La nave de los tontos

 

Djokovic

 

En este blog se evitan, en la medida de lo posible, las llamadas «noticias del día»; si bien los temas actuales suelen ser traídos aquí, lo hacen más por su interés general que por su interés particular. Es decir, dicho esto con toda modestia, que se trata de pensar desde lo que sucede más allá de lo específico que sea ese hecho. Pero hoy va a ser uno de esos días de excepción, porque el tema contiene ambos ingredientes: la actualidad y la generalidad.

La noticia en particular es una que seguramente ustedes conocen: el tenista Novak Djokovic ha dado positivo para Covid-19. En este mundo que ya lleva más de ocho millones de infectados eso no sería digno de mención, salvo que Djokovic se infectó por imbécil y podría decir que por algo más que imbécil. Djokovic declaró ser anticurentena y dijo que su protección contra el virus era la oración. Entonces no tuvo mejor idea que la de organizar un torneo de tenis, el Adria Tour y asistir a fiestas donde no se respetaba el debido distanciamiento social. Como imaginarán, los contagios se hicieron presentes más rápido que ligero y varios fueron los que terminaron enfermos. Djokovic se negó, en un principio, incluso, a hacerse el hisopado. Luego resultó que él y su esposa (y según el medio informativo, también su hija) dieron positivo en el test. ¿Se entiende ahora lo de imbécil o más que imbécil?

 

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Djokovic, Zverev, Thiem, Dimitrov, de fiesta

 

«Todo lo que hicimos en el último mes, lo hicimos con un corazón puro e intenciones sinceras. Nuestro torneo pretendía unir y compartir un mensaje de solidaridad y compasión en toda la región», declaró el tenista y he aquí lo que me permite salir de lo particular para comenzar a adentrarme en lo general. Esto es lo que sucede cuando la gente no tiene conocimiento científico. Como vemos, no es una crítica clasista ni nada por el estilo, no; aquí se trata de otra cosa, por ejemplo, del viejo refrán zapatero a tus zapatos. Djokovic es el número uno del tenis, nada más. Punto. Después, que no hable de ciencia ni de medicina ni de política, porque es un cero a la izquierda, una nulidad absoluta, un perfecto ignorante (por cierto, este tipo también es anti vacunas ¿qué pensará ahora, sobre todo después de saber que ha contagiado a su propia hija?). Si volvemos a ver la foto superior vemos que hay muchos niños allí, además de las figuras del deporte; y ése es el problema. Realmente estoy harto de escuchar por doquier a imbéciles que dicen «Si quiero salir y contagiarme  nadie puede prohibírmelo. Es mi derecho» (seguramente ustedes también escucharon en algún medio esta expresión con las mismas palabras. Y es que esta clase de ignorante se copia entre ellos. Lo explicó bien Heidegger, pero ello vendrá en la próxima entrada). ¿Cómo explicarle a esta gente cómo funciona un virus y su sistema de propagación? ¿En realidad se hace necesario tener que volver una y otra vez a la escuela primaria? Esta gente (esta gentuza) no entiende de ciencia, pero tampoco entiende de política (no entienden, por ejemplo, la diferencia entre gobierno estado) ni de filosofía (la ética que todos deberíamos poner en práctica en casos como en el que estamos inmersos es fundamental. Pensar en el otro como un otro es la base de todo, incluso de los dos asuntos anteriores. Es por eso que la ciencia y la política deben estar supeditadas a la filosofía).

Qué agobio se siente al tener que hablar de esto, cuánto cansancio conlleva tener que ver el accionar de quien se siente por encima de todas las cosas, cuánto daño y dolor produce la estupidez… y ahí vamos, en esta nave de los tontos en la que remar no sirve para nada, sólo para ver cómo el resto de la tripulación se mete el dedo en la nariz y luego, literalmente, se come los mocos.

