Autorretrato del olvido

 

William Utermohlen 01

William Utermohlen (1933- 2007).

 

El 22 del mes pasado publiqué una entrada donde hablé de lo que me hizo sentir un video musical y de las reflexiones que provocó en mí a partir de sus imágenes. Cuando L. lo vió pensó que mis comentarios tuvieron como germen esa dolorosa enfermedad que es el Alzheimer, cosa que yo no había tenido en cuenta en absoluto pero que, sin duda, bien puede ser considerado en este caso (eso fue lo que ella vio en el video y aquí sí puede permitirse aquello de que (casi) toda interpretación es válida). El video cobra, entonces, otra faceta no menos precisa y, por supuesto, no menos penosa.

Mientras charlábamos de lo que cada uno habíamos visto en esas imágenes recordé el caso de un pintor que había iniciado una serie de autorretratos al enterarse de que había sido diagnosticado con Alzheimer. Se trata de William Utermohlen y hablaré muy poco de él aquí (pueden leer un excelente artículo aquí, en inglés), ya que mi intención es seguir ahondando en lo que esas imágenes provocaron en mí. Sí compartiré una serie de imágenes de la obra de Utermohlen porque ello será la síntesis perfecta de lo que significa este tema tan profundamente angustiante: el olvido, ya sea éste producto de una enfermedad o de la inevitable muerte. Sea como fuere, no hay nada que hacer más que enfrentarse a ellos con todas las armas que disponemos y, de ser posible, mejorar su estado, su alcance y su poder. Hay muchas cosas que no pueden evitarse en nuestra vida, pero la angustia es algo que podemos mantener a raya si trabajamos en ello.

 

William Utermohlen, síntesis

William Utermohlen – Síntesis de sus autorretratos

 

De todas las palabras e ideas que cruzamos con L. veo que lo que más me llama la atención son las dos imágenes finales de ambas series, tanto la del video como la de la serie de autorretratos tienen muchísimo en común: una pérdida del sentido de detalle, una vuelta a la sencillez de las formas, un retorno, tal vez, a lo más básico de nosotros mismos. La síntesis de las formas como síntesis del olvido.

 

Una galería de imágenes de los autorretratos de William Utermohlen. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

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Poesía científica o de cómo la metáfora llegó para salvar a la humanidad

 

Daniel

 

En un reportaje publicado en La Vanguardia, el neurocientífico Daniel Dennet dijo algo que me pareció por demás interesante (lo cual demuestras, además, que no sólo hay que saber qué es lo que se dice, sino que saber decirlo de un modo atractivo es parte integral del acto divulgatorio). el reportaje comienza así:

Daniel Dennet: ¿Qué ve aquí?

Lluís Amiguet: ¿No es la Sagrada Família?

DD: Es el nido de una colonia de termitas australianas. Y, sí, su parecido con la Sagrada Família de Gaudí es impresionante.

LA: ¿Por qué me enseña esa foto?

DD: Porque tanto el nido como la catedral son obra de animales.

LA: No sé si la comparación es afortunada.

DD: La diferencia está en que el nido está hecho por hormigas sin propósito o intención: es mero resultado de la evolución genética y sirve a las hormigas para sobrevivir. La catedral, en cambio, es fruto de la cultura de siglos y es una metáfora sobre otra metáfora y otra y otra…

LA: ¿Qué nos enseña esa comparación?

DD: Que las termitas son estúpidas, pero no menos que las neuronas de Gaudí. En cambio, la cultura de Gaudí le hacía un genio.

LA: ¿Qué nos hace inteligentes entonces?

DD: No nuestro cerebro y sus neuronas, sino las herramientas de pensar que hemos ido perfeccionando y transmitiendo con la cultura. Lo que nos hace inteligentes no son los genes, las unidades de transmisión evolutiva, sino los memes, las unidades de transmisión cultural. Son ellas las que nos hacen lo que somos.

Para esta altura de la entrevista hice una pausa y busqué imágenes de los nidos de terminas que pudieran ilustrar(me). Supongo que la imagen que Dennet le mostró a Amiguet sería parecida a esta:

 

Dennet

 

Termino con una idea que me parece esclarecedora:

LA: ¿Sin memes seríamos inteligentes?

