carta a todos los directores, productores y ejecutivos de estudio que se le ocurrieron. El enfoque funcionó, y después de conseguir tres entrevistas, fue empleado como escritor junior en la Metro Goldwyn Mayer. Pirosh continuó escribiendo para los Hermanos Marx y en 1949 ganó un Premio de la Academia por su guión de Battleground. La carta es la siguiente:

Estimado señor:

Me gustan las palabras Me gustan las palabras gordas y mantecosas, como exudado, bajeza, glutinoso, lameculos. Me gustan las palabras solemnes, angulosas y chirriantes, como estrecho, cascarrabias, pecunioso, despedida. Me gustan las palabras espurias, en blanco y negro, como funeraria, liquidar, amígdala, semitono. Me gustan las palabras «B» suaves, como cabello, esbelto, bravura, brío. Me gustan las palabras crujientes, quebradizas y chirriantes, como astillas, garfios, empujones, chorreante. Me gustan las palabras hoscas, malhumoradas y ceñudas, como escondite, ceño fruncido, costroso, cabrón. Me gustan los «¡Oh-Cielos!», mis amables palabras, como truco, fatiga, gentil, horrible. Me gustan las palabras elegantes y floridas, como estival, peregrinar, elíseo, Martín Pescador. Me gustan las palabras lúgubres, retorcidas y harinosas, como gatear, lloriquear, chillar, gotear. Me gustan las palabras risueñas y graciosas, como chavito, gorgoteo, burbujear y eructo.

Me gusta más la palabra guionista que redactor, así que decidí dejar mi trabajo en una agencia de publicidad de Nueva York y probar suerte en Hollywood, pero antes de dar el paso me fui a Europa por un año de estudio, contemplación y equitación.

Acabo de regresar y todavía me gustan las palabras.

¿Puedo tener algunas con usted?

Robert Pirosh.

…..

Sin duda, si uno aspira a un trabajo creativo lo mejor que puede hacer es, precisamente, demostrarlo desde el primer momento. La jugada es arriesgada pero, sin duda, al menos  se sabrá que se hizo lo correcto. A lo sumo nos quedará la (correcta) sensación de que fueron ellos los que se lo perdieron. Pero si vemos el ejemplo de Parish, vemos que a veces arriesgarse es lo mejor que podemos hacer, siempre.

 

El cartero llama dos veces XIX

 

Hacía mucho que no escribía una entrada bajo este título tan poco original y que fue extendiéndose más de lo que pensé en su inicio; pero hay hallazgos que merecen la pena ser compartidos. Encontré esta deliciosa carta en The National Archives, sitio oficial histórico británico donde pueden encontrarse verdaderas maravillas. La carta, escueta respuesta a un ciudadano ruso por parte de un oficial de Scotland Yard, dice: «14 de abril, 1909. ref Sherlock Holmes. Señor: En referencia a su carta del 16 último, he sido enviado por el Comisionado de Policía de la ciudad para informarle que Sherlock Holmes no es una persona real, sino un personaje de ficción. Soy, Señor, su obediente sirviente. Jefe Clerk».

 

Sherlock Holmes letter

Pueden ver la carta en mayor tamaño aquí (sitio oficial de The National Archives).

 

Buscando información sobre ésta y otras cartas, encontré un artículo de El mundo donde leo: «Las cartas siguen llegando puntualmente al número 221B de Baker Street. Unas 700 todos los años, dirigidas a Sherlock Holmes y urgiéndole una respuesta apremiante. Le preguntan por las mujeres en su vida, por la intrincada relación entre el amor y el crimen o por la auténtica naturaleza de la amistad con su querido Watson. Quieren saber cómo se enganchó a la cocaína, qué marca de tabaco fuma en su pipa y si es cierto que una vez hirió a su ama de llaves, Mrs. Hudson, mientras limpiaba el revólver».

