¿Insulto o descripción?

 

Hace un par de días nos reunimos varios amigos para cenar y charlar un rato. La noche fue larga, así que los temas de conversación fueron muchos y variados, como suele suceder cuando uno se encuentra cómodo, entre amigos con las mismas inclinaciones y con similares intereses. Claro, no todo puede ser perfecto en el sentido de que no hubiera diferencias; al contrario, muchos creemos que esas diferencias son lo mejor que puede pasar en una reunión como esa. Por ejemplo, en un momento, José Agustín y yo usamos con vehemencia la expresión «la masa es estúpida»; no tanto como afirmación de estupidez palpable en cada uno de los individuos; es decir, no con la intención de insultar a nadie en particular, sino como un énfasis de lo que queríamos decir; pero saltó el posmoderno de siempre, el que se siente molesto cuando escucha ciertas palabras, y tuvimos que ceder un poco y llamar a la masa como «infantilizada». Con eso esta persona quedó más conforme (aunque no menos incómoda, pero no cedimos en ese punto) y seguimos con el debate.

 

terraplaistas87

 

Todo esto viene a colación porque hace un par de semanas me enteré que la Flat Earth Society (La sociedad de la Tierra plana) planea hacer un viaje en barco hasta la supuesta barrera de hielo que rodea a la moneda que es nuestro planeta. En ese momento pensé en subir algo aquí, pero luego me pareció una idea tan estúpida que, un poco por vergüenza ajena, opté por dejarla de lado. Pero como siempre, la realidad nos llama la atención a cada momento y ahora acabo de enterarme que los pasados 2 y 3 de este mes, se llevó a cabo en la ciudad de Colón, en la Provincia de Buenos Aires, Argentina; el primer congreso terraplanista (organizado, tengo entendido, por la misma Flat Earth Society. Por cierto, no deja de saberme deliciosa la ironía de que el congreso se lleve a cabo en la ciudad llamada Colón).

 

terraplaistas

 

Bien, no puedo evitarlo. Creo que aquí tengo la prueba empírica de que tengo el derecho a llamar idiota a cierta parte de la población, a pesar de que a alguno pueda resultarle molesto o poco educado o lo que sea. Ser partidario de la idea de la tierra plana es tan ridículo que no pienso perder el el tiempo demostrando el error de esta postura. Donde sí quiero hacer hincapié es que sólo hace falta averiguar un poquito; tomar un curso breve de astronomía (con un curso para principiantes alcanza) y tener ganas de aprender y, sobre todo, de querer saber de forma honesta y adulta. Entonces, estoy convencido de que negarse de manera sistemática al conocimiento es una prueba de idiotez. A eso apunto. Las pruebas están allí, a la vista de todos; pero esta gente (y otros similares que fundamentan sus pareceres en la creencia; más allá de la disciplina a la que adhieran, ya que no sólo los terraplanistas creen en tonterías) se niega a verlas como niños caprichosos.

Sé que cada cual puede creer en lo que quiera y demás; pero eso no significa que el resto del mundo deba seguir esa idea ni, mucho, muchísimo menos, tenerlas siquiera en cuenta o respetarlas.  Y a veces, llamar idiota al que se lo merece no es un insulto, sino una mera descripción.

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¿Dónde está Calvin?

El siguiente texto lo tomé del Chemistry World Blog y, si bien no es más que una tontería curiosa, me gustó porque nos muestra ese aspecto poco conocido de esos hombres que son los científicos (de hecho, no puedo menos que imaginar las escenas que siguen como un fragmento de un capítulo de The Big Bang Theory):

Melvin Calvin fue un químico reconocido por sus trabajos complejos para evaluar el impacto de todo, desde la luz, el pH, el dióxido de carbono y el oxígeno en la fotosíntesis. Se hizo acreedor por ello al Premio Nobel en el año 1961. También era conocido por su poco sentido del humor. Parece que lo estricto era su forma de conducta general; tanto en su trabajo como en su vida privada.

