El error nuestro de cada día

Los manuscritos medievales a menudo contienen huellas dejadas involuntariamente por el escriba. Hijos de la producción en masa, los errores en los libros, como los errores tipográficos, generalmente se detectan antes de llegar a los estantes; pero ello no siempre sucedía en tiempos antiguos.

Uno que escapó a la vista de la impresora: una página de la llamada 'Biblia malvada', impresa en 1631, con un giro interesante en los Diez Mandamientos

En el primer caso, el escriba medieval no fue necesariamente tan afortunado, el error pasó sin ser notado y, como una ironía perfecta del destino, el error no era menor. Se trata, nada menos, que de uno de los diez mandamientos, más precisamente del séptimo: «No cometerás adulterio», donde el escriba omitió el «no», quedando el mandamiento en un interesante «Cometerás adulterio» (En la fotografía, en el punto 14 se lee «Thou thalt commit adultery», cuando debería decir «Thou thalt NOT commit adultery».

Copiar a mano era un proceso arduo y los errores podrían cometerse con demasiada facilidad. Hoy me gustaría explorar dos versiones del error accidental más común cometido por los escribas medievales, que es el eyeskip, el cual ocurre cuando el ojo del escriba literalmente salta de una palabra a la siguiente mientras copia, de lo que resulta en la omisión o repetición de palabras o frases.

Leiden UB, VLF 30, Lucretius 'De Rerum Natura, f.  21v
Leiden UB, VLF 30, Lucretius ‘ De Rerum Natura , f. 22r

1] ossa uidelicet e pauxillis atque minutis
2] ossibus hic et de pauxillis atque minutis
3] uiceribus uiscus gigni sanguenque creari
4] sanguinis inter se multis coeuentibus guttis
[Lucretius, De rerum natura I, líneas 835-8]

En este caso tenemos un libro del siglo IX, producido en la escuela del palacio del famoso emperador Carlomagno. Es uno de los tesoros de la colección de Leiden: una copia del poeta romano Lucrecio De rerum natura (VLF 30). No sólo es una de las primeras copias medievales del texto, sino que ha sido corregida por un escriba cuya identidad conocemos: el monje irlandés Dungal. El trabajo de Dungal puede verse en esta página (f. 22r). El cambio en la mano es claramente visible y, además, la corrección tiene una especie de aspecto aplastado. Esto se debe a que Dungal ha reemplazado una línea de poesía por dos, agregando algo que el escriba original había pasado por alto. Si miramos el texto de las cuatro líneas resaltadas arriba, podemos ver que las líneas 1 y 2 son bastante similares, ambas terminan en pauxillis atque minutis. El error reside en que el escriba omitiera la línea 2, pasando directamente a la línea 3. El nombre técnico para la omisión del texto debido a que el escriba omite una frase para pasar directamente a la siguiente es el de haplografía. Como podemos ver, Dungal rectificó el error raspando la línea fuera de lugar y luego reemplazándola con las dos líneas necesarias de texto correcto.

Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f.  21v
Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f. 21v. Foto: Irene O’Daly

El eyeskip podría resultar en omisión, como señalamos en el primer caso, o también podría resultar en la repetición de parte del texto. Este manuscrito, el Scholiasta Gronovianus (VLQ 130), una copia del siglo X de una colección de comentarios sobre los discursos de Cicerón, contiene un ejemplo de este tipo, un error denominado dittografía. Como podemos ver, fue notado por un lector posterior, que subrayó la línea duplicada a la mitad de la página. Aquí el problema parece haber sido provocado por la recurrencia de la palabra quomodo (como se indica). En lugar de pasar a quomodo dixit, el ojo del escriba volvió a la oración anterior y repitió la línea que comienza quomodo facit. Es interesante notar que la separación de palabras no está estandarizada en este manuscrito; es probable que el ejemplar del que estaba copiando el escriba tampoco estuviera estandarizado, lo que puede haber hecho que los errores de este tipo sean aún más fáciles de hacer.

Los errores resultantes del eyeskip nos dicen algo sobre el proceso y las dificultades de copiar a mano, y el papel del corrector / lector posterior. En algunos casos, incluso podemos encontrar un grupo de manuscritos donde se copia el mismo error accidental de uno a otro, lo que nos permite establecer relaciones textuales entre manuscritos, útiles para comprender la historia de la transmisión de un texto. ¡Entonces los errores medievales, incluso cuando se corrigen, brindan una oportunidad genuina de aprender de los errores!