Es bien sabido que Arthur Conan Doyle detestaba a su creación, Sherlock Holmes y que, harto de esa fama que lo opacaba y que no le dejaba tiempo para escritos de mayor importancia, lo mató en el relato corto El problema final; pero la insistencia de sus lectores más apasionados lo obligaron a «revivirlo». La pasión despertada por Sherlock Holmes llega hasta hoy, por supuesto (no hay más que ver cuántas películas, series y demás siguen haciéndose alrededor de este personaje); pero yo no dejo de pensar en esa carta con la que inicié la entrada ¿Qué tan apremiante habrá sido el problema de ese hombre en Rusia para tener que recurrir al mismísimo Sherlock Holmes? Vaya misterio sin resolver…

 

 

Ego por escrito

 

Recuerdo que cuando era pequeño, en unos paquetes de figuritas (creo que se llaman cromos en España y gráficas en México) venían unos cartoncitos con unas líneas algo extrañas impresas en ellos. Lo que debía hacerse era mirarlos desde el borde inferior, inclinándolos bastante, para poder leer la palabra allí oculta. Ese juego nos impulsó a escribir, como si de un código secreto se tratara, palabras o frases breves que cruzábamos entre compañeros de escuela. El juego no duró mucho; escribir de esa manera era trabajoso y hacerlo de manera prolija lo era aún más, así que pronto quedó en el olvido.

Este recuerdo trivial viene al caso porque acabo de encontrar un viejo manuscrito medieval con ese mismo tipo de escritura y la verdad es que si bien lo primero no engalana a lo segundo, para mí el encanto del recuerdo hizo que no haya querido borrarlo en el paso de Word al blog. Vayamos, entonces, al manuscrito, que es la estrella de la entrada.

 

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Resulta que los redactores de los estatutos medievales debían hacerlos visualmente llamativos y memorables; ya que relativamente pocas personas podrían entender las legalidades latinas, muchos eran los que iban a ver a esos documentos y, para que se vieran con cierto aire de autoridad debían parecer diferentes a los textos ordinarios; es decir, debían parecer notables y únicos.

«Una forma de hacerlo fue con un tipo de escritura totalmente peculiar, cuya primera característica es la elongación», escribe Nicolete Gray en Lettering as Drawing. En esta carta dada por el emperador del Sacro Imperio Romano Enrique IV al obispado de Bamberg en 1057, el texto está escrito en letras largas y atenuadas:

 

 

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«Las extrañas formas de las letras se presionan a sí mismas, y debido a su diferencia con la norma, en la conciencia de las personas otorgan a la carta una especie de aura que la distingue», escribe Laurence en Looze in The Letter & the Cosmos. Las firmas a menudo se elaboraron por la misma razón: «Un rastro de poder mundano se transfiere a la escritura, la letra se forma realizando esta transferencia del poder de las personas que crearon la carta en el documento mismo».

En ese sentido, las rúbricas decoradas con innumerables volutas y circunloquios no eran sino una forma de diferenciarse de los comunes. Sin duda, el ego ha sido uno de los grandes compañeros de la humanidad. Al menos gracias a él tenemos estas pequeñas bellezas.

El cartero llama dos veces XVIII

Hace pocos días, como muchos sabrán, murió Chuck Berry, el mítico músico norteamericano que cambió la historia de la música con su creatividad desbocada y sus riffs que aún hoy siguen siendo una marca que se inserta, como un ADN cultural, en muchas de las canciones que se escriben hoy en día.

Chuck Berry

Lo que no muchos saben es que la música de Chuck Berry es una de las pocas piezas que han tenido el honor de viajar fuera del sistema solar, en busca de un deseable contacto con otra civilización. En el disco de oro que viaja adosado a la nave espacial Voyager 1, un fragmento de Johnny B. Goode podría oírse con solo poner la púa sobre el surco de ese LP.

La carta que dejo a continuación es la que le enviaron Carl Sagan y Ann Druyan (responsables del contenido multimedia del disco y del proyecto Voyager) en reconocimiento por su arte y en agradecimiento por haber sido parte de esa pequeña gran aventura humana.

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«Cuando alguien dice que su música va a vivir para siempre, por lo general puede estar seguro de que están exagerando. Pero Johnny B. Goode está en los registros interestelares de la Voyager, conectados a la nave Voyager de la NASA, ahora a dos mil millones de millas de la Tierra y con destino a las estrellas. Estos registros durarán mil millones de años o más.

