La revista del frío

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Durante la primera expedición antártica de Robert Falcon Scott, entre 1901-04, Ernest Shackleton editó una revista ilustrada, el South Polar Times, para entretener a la tripulación. Cada edición consistió en una sola copia mecanografiada que circulaba entre los 47 lectores a bordo del Discovery, a través de dos inviernos oscuros. Quienes SPT_3 pg 28-cropdeseaban contribuir dejaban sus ensayos, artículos y poemas de forma anónima en un buzón de caoba, y Shackleton componía cada número en una máquina de escribir Remington colocada encima de una caja de embalaje del almacén.

Scott escribió: “Puedo ver otra fila de cabezas inclinadas sobre un nuevo número mensual para escanear los últimos esfuerzos de nuestros artistas y puedo oír, también, la risa sorda de nuestros humoristas. Veo también al orgulloso autor expectante del giro de la página que debe revelar su obra y al tímido autor deseoso de que sus páginas se giren rápidamente”.

SPT_June 11 cover-cropShackleton quedó inválido ese verano y no pudo participar de la siguiente expedición, pero otros miembros de la tripulación se hicieron cargo de la revista ese invierno y también en la segunda expedición de Scott en 1911.

En el archivo de History Extra pueden encontrarse algunas páginas escaneadas de lo que sin duda puede considerarse la revista más austral que jamás se haya publicado.

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El círculo de la historia

Margaret Bourke-White. Bread Line during the Louisville flood, Kentucky - 1937

Margaret Bourke-White. Bread Line during the Louisville flood, Kentucky – 1937

La fotografía de Margaret Bourke-White es un clásico del período conocido como La gran depresión. En realidad se trata de la inundación que tuvo lugar en Louisville en 1937 y la imagen se ha transformado en icónica al señalar la contradicción propia de toda publicidad y de todo sistema político. La leyenda del cartel publicitario del fondo dice: «No hay estilo de vida como el americano», mientras en la parte superior del rótulo puede leerse «El nivel de vida más alto del mundo»; frente a él, una larga cola de personas espera para recibir una hogaza de pan.

Estas contradicciones sociales son moneda corriente en cada texto de historia que se precie, pero siempre se las considera dentro del marco de lo inevitable del devenir histórico y uno lee esas páginas con menor o mayor desagrado y sigue adelante, adentrándose en los vericuetos de las diversas corrientes humanas.

¿Pero qué ocurre cuando la historia no nos habla desde una página de un libro sino que la encontramos aquí, a la vuelta de la esquina? La Historia, apoyada en una pared cualquiera no nos dice «Esto sucedió»; sino «Esto sucede» y las sensaciones ya no son ni podrán ser las mismas.

 

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La foto anterior es de hace un par de días y muestra a una familia pobre, que pide limosnas en una calle de México mientras que al fondo se ve un ajetreado centro de acopio de comida para las víctimas del terremoto que asoló la ciudad. Está muy bien, claro, que la sociedad coopere para ayudar a las víctimas de la reciente tragedia ¿Pero qué sucede con aquellos que son víctimas diarias de ese terremoto constante que es el capitalismo? ¿Y cuántas personas de las que hoy donan a manos llenas (y lo publican en las redes, claro) pasaron ayer al lado de un pobre sin extender la mano para dejar caer siquiera una moneda? ¿Se es más invisible o se tiene menos hambre o necesidad por la miseria diaria que por el desastre azaroso? ¿Y qué pasará mañana cuando la capital mexicana se levante otra vez sobre sus pies? ¿Seguirán diciendo «Estos son pobres porque quieren»?

No, no hace falta esperar a que eso ocurra. Eso mismo es lo que ya están diciendo algunas personas en las repugnantes redes sociales. Como antes, como siempre, parece que así como hubo, hay y habrá ciudadanos de primera y de segunda clase.

Mientras tanto la historia sigue apoyada en la pared y con su dedo índice dibuja en el aire la forma de un círculo que parece ser eterno.

