La escalera de la cultura

 

2018-05-20-stairs-of-knowledge

 

Esta escalera cerca de la biblioteca de la Universidad de Balamand en el Líbano está pintada para parecerse a una pila de textos clásicos:

La epopeya de Gilgamesh
La república, de Platón
Diwān Abū al-Tayyib al-Mutanbbī
Risālat al-ghufrān / Abī al-Alā al-Ma’arrī
La Divina Comedia, de Dante Alighieri.
Muqaddimah-i ibn Khaldūn
El príncipe y los discursos, de Niccolò Maquiavelo
Discurso del método, de René Descartes
La Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant
Fausto, de Goethe
El origen de las especies, de Charles Darwin
Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski
Así habló Zarathustra, de Friedrich Nietzsche
El significado de la relatividad, de Albert Einstein
El profeta, de Khalil Gibran
al-Ayyām / Tāhā Husayn
Un estudio de la historia, de Arnold Toynbee
Cosmos, de Carl Sagan
Una breve historia del tiempo, de Stephen Hawking
Les Désorientés, de Amin Maalouf
El camino por delante, de Bill Gates

Esto los pone (casi) en orden cronológico.

Anuncios

Todo lo que he leído

 

Todo lo que he leído

 

«Me pregunto si existe un ser que haya leído todo, o aproximadamente todo, lo que se supone que la persona de cultura promedio tiene que haber leído y que no haber leído podría ser considerado como un pecado social. Si tal ser existe, seguramente es un anciano, un hombre muy viejo, que ha leído constantemente lo que debería haber leído dieciséis horas al día, desde la temprana infancia. … Mi tiempo libre ha sido moderado, mi deseo fuerte y constante, mi gusto por la selección está por encima del promedio, y sin embargo, en diez años parece que apenas he impresionado a la multitud intolerable en volúmenes que se supone que todos han leído».

Esto dice Arnold Bennett en sus Diarios; más precisamente el 15 de octubre de 1896. ¡1896! Creo que si Bennett pudiese ver todo lo que se publica hoy (y todo lo que se ha almacenado desde ese año) se sumiría en la más profunda de las depresiones. Supongo que todo lector empedernido ha sentido esa sensación de vacío alguna vez; esa sensación que bien se sintetiza en esa frase tragicómica que dice ¡Tantos libros y tan poco tiempo!

Sea como fuere, y ante la imposibilidad práctica de leer todo lo que queremos leer, no deberíamos olvidarnos de que leer no es suficiente; sino que de debemos internalizar lo que leemos; es decir, aprenderlo, tamizarlo, pulirlo, adecuarlo a nosotros y a nuestra realidad. En ese sentido podemos decirnos (aunque más no sea como una especie de  placebo o de paliativo para nuestro pesar) que sí hemos leído lo suficiente si es que, antes que nada, lo hemos hecho bien. Algo es algo y eso es mejor que nada, supongo.

Leer, leer, leer, leer y, recién después, leer

Una serie de citas sobre el arte de la lectura. Sin más palabras ni explicaciones. Porque sí.

leer 01

Leer buenos libros es como mantener una conversación con las mentes más eminentes de los siglos pasados ​​y, además, una conversación estudiada en la que estos autores nos revelan solo lo mejor de sus pensamientos.

– René Descartes, Discurso sobre el método, 1637.

 

 

 

leer 02

Para él, los libros eran como amigos, y leer una extensión de compañerismo, una forma de expandirse más allá de la circunferencia del tiempo y colocar el círculo de conocidos entre los familiares.

– Michael Holroyd, hablando de Lytton Strachey, 1971.

 

 

leer 04«No hay nada como los libros». De todas las cosas que se venden, no hay nada que se les compare. Son las más baratos de todos los placeres, los que menos se cansan, ocupan poco espacio, guardan silencio cuando no los quieren y, cuando los recogen, nos enfrentan cara a cara con los hombres más selectos que hayan vivido, en sus momentos más selectos.

Como compañero de caminatas por el país, prefiero llevar en mi bolsillo a Milton (al que he llevado durante veinte años), en lugar del para nada adorable bull terrier Trimmer, que me acompañó durante cinco años. Milton nunca se inquietó, ni asustó a los caballos, ni corrió tras las ovejas o fue atropellado por una furgoneta de mercancías.

 Samuel Palmer, carta a Charles West Cape, 31 de enero de 1880.

Y mi cita favorita (al menos de las de hoy):

leer 03En un sentido muy real, entonces, las personas que han leído buena literatura han vivido más que las personas que no pueden o no quieren leer. … No es cierto que solo tengamos una vida por vivir; si podemos leer, podemos vivir tantas vidas más y tantos tipos de vidas como deseemos.

– S.I. Hayakawa, El lenguaje en el pensamiento y la acción, 1952.