DD: Sin herramientas, sólo con nuestras manos desnudas, no podríamos ser carpinteros. Y, del mismo modo, sin memes, sólo con el cerebro desnudo, no podríamos pensar.

LA: ¿Qué herramienta mental prefiere?

DD: La metáfora nos hizo avanzar tanto como la rueda. Y sobre la metáfora construimos otras herramientas complejas, evolucionamos para crear otros memes: la lógica, el silogismo, la computación, el algoritmo…

LA: …Que no sabemos usar sin aprenderlos.

DD: Algunos memes se aprenden, pero la mayoría contaminan tu cerebro, lo infectan. No hay que esforzarse para captarlos. Te contagias de ellos y ya son parte de ti y los transmites.

(Aquí hace falta una aclaración necesaria: cuando se habla de memes en la entrevista, se hace referencia a la propuesta del biólogo evolucionista Richard Dawkins, quien dijo que, del mismo modo que los genes son los encargados de heredarla información física de generación en generación, también había unos «genes» que heredaban información cultural. A estos «genes culturales» los llamó, para evitar futuras confusiones, memes. Luego la cultura popular, basada en esta idea, crearía los memes que todos conocemos en la red; pero eso es otra cosa).

Me voy masticando la idea de que sólo con el cerebro no podemos pensar; que la cultura es fundamental para ello y que la síntesis de ese pensamiento cultural es (o podría ser considerada) la metáfora. Me parece una maravillosa idea, que aúna ciencia con cierta dosis de poesía.

Pueden leer el reportaje completo, aquí.

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte IV)

Universe

 

No sé quién es el autor de la siguiente cita, pero debemos agradecerle la lección de humildad:

«Antes de juzgar a otros o de pretender ser el dueño de la verdad, considera lo siguiente: puedes ver menos del 1% del espectro electromagnético y oír menos del 1% del espectro acústico, Mientras lees esto, estas viajando a 220 kilómetros por segundo a través de la galaxia. El 90% de las células de tu cuerpo poseen su propio ADN microbiano; por lo tanto no son «tú». Los átomos en tu cuerpo son 99.9999999999999999% espacio vacío y ninguno de ellos es el mismo que con los que naciste, pero todos ellos se formaron dentro de la misma estrella. Como ser humano, tienes 46 cromosomas, dos menos que un orangután o un gorila y apenas dos más que un antílope. La existencia del arcoíris depende de fotorreceptores cónicos en tus ojos, para los animales sin conos, el arcoíris no existe; por lo tanto, cuando ves un arcoíris, en realidad lo estás creando. Esto es bastante sorprendente, especialmente si consideramos que toda la belleza de los colores que puedes ver representan menos del 1% del espectro electromagnético».

Lo que me atrae del texto anterior es, como dije, la lección de humildad, ya que nos pone en nuestro sitio; pero, al mismo tiempo deja la puerta abierta para que no nos olvidemos de un detalle importante: esa nimiedad que nos conforma incluye cierta grandeza, cierta posibilidad de ser más. Como dijo Pascal, en sus Pensamientos: «El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza, pero es un junco que piensa».

Finitud, infinitud; sencillez, complejidad; sentido, absurdo; vida, muerte. Tal vez el sistema solar no sea más que un átomo de un ser inconmensurable; tal vez un átomo de nuestro cuerpo contenga toda una civilización que se hace las mismas preguntas que nosotros. Todo cabe en nuestra manos: la nada y el universo.

A través del universo

Hace poco vi un atractivo ejemplo de ciencia aplicada en forma poética. Decía algo así: «Ella le dijo Escríbeme algo hermoso. Y él le escribió:

 

Dirac (1)

 

Esta es la ecuación de Dirac, que describe el entrelazamiento cuántico, por el cual se estable que «Si dos sistemas interactúan uno con el otro durante un cierto período de tiempo y luego se separan, lo podemos describir como dos sistemas separados, pero de alguna manera sutil están convertidos en un solo sistema. Aunque se separen y estén a millones de kilómetros de distancia o a años luz, uno de ellos sigue influyendo en el otro. Dos partículas que, de algún modo, estuvieron unidas, siguen estando relacionadas. No importa la distancia entre ambas, aunque se hallen en extremos opuestos del universo, la conexión entre ambas es instantánea».