Historia reciente

el-pseudo-borracho-L-eNv70STodos sabemos que los libros de historia son indispensables para tener una visión completa de las sociedades humanas y, como se dice habitualmente en su aspecto práctico, «para no cometer los mismos errores otra vez». Pero no solo de libros sobre el pasado podemos sacar algunas enseñanzas o mero divertimento (porque la historia, claro está, también puede ser divertida); sino también de algunas publicaciones de esas que ya tienen encima cien años o algo así.

Una de las cosas más divertidas que pueden hacerse con publicaciones viejas es la de fijarse si tienen correo de lectores. Sobre todo las revistas femeninas de antaño sin ideales para esto, porque no publicaban las cartas, sino sólo las respuestas; es así que podemos leer “A Señorita desconsolada: No, de ninguna manera deberías aceptar esa propuesta. Mejor múdate de ciudad”. Lo divertido es inventar la carta que produjo semejante respuesta.

Los artículos tampoco se quedan atrás, por cierto ¡Y ni hablar de las publicidades! Lo que quiero decir es que esas revistas son, también, historia; aunque sea historia no demasiado lejana.

Les comparto dos ejemplos que me dieron una mirada diferente sobre el papel de la mujer no hace mucho tiempo atrás; el primero es un texto de These Women, 1925:

“Va contra el orgullo masculino tener una esposa que ayude a mantener la casa, y una vez que el orgullo de un hombre se rompe, cualquier cosa puede sucederle. …

Una pareja de Chicago. En el momento de su matrimonio el marido ganaba $ 5,000 al año. Dos años después del matrimonio, la esposa comenzó a trabajar y  a ganar más que su marido. Su casa se convirtió en un lugar desolado, porque el trabajo de la esposa la obligaba a viajar a otras ciudades. Impulsado a buscar compañerismo para escapar de la soledad del hogar, el hombre se convirtió en adicto a la bebida. Hoy están divorciados. La mujer es una notable mujer de negocios, y el hombre es un vagabundo borracho.

Pero —las mujeres comentarán—, el marido bebió. ¿Qué culpa tiene ella? Ningún marido bebe en exceso a menos que haya una razón para ello. Si se conociera la verdad, muchos hombres comenzaron a beber porque sus esposas se pusieron a trabajar”.

El segundo caso fue publicado en una columna de consejos en Home Companion, 4 de marzo de 1899:

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“«Sweet Briar» nos comparte un gran problema suyo, porque su amante persistirá en su intención de subir en un globo. Ella le insta a no poner en peligro su vida de manera tan temeraria, pero sólo él se ríe de sus temores.

Siento mucho «Dulce Briar», que tu amante te ocasione ansiedad de esta manera, y sólo puedo esperar que finalmente vea la sabiduría de ceder a tus deseos. ¡Qué lástima que no tengamos una ley como la que existe en Viena! Allí no se permite a ningún hombre casado subir en un globo sin el consentimiento formal de su esposa e hijos”.

Me encantó la dualidad de las visiones que pueden obtenerse sobre la mujer. Por un lado la justificación del borrachín en cuestión, quien ni siquiera es quien culpa a la mujer, sino que quien lo hace es otro, desde fuera de la situación. Por otro lado, me parece aún mejor la segunda anécdota, la que me descubre ese dato tan curioso sobre el permiso que los hombres casados deben pedir a sus esposas para poder correr algún riesgo. Jugando con fuego, podría decir: ¡Qué oprimidos que estaban los hombres en Viena!

Feminismo medieval

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En la Edad Media, los maridos y las esposas a veces resolvían sus diferencias por medio del combate físico. Para compensar la mayor fuerza del hombre, su esposa recibió ciertas ventajas: La mujer debía estar preparada sostener un pequeño adminículo de un codo de extensión en su mano, como un pequeño saco. En el extremo se ponía una piedra que podía llegar a pesar tres libras; no estaba vestida  nada más que con su camisa y ésta se encontraba unida entre las piernas con un encaje. El hombre debía meterse en un hoyo, enterrado hasta el cinturón, y tenía una mano atada por el codo a un costado (en otros dibujos el hombre se sienta en una bañera, así que podemos suponer algunas variaciones en este punto).