«Feliz 60 cumpleaños, con nuestra admiración por la música que le has dado a este mundo …». -Go Johnny, go.

Astucia romántica

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Una historia curiosa de dos amantes pobres, cuyo sistema de correspondencia se confinaba a una ingeniosa cifra de manchas de tinta en el exterior de una carta (o de un sobre, para ser más precisos), es contada por el poeta Samuel Taylor Coleridge. Según él, en uno de sus paseos en el distrito de los lagos, vio al cartero ofrecer una carta a la sirvienta en una posada de una aldea que, después de mirar cuidadosamente la dirección, devolvió el documento al cartero, diciéndole que no podía tomarla, ya que era demasiado pobre para pagar el franqueo. Entonces Coleridge dio un paso adelante y dando al cartero el chelín requerido para la carta, se la entregó a la muchacha. Para su sorpresa, ella no pareció tan contenta como él había esperado; entonces, cuando el cartero estaba fuera de la vista, explicó el asunto confesando al poeta que toda la carta consistía en su dirección y ciertas manchas y marcas exteriores y que ése era el método adoptado por su amante y por ella misma para mantenerse al día. Una correspondencia que no pagaba el franqueo requerido. Sólo espero que esos dos pobres muchachos hayan visto compensadas sus carencias económicas con otras riquezas. Ante bolsillos vacíos, prefiero imaginarlos ricos en caricias y noches compartidas. Abiertos a inventar o creer cualquier posible final, me quedo con ese, sencillo y tan pobre de ideas como ellos de monedas, pero que tal vez justifique al mundo entero.

El cartero llama dos veces XVII. Esa silla vacía

erik-satieHablar de las extravagancias de Erik Satie, el maravilloso compositor francés, requeriría una entrada demasiado extensa o varias más breves, en las que podrían hablarse de ellas sin que ninguna pareciera tener relación con las otras. Fueron tantas y tan diversas sus experiencias que no se podrían reunir en un solo texto sin que se creyera que todo es una fantasía sobre un personaje inventado. Hoy quisiera hacer mención de una de ellas; tal vez de la más íntimas y tristes; pero también de las que sea más comprensible para todos.

Satie murió en soledad, un primero de julio de 1925. Sólo entonces sus amigos pudieron entrar a la pequeña habitación en la que había vivido. Allí encontraron trece trajes idénticos de terciopelo gris; un centenar de paraguas también idénticos; unas cuantas cajas de puros que contenían prolijamente ordenados más de cuatro mil rectángulos pequeños de papel donde Satie había anotado meticulosas descripciones de paisajes imaginarios, personajes inverosímiles, dibujos, greguerías, órdenes religiosas inventadas, palabras sueltas, instrumentos musicales imposibles. En uno de ellos podía leerse: «Me llamo Erik Satie, como todo el mundo».suzanne-valadon Satie fue un solitario durante toda su vida, excepto por unos pocos meses, cuando entabló una relación amorosa con Suzanne Valadon, pintora y modelo francesa (quien también fue madre de Maurice Utrillo). Suzanne se mudó cerca de donde vivía Satie y éste le enviaba con el pequeño Maurice incontables ramos de flores y notas varias donde alababa los encantos de esa mujer amada. Suzanne pintó el retrato de Satie y se lo regaló, haciéndolo inmensamente feliz; pero al poco tiempo ella se iría sin dar explicación alguna y nunca volvería a ver al compositor.
Luego, durante más de treinta años, Erik Satie iría al bar donde la había conocido sólo por si ella regresaba. Tan profundamente lastimado quedó por aquel abandono que en el año 1893, considerando que aquel dolor perjudicaba no solamente a su salud, sino también a su arte, Satie acudió a la policía para pedirle protección contra aquel recuerdo que lo perturbaba.

