La mediocridad como opción

 

Wagensberg

 

Hace poco conseguí y leí Yo, lo superfluo y el error, de Jorge Wagensberg, uno de los libros intelectualmente más estimulantes que he leído en los últimos años. Es difícil encontrar aquí libros del autor español (ya vi que la biblioteca pública local tiene un par de volúmenes, los cuales ya me apresuraré a leer in situ). Más allá de lo que me haya provocado el libro, lo importante son las líneas de pensamiento que maneja el autor barcelonés, por lo que dejaré aquí como presentación para aquellos que no conocen, un enlace a un reportaje que me pareció no menos fascinante que el libro en sí (es una regla casi invariable: quien sabe pensar lo hace igual de bien en un libro de 250 páginas que en un breve reportaje o en una charla casual).

Destaco algunas perlas:

«La mediocridad es creer que se puede sobrevivir sin ideas o con las mismas ideas. La mediocridad es una elección. Uno no nace mediocre, sino que decide serlo. Eres un mediocre cuando las ideas no tienen un valor prioritario para ti.».

«Un país puede soportar un determinado kilo de mediocres por metro cuadrado. Por encima de eso, el país se va a pique».

«Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

«Uno está faltando al valor de la idea cuando uno se expresa en contradicciones. Cuando aparece una contradicción es que hay una idea de menos, una idea que hay que buscar. Si caes en contradicción, falta una idea».

Los libros de Jorge Wagensberg están plagados de ideas como estas y, lo que es mejor aún, están sólidamente justificadas y explicadas tanto en sus razonamientos como en sus alcances. Para mí leer un libro de Wagensberg es como acceder a una biblioteca entera, así de rica es cada una de sus páginas.

El reportaje completo, aquí.

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Todo es poetizable y otras delicias del lenguaje

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Acabo de leer en la Revista R, del diario Reforma, un reportaje a la Reina de las letras mexicanas, Julia Santibáñez, a quien tuve el honor y el placer de presentar en su vista a Morelia del año pasado. De las muchas entrevistas que he escuchado o leído de ella en estos últimos tiempos (tiempos que la tienen muy atareada, por cierto), creo que esta es una de las mejores; en parte por el entrevistador, Miguel de la Vega y, por supuesto, en mayor parte por la entrevistada.
Antes de señalar un par de sus respuestas a esta entrevista, quiero hacer una aclaración para que se comprenda el porqué de mi elección: Desde hace un tiempo mantengo con Julia un interesante diálogo con respecto a los límites y entrecruzamientos entre la filosofía y la poesía. Hemos intercambiado libros, lecturas personales y posturas diversas sobre ambas disciplinas y, si bien las diferencias son cada vez menores, a veces nos esforzamos por encontrar algún punto que vuelva a internarnos en la discusión, tanto es lo que nos gusta debatir.
Aclarado esto, me interno en dos o tres preguntas de la entrevista. Luego de que Miguel de la Vega intentara infructuosamente sacarle una definición del amor, me encuentro con la siguiente pregunta:

¿Qué te seduce?
Fundamentalmente, la inteligencia. La envoltura no me interesa.

Primer llamado de atención: la poeta no define al amor pero no duda en señalar que se siente profundamente atraída por la inteligencia. No es un detalle menor. «Tal vez —me digo—, sólo se trate de que el amor no puede existir sin inteligencia». Pero no soy yo el entrevistado, así que continúo leyendo.

Otras definiciones interesantes fueron: “La pasión es una fatalidad, pero también es una vitalidad” y la muy clara: “No creo en amores eternos, no creo que exista el amor eterno […] sí creo que tiene una vida bastante corta y, sin embargo, en ese tiempo es eterno. El amor es eterno mientras dura. El tiempo que dure es eterno, en ese momento puedes vivir la eternidad”. Lucidez extrema en estos tiempos de ideas confusas y volátiles. Casi al final del reportaje tenemos, entonces, no una definición del amor (cosa que no había conseguido el entrevistador en un primer momento pero que logró, de alguna manera, atacando el tema de manera tangencial) sino una idea, que es mejor que una definición porque no pretende imponerse desde una tribuna de verdad.

Por último, otra perla:
¿No te bastan las palabras que tenemos?
A veces es insuficiente el lenguaje…

Pues déjame decirte que no lo parece, Julia; por fortuna, no lo parece.

Por cierto, pueden leer el reportaje completo aquí.

La nostalgia es un error

Gonzalo Pontón

Gonzalo Pontón, editor español que dejó una profunda huella a su paso por editoriales como Ariel, Crítica y Paidós; fundó Pasado & Presente en 2011, luego de ser jubilado en 2009 por la Editorial Planeta. Publica sólo 16 libros al año; pero cuidando personalmente de la calidad literaria de cada uno de ellos. Vale la pena leer el reportaje que publicó recientemente El País, donde habla de todo de manera concisa y certera: de su trabajo de editor, y también de educación, economía, política y, sobre todo, historia. El reportaje es breve y es una de esas lecturas que sirve para entender el hoy, sin importar en qué sitio del globo nos encontremos. Debo agradecer a Clara Inés Acosta, quien me pasó el enlace y a quien le robé hasta la cita del entrevistado:

“Una de las peores cosas que le puede ocurrir al ser humano es morirse sin entender nada. Lo único que puedes hacer en esta vida, cortísima, fugacísima, es tratar de entender qué te ha pasado a ti y a los demás. Tener una visión del mundo te concede la libertad de elegir. La gente tiene que tener una actitud crítica y comparar y luego puede elegir si quiere convertirse al capitalismo más feroz o trabajar de médico curando enfermos de ébola. Nosotros no estamos comprendiendo ni nuestra historia ni nuestro presente.”

La entrevista, aquí.

La cita, de alguna manera, me hizo recordar a muchos textos de Sartre; a quien deberíamos tener más presente.