Manuscritos medievales gigantes (y otras curiosidades por el estilo)

Si bien la mayoría de los manuscritos medievales son de un tamaño que podría ser fácilmente recogido y transportado, hay algunos libros que son tan grandes y pesados ​​que se necesitarían dos o más personas para levantarlos y trasladarlos. Entre estos se encuentran los volúmenes conocidos como «Biblias gigantes» (es por todos sabido que la Biblia fue el libro más copiado en la edad media) . Estos libros contienen una colección completa del Antiguo y Nuevo Testamento y presentan enormes dimensiones. Una Biblia de gran formato particularmente famosa es un pandect (término inglés utilizado para señalar a un tratado que cubre todos los aspectos de una materia en particular) de principios del siglo XIII conocido como Codex Gigas, que mide 890 x 490 mm y pesa más de 75 kilogramos (alguna vez escribí una entrada sobre este libro; si alguien quiere acercarse a ella puede ir aquí). Además del Antiguo y el Nuevo Testamento, el Codex Gigas también contiene dos textos de Flavio Josefo, Etymologiae de Isidoro de Sevilla, y una colección de tratados médicos.

 

Gigante 02

 

El manuscrito también se conoce comúnmente como la «Biblia del Diablo» debido a una gran miniatura a toda página del Diablo en fol. 290r, así como un mito que rodea la creación del libro. Se dice que un monje llamado «Herman el Recluso», rompió sus votos y fue sentenciado a ser enterrado vivo en las paredes del monasterio. Sin embargo, su sentencia sería conmutada si pudiera copiar un libro que contuviese todo el conocimiento humano y divino en una sola noche. A pesar de los mejores esfuerzos de Herman, alrededor de la medianoche se dio cuenta de que no podía completar la tarea, y se vio obligado a pedir un favor del Diablo, quien terminó el manuscrito a cambio del alma del monje. La miniatura fue pintada en homenaje al diablo.

 

Gigante 07

 

Sin embargo, no fueron solo las Biblias cristianas las que se hicieron en gran formato en la Edad Media. También hay algunas copias medievales tardías del Corán que presentan dimensiones igualmente impresionantes, como este manuscrito de 500 años de antigüedad, actualmente en la Biblioteca John Rylands de la Universidad de Manchester:

 

Gigante 03

 

Debido a que el manuscrito se ha considerado demasiado frágil para ser exhibido, la Biblioteca John Rylands ha optado por fotografiar el libro y ponerlo a disposición para su estudio a través de sus colecciones digitales. (Puede encontrar más información sobre este proyecto de digitalización aquí).

Pero, ¿por qué, exactamente, estos libros se hicieron tan grandes?

Hay una serie de posibles explicaciones. En primer lugar, el tamaño tiende a reflejar importancia. Debido a que los manuscritos de gran formato a menudo contienen la Palabra de Dios, es muy posible que algunas personas poderosas hubiesen deseado reflejar la importancia del texto con un formato que demostrara su estatus desde el primer acercamiento. Adicionalmente, algunos han sugerido que estos libros estaban destinados a reflejar el poder y el prestigio de los donantes que pagaron por su comisión, un obispo o noble acaudalado que quiso conmemorar su nombre en la producción de  un llamativo volumen. Otros han proporcionado un razonamiento más pragmático, sugiriendo que estos libros fueron diseñados en grande para descansar en un atril para la lectura pública, su gran tamaño hace que sea más fácil para los lectores de una iglesia ver la página. De hecho, la lectura colectiva de libros de gran formato estacionados en atriles se ha registrado en una serie de iluminaciones y pinturas medievales, como la imagen a continuación (aunque parece que estos cantantes podrían estar participando en un bar, en lo que tal vez fue el inicio del karaoke, más bien que entonar los salmos …):

 

Gigante 04

 

En la mayoría de los casos, es probable que sea una combinación de estos factores lo que motivó a algunos a crear enormes volúmenes manuscritos. La tradición de hacer libros de gran formato no se detuvo en la Edad Media, sino que continuó hasta el Renacimiento, ya que los escribas e impresores optaron por hacer copias aún más grandes e impresionantes que antes. En la siguiente imagen vemos a Glenn Holtzman en la Biblioteca Henry Charles Lea de la Universidad de Pennsylvania con un manuscrito absolutamente gigantesco de la era renacentista:

 

Gigante 05

 

