Cuando la soberbia y la ignorancia confluyen

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Uno intenta ser moderado; uno intenta pensar y ser consecuente con su ideas y poner en contexto los conocimientos que posee; uno intenta llegar al diálogo de manera mesurada, equilibrada, educada y, sobre todo, lógica; pero a veces uno se topa con gente que pone las cosas más que difíciles.

Ayer me topé con este video, el cual sólo dura un minuto pero que dice mucho más de lo que allí está contenido. Les pido ese minuto de su tiempo (sé que sean cuales fueren sus puntos de vista políticos y sociales no los dejará indiferentes) y luego seguimos.

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¿Ven? ¿Lo hacen difícil o no? Acaba de pasar el inevitable 12 de octubre y las agotadoras imágenes en las redes sociales sobre el tema. Soy muy crítico de ellas porque, aunque no aplaudo lo que ocurrió durante la colonización europea de América, soy consciente de que eso fue un hecho histórico que debe ser puesto en contexto, que era algo que inevitablemente iba a ocurrir y que siempre que dos civilizaciones se encontraron, ocurrió lo mismo que aquí; así que de nada vale llorar sobre ello. Pero el asunto se complica cuando es en el presente que un par de individuos pretenden seguir con un discurso perimido hace ya tanto tiempo que no haría falta decir nada más.

Pero sí, parece que hace falta volver a él una y otra vez porque hay gente que aún cree que Europa es el centro del Universo; que ser europeo es per se, condición sine qua non para poder ser considerado como culto, inteligente, capaz, civilizado. Lo que estos dos individuos dicen en el video haría que cualquier persona realmente civilizada sintiera un profundo asco de sí misma; pero parece que ser civilizado también los aísla de tales nimiedades como el tener una conciencia o algo que siquiera se le parezca.

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¿En serio alguien puede decir que no hablar español implica no tener idea de lo que es la civilización? ¿De verdad alguien puede decir sin que se le caiga la cara a pedazos de la vergüenza que hablar idiomas como el aymara o el quechua es no ser civilizados? Me gustaría recordar que el quechua es el idioma de la antigua civilización Inca; esa misma que construía ciudades y templos que los mismos españoles no entendían cómo podían hacerse y que por eso mismo, con toda su cultura y civilización dijeron «Esto no es cosa de hombre, es cosa del diablo» y comenzaron la destrucción sistemática de eso que no podían entender (por cierto, los salvajes Incas construían tan bien que ni siquiera con todo su poder de fuego civilizatorio pudieron destruirlos por completo). ¿En serio alguien puede decir que no tener un celular e internet hace que «mentalmente no tengas idea de nada»? Pues allejandro Emtrambasaguas los tiene y no parece que haya alcanzado grandes cotas intelectuales (por cierto, en otra parte de video este muchacho dice «cuando un español vota a la izquierda, tiene un móvil y una conexión a internet»; después dice eso de que cuando lo hace un boliviano «no tiene un móvil…» etc. Es decir, más claro imposible: un español puede hacer lo que hace porque sí, coño; porque España (y por extensión Europa) es la civilización, mientras que Latinoamérica sigue siendo la ignorancia, el atraso, la barbarie.

Me pregunto una cosa más: ¿Por qué tanta saña con Latinoamérica? ¿En qué le va a los europeos que los latinoamericanos seamos los salvajes que somos? Si están tan bien en Europa ¿qué les importa lo que hagamos los indios que habitamos estas tierras y que vivimos como nos place hacerlo? En un reportaje realizado por la TV boliviana (porque esto también hay que decirlo: hijos de puta hay tanto adentro como afuera), Emtrambasaguas dice: «… por mucho que yo me encuentre a diez mil kilómetros del país yo sigo comprometido con que Bolivia… mmm… se olvide de las terribles consecuencias de los catorce años del gobierno del Evo Morales y recupere la libertad» ¡Paren las rotativas, aquí encontramos el meollo de la cuestión! ¡Tenemos un iluminado! ¡Un periodista español que no llega a los treinta años viene a enseñarnos lo que está bien y lo que está mal! ¡Aprendan indios degenerados! ¡Aprendan estúpidos ignorantes que no tienen internet ni móviles! ¡Aquí está el que viene con la palabra de la verdad y la justicia! (por cierto, esas palabras que acabo de citar, las dijo Emtrambasaguas en medio de una «investigación» que él mismo hizo para demostrar que Evo Morales era un pedófilo. Literalmente. Pueden buscar la información).