Según John Kilcoyne, era un hombre serio con poca paciencia para bromas. Esto contrastaba con su estudiante graduado A. T. Wilson; un hombre con mucho de lo que los sajones llaman bromista práctico. Wilson hizo una apuesta con el secretario del departamento de que podía colar la imagen de un hombre pescando en uno de los reactores en el diagrama sin que su supervisor se diera cuenta. Wilson ganó su apuesta y el pescador todavía está en el diagrama. Calvin nunca se enteró. Aquí les dejo el diagrama en cuestión, por si quieren descubrir dónde está el pescador en cuestión (Para ver el diagrama en mayor tamaño, pueden ir aquí:

 

pescador 01

 

Dicho esto (y mientras hago tiempo para que la respuesta quede un poco más abajo) y dejando las gracias un poco a un lado, hay que decir que el malhumorado Malvin Calvin es un hombre digno de estar al lado de algunos de los otros gigantes de las ciencias químicas. La mayoría de los científicos asociarán instantáneamente a Calvin con el famoso ciclo bioquímico, nombrado en su honor, que él elucidó. En la década de 1950, cuando Calvin llevó a cabo su trabajo, poco se sabía acerca de los detalles de la fotosíntesis y la idea de que el dióxido de carbono era la materia prima para hacer alimentos azucarados de las plantas no fue ampliamente aceptada. Los mecanismos de fotosíntesis que ayudó a resolver todavía nos parecen mágicos hoy en día; Es absolutamente increíble que una planta pueda tomar aire literalmente delgado y convertirlo en compuestos orgánicos que almacenan energía. Pero, de manera interesante, hoy enfrentamos un desafío análogo en la forma de la tarea aparentemente imposible de generar energía limpia a bajo costo. Parece claro que necesitamos más héroes de la química de al menos el mismo calibre que Calvin para abordar este problema. Y lo que con lo arduo del trabajo que inevitablemente tomará, un poco de sentido del humor probablemente ayudaría también.

Por cierto, el pescador se encuentra aquí:

pescador 02

La mediocridad como opción

 

Wagensberg

 

Hace poco conseguí y leí Yo, lo superfluo y el error, de Jorge Wagensberg, uno de los libros intelectualmente más estimulantes que he leído en los últimos años. Es difícil encontrar aquí libros del autor español (ya vi que la biblioteca pública local tiene un par de volúmenes, los cuales ya me apresuraré a leer in situ). Más allá de lo que me haya provocado el libro, lo importante son las líneas de pensamiento que maneja el autor barcelonés, por lo que dejaré aquí como presentación para aquellos que no conocen, un enlace a un reportaje que me pareció no menos fascinante que el libro en sí (es una regla casi invariable: quien sabe pensar lo hace igual de bien en un libro de 250 páginas que en un breve reportaje o en una charla casual).

Destaco algunas perlas:

«La mediocridad es creer que se puede sobrevivir sin ideas o con las mismas ideas. La mediocridad es una elección. Uno no nace mediocre, sino que decide serlo. Eres un mediocre cuando las ideas no tienen un valor prioritario para ti.».

«Un país puede soportar un determinado kilo de mediocres por metro cuadrado. Por encima de eso, el país se va a pique».

«Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

«Uno está faltando al valor de la idea cuando uno se expresa en contradicciones. Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

Los libros de Jorge Wagensberg están plagados de ideas como estas y, lo que es mejor aún, están sólidamente justificadas y explicadas tanto en sus razonamientos como en sus alcances. Para mí leer un libro de Wagensberg es como acceder a una biblioteca entera, así de rica es cada una de sus páginas.

El reportaje completo, aquí.

Autorretrato del olvido

 

William Utermohlen 01

William Utermohlen (1933- 2007).

 

El 22 del mes pasado publiqué una entrada donde hablé de lo que me hizo sentir un video musical y de las reflexiones que provocó en mí a partir de sus imágenes. Cuando L. lo vió pensó que mis comentarios tuvieron como germen esa dolorosa enfermedad que es el Alzheimer, cosa que yo no había tenido en cuenta en absoluto pero que, sin duda, bien puede ser considerado en este caso (eso fue lo que ella vio en el video y aquí sí puede permitirse aquello de que (casi) toda interpretación es válida). El video cobra, entonces, otra faceta no menos precisa y, por supuesto, no menos penosa.