La fascinación por los libros gigantes continúa en la actualidad, y algunos artesanos particularmente ambiciosos han asumido el desafío de llevar los límites de la producción de libros a proporciones épicas. Les dejo con este proyecto familiar en Hungría, que ha tenido éxito en crear, posiblemente, el libro más grande jamás realizado (¿Alguien se animaría, en estas épocas de cuarentena, donde parece que todos están más que aburridos, a hacer algo así?):

 

Gigante 06

Palabras como átomos

.

leer

 

El idioma español tiene cerca de 300.000 palabras. En el Quijote, Cervantes usó 22.939 palabras diferentes. En una conversación entre dos profesionales se usan más de 3.200 palabras. Una canción de reggeatón tiene un promedio de 30 palabras. La mayoría de los jóvenes de la actual generación se comunica con 300 palabras (y de estas 78 son groserías) y con 37 emoticones. Ahora ya se pueden uno imaginar el nivel de comprensión de lectura y pensamiento crítico que poseen.

El párrafo anterior lo tomé de un periódico y me permite relacionarlo con las siguientes palabras que Edmund Husserl escribió en su Lógica formal y Lógica trascendental: «El pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la palabra. Pensar, de forma distinta a otras modalidades de la conciencia, es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje».

Entonces tenemos que sin palabras no tenemos pensamiento, muy bien ¿y de dónde sacamos las palabras para pensar? Pues no hay otra fuente que la lectura. El lenguaje de uso cotidiano, el que aprendemos de niños, sólo sirve para comunicar lo más básico, pero no mucho más allá que eso. Ahora, si lo que pretendemos es pensar tenemos que abocarnos al arduo (y maravilloso, una vez que estamos inmersos en él) camino de la lectura. Si no tenemos buenas, amplias y profundas lecturas no tendremos las palabras adecuadas para generar pensamiento; y no hay salida a ello, mal que les pese a todos aquellos que se niegan a tomar un libro. Las personas toleran no ser buenos lectores, pero si se les dice que no saben pensar, se sienten lastimados en lo más profundo de su orgullo y, sin embargo, una cosa condiciona de manera determinante a la otra. Así, la lectura es una herramienta de desarrollo fundamental. Y donde mejor se desenvuelve esta herramienta es en los libros, no en los pequeños artículos que dominan la circulación de la Web; el encuentro con el lenguaje merece un espacio de concentración —el medio es también el mensaje, como bien sintetizara McLuhan, un encuentro a fondo con la mente de un autor que puede haber muerto hace cientos de años pero que vive, al menos meméticamente, en el texto que se trasvasa a nuestra mente. 

 

leer 02

 

 

En estos días de antipensamiento sistemático (y no me refiero a una mera queja circunstancial, sino al verdadero estado de antipensamiento social que nos llega desde la política, el feminismo, las artes y gran parte de la filosofía), volver a las fuentes se hace más que necesario. Es impensable, en síntesis, el pensamiento sin lectura (como base fundamental) y sin diálogo (con otros o con uno uno mismo, en eso que se llama meditar en lo leído); pero eso es lo que se ve en todas partes: discursos sin fundamento alguno defendiendo cualquier causa de parte de personas que no tienen la menor de las bases intelectuales para formarlos. Es entonces que todo se reduce a la repetición constante de slogans vacíos y de una constante referencia a la posverdad como camino para tener razón.

Hay una frase que anda dando vueltas por ahí que sintetiza a la perfección la idea: «Si no sabes leer, no sabes escribir; si no sabes escribir, no sabes pensar» (algunos dicen que  es de Juan José Arreola, pero no es seguro y tampoco importa demasiado).

Lo que vendrá

.

Future 01

.

Una de las cosas que recuerdo con mucho placer eran las visitas a la casa de una de mis tías (de quien no recuerdo su nombre, sino su apodo, el cual no viene al caso), la cual tenía una enciclopedia que mi madre no podía costearse. Llegar a casa de mi tía y tirarme en el piso a revisar aquella enciclopedia ilustrada eran uno de mis pequeños grandes placeres. Por desgracia para mí, mi tía vivía a unos cien kilómetros de donde nosotros vivíamos; así que esas visitas ocurrían, si había suerte, un par de veces al año. Una de las cosas que recuerdo eran los dibujos anticipatorios; aquellos diseños de casas o edificios por los cuales las autopistas o los trenes pasaban por el centro de ellos (había uno con forma de X, por ejemplo) y las maravillas científicas o técnicas. Cualquiera de los que por aquí pasan y peinan algunas canas (o los que como yo ya no tienen demasiado para peinar, siquiera) recordarán que en nuestra niñez o juventud, el años 2000 era el año; el punto de inflexión de algo que no se sabía bien que era o iba a ser; pero todos sabíamos que el años 2000 iba a marcar un antes y un después.