Ya. Basta por hoy. Sé que los textos largos en los blogs no se leen y este ha sido uno de ellos. Seguiré en la próxima, de todos modos, aunque nadie me lea. A veces uno escribe porque tiene que hacerlo; por y para uno mismo. Acabo de darme cuenta de que hoy es uno de esos días.

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Sudamérica.

Un poema borgeano de mi primer libro, En los bordes del silencio.

De regreso a la Edad Media (por el camino más corto)

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El triunfo de la muerte – Pieter Brueghel

Seguimos con la historiadora Fallena Montaño, ya que había más material, con más errores que los que señalé en la entrada anterior. Veamos este párrafo: «El miedo es parte de la humanidad, por eso resulta una falta de tino calificar de ignorantes las expresiones religiosas exacerbadas, que son una respuesta natural ante el temor que ocasionan, por ejemplo, las pandemias». Para empezar, cualquier cosa exacerbada me parece peligrosa, pero en particular las expresiones religiosas me parecen peligrosas si no se les pone coto. La misma historiadora, al final del artículo, dice algo que debería haber hecho que reflexionara sobre sus primeras palabras; pero parece que no tuvo tiempo. Antes de llegar allí, pasemos por esto:

«Cuando hay algo que no puedes comprender y que está más allá de tus posibilidades resolver, le rezas a quien sea y haces lo que sea para tratar de sobrevivir. Es así como surgieron santos es especializados en curar pandemias, por ejemplo, San Sebastián, cuyo culto fue incluso traído a la Nueva España. En el oriente de Europa fue San Demetrio el protector de Grecia y el imperio Bizantino. Alrededor del año 418, las reliquias de San Demetrio fueron depositadas en la iglesia de Tesalónica; desde entonces, esa ciudad griega se convirtió en el gran centro de su culto. Los creyentes acudían en grandes multitudes al santuario

En el siglo VI, durante una epidemia, supuestamente de malaria, se hallaron unos restos en la ciudad italiana de Pavía que se atribuyeron al santo; los trasladaron a un templo y se dice que la enfermedad cesó milagrosamente en ese lugar en ese mismo instante. Desde entonces, San Sebastián gozó de gran popularidad en Italia y, por extensión, en toda Europa, pues se le invocaba para terminar con las diversas plagas que siguieron ocurriendo.

Durante muchos siglos fue común que las reliquias de muchos otros santos, tanto huesos como telas de sus vestimentas o sandalias que se decía habían portado, se usaran para hacer tés curativos. Pulverizaban los huesos o cortaban pedacitos de otras piezas de las reliquias y se los tomaban, sobre todo los emperadores y los reyes; esas eran sus nanopartículas milagrosas».

San Sebastián intercediendo por la peste

Bueno, pues si eso no requiere un trato preferencial, no sé qué otra cosa lo merece. Está bien, saquemos la burla del campo de juego, ya sabemos que vivimos tiempos de hipersensibilidad y que burlarse de cualquier cosa hoy está mal visto (dos cosas: lo de la burla lo dijo la historiadora, no yo; segundo ¿alguien más tiene la sensación de que por todos lados está tratándose de terminar con el humor? Ahora no se puede hacer un chiste de nada y eso es preocupante; a lo largo de la historia los fascistas han sido aquellos con menor sentido del humor). Sigamos. Vamos a la frase final que señalé antes. Dice Fallena Montaño:

«En el mundo musulmán hubo interés por traducir los tratados de medicina en griego de Aristóteles y de Dioscórides, precisamente, para buscar sanar a las personas. Pero también hubo grupos muy religiosos que no querían contradecir los designios divinos, pensaban que las pestes eran castigos de Dios, entonces se oponían a las curas y aceptaban que la pandemia tenía el propósito de limpiar al mundo.

Por eso hubo grupos cristianos que atentaron contra los judíos, exterminaron barrios completos en las ciudades al hacerlos responsables de las epidemias, no sólo a ellos sino a todos los grupos que fueran en contra de los dogmas cristianos.

La xenofobia brota en las crisis sanitarias, porque transferimos el miedo que tenemos a la enfermedad, al otro que no conocemos, y que creemos culpable de las tragedias. Nos volvemos violentos porque tenemos miedo».

Un grupo de enfermeros -de los que cualquier sociedad sana debería sentirse orgullosos- pidiendo no ser víctimas de ataques.

