El nudo

 

nudo

 

«Los maestros zen enseñan que el sabio come cuando tiene hambre y duerme cuando tiene sueño. No nos dicen qué debe hacer cuando ya ha saciado el hambre y aún no le ha venido el sueño, aunque podemos suponer que sería muy poco sabio que no hiciera el amor cuando está enamorado. Porque el sexo, digan lo que digan los reprimidos de cualquier tiempo, lugar y fe, es la tercera de las necesidades fundamentales del hombre», dice Piergiorgio Odiffreddi en su Elogio de la impertinencia. Eso me hace acordar a un microrrelato de Claudia Cortalezzi (los que están muy de moda ahora pero que me cuesta considerar como la quintaesencia de la literatura. Están muy bien como juego literario, pero de allí a considerar que ahora las letras pasan por allí hay un gran, enorme trecho). El microrrelato pertenece a su volumen No ser o ser, y es éste:

 

Inoportuno

 

En un rincón del dormitorio, el nudo se aprieta a sí mismo. No quiere que ellos —una pareja que acaba de entrar— adviertan su presencia.

    —Desnudate —oye.

Sonamos, se dice, me descubrieron.

Esquizofrénicos

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Que el mundo está patas para arriba es una verdad tan evidente que a veces el sólo destacar estas cosas nos hace parecer dueños de una inocencia rayana en lo infantil. Aun así, para muchos las normas no son formas de control, sino verdades establecidas de manera dogmática. Las cosas son así y punto; y si así no fueran la civilización como tal se derrumbaría, etc., etc., etc.

Es por ello que existieron y existen organizaciones o sectores de la población que se cree con derecho a determinar lo que es y no es moral o lo que es o no es correcto para la sociedad toda, como si sus propias limitaciones y prejuicios pudiesen ser tomados como referencia en ese campo.

Hace más de cuatro años escribí una entrada que toca este tema; acabo de releerla y, a pesar de un par de errores de síntesis, hoy sostengo el mismo punto de vista; el cual fue maravillosamente sintetizado por Gerson Legman, cuando dijo: “El asesinato es un crimen. Describirlo, no. El sexo no es un crimen. Describirlo, sí”.

El papiro erótico de Turín

Papiro erótico de Turín (1)

El Papiro Erótico de Turín es una de las piezas más singulares de todo el arte egipcio, ya que se considera uno de los mejores documentos para desentrañar el oculto universo sexual del antiguo Egipto. Este papiro se destaca por las atrevidas escenas de carácter sexual que se desarrollan en él; la variedad de posiciones que podemos contemplar ha llevado a que sea conocido como el kamasutra egipcio.

Papiro erótico de Turín (4)

Su significado sigue siendo un misterio a día de hoy, y su importancia radica en que se trata de un documento directo que nos habla sobre cómo concebían la sexualidad y el erotismo los egipcios de hace más de 2000 años. Tal vez sólo se trate de un trabajo pedido por un hombre de fortuna; de allí que se lo considere como “la primera revista erótica conocida” (y nada indica que no pueda serlo, después de todo la costumbre de suponer que todo lo antiguo es serio y que todo reviste una importancia histórica o antropológica es nuestra, no de ellos).

Papiro erótico de Turín (2)

El papiro erótico de Turín (papiro 55001, también llamado el papiro erótico o incluso el papiro de Turín) es una pintura antigua de desplazamiento (la historia o relato se lee desde el centro hacia la izquierda o derecha) que fue creado durante el período Ramses II, aproximadamente en el 1150 a.e.c. Descubierto en Deir el-Medina a principios del siglo XIX,.mide unos 2,5 metros de largo por 25 cm de ancho. Está dividido en dos partes en formato horizontal: la parte superior, la más divulgada históricamente, está compuesta por ilustraciones de animales que narran distintas fábulas. En la parte inferior, podemos ver con todo lujo de detalles hasta 12 posturas sexuales de todo tipo en el interior de lo que se supone es un prostíbulo egipcio. De esta manera la sección erótica del papiro está compuesta por 12 viñetas, destacando su viñeta central donde aparecen una mujer yaciendo sobre una cama y debajo de ella un desfallecido hombre. A partir de ella se despliegan tanto a izquierda como a derecha las restantes escenas eróticas. Esta disposición parece corresponder para facilitar su lectura y desenrollar el papiro de manera más ágil y cómoda.

