No, gracias

E.E. Cummings tuvo que pedir prestado $300 a su madre con el fin de publicar 70 Poemas, su colección de poesía de 1935. Pero al publicarlo le cambió el título a No Thanks (No, gracias) y dedicó el volumen a las 14 editoriales que lo habían rechazado:

e.e. cummings

Sus nombres, como se ve, forman la silueta de una urna funeraria. Me parece que no es una mala forma de tomar una revancha; no se le hace mal a nadie y demuestra un fuerte impulso creativo.

Tal vez más de uno deba tomar nota de esta forma de crítica; aunque la verdad es que espero que nadie tenga que usarla en el futuro.

Simetrías

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Dibujo original de William Blake para su poema El tigre

En su más que famoso poema El tigre, William Blake se adentra en lo más profundo de las dudas sobre el alma humana. El poema suele citárselo en muchas ocasiones, pero siempre se lo limita a la primera estrofa:

¡Tigre! ¡Tigre!, fuego que ardes
En los bosques de la noche,
¿Qué mano inmortal, qué ojo
Pudo idear tu terrible simetría?

La segunda de ellas (el poema consta de seis estrofas de cuatro versos) es por demás interesante y ya nos brinda una idea de las dudas del autor:

¿En qué distantes abismos, en qué cielos,
Ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Y que mano osó tomar ese fuego?

Pero hacia el final del poema donde Blake nos deja la pregunta clave, la que le dará cabal sentido a la pregunta planteada al inicio:

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Para Blake era incomprensible que el mismo creador hubiese creado al tigre y al cordero (“la misma ley para el buey y el león es opresión”, escribió en otro momento de su vida). La pregunta del Blake va al meollo de la cuestión del bien y del mal; en definitiva, de lo que somos o de lo que nos conforma, ya que todos somos en algún momento o bien tigres o bien corderos. ¿De qué estamos hechos, entonces? ¿Qué mano forjó nuestra terrible simetría?

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Tigre, dibujo de William Blake

Abdica

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Hoy, sólo algo de Pessoa. Algo de Pessoa sin comentario alguno porque, como siempre, él lo dice todo con esa precisión que impide agregar nada sin que uno se sienta un impertinente. Así que aquí está, Fernando Pessoa:

.
No tengas nada en las manos…

No tengas nada en las manos
ni una memoria en el alma,

que cuando un día en tus manos
pongan el óbolo último,

cuando las manos te abran
nada se te caiga de ellas.

¿Qué trono te quieren dar
que Atropos no te lo quite?

¿Qué laurel que no se mustie
en lo arbitrios de Minos?

¿Qué horas que no te conviertan
en la estatura de sombra

que serás cuando de noche,
estés al fin del camino?

Coge las flores, mas déjalas
caer, apenas miradas.

Al sol siéntate. Y abdica
para ser rey de ti mismo.

 

— ♠ —

Notas:

Átropos: En la mitología griega Átropos  era la mayor de las tres Moiras. Átropos elegía el mecanismo de la muerte y terminaba con la vida de cada mortal cortando su hebra con sus «aborrecibles tijeras».

Minos: En la tradición ática y en la etapa ateniense, Minos es un cruel tirano, el demandante del tributo de jóvenes atenienses que alimentaban al Minotauro.

El gran coro de agua

 

crystal-cascade1Al este del Walhalla, se halla el castillo de Sokwabek construido dentro de una gran cueva con paredes de cristal. Era la residencia de Bragi, el señor de los cantos y los encantos y creador de la poesía. En la entrada de la gruta se despeñaba una gran cascada, cuyo estruendo estaba formado por misteriosas voces que aleccionaban acerca de los sucesos del pasado y vaticinaban los acontecimientos del futuro; esas voces eran, entonces, el cúmulo de todo lo dicho. El lugar era tan portentoso que hasta el mismo Odín en persona acudía allí para meditar.
La historia es mucho más extensa, pero quisiera detenerme en un detalle: en la cascada. Si esa fantástica caída de agua está formada por todo lo dicho y por todo lo que se dirá, entonces allí estarán las voces de aquellos seres queridos que ya no están con nosotros y también estarán las voces de todos aquellos que seguirán nuestros pasos pero a los que no podremos oír porque seremos nosotros, en ese caso, quienes ya no estaremos presentes para oírlos. Pero tal vez lo más importante de todo es que allí también estará nuestra voz con todo lo que hemos dicho y lo que diremos aún. ¿Qué sentiremos al oírnos? ¿Nos avergonzaremos de nuestras palabras o tendremos la fortuna de sentir aunque sea un mínimo y justificado orgullo?