Ahora me encuentro con estos grabados y mi memoria vuelve a aquellos tiempos y a aquella enciclopedia en una ciudad que no era la mía. Vamos a ella.

 

Future 02

 

En 1899, preparándose para las festividades en Lyon que iban a marcar el nuevo siglo, el fabricante francés de juguetes Armand Gervais encargó un conjunto de 50 grabados en color al artista independiente Jean-Marc Côté que representan el mundo tal como podría existir en el año 2000.

Gervais murió repentinamente en 1899, cuando solo unos pocos sets habían sido eliminados de la prensa en su sótano. «La fábrica fue cerrada, y el contenido de ese sótano permaneció oculto durante los siguientes veinticinco años», escribe James Gleick en Viaje en el tiempo. Después, un comerciante de antigüedades parisino se topó con el inventario de Gervais en los años veinte y compró el lote, incluido un único juego de prueba de las tarjetas de Côté en perfecto estado. Los tuvo durante cincuenta años y finalmente los vendió en 1978 a Christopher Hyde, un escritor canadiense que encontró su tienda en la rue de l’Ancienne-Comédie.

Hyde se los mostró a Isaac Asimov, quien los publicó en 1986 como Futuredays, con un algunos comentarios sobre lo que Côté había acertado (automatización generalizada) y equivocado (estilos de ropa). Pero quien sabe, tal vez algunas de estas visiones todavía estén demasiado adelantadas para nosotros.

Pueden visitar el catálogo completo, aquí. Por lo pronto, les dejo una breve galería; como siempre, para ver las imágenes en mayor tamaño, pueden hacer clic en una de ellas.

.

Librerías Ghandi o de cómo una empresa toma de rehén a tu dinero

.

gandhi

.

Ghandi es la cadena de librerías más grande de México, si no me equivoco. Es famosa, entre otras cosas, por sus creativas campañas publicitarias y por tener sucursales en todo el país. Aquí en Morelia, no había una y recién se abrió la primera de ellas hace unos pocos meses. Esta sucursal se encuentra en un centro comercial y es pequeña, por lo cual el surtido de material es bastante limitado. De todos modos, hace poco compré un ejemplar de Sobre el buen vivir. Consejos para ser feliz; de Arthur Schopenahuer, volumen editado, precisamente, por Ediciones Ghandi. Con edición de Julián Romero y traducción de Víctor Carrera.

Por suerte comencé a leer el libro de inmediato y no lo dejé «para después», como sucede en otras ocasiones, porque uno está leyendo otra cosa o por alguna otra razón. Y digo que por suerte comencé a leerlo de inmediato porque —para ser la historia corta—, la traducción es espantosa; pero tanto, tanto, que me fue imposible proseguir con la lectura. Llegó un punto en particular en que lo que se dice en el libro es diametralmente opuesto a lo que escribió Schopenhauer. Por suerte conozco bastante a este autor y pude darme cuenta del error ¿pero de cuántos otros no pude percatarme? ¿Y qué sucede si alguien toma a este volumen queriendo adentrarse en le pensamiento de Schopenhauer por primera vez? Como dije, no pude continuar con la lectura y sólo leí por aquí y por allá a ver qué encontraba. Un desastre absoluto. Vergonzoso. (No exagero y quiero repetir lo que dije antes: la traducción le hace decir a Schopenhauer lo contrario de lo que él dijo en su obra. Eso es algo inadmisible).

Bien. ¿Qué hacer en esos casos? Presento una queja. Pero, para que se me entienda bien lo que quiero decir, me tomo el trabajo de señalar los errores que encontré, con número de página y cita textual. Me sirvo para ello de la edición alemana original de Parerga und Paralipomena. Kleine philosophische Schriften (libro de donde fueron tomados estos textos) y también de la traducción de Editorial Trotta. Envío una carta con el archivo de texto en el que he detallado todo lo anterior. La respuesta que me llegó fue muy formal y concisa. En sus puntos más importantes, dice así:

Agradecemos tus comentarios y sugerencias.

Hicimos llegar a nuestos (sic) compañeros del Área de Compras tus observaciones.

Te hacemos llegar nuestras políticas y procesos de devolución en caso de que no desees conservar el libro que adquiriste.

Condiciones Generales.