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“Los duelos judiciales eran bastante comunes en el período medieval y temprano; tanto es así que hasta se publicaron libros de etiqueta al respecto”, escribe el erudito Allison Coudert, “pero hasta donde yo sé, en ninguna parte excepto en el Sacro Imperio Romano fueron los duelos judiciales considerados como medios apropiados para arreglar disputas; y no se ha encontrado ningún registro de tal duelo después de 1200, momento en el que se dice que una pareja ha luchado por una sanción frente a las autoridades cívicas en Bâle”.

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Los dibujos que han sobrevivido provienen de tratados históricos de los siglos XV y XVI. (Allison Coudert, “Duelos judiciales entre esposos y esposas”, Notas en la Historia del Arte 4: 4 [Verano 1985], 27-30).

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Como puede verse en algunas de las imágenes, las mujeres de aquella época no parecen tan dóciles ni amables como solemos creer (los hombres no necesitan explicación ni condescendencia, lo sabemos); y eso tal vez se deba a una imagen arquetípica que tenemos de la edad media y de quienes la habitaron, la cual tiene mucho de oscuridad, pero también mucho de romanticismo.

El papiro erótico de Turín

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El Papiro Erótico de Turín es una de las piezas más singulares de todo el arte egipcio, ya que se considera uno de los mejores documentos para desentrañar el oculto universo sexual del antiguo Egipto. Este papiro se destaca por las atrevidas escenas de carácter sexual que se desarrollan en él; la variedad de posiciones que podemos contemplar ha llevado a que sea conocido como el kamasutra egipcio.

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Su significado sigue siendo un misterio a día de hoy, y su importancia radica en que se trata de un documento directo que nos habla sobre cómo concebían la sexualidad y el erotismo los egipcios de hace más de 2000 años. Tal vez sólo se trate de un trabajo pedido por un hombre de fortuna; de allí que se lo considere como “la primera revista erótica conocida” (y nada indica que no pueda serlo, después de todo la costumbre de suponer que todo lo antiguo es serio y que todo reviste una importancia histórica o antropológica es nuestra, no de ellos).

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El papiro erótico de Turín (papiro 55001, también llamado el papiro erótico o incluso el papiro de Turín) es una pintura antigua de desplazamiento (la historia o relato se lee desde el centro hacia la izquierda o derecha) que fue creado durante el período Ramses II, aproximadamente en el 1150 a.e.c. Descubierto en Deir el-Medina a principios del siglo XIX,.mide unos 2,5 metros de largo por 25 cm de ancho. Está dividido en dos partes en formato horizontal: la parte superior, la más divulgada históricamente, está compuesta por ilustraciones de animales que narran distintas fábulas. En la parte inferior, podemos ver con todo lujo de detalles hasta 12 posturas sexuales de todo tipo en el interior de lo que se supone es un prostíbulo egipcio. De esta manera la sección erótica del papiro está compuesta por 12 viñetas, destacando su viñeta central donde aparecen una mujer yaciendo sobre una cama y debajo de ella un desfallecido hombre. A partir de ella se despliegan tanto a izquierda como a derecha las restantes escenas eróticas. Esta disposición parece corresponder para facilitar su lectura y desenrollar el papiro de manera más ágil y cómoda.

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Los fragmentos de textos que han sobrevivido y aún son legibles no aportan ningún dato que pueda ayudarnos a descifrar el objetivo de este papiro, ya que están relacionados con expresiones de goce y lujuria. Aunque puede ser que fuesen añadidos posteriores ya que están escritos apresuradamente en los márgenes del pergamino.

“… Ven detrás mío con tu amor, ¡Oh Sol, has encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite …”

“Mira, ven detrás de mí. Contengo tu placer, tu falo está conmigo…”.

Actualmente se encuentra en el Museo Egizio de Turín, Italia.