Mientras charlábamos de lo que cada uno habíamos visto en esas imágenes recordé el caso de un pintor que había iniciado una serie de autorretratos al enterarse de que había sido diagnosticado con Alzheimer. Se trata de William Utermohlen y hablaré muy poco de él aquí (pueden leer un excelente artículo aquí, en inglés), ya que mi intención es seguir ahondando en lo que esas imágenes provocaron en mí. Sí compartiré una serie de imágenes de la obra de Utermohlen porque ello será la síntesis perfecta de lo que significa este tema tan profundamente angustiante: el olvido, ya sea éste producto de una enfermedad o de la inevitable muerte. Sea como fuere, no hay nada que hacer más que enfrentarse a ellos con todas las armas que disponemos y, de ser posible, mejorar su estado, su alcance y su poder. Hay muchas cosas que no pueden evitarse en nuestra vida, pero la angustia es algo que podemos mantener a raya si trabajamos en ello.

 

William Utermohlen, síntesis

William Utermohlen – Síntesis de sus autorretratos

 

De todas las palabras e ideas que cruzamos con L. veo que lo que más me llama la atención son las dos imágenes finales de ambas series, tanto la del video como la de la serie de autorretratos tienen muchísimo en común: una pérdida del sentido de detalle, una vuelta a la sencillez de las formas, un retorno, tal vez, a lo más básico de nosotros mismos. La síntesis de las formas como síntesis del olvido.

 

Una galería de imágenes de los autorretratos de William Utermohlen. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

Poesía científica o de cómo la metáfora llegó para salvar a la humanidad

 

Daniel

 

En un reportaje publicado en La Vanguardia, el neurocientífico Daniel Dennet dijo algo que me pareció por demás interesante (lo cual demuestras, además, que no sólo hay que saber qué es lo que se dice, sino que saber decirlo de un modo atractivo es parte integral del acto divulgatorio). el reportaje comienza así:

Daniel Dennet: ¿Qué ve aquí?

Lluís Amiguet: ¿No es la Sagrada Família?

DD: Es el nido de una colonia de termitas australianas. Y, sí, su parecido con la Sagrada Família de Gaudí es impresionante.

LA: ¿Por qué me enseña esa foto?

DD: Porque tanto el nido como la catedral son obra de animales.

LA: No sé si la comparación es afortunada.

DD: La diferencia está en que el nido está hecho por hormigas sin propósito o intención: es mero resultado de la evolución genética y sirve a las hormigas para sobrevivir. La catedral, en cambio, es fruto de la cultura de siglos y es una metáfora sobre otra metáfora y otra y otra…

LA: ¿Qué nos enseña esa comparación?

DD: Que las termitas son estúpidas, pero no menos que las neuronas de Gaudí. En cambio, la cultura de Gaudí le hacía un genio.

LA: ¿Qué nos hace inteligentes entonces?

DD: No nuestro cerebro y sus neuronas, sino las herramientas de pensar que hemos ido perfeccionando y transmitiendo con la cultura. Lo que nos hace inteligentes no son los genes, las unidades de transmisión evolutiva, sino los memes, las unidades de transmisión cultural. Son ellas las que nos hacen lo que somos.

Para esta altura de la entrevista hice una pausa y busqué imágenes de los nidos de terminas que pudieran ilustrar(me). Supongo que la imagen que Dennet le mostró a Amiguet sería parecida a esta:

 

Dennet

 

Termino con una idea que me parece esclarecedora:

LA: ¿Sin memes seríamos inteligentes?

DD: Sin herramientas, sólo con nuestras manos desnudas, no podríamos ser carpinteros. Y, del mismo modo, sin memes, sólo con el cerebro desnudo, no podríamos pensar.

LA: ¿Qué herramienta mental prefiere?

DD: La metáfora nos hizo avanzar tanto como la rueda. Y sobre la metáfora construimos otras herramientas complejas, evolucionamos para crear otros memes: la lógica, el silogismo, la computación, el algoritmo…

LA: …Que no sabemos usar sin aprenderlos.

DD: Algunos memes se aprenden, pero la mayoría contaminan tu cerebro, lo infectan. No hay que esforzarse para captarlos. Te contagias de ellos y ya son parte de ti y los transmites.