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Los fragmentos de textos que han sobrevivido y aún son legibles no aportan ningún dato que pueda ayudarnos a descifrar el objetivo de este papiro, ya que están relacionados con expresiones de goce y lujuria. Aunque puede ser que fuesen añadidos posteriores ya que están escritos apresuradamente en los márgenes del pergamino.

“… Ven detrás mío con tu amor, ¡Oh Sol, has encontrado mi corazón exaltado, ejercita mi deleite …”

“Mira, ven detrás de mí. Contengo tu placer, tu falo está conmigo…”.

Actualmente se encuentra en el Museo Egizio de Turín, Italia.

Una que no filmó Disney

felix-saltenPocos saben que Felix Salten, el autor del tierno e inocente y huefanito Bambi escribió, en 1906, una novela pornográfica que se editó, en su momento, de forma anónima. La novela se tituló Josephine Mutzenbacher – The Life Story of a Viennese Whore, as Told by Herself (Josephine Mutzenbacher – La historia de una prostituta vienesa contada por ella misma. En inglés llevaría el título más práctico de Memoirs of Josephine Mutezenbacher).

La forma empleada en Josephine Mutzenbacher es la  de la narración en primera persona, en forma de libro de memorias. La historia está contada desde el punto de vista de una mujer de 50 años de edad, cortesana vienesa ya retirada que mira hacia el pasado y narra las aventuras sexuales que disfrutó durante su desenfrenada juventud en Viena. Contrariamente a lo que se supone debido al título, la casi totalidad del libro tiene lugar cuando Josephine tiene entre 5 y 12 años de edad, antes de que realmente se convierta en una prostituta con licencia en los burdeles de Viena. El libro comienza cuando ella tiene cinco años y termina cuando tiene doce años y se encuentra a punto de entrar en el servicio profesional en un burdel. Aunque el libro hace uso de muchos eufemismos anatómicos para referirse a los genitales y 1935ca_memoirs_of_josephine_mutzenbacher_01_thumbal comportamiento sexual en sí (lo que hoy hace que esas descripciones suenen más pintorescas que antaño), su contenido es totalmente pornográfico.

Claro, el asunto, más que la novela en sí (de la cual puede encontrarse alguna versión en PDF por allí), es si hoy se estaría hablando de ella de no ser por el hecho de que el autor es el mismo de esa tierna historia que todos conocemos por demás. Creo que la reflexión se abre más sobre nosotros que sobre Felix Salten, de quien Harold B. Segel (un amigo personal del escritor) escribió alguna vez: “Para aquellos que lo conocimos, el carácter de Felix era más parecido al de Bambi”. Vaya uno a saber…

Mi fetiche.

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Wilhelm Gallhof, The Coral Necklace, c.1917 

El fetichismo, según la definición tradicional, es una parafilia en la cual la fuente de placer se encuentra en un objeto más que en en la relación propiamente dicha. Como todo en esta vida, es algo perfectamente normal e inocente siempre y cuando no se sobrepasen ciertos límites. Cada cual tendrá su objeto fetiche preferido, ello es casi inevitable. Habrá alguno que dirá yo no hago esas cosas o algo por el estilo y tal vez sea cierto; si ese es el caso lo único que diré es que se está perdiendo de una parte interesante del goce erótico. Por mi parte me declaro un ferviente fetichista de los collares de perlas. No como el del cuadro de Gallhof; sino de perlas blancas y cortos, casi una gargantilla, diría. La única palabra que se me ocurre al pensar en la razón por la cual me siento atraído por una mujer que sólo vista un collar de perlas es elegancia; no creo que haya otra que pueda describir esa imagen: no entiendo cómo una persona puede estar tan vestida y desnuda al mismo tiempo. Por suerte mi salud mental es buena: un collar de perlas abandonado sobre un mueble o en su estuche de terciopelo me parece anodino y algo un poco tonto; ahora, vistiendo un cuello delicado es otra cosa muy diferente, esas perlas cobran brillo y vida y transmiten estas virtudes a todo el cuerpo que adornan.

Razón de más.