Bueno, si este tipo de ideas no merecen las burlas, tal como la historiadora dice al inicio del artículo, por lo menos merecen el mayor de los desprecios, digo yo ahora que estoy terminando. Y es que este es otro ejemplo de lo que yo llamo el «justificar lo injustificable»; lo cual no es más que una nueva costumbre nacida del seno del más acérrimo posmodernismo. Ahora cualquiera se arroga el derecho a que su estupidez sea considerada en igualdad de condiciones con la palabra del sabio sólo porque ambos son personas. Y no; no es por ese camino que se avanza sino que, por el contrario, podemos asegurar que es el camino perfecto para el retroceso. No me importa la libertad religiosa de cada uno del mismo modo que no me importa absolutamente nada de las particularidades de las personas; pero si alguien quiere escudarse en el miedo (miedo hijo de la ignorancia, como bien señaló Fallena Montaño) para sacar a relucir su brutalidad, su racismo, su intolerancia, es decir, y permítanme la redundancia, su más profunda ignorancia; no sólo se hace merecedor de cualquier burla que ande dando vueltas por allí, sino también del desprecio general y, llegado el caso, hasta de la cárcel.

Justificar al ignorante sólo porque tiene derecho a ser ignorante es reabrir el camino hacia una nueva Edad Media, camino que habíamos cerrado como humanidad, no hace demasiado tiempo. Es una pena que les haya tomado mucho menos para desandar el camino.

De demonios, pasteles y piñatas

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Leo un artículo del suplemento cultural del diario La Jornada. En él la historiadora Fallena Montaño explica que una manera de controlar el miedo es sublimarlo (sublimar: «Alabar o ensalzar a una persona o una cosa exagerando mucho sus cualidades o méritos». Pero en psicoanálisis, significa «Transformar los impulsos instintivos en actos más aceptados desde el punto de vista moral o social»). ya muchos saben que considero al psicoanálisis como una forma moderna de superstición; una mera superchería; pero vamos adelante aceptando, por el momento, esa definición.

Sigue la historiadora: «En el período gótico aparecieron imágenes de un demonio carnavalesco. Es cuando surgen los carnavales y las danzas en las que las personas se disfrazaban de un diablo tonto, que se equivoca, se tropieza; esa es una manera de controlar el miedo. Es lo mismo que se hace hoy en día con las piñatas con forma de coronavirus o se reproducen memes donde el coronavirus tiene una carita y está bailando “para enfrentar el temor natural que le tenemos”, pues es la actual representación del mal».

Piñatas con forma de coronavirus. ¿La del medio la habrá diseñado Trump? Aquí el mal no sólo es el virus, también son los chinos…

Aquí ya empiezo a hacerme algunas preguntas: ¿Es realmente lo mismo ridiculizar a la figura del diablo en la Edad Media que representar a un virus en la actualidad? Es decir ¿realmente subyace el mismo temor y la misma necesidad detrás de ambas representaciones? Quisiera creer que el temor que se le tenía al diablo en la Edad Media tenía unas características más pronunciadas que las que podemos tener hoy con respecto a un virus; aunque tampoco podemos decir demasiado al respecto; desde el momento en que recuerdo que hay gente que todavía cree que la Tierra es plana o cree en la astrología o en el diablo mismo, no me dejan mucho margen para el optimismo.

Pasteles decorados como Coronavirus. ¿Otra forma de sublimación?

Sigamos con Fallena Montaño quien, al menos en los aspectos históricos, dice un par de cosas interesantes más: «La figura de Satanás, visualmente, tuvo características encontradas en la Edad Media, “por un lado era atemorizante, zoomorfo, con rabo, pezuñas de macho cabrío, cuernos o garras de ave de rapiña pero, además de las anteriores, aparecieron imágenes de un diablo ridículo. Al igual que el demonio, durante el período de la pandemia medieval, “la muerte tuvo un lugar protagónico en el arte, algo que no encontramos en el período románico. La muerte se convirtió a partir del siglo XIV en el personaje que conocemos hasta nuestros días, un esqueleto con su guadaña, o un cuerpo putrefacto, agusanado, con llagas, pus o con los bubones de la enfermedad».

«De ahí surge en la pintura el género Vanitas, que se refiere a que todo en esta vida es vanidad y que no importa si alguien es rey, el papa, una persona poderosa, alguien muy culto o rico, de todas maneras la muerte es común para todos y el cuerpo va a decaer».

