El delito de la lectura

Los fascismos temen, como todos bien sabemos. No hay nada más asustadizo que un fascista y, como bien nos lo señaló Bertold Brecht, no hay nada más peligroso («No hay nada más peligroso que un burgés asustado», dijo; y si cambiamos «burgués» por «fascista» la frase es igualmente válida). Encontré una prueba de esto en la siguiente imagen, la cual me llegó hace unos pocos días. En ella podemos ver un folio legal que dice:

«En registro efectuado por las fuerzas del Orden Público, en el domicilio de Paulino Martinez Taboada, le han sido encontradas dos tomos de “ASÍ HABLABA ZARATUSTRA” y manifestándome dicho Delegado que el expresado individuo se halla detenido en la Carcel de este partido á su disposición, le adjunto los expresados libros á los efectos procedentes.

                                                Acuseme recibo.
!!Viva España!!
Vigo 24 de Agosto de 1936
El comandante Militar.»

 

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Debo reconocer que sentí no poco placer al ver que los libros que tanto peligro entrañaban para las autoridades no eran otros que dos ejemplares de Así hablaba Zaratustra. También entiendo el carácter de su miedo, el cual no es otro que el miedo eterno de todo fascista: el miedo al pensamiento libre.

Esta fotografía me pareció toda una declaración de principios. Aún el resto de la página, la parte que se encuentra en blando, nos está diciendo algo.

 

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Ensalada política

1. No deja de ser curioso el encontrarse en la red con innumerables artículos, comentarios, fotografías y todo lo que se le ocurra sobre el Dictador Nicolás Maduro. No deja de ser curioso que los que comenzaron a llamarlo así (ya saben de quién hablo: los benditos Estados Unidos) no reconozcan la legalidad de la reelección de Maduro cuando en su propio país la reelección es legal (y si no lo fuera a nadie debería importarle. Eso se llama autodeterminación de los pueblos). Es curioso que todos los imbéciles que repiten esos epítetos en las redes sociales  se orinen encima ante la presencia de autoridades como Vladimir Putin o Angela Merkel, quienes van por su cuarto mandato cada uno (Putin lleva en el poder desde 1999 y seguirá hasta el 2024. El único que lo superó en la Rusia moderna es… Lenin). Sin embargo a ninguno de estos dos los vemos en los titulares o en la red bajo el título de Dictador o el de Tirano. El doble rasero de occidente ya es tan absurdo que ni siquiera necesita esconderse.

 

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2. Los diarios de hoy traen noticias que para cualquiera que en Latinoamérica tenga un poquito de memoria (y digo un poquito, al menos), saben a refrito de décadas anteriores. Una conferencia de prensa en la Casa Blanca y las consabidas amenazasy la manipulación de siempre. Ya el estado americano programó las marchas, las movilizaciones y la puesta en escena (los muertos correrán por el pueblo, como siempre). Tomo nota de un par de cosas por demás interesantes, de esas que no salen en los noticieros: primero, el mapa detrás de los dos voceros. Venezuela en amarillo, quienes están a favor de Maduro en rojo (el color del diablo, recuérdenlo) y en azul los que están a favor de EE.UU. Como siempre, o estás con ellos o contra ellos y no hay términos medios (ya lo dijo en esos mismos términos Bush hijo, poco antes de invadir Irak). En blanco sólo hay dos zonas: África (que no le importa a nadie) y Europa, quien se unirá a EE.UU. posiblemente hoy, 30 de enero de 2019. Segundo, el bloc de hojas del vocero de la izquierda (John Bolton, asesor de seguridad de Donald Trump). En él puede leerse: «Afganistán, bienvenidas las negociaciones» y «5.000 tropas a Colombia». ¿Está claro, no? «5.000 tropas a Colombia». Es decir, Maduro cae sí o sí; por las buenas o por las malas, pero cae.

 

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3. Me duele ver a mi país ahí, pintado de azul, pero no me extraña. Mauricio Macri no es más que un títere de los amos del norte y era de esperar que actuara como lo hace (a intentado criticar a Maduro desde que asumió su mandato y digo «intentado» porque es tan patético que ni siquiera pudo hacerlo con altura. Eso sí, quedó bien con el jefe del norte. Por cierto, para que no me acusen de «conspiranoico» sumo dos noticias extras: «El régimen de Nicolás Maduro intentó retirar USD 1.200 millones en oro y el Banco de Inglaterra se lo negó» (¿Vieron? Es así como se prepara un golpe de estado desde el extranjero. Justo Inglaterra decide quién es demócrata y quién no) y la relación entre estos tópicos es la siguiente: «Macri saca reservas en oro del Banco Central y las envía a Inglaterra para su custodia». ¿Qué hace el imbécil de Macri depositando 462 millones de dólares argentinos en Inglaterra? Pues protegiéndolos de… supongo que Macri sabe que va a perder las próximas elecciones y si gana Cristina Fernández pues… las cosas se le van a poner igual que a Maduro. El dinero depositado en Inglaterra nos los devolverán cuando a Inglaterra se le antoje, lo que significa cuando haya un gobierno afín a ellos. Macri juega las cartas de manera abierta. Como dije, ya nadie necesita ocultarse para hacer estas cosas. Macri es un traidor a su patria, pero como hace lo que los jefes le dicen, será aplaudido como todo un demócrata.

 

 

Queen Elizabeth II And The Duke Of Edinburgh Visit The Bank Of England

 

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4. Por último, una síntesis para cerrar la entrada: las nuevas corrientes derechistas latinoamericanas no son gratuitas, son fruto de un trabajo exhaustivo, coordinado y bien llevado adelante desde las embajadas norteamericanas y, sobre todo, desde los medios afines a ésta (es decir, casi todos; ya que lo que prima hoy en día, como bien se sabe, no es más que el beneficio económico inmediato y para eso los medios se hacen solos. En otro momento hablaremos de las pautas publicitarias que imbecilizan a toda la sociedad de manera totalmente abierta y descarada). Lo único que falta en esta ecuación es terminar con la educación, cosa que todos sabemos que se está llevando adelante con total eficacia a lo ancho y largo del mundo. Por ejemplo, el ultraderechista Bolsonaro (quien tiene muchos admiradores en Argentina, por cierto. Como vemos, la estupidez no sólo baila al ritmo de samba) nos regala la siguiente noticia (tomada de un periódico de hoy):

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El triunfo del odio cíclico

El triunfo en Brasil de Jair Bolsonaro nos obligan a reflexionar sobre las razones por las cuales en Latinoamérica se oscila de manera permanente en elecciones donde la izquierda y a derecha se alternan de manera casi constante (eso no sólo sucede en Latinoamérica, también en Europa es moneda corriente). En lo personal tengo una idea de porqué puede suceder esto, pero no es de eso de lo que quiero hablar hoy, sino sólo quiero hacer un comentario basado en una imagen que vi el mismo día de las elecciones.

 

Bolsonaro

 

Al día siguiente de ver esta imagen me topo con los siguientes titulares sobre el nuevo Brasil que se avecina: «Las urnas parieron a un Pinochet», « EE.UU. mira a Brasil en clave militar y comercial. Trump dialogó con Bolsonaro sobre la necesidad de profundizar la relación bilateral», « En Brasil se replicaron tensiones y agresiones tras el triunfo de Bolsonaro», « Brasil, laboratorio de la guerra híbrida», « La posverdad es el prefascismo», entre otros de igual calibre.

Pero vuelvo a la foto. ¿Qué lleva —no dejo de preguntarme— a que un pobre vote a la derecha? Cuando veo a la idiota de la fotografía y lo que les enseña a esos niños —que hay que matar a cualquiera que piense deferente— siento que todo mi optimismo (el cual no es menor ni débil, por fortuna), se va por la alcantarilla.

Claro, después Bolsonaro o el que haya sido electo gobernará sólo para él mismo y sus socios, como suele hacer la derecha y esos mismos que lo votaron con la esperanza de vaya uno a saber qué, se van a ver afectados en lo económico (lo único que parece importarle a la modernidad estúpida que nos rodea) y allí sí, van a volver a votar a la izquierda. Entonces, cuando se compren una TV y un auto de segunda mano, vuelvan a sentirse grandes señores burgueses y vuelvan a votar a la derecha. Entonces la idiota de la foto será otra, tal vez una de esas niñas que ahora disparan con un arma imaginaria a ese que piensa diferente pero sobre lo cual ellas no tienen idea alguna y sobre quien apuntan porque así le enseñaron y nada más: «Hay que matar a cualquiera que piense deferente».

La estupidez no sólo es infinita, también es cíclica. Eso es lo peor.

Thoreau, interpelándonos

ThoreauHay autores que se nos vuelven imprescindibles. Cada uno tendrá los suyos, claro está; cada cual obtendrá lo que busca de diferentes fuentes e, incluso, de diferentes maneras. Lo bueno de esto, también, es que si no nos quedamos quietos, esos autores nuevos aparecerán en el horizonte y nos acompañarán a lo largo de este nuevo camino. Otra cosa interesante es que esos autores imprescindibles en realidad sólo lo son por un rato y eso no está mal; eso significa que crecemos con ellos y que luego nos sueltan la mano para que sigamos camino solos. Ésa es la idea de todo buen maestro, después de todo.

Henry David Thoreau es uno de los últimos que ha llegado a casa y que se ha instalado cómodamente, con la intención aparente de quedarse por un buen tiempo. Ha sido más que bienvenido, claro está, y he aquí un par de citas —de las muchas, muchísimas que podría compartir— por las cuales se lo trata como a uno más de la familia.

 

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… Para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido». La primera de ellas es casi personal, aunque puede (y debería) ser considerada en un sentido general. Simple, directa y necesaria. Por supuesto, nadie dice que hay que abandonar todo para irse a vivir al bosque, no hay que  ser tan dogmático; pero aplicar este modo de vida a nuestra realidad actual sí es posible. digamos que podríamos intentar el camino opuesto: ¿Por qué no transformar nuestra realidad en un bosque?

 

 

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«La ley jamás hizo a los hombres un ápice más justos; y, en razón de su respeto por ellas, incluso los mejor dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia». El mejor ejemplo de este tipo de actitud lo tenemos, por regla general, en la religiones, donde personas con un buen criterio moral terminan haciendo lo incorrecto porque «Así lo manda la ley». Pero no es el único ámbito, por supuesto, en todos lados se cuecen habas, como dice el dicho popular. Hace un par de días, una mujer arroja a un ciego fuera del vagón del metro porque éste era exclusivo para mujeres. Pueden ver el video de sólo quince segundos aquí, a modo ilustrativo de lo que la gente entiende por «ley» en lugar de por «moral».

«¿Es la democracia, tal como la conocemos, el último logro posible en materia de gobierno? ¿No es posible dar un paso más hacia el reconocimiento y organización de los derechos del hombre? Nunca podrá haber un Estado realmente libre e iluminado hasta que no reconozca al individuo como poder superior independiente del que derivan el que a él le cabe y su autoridad, y, en consecuencia, le dé el tratamiento correspondiente». Por último, una cita que nos viene bien a todos, independientemente del país en que vivamos. La democracia, hoy, es un sistema que ha dejado de funcionar de manera adecuada, por lo tanto, es necesario modificarlo o, directamente, cambiarlo. Si Thoreau sabía esto hace ciento setenta años ¿Cuál es nuestra excusa ante nuestra ceguera?

 

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Crónica de una muerte anunciada

 

Argentina

 

Hace poco más de tres años escribí una entrada titulada Suicidio asistido, en la cual hablé del profundo pesar que me produjo la elección de Mauricio Macri como presidente de la Argentina (incluso terminé esa entrada diciendo que no quería volver a la Argentina en esas circunstancias, cosa que hace un par de horas acabo de decirle, sin recordar aquella entrada que busqué hace unos minutos, a mi compañera de estos días). Un par de meses después de esa entrada subí otra tocando el mismo tema en un tono más pesimista aún y hoy me trae aquí la triste confirmación de que aquella esperanza de que mi mirada pudiera estar equivocada, no lo estuvo en lo absoluto. Mi Argentina se hunde y la gente todavía parece estar en la tribuna de un partido de fútbol tratando de ver quién tiene la culpa, si el que está o el que se fue. ¿Y mientras tanto? Bueno, lo de siempre, mientras tanto, los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen más pobres y la masa sigue prendida a la TV que le dice qué y cómo hacer de cuenta que piensan.

Lo más triste de todo esto es que pasan los años y siempre terminamos hablando de lo mismo y de la misma manera. Tan así es que transcribiré el tercer párrafo de esa entrada, como ejemplo de que todo sigue igual:

«Es muy común decir, cuando un grupo social toma una decisión determinada, que ese grupo social es «ignorante» o algo así. Yo hoy lo digo con toda la seguridad de las pruebas que ellos mismos nos han brindado ayer: la clase media argentina no sólo es ignorante, sino que es algo mucho peor: es una clase pretenciosa, envidiosa, mediocre, inculta, soberbia y sí, profunda y gozosamente ignorante. Sólo así se entiende que alguien vote para presidente a un tipo que nadie en su sano juicio (ni siquiera los que lo votaron, lo sé porque conozco a varios) lo dejaría dormir en su casa. Quien será el nuevo presidente, junto a sus «colaboradores» ya avisó que viene por todo; lo dijo bien clarito y sin ningún prurito. Mintió descaradamente una y otra vez pero eso a la clase media no le importa; porque esa clase media argentina está presa del odio más visceral por sus semejantes, ellos son los típicos hijos de los Mass Media y de la religión más obtusa, esa religión que habla de amor pero que enseña el odio a los pobres o a los diferentes. La clase media argentina después de una crisis como pocos países han vivido, puede comprar una TV, una computadora y un pequeño auto y ya se cree oligarquía y así termina votando a un tipo que tiene 214 causas judiciales y que está procesado en otras dos causas penales».

Ahí está, ahora, destruyendo todo a su paso y sin siquiera el apoyo de quienes lo votaron. Pero eso sí, esa clase media todavía tiene el odio cien por ciento activo; y es que hay costumbres que son difíciles de perder.

Contrato

No soy muy afecto a subir videos a esta página, pero hoy me veo obligado a ello para poder hablar después con mayor libertad. De todos modos, como el video dura un poco más de cuatro minutos, sintetizaré su contenido para que aquellos que no quieran verlo (seguramente lo habrán visto adaptado a su propio país en algún momento de sus vidas) pueda pasar de largo y evitarse el mal trago. El video no es más que una compilación del actual gobierno argentino y su doble discurso; el de antes de las elecciones y el de después, que reviste mayor gravedad ya que no se trata de un mero discurso hablado, sino de actos que conllevan el dolor y el malestar a todo un pueblo.

 

 

El punto central al que me lleva el video es el siguiente: ¿No es posible que comience a considerarse el discurso previo a las elecciones democráticas como un contrato entre dos partes? Debe haber algún modo —apelo para ello al conocimiento preciso y efectivo de los doctores en leyes— por el cual el electorado tenga en sus manos el poder llevar a la justicia a todo aquel que no cumpla con su parte del contrato, tal como ocurre, bien lo sabemos, en cualquier otro ámbito social.

De nada sirven las frases de rigor ni la palabrería vacua en fórmulas como la argentina, cuando se le pregunta al presidente entrante, en el acto de investidura, si se compromete a cumplir con la ley y éste dice «Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden». Nada, eso es pura verborrea cínica, sin sentido y de mal gusto. No conozco a político alguno, ni a uno solo de ellos, a quien la Patria (y mucho menos Dios) le haya hecho reclamo alguno. ¿No es hora, entonces, de dejar establecidos los derechos y obligaciones en negro sobre blanco de una vez por todas y con pleno valor de ley?

Por último, un breve descargo que me llega desde el despacho del Abogado del Diablo: No olvidemos que somos nosotros —todos y cada uno de nosotros, tanto los que votan como quienes se abstienen de ello— quienes ponemos a estos delincuentes en las posiciones en las que se encuentran. No aparecen por generación espontánea.