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Estoy leyendo El erotismo, de Georges Bataille. Debería decir que estoy leyendo, disfrutando, aprendiendo y gozando con esta lectura, porque el tema en sí ya promete riqueza por donde se lo mire y observe. En el Primer Estudio de la segunda parte, donde se analiza el famoso informe Kinsey, encuentro el siguiente párrafo:

“La sexualidad es para los autores una «función biológica normal, aceptable, bajo cualquier forma en que se presente». Pero a esta actividad natural se ponen ciertas restricciones religiosas. La serie más interesante de datos numéricos del primer Informe indica la frecuencia semanal del orgasmo. Aunque varía según las edades y categorías sociales, en conjunto es muy inferior a 7, cifra a partir de la cual se nos habla de alta frecuencia (high rate). Ahora bien, La frecuencia normal del antropoide es una vez al día. La frecuencia normal del hombre, según afirman los autores, podría no ser inferior a la de los grandes monos si no se hubieran interpuesto las restricciones religiosas. Los autores en los resultados de su encuesta clasificaron las respuestas de los fieles de diversas confesiones, oponiendo practicantes y no practicantes. El 7,4% de los protestantes piadosos contra 11,7% de los indiferentes alcanzan o superan la frecuencia semanal del 7%; del mismo modo, el 8,1% de los católicos piadosos se contraponen al 20,5% de los indiferentes. Son cifras relevantes: la práctica religiosa frena obviamente la actividad sexual”.

Georges Bataille. El erotismo, p. 162.

No es algo desconocido para cualquier persona medianamente lúcida lo que estos datos confirman. Como si hiciese falta una razón más, la práctica religiosa debería ser abolida, entonces (entre otras muchas cosas), por oponerse a unos de los aspectos más ricos y sanos que forman la vida de toda persona. Y me adelanto a la posible crítica de algún intolerante de turno: quien quiera castrarse en vida, es libre de hacerlo; pero que no joda al resto del personal y, mucho menos, que no obligue a castrarse a los demás por su propio delirio. Amén.

Todo lo que necesitas es…

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Como todos sabemos, hay una enorme diferencia entre el acto pornográfico y el acto erótico. En el acto pornográfico todo tiende a un único fin: el placer físico (de allí que en una película de inmediato, luego de la eyaculación, se llega al fin de la escena o, incluso, de la película misma) La misma etimología de la palabra nos lo indica; pornográfico proviene del latín porne (prostituta), de allí que en lo pornográfico sólo prime, como dije, lo físico. En el acto erótico, por el contrario, el objetivo es el placer compartido, el placer transformador del dos en uno y del uno en dos. En un verdadero acto erótico no puede primar nunca el egoísmo, ya que si esto ocurre de inmediato se reduce lo erótico a lo pornográfico. De allí, entonces, que lo accesorio sea, en el cabal sentido de la palabra, secundario. Me refiero a esas cosas que la normativa tradicionalista considera como necesarias y hasta fundamentales: matrimonio, heterosexualidad, amor. El primero de estos términos no requiere mucho análisis; ya se sabe que no es necesario un documento religioso o civil para poder disfrutar de un acto erótico pleno y maduro y tampoco que estos documentos aseguren una felicidad per se. Todos conocemos (o incluso hemos vivido) situaciones que nos han probado empíricamente lo que digo: matrimonios que han reducido la pasión a lo pornográfico y relaciones casuales o consensuadas de manera adulta y madura cuyo afecto mutuo supera con creces a lo moralmente establecido. El tema de la heterosexualidad tampoco requiere mucho análisis. Ya las sociedades civiles se están moviendo en un sentido integrador y evolucionado mientras que sólo quedan retrasados los eternos moradores del conservadurismo más extremo. Por último, el término amor sí requiere un pequeño comentario. La raíz etimológica de la palabra amor nos enseña que éste proviene de amma (madre); es decir, lejos (o lejanamente emparentado) con el significado del amor judeo-cristiano, aquel sentimiento limitado por normas y medidas varias (la mayor de las cuales es esa subordinación a ese otro amor mayor: el que proviene y debe ir hacia dios. Ya se sabe, dentro de la ideología de los tres grandes monoteísmos todo lo humano se ve reducido a la nada). Amor, entonces, es entrega, compromiso, respeto. El amor está más cerca de lo erótico que de lo pornográfico. Cuidar del otro, cuidar del placer del otro, sentir placer por el placer del otro es la norma que nos lleva al siguiente término que ha sido apropiado por las religiones pero que no les pertenece de manera exclusiva. Me refiero a comunión. Uno puede lograr esa comunión con el otro sin estrellas, cruces ni lunas sobre la cabecera de la cama. Sólo se necesita afecto, cariño, respeto. En suma: amor y ganas de pasarla bien.

Eróticos o pornográficos. La decisión, como siempre, en nuestra.