Me pareció interesante el dato de que la imagen de la muerte, tal como la consideramos hoy, aparece alrededor del 1300 y que ha perdurado hasta la actualidad. También que por aquellos tiempos aparece el género Vanitas (del cual traeré un par de ejemplos pronto); pero aquí también hago una distinción entre aquellos tiempos y estos. Si bien el género Vanitas señalaba la igualdad de todos los hombres ante la muerte, independientemente de su rango o posición; en la actualidad el asunto sigue siendo verdad, pero no de una manera tan tajante. En la Edad Media si te agarraba la peste, un virus o la gripe, no importaba absolutamente nada. La palmaba igual el rey que el campesino; pero todos sabemos que hoy no es tan así. No es lo mismo contagiarse de coronavirus siendo un acaudalado millonario que siendo un desocupado sin seguro social.

Y es por eso, también, que dudo al intentar responder a esas preguntas que hice antes: ¿Es realmente lo mismo ridiculizar a la figura del diablo en la Edad Media que representar a un virus en la actualidad? ¿Realmente subyace el mismo temor y la misma necesidad detrás de ambas representaciones? Las respuestas que tengo son parciales y debo pensarlas más; no me convencen del todo o sé que hay cosas que he dejado sin considerar. ¿Alguno tiene alguna respuesta, aunque sea parcial? Les convido un trozo de pastel de coronavirus y un café; así mientras pensamos al menos vamos sublimando…

Victor Hugo y la política de la ignorancia

En La utilidad de lo inútil, Nuccio Ordine rescata un discurso de Victor Hugo, pronunciado ante la Asamblea constituyente de 1848, en el que sale al paso de la falacia del ahorro estatal cuando se trata de recortes en las actividades culturales y la instrucción pública. Es la crisis, le dicen, no hay otro remedio. Y Victor Hugo se revuelve contra los profesionales del Dogma del Recorte Inevitable: «¿Y qué momento escogen? El momento en que son más necesarias que nunca, el momento en que, en vez de limitarlas, habría que ampliarlas y hacerlas crecer (…). Haría falta multiplicar las escuelas, las cátedras, las bibliotecas, los museos, los teatros, las librerías». Y le pone un nombre a esa presunta política de ahorro: es «la política de la Ignorancia».

En estos tiempos de recortes masivos a las políticas culturales y educativas, aquel discurso de Victor Hugo de hace ciento setenta y dos años suenas más actual que nunca (y es otro ejemplo de algo que siempre digo aquí: ya todo se dijo antes; sólo hay que saber mirar a la historia). He aquí algunos otros fragmentos de ese discurso, a los que nada añadiré porque ante la grandeza y la perfección de las palabras bien dichas, uno tiene que llamarse a silencio:

«Afirmo, señores, que la reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista. Insignificantes desde el punto de vista financiero. Esto es una evidencia tal que apenas me atrevo a someter a la asamblea el resultado del cálculo proporcional que he realizado[…] ¿Qué pensarían, señores, de un particular que, disfrutando de unos ingresos de 1500 francos, dedicara cada año su desarrollo intelectual […] una suma muy modesta: 5 francos, y, un día de reforma, quisiera ahorrar a costa de su inteligencia seis céntimos?».

«¿Y qué momento se elige? Aquí está, mi juicio, el error político grave que les señalaba al principio: ¿qué momento se elige para poner en cuestión todas estas instituciones a la vez? El momento en el que son más necesarias que nunca, el momento en el que en vez de reducirlas, habría que extenderlas y ampliarlas».

Victor Hugo

«[…] ¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia. La ignorancia aún más que la miseria […] ¡Y en un momento como éste, ante un peligro tal, se piensan en atacar, mutilar, socavar todas estas instituciones que tienen como objetivo expreso perseguir, compartir, destruir la ignorancia!».

«Pero si quiero ardiente y apasionadamente el pan del obrero, el pan del trabajador, que es un hermano, quiero, además del pan de la vida, el pan del pensamiento, que es también el pan de la vida. Quiero multiplicar el pan del espíritu con el pan del cuerpo».

«[…] Habría que multiplicar las escuelas, las carreteras, las bibliotecas, los museos, los teatros, las librerías. Habría que multiplicar las casas de estudio para los niños, las salas de lectura para los hombres, todos los establecimientos, todos los refugios donde se medita, donde se instruye, donde uno se recoge, donde uno aprende alguna cosa, donde uno se hace mejor; en una palabra, habría que hacer que penetre por todos lados la luz en el espíritu del pueblo, pues son las tinieblas lo que lo pierden»

«Han caído ustedes en un error deplorable. Han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria».