La idea es por demás romántica, claro está, aunque para ser exactos, es errónea, ya que su aplicación sólo vale para la física cuántica, no para la física tradicional, que es en la cual estamos inmersos. De todos modos, el juego poético-romántico es válido y por demás encantador, hay que reconocerlo. Esta idea me hizo recordar a un fragmento de Roland Barthes que expone lo mismo pero en sentido contrario: parte, podría decirse, de lo poético a lo científico:

 

Dirac (2)

 

«El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras. Lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación. (Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: es el galanteo)». (Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso).

Llegar al mismo sitio

 

Gregorio Marañón

Gregorio Marañón

 

Uno de los enormes placeres que me ha deparado este sitio es el de poder compartir citas de todo tipo y color. Leer algo, encontrar un fragmento en ese algo y pensar en compartirlo aquí con ustedes es un pequeño placer personal que agradezco. Esta vez le toca a un fragmento que, me atrevo a decir, tal vez sea uno de los más bellos que he dejado en esta página. Y cuando digo bello lo digo en el amplio sentido del término, desde la mera estética hasta la inteligencia y el humanismo todo. Pertenece a Gregorio Marañón; médico, científico, historiador, escritor y pensador español. El fragmento pertenece a Vocación y ética y otros ensayos (1946):

 

«Un hombre de ciencia que sólo es hombre de ciencia, como un profesional que sólo conoce su profesión, puede ser infinitamente útil en su disciplina, pero si no tiene ideas generales más allá de su disciplina, se convertirá irremisiblemente en un monstruo de engreimiento y de susceptibilidad. Creerá que su obra es el centro del universo y perderá el contacto generoso con la verdad ajena, y, más aún, con el ajeno error, que es el que más enseña si lo sabemos acoger con gesto de humanidad. Como esas máquinas perforadoras que tienen que trabajar bajo un chorro de agua fría para no arder e inutilizarse, el pensamiento humano, localizado en una actividad única, por noble que esa actividad sea, acaba abrasándose en vanidad y petulancia. Y para que no ocurra así, ha de menester el alivio de una vena permanente de fresca preocupación universal. Saber es ahondar, hundirse en las galerías subterráneas del pensamiento o de los hechos ignotos, y para que la mente no se ahogue en esas galerías es precisa la ventilación, las ventanas abiertas a otros panoramas del espíritu, en los que éste descansa y se renueva. Por eso no hay un hombre de ciencia eminente que no se haya asomado, por instinto, a otras actividades. Y es muy común que sean las artísticas, y no, como se cree, porque sean contrarias a las investigaciones, sino precisamente por lo que tienen en común. No se puede caminar en dos direcciones distintas, pero la gracia de la vida es poder ir a donde tiene que irse por diferentes caminos. Y por la ciencia, como por el arte, se va al mismo sitio: a la verdad. Además, lo que importa es el camino. El camino es el que hace entretenidos los días y gratas las noches. El fin es siempre un sueño. Y quizá el verdadero fin es nunca llegar».

Recuerdos del futuro

Corbet (1)

En 1923, el arquitecto de la Universidad de Columbia Harvey Wiley Corbett propuso una solución novedosa al problema del tráfico de Manhattan: la rendición. Sus Propuestas para aliviar la congestión del tráfico en Nueva York tenían cuatro fases:

 

  1. 1. La situación actual.
  2. 2. Los peatones se transfieren desde el nivel de la calle a los puentes que están en voladizo desde los edificios, y las tiendas también se trasladan a este nivel.
  3. 3. Los “recortes” en los edificios permiten que seis autos se muevan al mismo nivel, con espacio para dos automóviles en cada lado.
  4. Al final, todo el nivel de la ciudad sería un océano de automóviles, aumentando el potencial de tráfico en un 700 por ciento, mientras que los peatones cruzaban las calles en puentes elevados.