– Las devoluciones serán válidas dentro de los 60 días a partir de la fecha de compra.
– Los productos deberán estar en buen estado, completos y en su empaque original.
– Presentar factura o nota de compra.

Devoluciones en librerías físicas.

– Forma de devolución.

– El monto de la devolución se hará en monedero electrónico.

En síntesis: mi dinero es rehén de Librerías Gandhi porque ellos así lo han determinado. No sólo venden un producto defectuoso (no es que el libro simplemente «no me gustó» ¡Está mal! Por dios… es como comprar un libro de matemática donde los signos + y – están invertidos…) sino que además imponen sus condiciones de devolución y ésta no es tal, sino que la devolución se hace en «monedero electrónico»; es decir: te jodes, el dinero de aquí no sale. Si quieres te llevas otro libro, pero el dinero no. ¿Y si no quiero otro libro? Lo dicho: te jodes; pero el dinero de aquí no sale.

Sobre el buen vivir

Fui a la sucursal en cuestión y encuentro que tienen otra edición del mismo libro, con tapas duras y una bonita portada. Cuesta el doble. Es, también, una edición de Ghandi. La reviso y encuentro la misma espantosa traducción (el error grosero sigue allí, como burlándose de mí). Encuentro otra edición, esta vez de Alianza Editorial (toda una seguridad en cuanto a calidad); pero cuesta el triple… la reviso y, como esperaba, la traducción es correctísima. En la pág. 59, de hecho (le tomé una fotografía) encuentro la traducción como debe ser. Entonces tenemos este otro escenario: Librería Ghandi te vende un producto defectuoso y cuando dices que quieres un producto en correctas condiciones… tienes que pagar el triple… ¿Lindo negocio, no?

El ejemplar de aquí arriba es, como puede verse, el vergonzoso libro de Ghandi. Como no puedo devolverlo (no quiero otro libro y tampoco puedo pagar el triple por uno bueno) no tengo ninguna otra opción más que quedármelo (por cierto, reconozco que no tengo el ticket de la compra —¿Quién guarda un ticket por la compra de un libro por dos meses?— pero tampoco sé, por ejemplo, qué entiende esta gente por empaque original… ¡Es un libro! ¿Se referirán al envoltorio plástico? Porque ése sí que no lo tengo… (y una duda marginal: si todas las devoluciones deben realizarse en tiendas físicas ¿cómo hacen las personas que han comprado un producto como éste por internet y en su ciudad no hay una sucursal de Ghandi? Supongo que aquí te jodes al cuadrado o al cubo).

Lo único que me queda, al menos como mínimo consuelo, es el de poder avisarles a mis amigos mexicanos que tengan mucho cuidado con los libros de Ediciones Ghandi, de su calidad, de sus traducciones y, sobre todo, de su política de devoluciones; porque de todas estas cuestiones, la verdad, no sé cuál es la peor.

Laberintos de agua, de Xabier Novella Tortajada

Laberintos de aguaHace un par de meses tuve el enorme gusto de recibir el último libro de Xabier Novella Tortajada, Laberintos de agua, el cual, por razones particulares, recién pude terminar hace un par de días. Jorge Luis Borges dice que todos los poemas (los escritos y los que aún se escribirán) forman parte de un solo y único poema. Ese extenso e inacabado poema no sería más que la summa del sentir humano y su visión sobre el mundo. Laberintos de agua, de Xabier Novella Tortajada se suma a ese poema total, al mismo tiempo que es un poema dentro de un poema dentro de un poema (en una carta que crucé con el autor él me dijo que no lo veía así; como un poema compuesto a su vez de varios poemas; así que espero que me disculpe ante esta exposición particular mía).

Partamos de uno de ellos para luego entrar en tema:

¿Destino?

Somos la herencia del mar que reposa en la sangre.
Un manuscrito imperfecto codificado en los genes
como un atardecer impregna todo el espacio con su luz.
Somos la sombra que habita el olvido de los sueños.

Somos el misterio del fuego impenetrable,
un incandescente segundo en la inmensidad del cosmos
donde los latidos de la tierra se transforman en ondas
gravitacionales para fecundar los átomos del silencio.

Somos una voz líquida navegando a la deriva.