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Bragi e Idunn

No puedo menos que enlazar esta idea con la que dejé aquí hace unos días, cuando hablé de la ninfa Eco: Creo (quiero hacer esta lectura) que estas historias mitológicas nos dicen que lo mejor que podemos hacer es cuidar lo que decimos y cómo lo decimos. En el caso de la ninfa Eco para no obligarla a rebajarse a repetir palabras banales; en el caso de la gran cascada del Palacio Sokwabek, para no avergonzarnos nosotros mismos al oír nuestra voz, ni avergonzar a nuestros mayores, ni a aquellos que seguirán nuestros pasos, aunque nunca vayan a conocernos.

Arcoiris medieval

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En 1692 un artista conocido sólo como “A. Boogert “se sentó a escribir un libro en holandés acerca de cómo mezclar acuarelas. Comenzaría el libro hablando en específico sobre este tema, es decir sobre el uso del color en la pintura; pero poco a poco pasaría a explicar cómo crear ciertos matices y cambiar el tono añadiendo una, dos o tres partes de agua. La premisa suena bastante simple, pero el producto final es casi insondable en su detalle y alcance.

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Entre las casi 800 páginas manuscritas y pintadas, el Traité des couleurs à la peinture à l’eau, fue probablemente la guía más completa de pintura y color de su tiempo. Según el historiador medieval Erik Kwakkel (quien tradujo parte de la introducción), el colorido libro fue pensado como guía educativa. La ironía es que existía un solo ejemplar, el que probablemente fue visto por muy pocos ojos.

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Hoy en día, en que se puede ir a un pinturería y elegir entre una amplia gama de colores, donde las mujeres pueden elegir un color determinado entre varias tinturas o donde hasta la comida o sus envases parecen cubrir toda la gama cromática pensable, no puedo dejar de ver a este libro como al equivalente a la Guía Pantone de Color (la cual no se publicaría hasta 1963; es decir 271 después).

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Si alguien quiere despacharse el libro completo, puede ir aquí. No es muy práctico a la hora de elegir colores, pero es una muestra de lo originales y detallistas que podían ser en el siglo XVII.

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Y una más, porque sí:

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La duda eterna

De María Zambrano leo y releo, voy y vuelvo, de su Poesía y Filosofía ya que, como suele suceder con esos libros que fueron creados a partir de una necesidad propia del autor, esa duda luego suele trasladarse al lector de manera casi indefectible. Poesía y filosofía siempre tiene algo nuevo para decirme o para señalarme. El poema que dejo a continuación es una síntesis de la obra de Zambrano. Con voz poética se pregunta y no se responde, deja la pregunta como lo que es: algo que vale en sí mismo y que no siempre ha nacido para ser respondida.

María Zambrano

“El agua ensimismada…”

para Edison Simons

El agua ensimismada
¿piensa o sueña? El árbol que se inclina
buscando sus raíces
el horizonte, ese fuego intocado
¿se piensan o se sueñan?
El mármol fue ave alguna vez,
El oro llama;
El cristal aire o
Lágrima
¿Lloran su perdido aliento?
¿Acaso son memoria de sí mismos
y detenidos se contemplan ya para siempre?
Si tú me miras, ¿qué queda?

Cuando un hombre entra en una mujer

Shhh… Silencio… O baja la voz. Cuando no hay nada que decir lo mejor es retirarse en puntas de pie. Por eso, porque ella lo sabe, lo mejor es dejar esto aquí y salir sin emitir el menor ruido y sin decir nada más. Y no olvides darle las gracias a Anne Sexton.

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Cuando un hombre entra en una mujer

Cuando un hombre entra
en una mujer,
como el oleaje que muerde la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes brillan
como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo,
para que nunca más estén separados
y la mujer
sube a una flor
y Logos aparece
y desata los ríos.

Este hombre,
esta mujer
con su doble hambre,
han procurado penetrar
la cortina de Dios,
lo cual brevemente
han logrado
aunque Dios
en su perversidad
deshace el nudo.