¡Idiotas del mundo, uníos!

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Es posible que muchos de ustedes hayan visto alguna noticia relacionada al próximo eclipse de sol, el cual tendrá lugar el 21 de este mes. Por desgracia, cada vez que algo así va a ocurrir, no faltan los imbéciles que aprovechan la ocasión para divulgar noticias falas, erróneas o para decir cualquier barbaridad amparados en la ubicuidad de los medios, en la rápida y acrítica distribución que las redes sociales permiten y, sobre todo, en la ignorancia amplia y abarcadora de la población general.

Sé que hoy en día hablar de la “ignorancia general” no está bien visto; sé que lo que prima es lo políticamente correcto y que no hay que herir las susceptibilidades de nadie; pero la verdad es que eso me importa bien poco y creo que hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre; al menos si queremos dar un par de pasos fuera de los círculos de estupidez global.

Un eclipse es un fenómeno común no demasiado difícil de entender ¿Cómo puede ser que cada vez que ocurre uno la gente se aferre a idioteces tales como profecías apocalípticas o tonterías como que se va a cambiar el clima del planeta o que se va a ver afectada la gravedad? (Todo ello con graves consecuencias, claro está). Lo peor es que medios supuestamente importantes se hacen eco de estas tonterías, lo cual hace que la gente crea todavía más en estas cosas; todo en un infinito círculo vicioso del que no podremos salir jamás si esto no cambia.

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No hay más que ver el lenguaje que se usa en estos “artículos” para ver que quienes están detrás de ellos no son más que farsantes y mentirosos ¿pero cómo podemos hacer que la gente se dé cuenta cuando no tiene acceso al conocimiento? (Algo de esto se habló ayer aquí mismo). «Analistas proféticos», «investigador independiente», «teoría», «gravedad» y la infaltable referencia que a todos los ignorantes les llena la boca, aunque no sepan de qué se trata: «la biblia». Con esos términos uno puede decir cualquier cosa y listo; la masa traga.

Por último; un par de puntos con respecto a la ignorancia general: Es obvio que no hablo aquí de las personas que realmente ignoran tal cual o hecho; la ignorancia es una carga que para muchos resulta demasiado pesada y para ellos va mi comprensión y respeto. Pero a quienes no tolero ni toleraré nunca son a los ignorantes ilustrados. Esa gente que porque fue a una escuela cree que sabe y además piensa que puede dar clases sobre ello. Por ejemplo, acabo de ver, relacionado con este tema, noticias sobre varias personas que quieren que el eclipse se posponga para el fin de semana o para otro horario porque, por algún motivo, ellos no pueden verlo. Algunos piden que se cambie el sitio donde se verá a Europa o hay uno por ahí que dice que a esa hora su vuelo no habrá llegado, así que pide que lo cambien para un par de horas después. Esta gente, además de aire en la cabeza, tiene arena en el espíritu, porque no siquiera se dan cuenta de la falta moral en la que caen (su ignorancia está por demás probada). No sólo piden que se cambie la rotación de la luna y de la Tierra; sino que quieren que se lo haga en su propio beneficio. ¿Y los demás, qué? Pues los demás que se jodan; ellos quieren ver el eclipse ¿Qué importan los otros? Como bien se dice, más peligroso que un ignorante es un idiota.

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Aprender a enseñar

Richard Feynman (1)Richard Feynman fue uno de los científicos más notables del siglo XX. Es maravilloso leer uno de sus libros o adentrarse en una de sus entrevistas; de ese contacto uno siempre sale enriquecido y mejorado. En The Fantastic Mr. Feynman, uno de los muchos documentales que tratan de su vida, Feynman cuenta cómo fue educado por su padre: “Mi padre me sentaba en su regazo y me leía la enciclopedia británica, y leía, por ejemplo, sobre los dinosaurios. Decía algo así como: «Estos tenían unos veinticinco metros de alto y su cabeza tenía unos seis metros de ancho» y ahí él se detenía y decía: «Veamos qué significa eso. Eso significaría que si estuviese parado en el patio delantero, podría meter la cabeza por la ventana del primer piso; aunque se cabeza no cabría porque es demasiado ancha…».