Las farolas caminan la calle o el arte de las metáforas andantes

 

Las farolas

A principios de este año compartí algunas notas tomadas de la lectura de Luz velada, el poemario de Isabel Fernández Bernaldo de Quirós. Algunos vaivenes personales hicieron que me alejara de la ciudad que habito en este momento por casi seis meses y luego, otras cuestiones fueron, también, relegando algunas lecturas, entre otras cuestiones. En suma, vamos, que fue un año movido por demás y que no pude dedicarme por completo a lo que más me gusta: leer y escribir. Pero, como todo llega a su debido momento, las lecturas avanzan y la escritura también, aunque no tanto como uno quisiera. Pero vamos al punto que me interesa hoy: la lectura del estupendo Las farolas caminan a calle, es decir, del tercer volumen de poesías de Isabel.

Este volumen, este Las farolas caminan la calle, nos muestra un notable avance en la poesía de Isabel Fernández de Quirós; aunque no por ello esto signifique, de ninguna manera, decir que Luz velada es menor que este volumen. No, en lo absoluto. De hecho, podría citar aquí dos fragmentos de lo que dije hace casi un año: «En Luz velada son evidentes las connotaciones y las relaciones espirituales y las terrenales. El amor, sobre todo, es el sentimiento aglutinante que nivela todos los temas bajo su luz» y «Otro aspecto que forma una parte integral de cada poema es la mirada de la mujer que observa al mundo y lo describe. Esto no es algo que pueda ser considerado como algo obvio, ya que no necesariamente una cosa implica la otra (¿Cuántos poetas hay que observan pero a la hora de escribir se quedan fuera de sus escritos?)». Estas dos citas podría aplicarlas aquí mismo, porque la mirada de la poeta no es más que una consecución coherente en lo temático. Donde sí noto ese avance del que hablo al inicio del párrafo es en la escritura; en los deliciosos y originales juegos metafóricos que logra Isabel desde las primeras páginas de este volumen, como en Sirena del cielo:

 

Vestida de nube blanca
—sirena del cielo—
danzas en lo etéreo
mientras la luz de la amanecida
es iris en tus escamas de plata.

En la distancia,
vuela indiferente un vencejo.
Y mis ojos de colores
sonríen mañanas.

 

present-1

 

No se agota el volumen en lo meramente bello de la poesía; es decir, no en una sucesión de imágenes bonitas o ensoñeadoras. También tenemos aquí, y dicho con no menos gracia, la mirada de la mujer plena de conciencia y de seguridad en sí misma. La mujer, como dije antes y ahora repito, cuya voz es «conciencia compartida»; «la voz de la humanidad hablando a la humanidad e interpelándola desde lo implícito o desde lo explícito». ¿Ejemplos? Hay muchos, pero no podría incluirlos aquí sin que esta entrada excediera los límites que corresponden a un comentario. Seguramente podrán agenciarse un ejemplar de este Las farolas caminan la calle (cuyo título ya es un ejemplo de las deliciosas metáforas de las que hablé antes) y regalárselos ustedes mismos para este fin de año que se aproxima. Creo que éste es uno de los tres mejores libros de poesía que leí este año. Espero que el próximo me depare tantas buenas sorpresas como éste (al menos en este aspecto, me apuro a aclarar).

Y sí, está bien; les dejo uno más para cerrar la entrada como corresponde, con palabras bonitas, mucho mejores que las mías.

 

Las farolas

Las farolas caminan la calle.
Mis pasos respiran al tiempo
que laten sus luces.
El viento, sin dueño.
La noche, con la cancela echada.
Y un relente despiadado
congela los poros desnudos del otoño.

Una fila de caracoles rompe el silencio.
Les dejo paso.

Nos están rodeando

 

20181122_211425

 

Estoy en una librería, como siempre, viendo qué hay de nuevo o qué nuevas ediciones encuentro de mis libros favoritos cuando me encuentro con este volumen, cuyo sugestivo título es El arte de la seducción. Aunque en la tapa se lo publicita diciendo «Del autor del éxito mundial Las 48 leyes del poder», cosa que no es muy atractiva que digamos, hojearlo no cuesta nada y eso hago. Enseguida me topo con la siguiente página, a la cual me apresuro a tomarle una instantánea para compartirla con ustedes.

 

20181122_211417

 

Es una tontería, lo sé; ¿pero cuántos comenzarán a considerar esto como válido o, peor aún, lógico? Intenté leer el párrafo, pero no pude terminarlo (de hecho, apenas pasé de los tres o cuatro renglones). Ahora vuelvo a intentarlo y no, no hay caso, es imposible avanzar en la lectura constantemente entorpecida por las arrobas y por la ridícula expresión m/p-adre.

Busqué de inmediato otros volúmenes de la editorial Océano, con el vivo temor de encontrar ese mismo horror en otros textos, pero por suerte se ve que la estupidez es propia del autor, no de la editorial, ya que al menos Moby Dick y unos cuentos de Edgar Allan Poe no habían sido violados en su pureza original.