Corbett tuvo una visión extrañamente romántica de esto: “Todo el aspecto se convierte en el de una Venecia muy modernizada, una ciudad de arcadas, plazas y puentes, con canales para calles, solo que los canales no estarán llenos de agua sino con un fluyente y libre tráfico, el sol brillando sobre las negras copas de los autos y los edificios que se reflejan en esta oleada de vehículos que ruedan rápidamente”. “En 1975 —escribió Corbett—, Manhattan podría ser una red de calles de 20 carriles en la que los peatones caminan de “isla” a “isla” en un “sistema de 2,028 soledades””. La verdad es que eso no se siente tan diferente de lo que tenemos hoy, si vamos al caso.

 

Corbet (2)

 

Por cierto; eso de conducir por debajo de la ciudad es algo que aquí en México ya se hace, aunque el planeamiento haya seguido un curso más azaroso. Hace poco tuve la oportunidad de visitar Guanajuato (oportunidad que espero repetir pronto, porque la verdad es que me quedó muchísimo por ver y conocer todavía) y allí hay una extensa red de caminos que recorre la ciudad en todos los sentidos. Guanajuato está construida sobre un terreno extremadamente irregular y muchas de las calles son intransitables para los automóviles. Entonces los residentes han convertido zanjas de drenaje subterráneas y túneles en carreteras.  Estos caminos habían sido cavados para el control de inundaciones durante la época colonial, pero las presas modernas han hecho que ya no sirvan para esa función. Fue una magnífica idea, entonces, usarlos para aligerar el tránsito y ahora, como atracción añadida a una ciudad que ya de por sí parece tenerlo todo.

Aquí un video encontrado en YouTube, donde podrán encontrar algún otro en referencia a este tema:

Algunas anotaciones sobre qué hacer en caso de que una granada caiga cerca nuestro

 

juego (1)

 

Supongamos que hay un corte de energía en su vecindario. Si alguien llama a la compañía de electricidad, enviarán a alguien para arreglar el problema. Esto te pone en un dilema: si alguien más hace la llamada, entonces te beneficiarás sin tener que hacer nada. Pero si nadie llama, entonces todos permanecerán en la oscuridad, que es el peor resultado. Este es el «dilema del voluntario», una contraparte del famoso dilema del prisionero en la teoría de juegos. Cada participante tiene un mayor incentivo para actuar, pero si nadie actúa, entonces todos pierden.

Esto que parece un ejemplo meramente matemático, tienes aplicaciones en la vida real (la teoría de juegos, a pesar de su nombre, se aplica en economía, política, sociología, militarismo, además de los juegos). Un ejemplo más inquietante lo tenemos en el asesinato de Kitty Genovese, asesinada a puñaladas frente a su apartamento en Nueva York en 1964. Según la tradición urbana, muchos vecinos que sabían del ataque decidieron no contactar a la policía, confiando en que alguien más lo haría para así evitar «involucrarse». Genovese murió a causa las heridas que le provocaron.

 

juego (2)

 

En un artículo de 1988, el teórico de juegos Anatol Rapaport señaló: “En el Manual de Infantería de EE. UU. Publicado durante la Segunda Guerra Mundial, al soldado se le dijo qué hacer si una granada viva caía en la trinchera donde él y otros estaban sentados: arrojarse sobre la granada para al menos salvar a los demás. (Si nadie “se ofrecía”, todos serían asesinados, y solo quedaban unos segundos para decidir quién sería el héroe). Supongo que en estos casos extremos podría aplicarse el término Yaghan mamihlapinatapai, el cual es considerado como la «palabra más sucinta» y que se define como «una mirada compartida por dos personas, cada una deseando que la otra inicie algo que ambos desean pero que ninguno quiere comenzar».

Vivir en sociedad es un juego complejo donde todos ganamos y perdemos de manera constante e intermitente. Aprender aplicaciones prácticas de matemática desde la misma escuela tal vez sería una buena idea.