Puentes.

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“La vida es un puente ¿para qué construir una casa sobre él?” Dijo Buda en lo que tal vez sea una de sus más hermosas enseñanzas. “El hombre es un puente tendido entre el animal y el superhombre” Dijo Nietzsche. Y alguien, cuyo nombre mi mente no registró con precisión, dijo: “La verdadera sabiduría consiste en saber cuáles puentes hay que cruzar y cuáles hay que quemar”. 

El puente como metáfora de la vida, del hombre o del devenir del uno sobre el otro. Somos un puente que camina sobre otro puente ¿tendremos la sabiduría suficiente para arder por nuestra propia mano, llegado el momento?

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El delicado brillo del diamante.

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A Julia Santibáñez

El Sutra del Diamante (en sánscrito: Vajracchedika Prajñāpāramitā Sutra) es un Sutra Mahayana (budista) que podría traducirse como “perfección de la sabiduría”, y hace hincapié en la práctica de la no-permanencia y el desapego. El Sutra del Diamante es uno de los Sutras Mahayana más influyentes en el Este de Asia, y es un objeto clave de la devoción y el estudio en el budismo Zen.

Una de las copias de la versión china del Sutra del Diamante, que se encuentra entre los manuscritos de Dunhuang (la cueva donde fueron hallados esos textos), es considerado el libro impreso más antiguo (en palabras de la Biblioteca Británica, “de los primeros libros  que han sobrevivido de manera completa y que incluyen la fecha de impresión”. Y una nota personal: no hay contradicción cuando hablo de manuscritos y luego de libro impreso. En general se habla de los manuscritos de Dunhuang porque la mayor parte de los textos encontrados allí pertenecían a esta clase).

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El término Sutra significa “el camino de la Verdad; lo que nos lleva directo hacia el Gran Tao”. Diamante, además de la piedra preciosa, incluye el sentido de “relámpago, rayo; algo luminoso y afilado”. Este Sutra, entonces, es una espada fuerte y afilada de sabiduría, con la cual se cortan las ignorancias, los sufrimientos, la angustia. Es la orilla más allá de la paz y la felicidad, es decir, el Nirvana.

Hay una versión en español del Sutra del Diamante en PDF que pueden descargar aquí; pero la traducción no es, por momentos, del todo clara (aunque las notas al pie pueden ser enriquecedoras). Para quien pueda leer en inglés recomiendo la versión más directa que pueden encontrar aquí.

Algunas imágenes del libro impreso más antiguo del que se tenga registro. Para ver las imágenes más grandes, hacer clic sobre una de ellas:

La invención del alma.

Cuando se estudian comparativamente a las diferentes religiones no puede menos que llegarse a la conclusión de que todas ellas provienen de una sola fuente común: Egipto. Allí tenemos al primer monoteísta (ese hombre increíble que fue Akhenatón), el primer nacimiento virginal (nacimiento ocurrido un 25 de diciembre), el primer crucificado, el primer resucitado, y muchas otras “coincidencias” que encontramos en las religiones actuales. Hoy les traigo lo que para mí es la génesis del concepto de alma; esa idea que llegaría hasta el cristianismo desde Egipto a través de un largo recorrido para terminar en Platón.tumblr_nte8tq9s271slm33xo2_250

La palabra (intraducible) ka fue utilizada por los antiguos egipcios para referirse a ese aspecto de los hombres y de los dioses que refieren a la fuerza de la vida creativa. El ka es el aspecto que diferencia a una persona viva de una muerta. El ka comienza su existencia en el momento del nacimiento y era una especie de doppelganger del individuo. A veces, incluso, el ka fue representado como una figura un poco más pequeña al lado de la persona viva. El dios Khnum es ocasionalmente representado sentado en un torno de alfarero representando tanto el cuerpo físico de la persona y su ka.

Después de que alguien muere, el ka continúa existiendo (y por lo tanto también la persona, ya que el cuerpo era sólo la expresión visible de ka-poder) y también debía ser alimentado. Esta es la razón por la que el ka era abastecido a través de ofrendas de comida, las cuales se ofrecían a la puerta de la tumba o a través de las representaciones de los alimentos en las paredes de dicha tumba. En reconocimiento de esta fuente de vida, los egipcios solían decir “a tu ka” en las comidas.