El humor profético

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Todos sabemos que el humor es uno de los grandes deconstructores de todo discurso mal fundamentado. Un buen humorista puede deshacer el discurso de un político, de un artista, de un pseudocientífico, de un charlatán cualquiera con una chiste bien armado (por supuesto, no hablo de la mera descalificación por medio del sarcasmo o la burla; hablo de la crítica mordaz que el humor permite; no del mal uso que puede hacerse de él).

¿Pero qué sucede cuando una broma se anticipa al discurso absurdo? Pues lo más lógico sería que quien sostenga ese discurso reconozca la falsedad de sus premisas y, también, que todos aquellos que han comprado ese discurso como válido reconozcan (incluso con un poquito de vergüenza al haberse dejado atrapar de manera tan evidente) el error y lo enmienden. Eso, al menos, para empezar.

He aquí el chiste o la broma de la que quiero hablar: Alphonse Allais (1854-1905) fue un periodista, escritor y humorista francés. Su obra, caracterizada por su humor basado en la lógica del absurdo, está ampliamente reconocida en Francia y en la cultura anglosajona. Sus libros forman parte de de los orígenes de la vanguardia en Francia (Satie, Apollinaire, Breton, Jarry, Marcel Duchamp, dadaístas y surrealistas) y entroncan con los estudios de la new theory, tan de actualidad (Baudrillard, Morin, Deleuze, Barthes, etc.).

Allais publicó un pequeño librito titulado Album Primo – Avrilesque en 1897.. El contenido artístico era una serie de pinturas monocromas y una obra musical. En particular, lo que me interesa, además de la obra (de la broma) es el lenguaje que utiliza Allais para justificar el valor artístico de lo que nos presenta. Veamos el primer ejemplo:

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Combate de negros dentro de una cueva, durante la noche.

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Dice Allais: «Traído a París por un tío mío, como recompensa por un tercer áccessit en formación religiosa brillantemente conseguido ante competidores formidables, tuve la oportunidad de verlo antes de partir hacia Estados Unidos, conseguido a base de dólares, el famoso cuadro de estilo negro titulado:

COMBAT DE NEGRES DANS UNE CAVE, PENDANT LA NUIT (La reproducción de esta admirada tela estará muy alejada de la realidad. La hemos publicado con permiso especial de los herederos del autor.)

La impresión que he sentido ante esta apasionante obra maestra me deja sin palabras. Mi destino se apareció en forma de letras con llamas: Yo también seré pintor. Y cuando decía pintor, yo decía: no quiero hablar de pintores del tipo que que oído hablar normalmente, de ridículos artesanos que necesitan mil colores diferentes para expresar sus penosas concepciones. ¡no! El pintor al cual idealizo, era aquel genial que le bastaba un solo color para cada tela: el artista, osaría decir, monocroidal.

Tras veinte años de trabajo tenaz, de tremendos sinsabores y luchas encarnizadas, puedo por fin exponer una primera obra: PREMIERE COMMUNION DE JEUNES FILLES CHLOROTIQUES PAR UN TEMPS DE NEIGE (Primera comunión de niñas cloróticas nevando).

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Primera comunión de niñas cloróticas nevando

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Sólo una Exposición me había ofrecido su hospitalidad, la de las Artes Incoherentes, organizada por un tal Jules Lévy, a quien por este acto de bella independencia artística y perfecto desapego a la pertenencia de un clan, he consagrado un reconocimiento eterno.

Sobran las palabras. Mi OBRA hablará por mí.

Alphonse Allais.

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Bien, hasta aquí la broma de Allais (ya les dejaré el resto de su obra más abajo), pero vuelvo el tema central. Cuando décadas después algunos vivillos comienzan a vender o exponer obras dentro de esto que para el honesto de Allais no era más que un chiste ¿Qué es lo que sucede? ¡Curiosamente, nada! El mundo se traga la farsa y aplaude, dándose, como siempre, aires de inteligencia. El siglo XX ha sido el tiempo perfecto para la prostitución de gran parte de la escena artística (y el siglo XXI no está quedándose detrás) pero ahí seguimos, justificando bromas como si fuesen verdaderas obras, lo cual ya nos hace parecer más bien como al idiota del pueblo; porque la verdad que reírse mil veces del mismo chiste no es algo de lo que uno pueda enorgullecerse, si vamos a ser sinceros; y mucho menos lo es pagar decenas de miles de dólares o, incluso, hasta algunos millones.

Vamos a la obra de Allais, la cual espero que disfruten tanto como yo. Al final, les dejo una nota extra sobre este mismo tema y los enlaces al original francés de la publicación.

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Rufianes, todavía en plenitud, con el vientre en la hierba, bebiendo absenta.

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Manipulación del ocre por cornudos ictéricos.

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Recolección del tomate por cardenales apopléjicos a orillas del mar rojo.

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Ronda de borrachos en al niebla.

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Estupor de jóvenes neófitos al darse cuenta por vez primera del tono azul del mar ¡oh, Mediterráneo!

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Coda: Muchos conocerán la obra de john Cage 4´33´´ La cual fue “compuesta” en 1947/48. La obra consiste en cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio. El pianista se sienta frente al instrumento, la partitura frente a él (la cual no es más que una página con los pentagramas en blanco) y espera, sin tocar una sola tecla, el tiempo que se ha indicado. Esa es la obra. Pues yo digo que Cage plagió esa obra de Alphonse Allais; es más, aquí les dejo la prueba. En esa misma publicación de la que hablé más arriba, Allais nos comparte su Marcha fúnebre para los funerales de un gran hombre sordo. Les dejo la partitura y, después y para que comparen, la de John Cage.

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Para ver el original del Album Primo – Avrilesque pueden ir aquí.

Vergüenza ajena

Hace un par de días se llevó a cabo, en Argentina, una manifestación anticuarententa y uno siente una infinita tristeza al ver el tono, las ideas (llamémoslas así), el odio, el discurso, la estupidez, la incoherencia, la brutal ignorancia de aquellos que participaron en esa manifestación. Y no digo esto porque me encuentre en la vereda de enfrente de los manifestantes, no; cada cual puede oponerse a lo que considere apropiado; pero vamos, que al menos hay que tener una idea, un argumento… algo.

Lo que se vio fue una mezcla de teorías conspirativas mezcladas con pseudociencia, fascismo, desconocimiento político y, sobre todo, odio; mucho odio por aquel que piensa diferente. También odio por el pobre y, por supuesto, por el negrito; por el que es del interior del país, por el personal doméstico, por ese que no es como uno ¿viste?

La derecha política siempre ha sido detestable; pero tengo la sensación de que en Argentina es particularmente repugnante. Buenos Aires, el centro neurálgico de la derecha argentina (aunque no es el único sitio donde abunda esta gente) es la cloaca descarada donde la derecha ni siquiera hace el intento de ocultarse un poco, como lo hace en otras latitudes, con alguna máscara de corrección política. Allí no; allí se dicen las cosas como ellos quieren, porque ellos son la Argentina; el resto está para servirles. Es por eso que lo primero que hacen es querer matar, matar y matar a todo aquel que no les sirva a sus propósitos. En otras palabras: hay que matarlos a todos (menos a los albañiles y a la señora que me limpia la casa, por supuesto).

Por cierto, la mayoría de estos demócratas cristianos, tiene muchísimo dinero, pero, como es habitual en ellos, hacen todas las trampas posibles; así es que van a la marcha en un flamante Audi o en un Mercedes Benz último modelo, de los cuales no han pagado jamás los impuestos correspondientes:

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Después tenemos a los conspiranoicos; esa plaga que ensucia todo lo que toca y que, por desgracia, como un niño malcriado (cosa que uno piensa que son: niños que no han sido debidamente educados y que por eso creen que piensan) y es así que se vieron carteles mezclando a la OMS con planes de dominio mundial (ayudados por los médicos, claro), el 5G, los chips, Bill Gate, y todas esas tonterías.

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¿Y la salud, los datos duros, la realidad, los argumentos, la responsabilidad social? Bien gracias. Deben estar escondidos en algún rincón del viejo esquema llamado pensamiento; ese mismo esquema que toda esta gentuza no entiende ni entenderá, porque lo único que saben decir o ver es el YO enorme de su ego malcriado. Mientras tanto, los médicos y las enfermeras (la ciencia, como siempre) son los que realmente llevan las cosas adelante. Los imbéciles, como siempre, después usufructúan los beneficios y le dan las gracias a cualquiera, menos a quienes lo merecen.