 

Los poemas que componen esta parte forman un todo, es decir, un solo poema, al mismo tiempo que cada poema tiene valor por sí mismo. El entrelazamiento tiene varios niveles; por ejemplo, el último verso de cada poema es, también, el primer verso del poema siguiente. Luego hay varias palabras que funcionan como claves de lectura y que son las que entrelazan (de otra manera, es decir, creando otra trama, otro dibujo en el tapiz). En los primeros poemas es somos; hasta que en el quinto poema hay un soy solitario que deja paso a una serie de te añoro… y luego ausentes, y la conjunción comparativa como… (La lectura requiere atención, lo cual se agradece, ya que de lecturas fáciles están demasiado plagadas las estanterías de hoy).

                El primer poema (o el poema completo compuesto por once poemas) comienzan con estos versos:

Es la memoria de los caminos que habita el agua
Un laberinto de recuerdos, un espejismo de sal y óxido

Y la última línea del último poema cierra con:

Entonces, beber para morir en laberintos de agua.

 

(Perdón, Xabi; ¿pero cómo no ver una deliciosa trama allí? ¿Cómo no verse uno reflejado en esa película de agua que conforman todos los poemas de tu libro?). Continúo: El libro está dividido en cinco partes y en ellas vamos a encontrar (y a encontrarnos) en lo íntimo y personal; en lo político y social; con la muerte y su sentido; el amor y el desamor… para cerrar (la última parte sólo consta de un poema) con una magnífica letanía titulada Ecos. En medio de estos versos tenemos una red polícroma de sentidos, palabras, versos, enlaces, autorreferencias, que hacen de este poema una obra múltiple, una obra de esas que cada vez que se leen nos brinda un sentido nuevo, no diferente, sino más profundo y, por eso mismo, imperecedero.

Un último ejemplo para cerrar esta entrada que quisiera seguir a pesar de su extensión:

Resiliencia marina

Donde se ahogan las esperanzas ya desahuciadas
tus versos tejen olas de flores en el mar.
Habitas mi mirada como un huésped de salitre.
Amarras tus pupilas en mis pupilas.

No hay naufragio más inhumano que la indiferencia.
Tierra adentro la muchedumbre se esconde
detrás de la asepsia de las pantallas.
Y tú, flor de agua, resistes entre mareas y silencios…

Mientras la sal cauteriza tu herida.

 

Pueden conseguir el Laberintos de agua aquí.

Pueden (deberían) visitar el blog de Xabier Novella, aquí.

Laberintos de agua

 

El cartero llama dos veces XIX

 

Hacía mucho que no escribía una entrada bajo este título tan poco original y que fue extendiéndose más de lo que pensé en su inicio; pero hay hallazgos que merecen la pena ser compartidos. Encontré esta deliciosa carta en The National Archives, sitio oficial histórico británico donde pueden encontrarse verdaderas maravillas. La carta, escueta respuesta a un ciudadano ruso por parte de un oficial de Scotland Yard, dice: «14 de abril, 1909. ref Sherlock Holmes. Señor: En referencia a su carta del 16 último, he sido enviado por el Comisionado de Policía de la ciudad para informarle que Sherlock Holmes no es una persona real, sino un personaje de ficción. Soy, Señor, su obediente sirviente. Jefe Clerk».

 

Sherlock Holmes letter

Pueden ver la carta en mayor tamaño aquí (sitio oficial de The National Archives).

 

Buscando información sobre ésta y otras cartas, encontré un artículo de El mundo donde leo: «Las cartas siguen llegando puntualmente al número 221B de Baker Street. Unas 700 todos los años, dirigidas a Sherlock Holmes y urgiéndole una respuesta apremiante. Le preguntan por las mujeres en su vida, por la intrincada relación entre el amor y el crimen o por la auténtica naturaleza de la amistad con su querido Watson. Quieren saber cómo se enganchó a la cocaína, qué marca de tabaco fuma en su pipa y si es cierto que una vez hirió a su ama de llaves, Mrs. Hudson, mientras limpiaba el revólver».

Es bien sabido que Arthur Conan Doyle detestaba a su creación, Sherlock Holmes y que, harto de esa fama que lo opacaba y que no le dejaba tiempo para escritos de mayor importancia, lo mató en el relato corto El problema final; pero la insistencia de sus lectores más apasionados lo obligaron a «revivirlo». La pasión despertada por Sherlock Holmes llega hasta hoy, por supuesto (no hay más que ver cuántas películas, series y demás siguen haciéndose alrededor de este personaje); pero yo no dejo de pensar en esa carta con la que inicié la entrada ¿Qué tan apremiante habrá sido el problema de ese hombre en Rusia para tener que recurrir al mismísimo Sherlock Holmes? Vaya misterio sin resolver…