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El ka se representa como un par de brazos abiertos, extendidos hacia arriba. Estos brazos simbolizan la transmisión de la fuerza del ka de padres a hijos; de Dios al hombre, y del rey hacia el hombre. Esta forma de transmisión también se expresaba en los nombres de las personas y así destacaban la continuidad del ka en diferentes generaciones, por ejemplo “mi ka se repite“. A veces varios kas podían coincidir en una sola persona. Los dioses creadores y el rey podría tener múltiples kas, pero también, en casos excepcionales, podían ser parte de la gente común. Los nombres indican que el principio de múltiples kas no era sólo una multiplicación de poder, sino que fueron considerados como una división de la fuerza original ka en varios aspectos, tales como el esplendor, la fama, la duración de la vida, energía, alimentos, ver, oír, saber. Poco a poco, estos aspectos se hicieron independientes y fueron percibidos como los principios imperecederos de la vida misma, no ligadas solamente a la vida de un individuo.

Como puede verse, el concepto de ka y de alma son exactamente iguales; tal vez sólo ha sufrido pequeñas variaciones a lo largo de la historia; pero éstas son tan irrelevantes que no pueden ocultar su lugar de nacimiento.

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Mucho ruido y pocas nueces.

Jodorowsky

Hace poco leí una serie de artículos científicos sobre la tendencia del ser humano a creer en cualquier patraña. No voy a tratarlos ahora aquí, ya llegará el momento en que pueda ponerlos en orden y, sobre todo, sintetizarlos. Pero, ya que estamos en el tema de las patrañas y las síntesis, puedo dejar como ejemplo estas frases del farsante de Alejandro Jodorowsky que acabo de encontrar. Este tipo de frases son las que encontré en uno de los artículos. Si se leen una tras otra parecen tener un sentido profundo o, al menos, un cierto sentido. Si nos detenemos en ellas y analizamos lo que dicen podemos ver que en realidad es un cúmulo de sinsentido y palabrería hueca sin contenido alguno. Este tipo de frases inocuas sólo sirven para que estos individuos vendan miles de libros, dicten conferencias en los cinco continentes y se forren de dinero a expensas de ilusos o, peor aún, de gente que tiene –por el motivo que fuere–, la necesidad de hallar una respuesta espiritual o práctica a un problema determinado. Aquí las frases en cuestión:

1. “La angustia se produce cuando sientes que tu interior es invadido por algo que se siente exterior, pero en verdad escondes en ti”.
2. “Comprenderse a uno mismo significa sentirse mas allá de las palabras dejándose caer en el abismo de lo impensable”.
3. “Aunque no sabes qué es lo que buscas, lo que buscas te busca”.
4. “El intelecto siempre tiene la razón, pero la intuición nunca se equivoca”.
5. “La realidad se resume en dos palabras: permanente impermanencia”.
6. “Lo que debe suceder, sucede siempre en el momento en que debe suceder, de forma inesperada, como un milagro”.
7. “A veces perder es ganar y no encontrar lo que se busca es encontrarse”.
8. “El inconsciente, por su naturaleza colectiva, esconde significados en los nombres que el individuo, sin conocerlos conscientemente, padece”.
9. “Debajo de cada enfermedad está la prohibición de hacer algo que deseamos o la orden de hacer algo que no deseamos. Toda curación exige la desobediencia a esta prohibición o a esta orden”.
10. “Para llegar a lo que somos, debemos eliminar lo que no somos”.

Las citas pertenecen a su libro Psicomagia ¿Qué es la psicomagia? Bien, según el autor chileno, la psicomagia es una terapia que aúna al chamanismo, la psicología, la intuición, el misticismo, la filosofía oriental y el arte, con una finalidad curativa; propone resolver trastornos psicológicos y somáticos bajo la creencia de que los símbolos creados a partir de estas prácticas son entendidos por el inconsciente como hechos reales. La terapia, de acuerdo con Jodorowsky, consiste en recordar, dejar la mente en blanco para permitir que el alma sienta de nuevo, que sienta dolor, alegría, tristeza. Una vez identificado el sentimiento, es posible hacer consciencia acerca del problema para entonces romper el vínculo.
En síntesis: pura basura. Nada por aquí, nada por allá y mucha palabrería para decir precisamente eso: nada. Por desgracia los medios, siempre deseosos de cualquier cosa que sea estúpida y que no promueva el pensamiento crítico, adoran al farsante chileno y le brindan espacios en todo tiempo y lugar para que éste explaye sus estupideces a los cuatro vientos; y los idiotas, claro, contentos.