El perdido arte de hablar claro

espiritismoEs por todos sabidos que, hoy por hoy, no se puede criticar a nadie. No importa el delirio de quien tengamos frente a nosotros; hoy, con esa idea desnaturalizada del “respeto a las ideas del otro” cualquiera puede decir lo que se le ocurra amparado en esa ley no escrita y sin validez alguna. Lo que no se entiende es que una cosa es respetar al prójimo y otra muy distinta es respetar a las ideas del prójimo. Lo primero es válido, lo segundo, no. Si una persona me dice que Neptuno influye, digamos, en mi sistema nervioso, debo respetar su derecho a creer en esas tonterías (si la persona es honesta) ¿pero respetar esa idea descabellada? Ni por asomo.
Prefiero aquellas épocas en donde había cierto respeto por el conocimiento y por las personas que poseían ese conocimiento. Hoy, tiempos en que, como dice el tango es «lo mismo un burro que un gran profesor» eso no ocurre y hasta es posible que resultemos agredidos si proponemos tal cosa (hay que ver lo estrecha que es la relación entre la violencia y la ignorancia).

Contaré una anécdota al respecto: Florence Cook fue una médium que no sólo se ponía en contacto con los muertos, sino que los materializaba; como solía hacerlo, particularmente, con el fantasma de Katy King. Dichas apariciones provocaron una fuerte polémica alrededor de 1870. La historia es por demás interesante, pero no voy a Thomas Huxleyhablar de ella, sino de lo que dijo Thomas Huxley, naturalista y abuelo del famoso escritor Aldous Huxley, cuando fue invitado a presenciar una de estas sesiones espiritistas. Huxley respondió: “Lamento no poder aceptar la invitación. No siento el menor interés por tales asuntos. Suponiendo que estos hechos fueran reales, tampoco me interesan. Es que si los habitantes del mundo espiritual no hablan con más sabiduría y sentido que los demostrados por sus amigos convocantes, he de clasificarlos en la misma y baja categoría. Preferiría vivir como barrendero que ser condenado, una vez muerto, a despachar simplezas por boca de un médium y a una libra por sesión”.

 

Bien por Thomas. Ahora ¿se imaginan lo que dirían hoy de este hombre? Lo único que hizo fue poner las cosas en negro sobre blanco, pero no cabe duda de que sería crucificado bajo el mote de intolerante, fanático o, incluso, es probable que se lo calificara hasta como ignorante. Lindos tiempos estos donde hasta la tolerancia es intolerante…

Periferias

Para su Atlas Histórico de 1830, Edward Quin adoptó un enfoque diferente al de otros cartógrafos: En lugar de presentar la historia como una serie de momentos discretos, ilustra el crecimiento del conocimiento cubriendo la tierra en nubes oscurecidas que se golpean de panel a panel.

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“En el Atlas Histórico de Quin, el mundo se muestra primero en la oscuridad, con nubes oscureciendo todo fuera del Jardín del Edén”, observan Anthony Grafton y Daniel Rosenberg en Cartografías del Tiempo. Poco a poco, a medida que la historia revela más del mundo, las nubes retroceden. Dar vuelta a las páginas del atlas es un poco como navegar a través del libro de un tirón, mirando la oscuridad retroceder mientras que el mundo conocido por los europeos crece”.

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Y ése es el punto: Quin, como buen europeo de principios del Siglo XIX, sólo podía ver el mundo desde el centro de poder, del cual él formaba parte. De todos modos eso no lo excusa; decir “en su época…” es una justificación que ya no tiene valor. Cualquier persona ilustrada de cualquier época debe saber que uno nunca es el centro de nada, mucho menos del mundo o del universo. Lo peor de todo es que esa costumbre sigue presente en las mentes de los más reaccionarios de cada época; desde los nazis hasta los Trumps actuales.

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Si nos fijamos en las civilizaciones antiguas, cada una de ellas se consideraba a sí misma como enclavada en el ombligo del mundo (de hecho, muchas denominaciones para ciudades o emplazamientos tenía ese nombre: ombligo. Desde Teotihuacán hasta Jerusalén). La única diferencia es que los incas o los mayas fueron los que perdieron y, como se sabe, la historia la escriben los que ganan; así que hoy el ombligo anda por otros rumbos, pero siempre atento a destacar que ellos sí son el centro mientras que el resto, simplemente, pertenece a la periferia; como esas nubes oscuras en los mapas de Quin.