(Aquí hace falta una aclaración necesaria: cuando se habla de memes en la entrevista, se hace referencia a la propuesta del biólogo evolucionista Richard Dawkins, quien dijo que, del mismo modo que los genes son los encargados de heredarla información física de generación en generación, también había unos «genes» que heredaban información cultural. A estos «genes culturales» los llamó, para evitar futuras confusiones, memes. Luego la cultura popular, basada en esta idea, crearía los memes que todos conocemos en la red; pero eso es otra cosa).

Me voy masticando la idea de que sólo con el cerebro no podemos pensar; que la cultura es fundamental para ello y que la síntesis de ese pensamiento cultural es (o podría ser considerada) la metáfora. Me parece una maravillosa idea, que aúna ciencia con cierta dosis de poesía.

Pueden leer el reportaje completo, aquí.

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte IV)

Universe

 

No sé quién es el autor de la siguiente cita, pero debemos agradecerle la lección de humildad:

«Antes de juzgar a otros o de pretender ser el dueño de la verdad, considera lo siguiente: puedes ver menos del 1% del espectro electromagnético y oír menos del 1% del espectro acústico, Mientras lees esto, estas viajando a 220 kilómetros por segundo a través de la galaxia. El 90% de las células de tu cuerpo poseen su propio ADN microbiano; por lo tanto no son «tú». Los átomos en tu cuerpo son 99.9999999999999999% espacio vacío y ninguno de ellos es el mismo que con los que naciste, pero todos ellos se formaron dentro de la misma estrella. Como ser humano, tienes 46 cromosomas, dos menos que un orangután o un gorila y apenas dos más que un antílope. La existencia del arcoíris depende de fotorreceptores cónicos en tus ojos, para los animales sin conos, el arcoíris no existe; por lo tanto, cuando ves un arcoíris, en realidad lo estás creando. Esto es bastante sorprendente, especialmente si consideramos que toda la belleza de los colores que puedes ver representan menos del 1% del espectro electromagnético».

Lo que me atrae del texto anterior es, como dije, la lección de humildad, ya que nos pone en nuestro sitio; pero, al mismo tiempo deja la puerta abierta para que no nos olvidemos de un detalle importante: esa nimiedad que nos conforma incluye cierta grandeza, cierta posibilidad de ser más. Como dijo Pascal, en sus Pensamientos: «El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza, pero es un junco que piensa».

Finitud, infinitud; sencillez, complejidad; sentido, absurdo; vida, muerte. Tal vez el sistema solar no sea más que un átomo de un ser inconmensurable; tal vez un átomo de nuestro cuerpo contenga toda una civilización que se hace las mismas preguntas que nosotros. Todo cabe en nuestra manos: la nada y el universo.

A través del universo

Hace poco vi un atractivo ejemplo de ciencia aplicada en forma poética. Decía algo así: «Ella le dijo Escríbeme algo hermoso. Y él le escribió:

 

Dirac (1)

 

Esta es la ecuación de Dirac, que describe el entrelazamiento cuántico, por el cual se estable que «Si dos sistemas interactúan uno con el otro durante un cierto período de tiempo y luego se separan, lo podemos describir como dos sistemas separados, pero de alguna manera sutil están convertidos en un solo sistema. Aunque se separen y estén a millones de kilómetros de distancia o a años luz, uno de ellos sigue influyendo en el otro. Dos partículas que, de algún modo, estuvieron unidas, siguen estando relacionadas. No importa la distancia entre ambas, aunque se hallen en extremos opuestos del universo, la conexión entre ambas es instantánea».

La idea es por demás romántica, claro está, aunque para ser exactos, es errónea, ya que su aplicación sólo vale para la física cuántica, no para la física tradicional, que es en la cual estamos inmersos. De todos modos, el juego poético-romántico es válido y por demás encantador, hay que reconocerlo. Esta idea me hizo recordar a un fragmento de Roland Barthes que expone lo mismo pero en sentido contrario: parte, podría decirse, de lo poético a lo científico:

 

Dirac (2)

 

«El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras. Lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación. (Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: es el galanteo)». (Roland Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso).