Mi voz, tu voz

Woman, Old Man, and Flower - Ernst

Max Ernst

En su breve poema Contra los recitales, José Emilio Pacheco nos dice:

Si leo mis poemas en público
Le quito su único sentido a la poesía:
Hacer que mis palabras sean tu voz,
Por un instante al menos.

 

Por demás acertada la visión del poeta mexicano. Si nos adentramos en el significado etimológico de la palabra poesía vemos que ésta nace del término griego ποίησις, (poeima); palabra compuesta, a su vez, del verbo ποιεῖν (poiein = hacer o crear). Es decir que la propia palabra poesía nos lleva de la mano al acto mismo de la creación; entonces, lo que nos propone José Emilio Pacheco no es otra cosa que ser partícipes de esa creación poética de la que él es el germen, pero no el hacedor último o absoluto.

Al margen: No puedo dejar pasar la oportunidad de irme por las ramas. No dejo de pensar en aquel En el principio fue el verbo” bíblico. Sigo jugando con la etimología y veo que puedo relacionar una cosa con la otra y decir «En el principio fue el verbo, es decir, la creación o, incluso, la poesía». La creación como acto poético, el poeta como creador germinal. ¿Qué fue primero, el verso o el poeta?

Definición última de poesía

La siguiente es una página del inolvidable Caloi, dibujante que aúna de manera única y maravillosa lo mejor del humor con la sensibilidad de lo poético. En este caso el tema poético es directo, pero la obra de Caloi, sobre todo la que maneja en este formato de página completa (y que fueron publicadas en la revista dominical del diario Clarín) es un muestrario de sencillez y amor por la ciudad que lo vio nacer. Por último, bien se sabe que definir la poesía es algo imposible; entonces esta página sirva, tal vez, como lo más cercano que podamos llegar a una definición perfecta.

Caloi - poesía

Cuando tú me miras

René Magritte - Attempting the Impossible

René Magritte – Attempting the Impossible

Creo que muchos conocen lo poco que me gusta la filosofía Facebook; y no me refiero sólo a esa red social, sino que hago extensiva esa denominación a toda aquella forma de pensamiento que prefiere las frases predigeridas o basadas en citas sacadas de contexto y que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Ese tipo de “filosofía” es la que pretende reforzar el “yo” a toda costa, sin saber ni entender que el yo existe gracias al otro; y que nada somos una parte de la ecuación sin la otra. De allí que el poema que dejo a continuación (tengo entendido que pertenece a alguien que usa el seudónimo de Marwan) sea una pequeña dosis de sentido común ante la tontería del “yo soy lo más importante”, del “yo soy un todo y no necesito a nadie” o necedades por el estilo.

Poema de autoayuda

Todos los gurús espirituales
los maestros en educación emocional
los psicólogos que hablan de no anclarse a nadie
los místicos que promulgan el camino de la autosanación
aquellos que miran por tu crecimiento personal
los expertos en autoestima
los que recomiendan ser fuerte
y depender sólo de uno mismo.

Tienen razón
pero yo soy más feliz cuando tú me miras.

Así de simple. Todos tienen razón pero… hasta el más bravo de los mortales necesita de alguien a quien amar y de alguien por quien ser amado; porque, como dice la canción, por las noches la soledad desespera; y no hay nada como una piel para hacer más cálida la penumbra.