portrait-of-erik-satieEntre los muchos papeles que sus amigos encontraron en aquella habitación, también se encontraron decenas de cartas que Satie le había escrito a Suzanne pero que nunca se atrevió a enviar. Sobre el escritorio, cubierta de polvo, se encontró la siguiente nota: “Aquí, sentado frente a mi escritorio, no he dejado, hasta este momento, de contemplar el retrato que Suzanne me hizo hace ya más de treinta años, durante nuestro idílico amor y que permanece inerte, junto a mi colección de paraguas, algunas de mis cartas dirigidas a ella y nunca entregadas; así como los dibujos que tanto me recuerdan a aquella tormentosa, aunque para nada despreciable etapa de mi vida. Por eso, quienes entren a esta casa tras mi cercana muerte, lo primero que se fijarán, además de lo anteriormente citado, cubierto por el polvo y la suciedad acumulada por el paso de los años, será en esta cuidadosa carta, necesaria para poder dejar en paz a mi pobre espíritu ya cansado y deteriorado ante tanto errante caminar”.

Cuando iba a ese bar, Satie siempre dejaba una silla vacía y no dejaba que nadie la ocupara, porque, decía, estaba esperando a alguien.

El cartero llama dos veces XVI.

HA Schultz

Ha Schultz es un artista conceptual nacido en Alemania, en 1939. Una de sus obras más conocidas es su ejército de basura, el cual se ha expuesto en numerosos sitios del mundo entero. Aquí algunas imágenes (como siempre, pueden agrandar las imágenes haciendo clic sobre una de ellas):

Pero no es de esta obra de la que quiero hablar, sino de otra muy particular, su Love Letters Building (Edificio de Cartas de Amor). Para esta obra el artista alemán lanzó una convocatoria donde solicitaba cartas de amor con el objetivo de «regresar en el tiempo» y recordar la época en la que los e-mails no existían y el cariño quedaba grabado en un hoja de papel que se inmortalizaba y viajaba entre mundos. La respuesta del público fue impresionante, pues llegaron más de 150 mil cartas, en hojas que fueron pruebas de que el amor viene en tamaño y color distinto. Cerca de 35 mil de las cartas recolectadas fueron utilizadas para cubrir el exterior de la oficina postal, creando una masa de color blanco, naranja, rojo y azul mientras que otras 115 mil se exhibieron en el interior del mismo.

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Schult es un artista de la simplicidad que en una hoja de papel revivió el romanticismo de la palabra escrita y la trascendencia de un gesto de amor. La intimidad que habita en cada hoja, la sensualidad y fuerza de las curvas que forman palabras, han sido por años la máxima expresión de amor. Todos los sentimientos explotan uno a uno frente al lector para comunicar en silencio las pasiones y el deseo que habitaba en el interior del autor. La felicidad se convierte en tinta; la esencia de un amor se inmortaliza en el tiempo para revivir cada vez que un par de ojos desee navegar entre las bellas palabras que fueron escritas sólo para ellos.

Hoy la costumbre y el deseo de escribir una carta ha cesado, con las herramientas tecnológicas y la inmediatez de los mensajes, escribir una carta a mano es obsoleto, pero eso aumenta su valor. La fría pantalla jamás podrá suplir a la ternura que representa cada letra sobre una hoja. Es por esto que un artista conceptual ha hecho de las cartas de amor un arte.

Love Letters Building. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas:

Las nuevas relaciones y el sentido común

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Las relaciones de pareja actuales se están moviendo, desde no hace mucho tiempo, hacia una dirección que siempre me ha parecido lógica, sana y estimulante. Me llama mucho la atención que se haya tardado tanto tiempo en conseguir, siquiera, llegar cerca de esta lógica; y digo «llegar cerca» porque falta mucho camino por andar todavía. Aún así los primeros pasos ya se han dado y no creo que esto vaya a ser una moda pasajera ni mucho menos. Creo que es el principio de una forma de relacionarse más adulta, madura y responsable. Hace poco, la escritora canadiense Isabelle Teissier escribió una carta para una columna del diario norteamericano The Huffington Post. La misma lleva por título “Quiero estar soltera, pero contigo” y se ha convertido en todo un fenómeno (como dicen ahora «viral» y como detesto esa palabra en este contexto, prefiero no usarla), ya que toca el tema de las nuevas relaciones y se plantea si puede haber un punto intermedio entre una relación amorosa y la libertad de la soltería.