Un buen corazón es la mejor religión

Tibetan spiritual leader in-exile His Holiness the Dalai Lama gestures while interacting with media representatives in Dharamsala on March 18, 2008.  Tibetan spiritual leader the Dalai Lama appealed for calm in Tibet and "good relations" with China, but offered to quit as head of the exile movement if violence worsens.  AFP PHOTO/ Manan VATSYAYANA (Photo credit should read MANAN VATSYAYANA/AFP/Getty Images)

Hacía mucho que no subía nada sobre mis amigos budistas. Ayer encontré esta dieciocho reglas para vivir en armonía del Dalai Lama y me gustaron tanto que decidí compartirlas sin mucho más que agregar. Ellas dicen todo lo que hay que decir y, en el caso en que a alguien no les parezcan bellas o sanas o útiles ellos, como buenos budistas dirán “¡No hay problema, puedes seguir otras!” Si hay algo que me atrae de esta filosofía es, precisamente, su apertura; así que aquí están, frescas, sencillas y saludables. Como una buena ensalada para el fin de semana.

  1. Toma en cuenta que el gran amor y los grandes logros implican grandes riesgos.
  2. Cuando pierdas, no desperdicies la lección.
  3. Sigue las tres R:                                                                                                                                                           Respeto por uno mismo.                                                                                                               Respeto por los demás.                                                                                                                 Responsabilidad de todas tus acciones.
  1. Recuerda que no conseguir lo que quieres es a veces un maravilloso golpe de suerte.
  2. Aprende las reglas para que sepas cómo romperlas apropiadamente.
  3. No permitas que una pequeña disputa dañe una gran amistad.
  4. Cuando te des cuenta de que has cometido un error, toma medidas inmediatas para corregirlo.
  5. Pasa algún tiempo solo todos los días.
  6. Abre tus brazos al cambio, pero no dejes ir tus valores.
  7. Recuerda que el silencio es a veces la mejor respuesta.
  8. Vive una vida buena y honorable. Luego, cuando seas mayor y mires atrás, podrás disfrutarla por segunda vez.
  9. Una atmósfera amorosa en tu casa es el mejor cimiento para tu vida.
  10. En discusiones con alguien querido, trata sólo con la situación actual. No saques a relucir el pasado.
  11. Comparte tu conocimiento, pues es una forma de inmortalidad ante la sociedad.
  12. Sea amable con la tierra.
  13. Una vez al año, visita algún lugar donde nunca hayas estado antes.
  14. Recuerda que la mejor relación es aquella en la que tu amor por los demás excede tu necesidad del otro.
  15. Juzga tu éxito por lo que tuviste que renunciar para conseguirlo.

El cielo de Swedenborg

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Emanuel Swedenborg fue uno de esos hombres que suelen llamarse exponente de su época. Científico e inventor, vivió entre los siglos XVII y XVIII. Cierto día, Swedenborg tuvo una visita extraña: Dios le había enviado un ángel para que lo guiara en un paseo por el paraíso. El bueno de Emanuel fue, vio y al regresar comenzó a escribir sobre su experiencia. He tratado de ser breve y conciso porque quiero detenerme en un punto específico: Swedenborg descubrió que el cielo y el infierno no son sitios donde se nos premia o castiga. Según él, al morir vamos a una especie de limbo, un estado intermedio donde las almas vagan hasta que ellas eligen, libremente, dónde van a ir. El Reino de los Cielos es, para éste místico sueco, un estado del alma. La conclusión es brillante y no deja de maravillarnos: al cielo no entran los idiotas, los tontos, los que anulan su vida; y no entran porque no tienen el entendimiento ni la sabiduría para reconocer las virtudes de este lugar.

Quienes no creemos en un más allá físico podemos considerar a esta idea como una metáfora para el aquí y ahora: quien no está preparándose de manera constante para recibir las bondades del cielo, nunca podrá acceder a él. El Cielo está aquí; en una sinfonía, en un poema, en los ojos de nuestros hijos, en el abrazo de un amigo, en la piel de quien nos ama. Sí, en todo eso que los adustos caballeros de traje y corbata y en las elegantes señoras de la buena sociedad es motivo de burla y muecas de lado está el Cielo; pero, por sobre todas las cosas, es en nuestra mirada y en nuestra comprensión de esos hechos donde vamos a encontrarlo. Quien no tiene la capacidad para disfrutar el aquí y el ahora; para aceptar el abrazo que la fortuna nos pone delante a cada momento, no accede al cielo y, lo que es peor, nunca lo hará.

Gracias, entonces, por el cielo de hoy.