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El padre de Richard Feynman trabajaba en una fábrica de uniformes y tenía contactos permanentes con estamentos militares, lo que lo llevó a un fuerte rechazo a la autoridad; ese rechazo también lo inculcaría en su hijo, el que nos cuenta: “Una de las cosas que mi padre me enseñó fue a discrepar. Cierta vez él abrió el The New York Times y había una foto de un general y me dijo: «Mira a estos seres humanos. Hay un humano parado aquí y todos estos otros inclinados. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué todos se inclinan ante él? Sólo a causa de su nombre y de su posición. Debido a su uniforme, no a causa de que haya hecho algo especial».

De estas palabras y recuerdos podemos inferir varias cosas: primero, la importancia de la educación en la formación integral de una persona. Segundo, la injerencia especial que ha tenido Melville Feynman sobre su hijo señala que la educación bien entendida no es, tal vez, la que se lleva a cabo en la escuela en estos momentos. Tercero, la educación no es el aprendizaje de datos estadísticos y fechas y su memorización; la educación incluye a la creatividad y a la imaginación. Sin estos dos ingredientes extras no tendremos jamás a personas educadas, sino sólo —y esto si tenemos suerte— a algunos empleados competentes y poco más.

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El mundo necesita más personas como Richard Feynman, pero no debemos olvidar que primero necesitamos más Melville Feynman. Ser el primero es difícil y tal vez esté fuera de nuestro alcance, ser el segundo es algo a lo que podemos aspirar sin demasiados problemas.

Pensar, hablar, catalogar

En Otras Inquisiciones, Borges escribe sobre una extraña taxonomía encontrada en una antigua enciclopedia china titulada Emporio celestial de conocimientos benévolos. Borges dice: “En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (e) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”.

Dyirbal

Esta enumeración es, sin duda, fantástica, pero tiene algo de verdad, ya que diferentes Dyirbalculturas pueden clasificar el mundo de formas sorprendentemente diferentes. En Dyirbal tradicional, una lengua aborigen de Australia, cada sustantivo debe ser precedido por una variante de una de cuatro palabras que clasifican todos los objetos en el universo (pueden acceder a un detallado estudio de este lenguaje en este PDF de la Universidad de Harvard):

Bayi: hombres, canguros, zarigüeyas, murciélagos, la mayoría de las serpientes, la mayoría de los peces, algunos pájaros, la mayoría de los insectos, la luna, tormentas, arco iris, boomerangs, algunas lanzas, etc.

Balan: mujeres, zarihueyas, perros, ornitorrincos, osos hormigueros, algunas serpientes, algunos peces, la mayoría de los pájaros, luciérnagas, escorpiones, grillos, todo lo relacionado con agua o fuego, sol y estrellas, escudos, algunas lanzas, algunos árboles, Etc.

Balam: todas las frutas comestibles y las plantas que las llevan, tubérculos, helechos, miel, cigarrillos, vino, pastel.

Bala: partes del cuerpo, carne, abejas, viento, barras de comida, algunas lanzas, la mayoría de los árboles, hierba, barro, piedras, ruidos y lenguaje, etc.

George Lakoff, lingüista de UC-Berkeley, en su Women, Fire y Dangerous Things, de 1987, dice al respecto: “El hecho es que las personas de todo el mundo categorizan las cosas de una manera que aturde tanto a la mente occidental como a los lingüistas y antropólogos occidentales. Más temprano que tarde el lingüista o antropólogo acaba por levantar las manos y recurre a dar una lista; una lista que no nos sorprendería encontrar en los escritos de Borges”.

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Si, como algunos lingüistas creen hoy en día, el pensamiento está estrechamente relacionado con el lenguaje ¿Cómo pensarán los integrantes de la tribu Dyirbal? ¿Afectará esa forma de pensamiento a otros ámbitos de la vida social? El enlace que dejé más arriba, a un archivo PDF, relaciona este asunto con el problema del lenguaje y la violencia de género; pero podríamos extender este asunto a otros aspectos de la vida también. Quién sabe, tal vez encontremos la solución a alguno de nuestros problemas pensando como lo hace una lejana tribu australiana.