 


La nota terminó ahí arriba. Lo que dejo a continuación, para quien tenga aún ganas de seguir leyendo (o para leer algo como la gente) puede seguir con los dos párrafos siguientes, una maravilla de síntesis, sentido común y conocimiento del querido Carl Sagan:

«Uno de los aspectos más importantes del método científico es que el argumento de la autoridad no vale para convertir una hipótesis en una teoría. Además, el científico siempre tratará de ver qué fisuras hay en ciencias construidas hace años (y que se ven como la autoridad en la materia), como lo hizo Einstein con la teoría de la gravedad de Newton, la mayor autoridad (aunque llevara siglos muerto) en la ciencia de su época. El pensamiento científico nos lleva al pensamiento crítico, individual y libre; la ciencia, al contrario de lo que mucha gente cree, nos reta a desafiar a la autoridad. La evidencia científica es la verdadera autoridad. No cualquier tirano puede vestirse de poder sobre un pueblo formado científicamente. La ciencia ilumina nuestras mentes hacia la libertad y a su vez la libertad es un componente imprescindible para lograr el desarrollo científico.

El sometimiento de todos fenómenos al rasero riguroso de la investigación científica nos ha entregado una posibilidad de vida y libertad más amplia. El problema es que nuestra sociedad no se adhiere a la evidencia para explicar las cosas o para solucionar una dificultad. Vivimos en una sociedad altamente tecnológica que no utiliza los métodos científicos desde los que nace la propia tecnología. Donde debería haber luz, nos encontramos la oscuridad, la ciencia nos brinda una llama que ilumina el camino hacia la libertad».

Registrar la proeza

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Ejemplar de Prometheus

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«Las grandes pirámides de Egipto todavía no se han construido cuando en el (hoy conocido como) pico Wheeler, en el estado de Nevada, una modesta semilla cae del cielo, hace fortuna y germina alegremente. Muchos años después pasa por allí el joven geógrafo Donald Rusk Currey y se queda estupefacto ante un impresionante ejemplar de Pinus longeava. Según algunos, Cumy piensa: «Yo a ti te conozco», porque cree reconocerlo como Prometheus, un árbol singular descubierto por el profesor Darwin Lambert. Los botánicos tienen la exquisita costumbre de no dar las coordenadas exactas de las maravillas que encuentran para evitar que alguien tenga un mal pensamiento o un momento de súbita estupidez. Segun otros, los más, Currey no sabe de ningún estudio previo en la zona y bautiza el árbol como WPM-114. Después de varios intentos fallidos para extraer una muestra de la planta que permita estimar su edad. Currey tiene una idea: pedir permiso a Donald E. Cox, del Servicio Forestal, para talar la joya. Y a Cox se le ocurre una idea aún mejor: concederle el permiso. El día 6 de agosto de 1964 Prometheus es asesinado. La autopsia demuestra que en el momento de su ejecución el árbol tenía 4950 años, el individuo pluricelular más viejo del planeta. La plusmarca ha habría sido fácilmente superada (a razón de una mejora de un minuto por cada minuto que trascurre) si no llega a ser porque una inteligencia se empecina en parar el cronómetro para registrar la proeza».

Jorge Wagensberg, El gozo intelectual, p. 254.

Mapas en tres dimensiones en Oceanía

Me gustan los mapas en particular y la cartografía en general. En este sitio he publicado más de diez entradas relacionadas con curiosidades relativas a los mapas y hoy, que me encuentro con esta deliciosa curiosidad, no puedo dejar de compartirla (de hecho, me hizo recordar a aquella entrada sobre la cartografía «en tres dimensiones», que solían usar los inuit; entrada que pueden encontrar aquí).

 

Marshall

 

En este caso se trata de otro tipo de cartografía en tres dimensiones; la utilizada en las Islas Marshall hasta mediados del siglo XX; el cual se trataba de un ingenioso y avanzado sistema para cartografiar el oleaje y facilitar la navegación, que no tiene parangón en el mundo.

Los marshaleses siempre fueron excelentes navegantes, no en vano los dos archipiélagos que conforman el país cuentan con un total de 1.152 islas, islotes y atolones. También fueron experimentados constructores de canoas, y de hecho todavía hoy existe una competición anual de fabricación de este tipo de embarcaciones tradicionales.

Pero lo más interesante es cómo se orientaban en el mar, para lo que utilizaban unas cartas de navegación hechas con palos que constituyen el primer sistema cartográfico del oleaje marino conocido en el mundo. Su complejidad y precisión son un logro que todavía hoy sigue asombrando a los expertos.