Pero algo de cierto hay, también, en que muchos pudieron haberlos elegido creyendo en sus promesas y en sus palabras. De allí, insisto, en que se hace necesario un cambio en las reglas y que éstas deban ser ajustadas como en cualquier otro ámbito legal: Lo que se promete, se cumple. Lo que se dice, se hace. Y a partir de allí sí, se podrá decir, todos amigos.

El camino que nos corresponde

 

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El arte siempre ha sido el espejo donde la humanidad puede verse reflejada y desnuda, aunque no quiera hacerlo. Todas las formas artísticas que se precien de tal sirven, de manera inevitable, a este propósito aun cuando la intención del artista haya sido sólo estética, su sensibilidad hará que de alguna manera se cuele en la obra un fragmento de desnudez humana.

En general tendemos a considerar dentro de este esquema a las artes clásicas, como la literatura, el teatro y la pintura; y tendemos a dejar afuera de la ecuación a las nuevas formas como el cine o la televisión. En esta última no hay mucho material de donde agarrarse, es cierto; pero cuando aparece, no hay que dejarlo pasar.

Eso ocurre con las series de TV, por ejemplo. Hay muchas series que merecen la categoría de obra de arte y otras tantas la merecen por, al menos, algunas escenas. Una de esas escenas es la que acabo de ver en el capítulo doce de la quinta temporada de House Of Cards, serie de carácter político donde un siempre brillante Kevin Spacey da vida a un siniestro y descarado Presidente de los Estados Unidos. En esta escena, el Presidente es interpelado por algunos miembros del senado y luego de contraatacarlos, se dirige a la cámara y lanza el siguiente discurso:

(Nota necesaria: en teatro existe una figura llamada romper la cuarta pared. Esto ocurre cuando uno de los actores se dirige al público de manera directa para aclarar algún punto de la trama o algo por el estilo. En el decorado teatral existen tres paredes físicas, mientras que la cuarta, la que separa al público de los actores, es imaginaria. De allí, entonces, esa idea de romper la cuarta pared cuando el actor le habla al público. Kevin Spacey usa esta idea a lo largo de todas las temporadas de la serie. Sobre todo la usa cuando quiere explicar o insultar al público. En este caso, ustedes verán; sólo les pido que imaginen que el presidente de su país les está hablando de manera privada a ustedes, en persona)

 

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«No lo nieguen. Les encantó. No necesitan que yo represente anda. Sólo necesitan que me pare, que sea el hombre fuerte, el hombre de acción. Son adictos a la acción y a las consignas. No importa lo que diga ni lo que haga mientras haga algo. Ustedes disfrutan de la aventura. Y, sinceramente, no los culpo. Con tanta tontería e indecisión en sus vidas ¿Por qué no alguien como yo? No me disculpo. No me importa si me aman o me odian mientras yo gane. La baraja está trucada, las normas están manipuladas. Bienvenidos a la muerte de la Era de la Razón». Para certificar el genio de esta escena, Spacey hace una pausa y termina: «El bien y el mal ya no existen. Sólo existe estar adentro… y estar afuera». Y allí vuelve a la escena, dejándonos a nosotros afuera.

Como he dicho, el arte sirve para que la humanidad se vea desnuda en ese espejo. Eso es lo que hizo Kevin Spacey en su papel del corrupto Frank Underwood: nos trató de imbéciles, se rió de nosotros y luego, con cierto desprecio, nos dejó fuera del juego. ¿Y qué hacemos con esto? ¿No podremos aprender del arte y de lo que refleja ese espejo?

Tal vez sí; tal vez el artista nos está empujando a hacer algo, a vengarnos de todos los Frank Underwood, más allá del país que sea. Tal vez podamos aprender a votar o ser nosotros mismos los agentes del cambio. El arte nos señala el camino, ésa es su función. Actuar es la nuestra.

 


Como suele suceder, luego de escribir todo lo anterior encontré el fragmento del que hablo. No importa, creo que ver el video luego de haber pensado en ello puede ser más efectivo.  La parte que destaco comienza a 0:42 minutos. Lamentablemente, se corta dos segundos antes de lo que me hubiese gustado, ya que cuando Spacey deja de mirar a la cámara (es decir, cuando deja de mirarnos) es cuando se siente el desprecio del actor por su público; es decir, del político por sus pueblo.