Yo, robot

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La entrada de ayer (Tal vez…) recibió algunos comentarios que señalaban una postura diferente a la que planteaba en el texto. Está bien, en parte estoy de acuerdo con esos comentarios, pero lo que subyace a toda esa cuestión es una pregunta más profunda y compleja: ¿Qué es un ser humano? o planteada de otro modo: ¿Cuánto de humano queda en los humanos?

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El texto de ayer jugaba un poco con la ciencia ficción al hablar de “cables conectados al lóbulo frontal”; pero eso no es tan ficcional como se cree. En realidad nuestro lóbulo frontal está más que conectado (sin cables directos, claro) a un sinfín de electrónicos, sobre todo, internet. Nuestras sensaciones ya han sido modificadas por la tecnología hasta tal punto que la sociedad muy difícilmente podría vivir sin ella. Nos consideramos seres naturales; pero estamos bien lejos de serlo. Nuestra vida ha sido modificada en su totalidad por la técnica: vivimos en casas, nos vestimos, tomamos medicinas, comemos alimentos modificados de una u otra manera, usamos adminículos que potencian o suplantan a nuestras incapacidades. Usamos anteojos, bastones, muletas, llaves, martillos, espejos, pinzas, dentaduras, postizas, auriculares. Todo ello nos separa de lo natural aunque estamos tan acostumbrado a ello que no lo consideramos como un artilugio, un implemento añadido a nuestra naturaleza.
También en nuestros hogares vivimos rodeados de robots y otras herramientas. ¿Qué otra cosa es un hornos de microondas? Es un robot, aunque muy especializado, si vamos al caso, pero un robot al fin y al cabo. Lo mismo sucede con casi todos los adminículos electrónicos que nos rodean: un reloj despertador, un teléfono, una aspiradora, una computadora, una radio, una TV. Sin ir más lejos, como ya no tenemos garras ni colmillos, usamos en su reemplazo tenedor y cuchillos.

Love Robot
Un últimos asunto, tal vez el central: si bien es muy lindo ver un ocaso o sentir la caricia de un ser querido (lejos de mí el querer negar esto) es también cierto que estas cosas también han sido modificadas por la tecnología. A ver se aprende y las experiencias sensibles son hijas de la cultura. ¿Cuándo acariciamos o somos acariciados esa piel que tanto nos satisface es pura o ha sido modificada con diversos productos químicos? La piel humana ya ha dejado de ser humana en cierto grado. Ver un ocaso es bello, pero lo que vemos ha sido modificado por los incontables ocasos que hemos visto en el cine y por las incontables veces que hemos oído que ver un ocaso es un acto romántico.
Por supuesto que nada de esto quita valor al acto de vivir y de hacer todas estas cosas que siempre hacemos y que tanto nos gustan; pero no podemos decir que somos seres naturales; al menos no hasta que cambiemos el concepto de naturaleza aplicado a nosotros mismos.

El hombre de Altamura

 

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Hace unos 150.000 años, un hombre de Neanderthal estaba explorando la cueva de Lamalunga, en el sur de Italia, cuando cayó en un sumidero. Demasiado herido para salir de nuevo, murió de deshidratación o hambre. Durante los siglos siguientes, el agua que corría por las paredes de la cueva gradualmente incorporó los huesos del hombre en concreciones de carbonato de calcio. Sin ser molestados por los depredadores o por el clima, permanecieron en un estado inmaculado de conservación hasta que los investigadores de la cueva finalmente los descubrieron en 1993.

“El hombre de Altamura” es uno de los esqueletos más completos del Paleolítico jamás descubiertos en Europa, pero hay un inconveniente: los huesos se han vuelto tan profundamente envueltos en su matriz de piedra caliza que nadie ha encontrado una manera de sacarlos de allí sin destruirlos; por lo tanto, y al menos por ahora, toda la investigación debe llevarse a cabo en la cueva.