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Estos artefactos no son cartas de navegación tal cual se entiende el concepto en el mundo occidental, sino más bien instrumentos mnemónicos y de aprendizaje, porque sorprendentemente los mapas no se consultaban durante la navegación, sino que eran memorizados antes del viaje, algo lógico teniendo en cuenta la fragilidad de los artefactos y la limitación de movimientos a bordo de las canoas.

No todos los marshaleses conocían el sistema, solo un reducido número de la élite dominante controlaba el secreto de la creación de las cartas de navegación, que era transmitido exclusivamente dentro de la propia familia. Por ello, cuando salían a mar abierto lo hacían en grupos de 15 o más canoas, al frente de las cuales iba un único piloto, precisamente el que conocía el exclusivo método cartográfico.

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Las cartas de navegación se hacían con palos unidos con cuerdas de coco, que delimitaban las diferentes zonas de oleaje, con las islas representadas mediante conchas atadas en el lugar correspondiente. Mediante hilos señalaban la dirección de las ondas oceánicas al aproximarse a las islas, así como el flujo y reflujo de las rompientes.

Es posible que en principio el sistema fuera común a todos sus conocedores, pero con el tiempo se hizo tan exclusivo que tan solo el propio creador de uno de estos mapas sabía como interpretarlo y usarlo.

 

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Carta conservada en el Museo Histórico de Berna / foto NearEMPTiness en Wikimedia Commons

Identificaban cuatro tipos de oleaje, denominados rilib (generado por los vientos alisios del noreste), kaelib (más debil y solo detectable por los navegantes más experimentados), bungdockerik (oleaje muy fuerte del suroeste) y bundockeing (el más debil de todos, presente en las islas del norte), que eran representados en los mapas mediante palos curvos e hilos, principalmente en torno a las islas, de modo que podían identificar rutas de acceso seguras entre la mar de fondo.

Los mapas de navegación eran de tres tipos: los Mattang eran utilizados para la instrucción en el arte de la navegación; los Meddo eran mapas parciales que solo mostraban algunas de las islas en sus posiciones relativas o exactas, así como la dirección del oleaje profundo; y los Rebbelib eran similares a los meddo pero incluían la posición de la totalidad de las islas de los archipiélagos marshalenses, siendo por tanto los más completos.

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Carta en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard / foto Dominio público en Wikimedia Commons

Tras la Segunda Guerra Mundial este tipo de mapas dejó de utilizarse debido a la llegada de las nuevas tecnologías, aunque el conocimiento de su elaboración se sigue manteniendo vivo. Hoy en día también se hacen copias de los antiguos mapas conservados, que se venden a los turistas como souvenirs. Por suerte quedan muchos ejemplares originales en museos de todo el mundo.

Fuente: La brújula verde

Cuando llegue la noche

 

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William-Adolphe Bourguereau – Igualdad ante la muerte

 

En estos últimos días he visto algunos artículos que dicen algo así como «Comienza la sexta extinción masiva» o «La ONU advierte que la vida se distinguirán el 2050» (o 2060 según el caso). Es muy probable que esta información sea falsa o exagerada, pero supongamos por un momento que tenga algunos visos de realidad; ¿Qué puede deducirse de ello? De la primera información tenemos que tomar en cuenta un punto importante: si ésta es la sexta extinción masiva quiere decir que antes tuvo otras cinco y, sin embargo, la vida aquí está (de las cinco extinciones anteriores, la peor fue la tercera, la del período Pérmico-triásico, que terminó con el 96% de las especies). La vida es más persistente en la que los seres humanos pensamos y se abrirá paso a través de la sexta extinción masiva. Claro, el punto que es posible que seamos nosotros los que no pasemos esa barrera; y ése es el verdadero temor de algunos. Como bien sabemos el ombligo de los humanos es el verdadero centro del universo y es entonces que muchos se aterrorizan ¿Cómo es que el mundo sobrevivirá sin mí? Ese sin mí no es exagerado; la verdad es que la gente no piensa en la humanidad como concepto ni en sus mejores momentos.