Magia

Hay un poema dando vueltas por la red que me parece estupendo para los niños que comienzan a leer. No sé quién es el autor, pero no importa demasiado; sólo importa el hecho de que es así como debe hacerse para que los niños se acerquen a la lectura. Hace unos pocos días estuve ayudándole a un muchacho de catorce años —lo necesitaba para un trabajo escolar— a leer El poema del Mío Cid; y no pude menos que preguntarme cómo es posible que aún se les obligue a leer textos como ese en la escuela. A esos libros se llega luego de haber leído durante mucho tiempo, nunca son los adecuados para comenzar a leer. ¿Qué clase de formación les brindamos a nuestra juventud si como primera lectura le arrojamos por la cabeza El Quijote o Hamlet? La literatura debe ser la única materia que se enseña de atrás para adelante. ¿Se imaginan si en matemática comenzaran con ecuaciones de segundo grado para terminar enseñándoles a restar y a sumar?
Vuelvo al punto de partida: creo que el poema que dejo a continuación es un ejemplo de cómo se debe acercar la literatura a los más pequeños. No voy a hacer ningún comentario después; sólo deseo que despierte en ustedes al niño que todos llevamos dentro y que lo disfruten con simpleza, como si hubiesen vuelto a tener nueve o diez años.

Magia

Magia

Lee esto para ti. Léelo en silencio.
No muevas tus labios. No produzcas ni un sonido.
Léelo para ti. Escucha sin oír nada.
¿Qué cosa maravillosamente extraña, no?

¡AHORA HAZ ESTA PARTE FUERTE!
¡GRÍTALA EN TU MENTE!
DEJA TODO FUERA DE ELLA
Ahora, oye un suspiro. Un delicado suspiro.

Ahora, lee la siguiente línea con tu mejor voz rasposa de viejo:
“Hola, pequeño. ¿Tiene tu ciudad una oficina de correos?”
¡Sorprendente! ¿Quién era esa persona? ¿De quién era esa voz?
¡Seguro que no fue la tuya!

¿Cómo hiciste eso?
¡¿Cómo?!
Debe ser magia…

No, gracias

E.E. Cummings tuvo que pedir prestado $300 a su madre con el fin de publicar 70 Poemas, su colección de poesía de 1935. Pero al publicarlo le cambió el título a No Thanks (No, gracias) y dedicó el volumen a las 14 editoriales que lo habían rechazado:

e.e. cummings

Sus nombres, como se ve, forman la silueta de una urna funeraria. Me parece que no es una mala forma de tomar una revancha; no se le hace mal a nadie y demuestra un fuerte impulso creativo.

Tal vez más de uno deba tomar nota de esta forma de crítica; aunque la verdad es que espero que nadie tenga que usarla en el futuro.

Simetrías

tiger

Dibujo original de William Blake para su poema El tigre

En su más que famoso poema El tigre, William Blake se adentra en lo más profundo de las dudas sobre el alma humana. El poema suele citárselo en muchas ocasiones, pero siempre se lo limita a la primera estrofa:

¡Tigre! ¡Tigre!, fuego que ardes
En los bosques de la noche,
¿Qué mano inmortal, qué ojo
Pudo idear tu terrible simetría?

La segunda de ellas (el poema consta de seis estrofas de cuatro versos) es por demás interesante y ya nos brinda una idea de las dudas del autor:

¿En qué distantes abismos, en qué cielos,
Ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Y que mano osó tomar ese fuego?

Pero hacia el final del poema donde Blake nos deja la pregunta clave, la que le dará cabal sentido a la pregunta planteada al inicio:

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Para Blake era incomprensible que el mismo creador hubiese creado al tigre y al cordero (“la misma ley para el buey y el león es opresión”, escribió en otro momento de su vida). La pregunta del Blake va al meollo de la cuestión del bien y del mal; en definitiva, de lo que somos o de lo que nos conforma, ya que todos somos en algún momento o bien tigres o bien corderos. ¿De qué estamos hechos, entonces? ¿Qué mano forjó nuestra terrible simetría?

tyger1

Tigre, dibujo de William Blake

¿Quién?

El poema con el que termino la entrada de ayer pertenece, tal como lo dije, a Bertold Brecht y se titula Preguntas de un obrero que lee. A pedido de una persona muy querida por mí, aquí lo dejo completo y sin necesidad de acompañarlo por comentario alguno.

obrero (1)

Preguntas de un obrero que lee

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas?
¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares?
Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años,
¿Quién más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
Tantas historias, tantas preguntas.

obrero (2)