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Los resultados de las investigaciones (publicados por el Journal of Human Evolution), arrojan unos resultados espectaculares: Este hombre vivió hace entre 130.000 y 172.000 años y su ADN demuestra que sin duda era un Neandertal.  Se cree que es el esqueleto más completo y antiguo y además se trata del ADN más antiguo de esta especie que se ha obtenido nunca.

Como un recordatorio de nuestro futuro, el Hombre de Altamura se haya unido para siempre a la Madre Tierra y desde allí sigue contándonos cosas. Afortunados aquellos que tienen oídos capaces de escuchar esas palabras.

No hay chip como el papel

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Es un tema bastante común y presente el cantar loas a las nuevas tecnologías. Recuerdo cuando no hace mucho se hablaba de la maravilla que significaba el poder tener toda la Enciclopedia Británica en un CD; por ejemplo. Ahora se habla de nubes donde podemos guardar no sólo una enciclopedia, sino toda nuestra historia: nuestros escritos, fotos, música, recuerdos, y lo que les venga en gana. Pero también recuerdo que los CD´s tuvieron una vida más bien breve y todos aquellos que tenemos una computadora hemos pasado por esa terrible experiencia que como es la de perder todas esas cosas simplemente porque el aparato se mojó o se cayó al piso el “le entró un virus”. Vamos, que las nuevas tecnologías son prácticas para comunicarse y todo eso, pero no mucho más. Para guardar información no hay ni habrá como el viejo y querido libro. No voy a volver a hacer las loas de sus virtudes; ya todos las conocemos; mejor apunto para el otro lado y mejor aún si pongo un ejemplo. Vean esta foto:

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La imagen de la derecha es la misma que la de la izquierda; la única diferencia es que la segunda fue subida y descargada de Instagram noventa veces. La pérdida de información que cada upload y cada download producen hace que la imagen se deteriore hasta lo irreconocible.
Ahora, la misma idea obtenida en Youtube. Este usuario se tomó el trabajo de subir un video y descargarlo repetidamente mil veces. El resultado es notable (abajo, a la izquierda podrán ver el número de repeticiones. No se preocupen; no están las mil; sino un resumen de ellas); es notable cómo en apenas cincuenta repeticiones ya no nos es posible entender nada:

Creo que ésta es un de las mejores pruebas de que si queremos, como sociedad, guardar información para el futuro, debemos volcarnos a hacerlo en formato de libro. Él ya nos dio sobradas pruebas de que puede atravesar el tiempo y seguir brindando la información con la misma certeza que el primer día.

Contra la inmortalidad

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Últimamente he visto la aparición de algunos artículos científicos o pseudocientíficos que cantan loas a un posible próxima logro científico: la inmortalidad. Se supone que estamos cerca de vencer a la muerte y que por lo tanto la inmortalidad está a la vuelta de la esquina. Y no puedo menos que preguntarme algunas cosas:

• ¿Es nuestra vida digna de ser vivida por toda la eternidad? ¿Tan importante es lo que hacemos a diario como para querer hacerlo por los siglos de los siglos?

• Como siempre, los mitos nos enseñan algo y en este caso podemos recordar varias historias al respecto; en general todas ellas nos recuerdan que todo beneficio tiene su contraparte, que nada es perfecto; y cuando los mitos tocan el tema de la inmortalidad siempre el personaje se olvida de algo importante: pedir, también, la eterna juventud. Estos artículos nada dicen de eso ¿Entonces nos darán la inmortalidad pero seguiremos envejeciendo? No le veo el negocio por allí.

• Considerando que la desigualdad ha sido la moneda corriente a lo largo de toda la historia humana, es muy probable que quienes accedan primero a este beneficio sean los ricos y poderosos ¿Están seguros, entonces, que quieren vivir para siempre en un mundo donde gente como Donald Trump, Carlos Slim, Kim Jong-un, el Rey Juan Carlos o Adam Sandler sean inmortales?