 

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Pues bien, la naturaleza pudo, puede y podrá vivir sin seres humanos (de hecho, lo hizo durante casi toda su existencia); y dentro de poco (más tarde o más temprano tendrá que ocurrir) la humanidad como tal desaparecerá, y será de manera definitiva. ¿Hay que preocuparse por eso? Bueno sí, pero tampoco hay que exagerar con la pérdida. ¿Qué es lo que hay que salvar de la humanidad? Muchos hacen hincapié en la belleza que el hombre ha creado y sacan a relucir la palabra mágica: poesía (y también, en menor grado, sinfonía) y dicen cosas como «¡Pero se perderán todas las poesías y las sinfonías!» o «¡La belleza que el hombre ha creado se perderá en la nada!» y exclamaciones similares. Por una parte tienen un poco de razón quienes así se pronuncian, pero tan sólo un poco. No hay que olvidar que por cada Mozart que ha aparecido han tenido que hacerse presentes varias decenas de millones de seres humanos comunes y corrientes, y por cada Einstein, otro tanto. También hemos creado los elementos complementarios opuestos; es decir, hemos creado a Hitler, Ghengis Khan, Mao Tse Tung, la mayor parte de los presidentes norteamericanos y dos o tres Papas; así que eso de andar contando historia de la humanidad sólo a base de Mozarts y de Szymborkas no es nada justo. Esas son minorías, excepciones, las cerezas del pastel; los demás somos parte de la masa indiferenciada. Por cierto, un punto importante: si la humanidad está a punto de desaparecer, es por sus propios errores; así que eso ya nos demuestra que no somos tan inteligentes como creemos que somos. Así que llegamos a este punto donde la naturaleza está a punto de hacernos caer en el olvido como la plaga que somos y eso es todo. Quién sabe, quizás la próxima vez logre crear una especie realmente inteligente… ¿Se imaginan lo que serán sus poesías y sus sinfonías? Estoy seguro de que eso sí que debería ser preservado.

Amenazas innecesarias

 

El alcance del pensamiento posmoderno ha tenido y tiene consecuencias que van más allá de lo meramente anecdótico. Que un trasnochado juegue con la idea de que la Tierra es plana y que hay una conspiración de todos los científicos del mundo para decir lo contrario mueve a risa y no va más allá de eso. Cuando el trasnochado en cuestión se sube a un avión o a un barco éstos navegarán como corresponde, considerando a la Tierra como una esfera y listo, se acabó el problema (al igual que sucede cuando el trasnochado usa el GPS de su teléfono móvil, sin ir más lejos).

Pero el pensamiento posmoderno (sé que esto es una contradicción en los términos, pero permítanmelo y sigamos avanzando) no siempre es tan inocuo. Encontré esto hace unos días y, si bien no pude confirmar la fuente, nada me hace suponer una noticia falsa (aun así, hay muchos otros casos que corroboran la misma conducta en otras muchas personas):

 

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El diario Perfil de Argentina, tituló así un importante artículo sobre el tema: «Los “antivacunas”, una de las más grandes amenazas para la Humanidad en 2019» a lo que se agrega el subtitulo: «La OMS ubicó a las personas que se niegan a vacunarse o vacunar a sus hijos como uno de los máximos desafíos, junto a la lucha contra enfermedades como el ébola o el sida». El diario El País, de España, hasta tiene una etiqueta donde pueden seguirse este tipo de noticias. pueden acceder aquí y ver los títulos por ustedes mismos.

El pensamiento posmoderno, entonces, ya deja de ser gracioso para pasar a ser un problema. Esta forma de antipensamiento (ahora sí, llamémoslo como corresponde) no merece el más mínimo respeto y debe ser atacado con firmeza en cualquier ámbito que se presente. Éste de los antivacunas es sólo uno de ellos; tal vez parezca el más nocivo por sus efectos inmediatos; pero a largo plazo es probable que toda expresión de este antipensamiento sea igual de peligrosa. La ignorancia siempre lo es.

 

La matemática de la sociedad

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Muchas veces he dicho, en este mismo sitio, que la enseñanza interdisciplinaria es fundamental para el crecimiento personal y, por consiguiente, del funcionamiento social. Esta vez me permitiré un ejemplo concreto. Todos conocemos o nos hemos topado con esas personas que no saben conducirse socialmente. Los ejemplos variarán de uno a otro y pueden ir de pequeñas tonterías como no hacer espacio suficiente como para otra persona pueda pasar hasta otras cosas intermedias o graves, como sería conducir sin hacer caso de las reglas de tránsito.