La carta tiene poco valor literario, ya que está escrita con ese estilo típico del periodismo free lance gringo; es decir un estilo como para que me entienda todo el mundo; pero no carece de valor filosófico y sociológico. Así que aquí se la dejo, para que la aprueben o la rechacen, pero espero que sea cual fuere su actitud y forma de pensar, éstas provengan de una decisión personal, madura y pensada, no que sea hija de dogmas ajenos o de ideas preconcebidas por otros.

“Quiero estar soltera contigo.

Quiero que vayas a tomarte una cerveza con tus amigos, para que al día siguiente tengas resaca y me pidas que vaya a verte porque te apetece tenerme entre tus brazos y que nos acurruquemos. Quiero que hablemos en la cama por la mañana de todo tipo de cosas, pero algunas veces por la tarde; quiero que cada uno haga lo que quiera durante el día.

Quiero que me hables sobre las noches que sales con tus amigos. Que me digas que había una chica en el bar que te ponía ojitos. Quiero que me mandes mensajes cuando estés borracho con tus amigos para que me digas chorradas, sólo para que puedas estar seguro de que yo también estoy pensando en ti.

Quiero que nos riamos mientras hacemos el amor. Que empecemos a reírnos porque estamos probando cosas nuevas y no tienen sentido. Quiero que estemos con nuestros amigos, para que me tomes de la mano y me lleves a otra habitación porque ya no puedes aguantarte más y tienes ganas de hacerme el amor ahí mismo. Quiero intentar permanecer en silencio porque hay gente y nos pueden oír.

Quiero comer contigo, que me hagas hablar sobre mí misma y que tú hables sobre ti. Quiero que discutamos sobre cuál es mejor, la costa norte o la costa sur, el barrio occidental o el oriental. Quiero imaginar el apartamento de nuestros sueños, aun sabiendo que probablemente nunca vivamos juntos. Quiero que me cuentes tus planes, esos que no tienen ni pies ni cabeza. Quiero sorprenderme diciendo: “Toma tu pasaporte, que nos vamos”.

Quiero tener miedo contigo. Hacer cosas que no haría con nadie más, porque contigo me siento segura. Volver a casa muy borracha después de una buena noche con amigos. Para que me tomes la cara, me beses, me uses como tu cojín y me abraces muy fuerte por la noche.

Quiero que tengas tu vida, para que decidas irte de viaje unas semanas por puro capricho. Para que me dejes aquí, sola y aburrida, deseando que salte tu carita en Facebook diciéndome “hola”.

No quiero que siempre me invites a tus juergas, y no quiero invitarte siempre a las mías. Así, al día siguiente puedo contarte cómo fue la noche y tú puedes contarme la tuya.

Quiero algo que sea simple y, a la vez, complicado. Algo que haga que, a menudo, me haga preguntas a mí misma, pero que, en el momento que esté contigo en la misma habitación, desaparezcan todas las dudas. Quiero que pienses que soy guapa, que estés orgulloso de decir que estamos juntos.

Quiero que me digas te quiero y, sobre todo, poder decírtelo yo a ti. Quiero que me dejes andar por delante de ti para que puedas ver cómo se mueve mi culo de lado a lado. Para que me dejes arañar las ventanas de mi coche en invierno porque mi culo se contonea y eso te hace sonreír.

Quiero hacer planes sin saber si al final los realizaremos. Estar en una relación clara. Quiero ser esa amiga con la que adoras quedar. Quiero que sigas teniendo el deseo de tontear con otras chicas pero que me busques a mí para terminar la noche juntos. Porque quiero ir contigo a casa.

Quiero ser esa a la que le haces el amor y después te quedas dormido. La que te deja en paz cuando estás trabajando y a la que le encanta cuando te pierdes en tu mundo de música. Quiero tener vida de soltera contigo. Porque nuestra vida de pareja sería igual que nuestras vidas de solteros de ahora, pero juntos.

Un día, te encontraré”