Esperemos que el ejemplo no cunda, mis querides amigues; de lo contrario hasta tendremos que abandonar la literatura y dedicarnos al oboe, que al menos tiene la virtud de venir neutro desde la cuna.

 


Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.

La utilidad nuestra de cada día

la-utilidad-de-lo-inc3batilAcabo de terminar el estupendo La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine; libro que, mediante breves y concisos capítulos, sin necesidad de párrafos extensos y complejos, apuntala y sostiene el edificio del pensamiento por el pensamiento en sí. Ideal para armarse de argumentos contra la avanzada de opinólogos de toda laya con la que nos encontramos hoy, Ordine nos dice:

«Las materias humanísticas en general y el arte en particular están siendo atacados en todas las latitudes del planeta; como nunca, el capitalismo se ha enseñoreado en todos los ámbitos y todo aquello que no le sea útil es descartado por “improductivo”. Se hace necesario un cambio de paradigmas de manera urgente; no sólo en términos ecológicos, sino culturales (una ecología de la cultura, si se me permite el neologismo). El oxímoron evocado por el título «La utilidad de lo inútil» merece una aclaración. La paradójica “utilidad” a la que me refiero no es la misma en cuyo nombre se consideran inútiles los saberes humanísticos y, más en general, todos los saberes que no producen beneficios. En una acepción muy distinta y mucho más amplia, he querido poner en el centro de mis reflexiones la idea de utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es del todo ajeno a cualquier finalidad “utilitarista” […] Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, sólo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertificación del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante “homo sapiens” pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad».

A lo que se suma el excelente acápite de Pierre Hadot, tomado de su Ejercicios espirituales y filosofía antigua:

Y es precisamente tarea de la filosofía
el revelar a los hombres la utilidad de lo inútil
o, si se quiere, enseñarles a diferenciar
entre dos sentidos diferentes de la palabra utilidad.

 

Filosofos

 

Por último, y como si hiciera falta algo más, desde la misma portada del libro Fernando Savater nos dice: «Algunos impertinentes agradecemos a Nuccio Ordine su manifiesto La utilidad de lo inútil en el que repasa las opiniones de filósofos y escritores sobre la importancia de seguir tutelando en escuelas y universidades ese afán de saber y de indagar sin objetivo inmediato práctico en el que tradicionalmente se ha basado la dignitas hominis». Y ya no es necesario decir más.

 

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.

Elogio de la soledad. Elogio del silencio.

 

x10034389198062138735

 

Escribir, leer, pensar. En esa ecuación pueden intercambiarse dos términos sin que se modifique su esencia. Podríamos decir, también: leer, escribir, pensar. Los dos primeros términos van de la mano y los aprendemos juntos; el tercero es la consecuencia, el logro final. Luego tenemos dos accesorios fundamentales para lograr un buen resultado; dos accesorios que tienen peso y valor por sí mismos, pero que aquí se aplican como auxiliares: la soledad y el silencio. Sin ellos no hay pensamiento posible ni tampoco, siquiera, la posibilidad de conseguirlo. Víctor Bravo, en su leer el mundo, lo dice de manera impecable:

«La lectura, tal como la conocemos, está ligada a la soledad y al silencio. En un texto juvenil y muy bello, María Zambrano dice algunas cosas sobre la escritura que pueden aplicarse, punto por punto, a la lectura. Escribir, dice Zambrano, «es defender la soledad en que se está». Leer, podríamos añadir nosotros, como un eco, también es defender la soledad en que se está. Una soledad, sin embargo, que es compañía, una cierta forma de la compañía, una extraña modalidad de la amistad. Y leer es también defender un cierto silencio. Pero un silencio que es comunicación, una cierta forma de comunicación. Esa que se da cuando cambia nuestra relación cotidiana con las palabras, cuando pasamos de hablar demasiado y de escuchar sin atención, a atender al lenguaje mismo en su máxima pureza y en toda su gratuidad».

 

letters

 

Me voy con una nota final (no hay nada que quiera agregar a la cita de Bravo; creo que ella es por demás sintética): me pasa muy a menudo que, al trasladar las citas a la computadora, veo que el mismo acto de escribirla con mis propias manos hace que las diferentes oraciones cobren un sentido más profundo, más sensible. En este caso particular, donde la cita habla de la lectura y de la escritura (los dos actos que debo poner en marcha para trasladar el texto aquí) tuve la sensación de ingresar en un círculo cerrado de sentido y comprensión. Una especie de metaliteratura o, si se quiere, una especie de literatura fractal, si se me permite el neologismo. Pero eso es secundario; lo importante es que la soledad y el silencio en el que estaba inmerso cuando trasladé la cita me hicieron ver —sin necesidad de palabras— que lo que dice Víctor Bravo es cierto en un cien por ciento.

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.