El famoso Dilema del prisionero podría ayudarnos a resolver estos asuntos. Este dilema fue planteado por primera vez por Merrill M. Flood y Melvin Dresher en 1950 y se circunscribe a la Teoría de juegos (a no confundirse; la Teoría de juegos parte del concepto lúdico, pero tiene aplicaciones muy serias, como el sistema de equilibro de Nash, el cual se aplica, entre otros ámbitos, a la economía. ¿Se acuerdan de Una mente brillante? Pues de ese mismo hombre estamos hablando). Bien, para sintetizar, digamos que el Dilema del prisionero dice así: «La policía arresta a dos sospechosos. No hay pruebas suficientes para condenarlos y, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, diez años, y el primero será liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos serán condenados a seis años. Si ambos lo niegan, todo lo que podrán hacer será encerrarlos durante un año por un cargo menor». Generalmente suele usarse un cuadro de doble entrada para dejar el ejemplo más claro:

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Bien, para no extendernos demasiado en estos asuntos, la cuestión es: ¿Cómo deben actuar los prisioneros para obtener el mejor trato? La misma pregunta es la que se nos plantea desde otra película. ¿Alguien recuerda El caballero oscuro? (Sí, hablo de una película de Batman). Allí, el Joker propone la siguiente idea para sembrar el caos en la ciudad: dos ferrys están llenos de explosivos, en uno viajan personas de la ciudad de Gotham huyendo del desorden que ha creado el criminal, y en el otro criminales y presos trasladados de la prisión en la que estaban para evitar una posible fuga. El juego que les propone El Joker, para demostrar que en cada ser humano hay un ser malvado, es que dentro de los barcos deja el detonador, pero del otro barco, dando la opción a la gente que está dentro de cada ferry de salvarse si aprietan el detonador y hacen explotar el barco donde no están ellos. Es el mismo dilema y es el que nos encontramos a lo largo de cada acto que llevamos a cabo en nuestras vidas. ¿Cómo debemos actuar frente a este problema? La matemática nos lo enseña: colaborando. Así lo estableció Nash (y por lo cual ganó el Premio Nobel de economía) y así lo sabe cualquier hijo de vecino bienintencionado. En sociedad debemos colaborar entre todos y, así, todos salimos ganando.

Enseñarles matemática a los jóvenes más allá de las meras operaciones aptas para que trabajen en una oficina (el cine, por ejemplo, podría ser una buena herramienta accesoria. La música y la literatura podrían ser otras dos); sería un camino tangencial —y práctico— para que se muevan de manera más educada en sociedad. Aunque parezca que una cosa nada tiene que ver con la otra.

El poder de la bicicleta

 

bicycle

 

En un artículo de 1973 de Scientific American sobre tecnología de bicicletas, el profesor de ingeniería de Oxford, S.S. Wilson mostró que un hombre en bicicleta mejora su índice de eficiencia a No. 1 entre las criaturas y máquinas en movimiento: «Cuando se compara la energía consumida al moverse una cierta distancia en función del peso corporal para una variedad de animales y máquinas, se encuentra que un hombre que camina sin ayuda tiene un buen rendimiento (consume aproximadamente 0,75 calorías por gramo por kilómetro), pero no es tan eficiente como un caballo, un salmón o un jet. Sin embargo, con la ayuda de una bicicleta, el consumo de energía del hombre para una distancia determinada se reduce a aproximadamente una quinta parte (aproximadamente 0,15 calorías por gramo por kilómetro)».

 

la ventaja de la bicileta

Cuadro comparativo de la relación costo/beneficio de las diferentes formas de  transporte

 

Más tarde, en 1974, el filósofo austríaco Ivan Illich escribió: «El hombre promedio estadounidense dedica más de 1.600 horas al año a su automóvil. El hombre se sienta en él mientras va, viene y mientras permanece parado. Lo aparca y lo busca. Gana el dinero necesario para cubrir los gastos y para cumplir con las cuotas mensuales. Trabaja para pagar gasolina, peajes, seguros, impuestos y boletos. Pasa cuatro de sus dieciséis horas de vigilia en la carretera o reuniendo sus recursos para ello. Y esta cifra no tiene en cuenta el tiempo consumido por otras actividades dictadas por el transporte: el tiempo que se pasa en hospitales, tribunales de tránsito y garajes; el tiempo dedicado a ver comerciales de automóviles o asistir a reuniones de educación del consumidor para mejorar la calidad de la próxima compra. El hombre promedio estadounidense desperdicia 1.600 horas para obtener 7.500 millas: menos de cinco millas por hora. En los países privados de una industria de transporte, las personas logran hacer lo mismo, caminando a donde quieren ir, y asignan solo del 3 al 8 por ciento del presupuesto de tiempo de su sociedad para el tráfico, en lugar del 28 por ciento».