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El vacío que se apodera de todo

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Que la sociedad moderna está yéndose al carajo a pasos agigantados es algo que todos sabemos y de lo que somos conscientes. Los ejemplos abundan y se encuentran por todos lados; no hay mas que abrir una red social, intentar debatir con alguien (de lo que sea), escuchar lo que se dice en la TV o en la calle. Todo, pero todo, absolutamente todo se ha vuelto vacío, mediocre, sin sentido. El posmodernismo ha hecho estragos en la mente de las personas y, como siempre sucede, destruir es mucho más fácil que construir, así que nos encontramos ahora, con otro problema: todo es cada vez más idiota y, al mismo tiempo (y por ello mismo) se hace cada vez más difícil revertir la situación. Han sido muchos los autores que se han dedicado a intentar defender a la razón y a la cultura de estos ataques incesantes; ¿pero cuánta gente lee esos libros en comparación con los que se dedican a demoler la cultura? De los muchos libros sobre el tema me permito recomendar dos: El asedio a la modernidad, de Juan José Sebreli y En defensa de la ilustración,  de Steven Pinker. Pero, como dije, hay mucho material sobre el tema, así que no es eso lo que falta, sino lectores…

Todo esto nace a colación de algo de lo que acabo de enterarme: existe el Museo de lo no-visible. ¿Y qué es esto? Pues, como su nombre lo indica, es un museo donde las obras no son visibles; eso es todo. La gente ingresa y lee unas tarjetitas adheridas a la pared y debe imaginarse la obra. La verdad es que conozco mejores modos de perder el tiempo… ¿Pero  esto es cierto? ¿Será verdad que se puede ser tan idiota? ¡Pues faltaba más! Claro que sí…

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Lo indignante no es que a alguien se le ocurran estas cosas; esto es algo más viejo que cualquiera de nosotros; pero sólo se mantenía dentro del juego intelectual (Alfred Jarry; Borges-Casares; Apollinaire; etc.); ahora no, ahora se le brinda un carácter de seriedad que es lo que lo vuelve profundamente repulsivo. Antes al menos teníamos al arte como refugio, hoy ya ni eso nos dejan. Han ensuciado todo.

He aquí, por ejemplo, una de esas obras de arte (imagínensela ustedes, claro). Pertenece al conocido actor James Franco, quien lamentablemente se ha sumado a esta payasada (y está bien, ellos son los astutos, los idiotas son los que van allí a sumarse a esa farsa o, peor aún, los que compran esas obras. James Franco vendió una a 10.000 dólares).

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James Franco

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James Franco

Barco del Capitán

Escultura, 2011

Un barco de vapor a gran escala en el que vivía el Jefe, en el río, para la película imaginaria e inacabada de James Franco, «Hojas rojas».

El barco de vapor estaba destinado a vivienda y dormitorio y esta réplica es un modelo a escala real que en realidad flota, aunque no tiene motor.

Tiene aproximadamente 10 metros de largo.

 

Esta no es la obra que vendió Franco; sino otra, la cual desconozco. Tenemos, por ejemplo, esta otra:

Jen Silver

Amor verdadero

Fotografía, 2011

Esta es una fotografía de tamaño natural de tu verdadero amor. Si aún no ha encontrado a su verdadero amor, se le revelará cuando mire esta obra de arte. Si ya has encontrado a tu verdadero amor, esta foto los captura en su momento más atractivo y entrañable. Cada vez que miras esta pieza, recuerdas instantáneamente lo que los unió y te enamoras de nuevo.

«…»

Bueno, ya; no hay mucho que agregar. Estamos rodeados y nosotros los hemos dejado. no voy a decir que la culpa es nuestra; pero vamos, dejar que los idiotas se apoderen de todo implica algo de responsabilidad de nuestra parte. Pero ahora que lo pienso, no está mal lo que hizo James Franco. Bajo el viejo adagio que dice Si no puedes vencerlos, únete a ellos, aquí me sumo y me declaro como AN-V;  es decir: Artista No-Visual. Aquí les dejo mi primera obra (la cual está a la venta por la ridícula suma de 5.000 dólares. lo acepto, no soy James Franco). Cualquier interesado, por ahí anda mi e-mail.

Borgeano - Torre Eiffel

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Sitio oficial del Museum Of Non-Visible Art, aquí.

Artículo con la noticia de la venta de la escultura de James Franco, aquí.