 

Por supuesto, está de más hablar de los otros beneficios que tiene la bicicleta comparados con los del automóvil. Más aun en estos tiempos donde no sólo debemos pensar en el bien personal, sino en el general y, sobre todo, en el bien global. La vieja y confiable bicicleta parece ser una verdadera fuente de soluciones para muchos de nuestros problemas.

¿Insulto o descripción?

 

Hace un par de días nos reunimos varios amigos para cenar y charlar un rato. La noche fue larga, así que los temas de conversación fueron muchos y variados, como suele suceder cuando uno se encuentra cómodo, entre amigos con las mismas inclinaciones y con similares intereses. Claro, no todo puede ser perfecto en el sentido de que no hubiera diferencias; al contrario, muchos creemos que esas diferencias son lo mejor que puede pasar en una reunión como esa. Por ejemplo, en un momento, José Agustín y yo usamos con vehemencia la expresión «la masa es estúpida»; no tanto como afirmación de estupidez palpable en cada uno de los individuos; es decir, no con la intención de insultar a nadie en particular, sino como un énfasis de lo que queríamos decir; pero saltó el posmoderno de siempre, el que se siente molesto cuando escucha ciertas palabras, y tuvimos que ceder un poco y llamar a la masa como «infantilizada». Con eso esta persona quedó más conforme (aunque no menos incómoda, pero no cedimos en ese punto) y seguimos con el debate.

 

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Todo esto viene a colación porque hace un par de semanas me enteré que la Flat Earth Society (La sociedad de la Tierra plana) planea hacer un viaje en barco hasta la supuesta barrera de hielo que rodea a la moneda que es nuestro planeta. En ese momento pensé en subir algo aquí, pero luego me pareció una idea tan estúpida que, un poco por vergüenza ajena, opté por dejarla de lado. Pero como siempre, la realidad nos llama la atención a cada momento y ahora acabo de enterarme que los pasados 2 y 3 de este mes, se llevó a cabo en la ciudad de Colón, en la Provincia de Buenos Aires, Argentina; el primer congreso terraplanista (organizado, tengo entendido, por la misma Flat Earth Society. Por cierto, no deja de saberme deliciosa la ironía de que el congreso se lleve a cabo en la ciudad llamada Colón).

 

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Bien, no puedo evitarlo. Creo que aquí tengo la prueba empírica de que tengo el derecho a llamar idiota a cierta parte de la población, a pesar de que a alguno pueda resultarle molesto o poco educado o lo que sea. Ser partidario de la idea de la tierra plana es tan ridículo que no pienso perder el el tiempo demostrando el error de esta postura. Donde sí quiero hacer hincapié es que sólo hace falta averiguar un poquito; tomar un curso breve de astronomía (con un curso para principiantes alcanza) y tener ganas de aprender y, sobre todo, de querer saber de forma honesta y adulta. Entonces, estoy convencido de que negarse de manera sistemática al conocimiento es una prueba de idiotez. A eso apunto. Las pruebas están allí, a la vista de todos; pero esta gente (y otros similares que fundamentan sus pareceres en la creencia; más allá de la disciplina a la que adhieran, ya que no sólo los terraplanistas creen en tonterías) se niega a verlas como niños caprichosos.

Sé que cada cual puede creer en lo que quiera y demás; pero eso no significa que el resto del mundo deba seguir esa idea ni, mucho, muchísimo menos, tenerlas siquiera en cuenta o respetarlas.  Y a veces, llamar idiota al que se lo merece no es un insulto, sino una mera descripción.

¿Dónde está Calvin?

El siguiente texto lo tomé del Chemistry World Blog y, si bien no es más que una tontería curiosa, me gustó porque nos muestra ese aspecto poco conocido de esos hombres que son los científicos (de hecho, no puedo menos que imaginar las escenas que siguen como un fragmento de un capítulo de The Big Bang Theory):

Melvin Calvin fue un químico reconocido por sus trabajos complejos para evaluar el impacto de todo, desde la luz, el pH, el dióxido de carbono y el oxígeno en la fotosíntesis. Se hizo acreedor por ello al Premio Nobel en el año 1961. También era conocido por su poco sentido del humor. Parece que lo estricto era su forma de conducta general; tanto en su trabajo como en su vida privada.

Según John Kilcoyne, era un hombre serio con poca paciencia para bromas. Esto contrastaba con su estudiante graduado A. T. Wilson; un hombre con mucho de lo que los sajones llaman bromista práctico. Wilson hizo una apuesta con el secretario del departamento de que podía colar la imagen de un hombre pescando en uno de los reactores en el diagrama sin que su supervisor se diera cuenta. Wilson ganó su apuesta y el pescador todavía está en el diagrama. Calvin nunca se enteró. Aquí les dejo el diagrama en cuestión, por si quieren descubrir dónde está el pescador en cuestión (Para ver el diagrama en mayor tamaño, pueden ir aquí:

 

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Dicho esto (y mientras hago tiempo para que la respuesta quede un poco más abajo) y dejando las gracias un poco a un lado, hay que decir que el malhumorado Malvin Calvin es un hombre digno de estar al lado de algunos de los otros gigantes de las ciencias químicas. La mayoría de los científicos asociarán instantáneamente a Calvin con el famoso ciclo bioquímico, nombrado en su honor, que él elucidó. En la década de 1950, cuando Calvin llevó a cabo su trabajo, poco se sabía acerca de los detalles de la fotosíntesis y la idea de que el dióxido de carbono era la materia prima para hacer alimentos azucarados de las plantas no fue ampliamente aceptada. Los mecanismos de fotosíntesis que ayudó a resolver todavía nos parecen mágicos hoy en día; Es absolutamente increíble que una planta pueda tomar aire literalmente delgado y convertirlo en compuestos orgánicos que almacenan energía. Pero, de manera interesante, hoy enfrentamos un desafío análogo en la forma de la tarea aparentemente imposible de generar energía limpia a bajo costo. Parece claro que necesitamos más héroes de la química de al menos el mismo calibre que Calvin para abordar este problema. Y lo que con lo arduo del trabajo que inevitablemente tomará, un poco de sentido del humor probablemente ayudaría también.

Por cierto, el pescador se encuentra aquí:

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La mediocridad como opción

 

Wagensberg

 

Hace poco conseguí y leí Yo, lo superfluo y el error, de Jorge Wagensberg, uno de los libros intelectualmente más estimulantes que he leído en los últimos años. Es difícil encontrar aquí libros del autor español (ya vi que la biblioteca pública local tiene un par de volúmenes, los cuales ya me apresuraré a leer in situ). Más allá de lo que me haya provocado el libro, lo importante son las líneas de pensamiento que maneja el autor barcelonés, por lo que dejaré aquí como presentación para aquellos que no conocen, un enlace a un reportaje que me pareció no menos fascinante que el libro en sí (es una regla casi invariable: quien sabe pensar lo hace igual de bien en un libro de 250 páginas que en un breve reportaje o en una charla casual).

Destaco algunas perlas:

«La mediocridad es creer que se puede sobrevivir sin ideas o con las mismas ideas. La mediocridad es una elección. Uno no nace mediocre, sino que decide serlo. Eres un mediocre cuando las ideas no tienen un valor prioritario para ti.».

«Un país puede soportar un determinado kilo de mediocres por metro cuadrado. Por encima de eso, el país se va a pique».

«Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

«Uno está faltando al valor de la idea cuando uno se expresa en contradicciones. Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

Los libros de Jorge Wagensberg están plagados de ideas como estas y, lo que es mejor aún, están sólidamente justificadas y explicadas tanto en sus razonamientos como en sus alcances. Para mí leer un libro de Wagensberg es como acceder a una biblioteca entera, así de rica es cada una de sus páginas.

El reportaje completo, aquí.