Alegría compartida

 

Max Ernst

Max Ernst – Fireside Angel

 

Friedrich Nietzsche, en el parágrafo 62 de su El viajero y su sombra, dice:

«Alegría compartida. La serpiente que nos muerde cree hacernos daño, y se alegra de ello; hasta el más bajo animal puede imaginar el dolor de otro. Pero imaginar la alegría de otro y alegrarse de ella, es el mayor privilegio de los animales superiores, y de entre éstos sólo son accesibles a ella los ejemplares más elegidos, es decir, un humanum raro».

La filosofía a veces es compleja, pero a veces, como en este caso, es sumamente sencilla. Seamos sinceros: ¿No han visto a esas personas que disfrutan del dolor ajeno como a seres algo torpes, algo idiotas, algo inmorales? Hay un término específico, y ya que estamos entre alemanes: schadenfreude; el cual viene a significar algo así como «alegría malsana que se siente ante el dolor de los demás» (Ay, estos alemanes tienen términos para todo…). Esas personas no dejan de ser personas por ello, claro; pero antes de convertirnos en nazis de pacotilla y andar considerando como inferiores a cualquiera que no piense como nosotros (por dios, lo único que falta es que entre Wagner por la ventana); no podemos menos que reconocer que quienes sí pueden alegrarse por los demás son algo especial; algo —y ustedes disculparán el término— ligeramente superior. un humanum raro… eso.

 

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La mediocridad perenne

 

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Ustedes me permitirán evitar exponer aquí los detalles que me llevaron a querer citar a José Ingenieros, cosa que haré a continuación más como una forma de terapia que como una forma de explicarme (sin contarles mi anécdota no tendría sentido ese «explicarme» de esta manera). Digamos, tan solo, que toparse con un mediocre convencido de su genio o de su derecho al genio es algo que uno puede tolerar hasta cierto punto; pero si nos encontramos con uno de ellos en un sitio de donde no podemos escapar por unas horas (una cena por un casamiento, por ejemplo) creo que entenderán mi necesidad de decir esto, aunque lo haga por boca de otra persona. En este caso, como dije, de José Ingenieros:

«Siempre hay mediocres. Son perennes. Lo que varía es su prestigio y su influencia. En las épocas de exaltación renovadora se muestran humildes, son tolerados; nadie los nota, no osan inmiscuirse en nada. Cuando se entibian los ideales y se reemplaza lo cualitativo por lo cuantitativo, se empieza a contar con ellos. Se aperciben entonces de su número, se mancornan en grupos, se arrebañan en partidos. Crece su influencia en la justa medida en que el clima se atempera; el sabio es igualado al analfabeto, el rebelde al lacayo, el poeta al prestamista. La mediocridad se condensa, se convierte en sistema, es incontrastable».

El universo en el jardín

jardin de la especulación cósmica

 

En 1989 el arquitecto Charles Jencks y su esposa Maggie Keswick concibieron la idea de crear un espacio singular en su casa de Holywood, al suroeste de Escocia. Así nació el Jardín de la especulación cósmica, que hoy comprende doce hectáreas.

La idea era crear un espacio natural inspirado en la ciencia y la matemática, basado, al igual que la mayor parte de la obra arquitectónica de Jencks, en la moderna cosmología. El sitio está plagado de esculturas y elementos arquitectónicos entrelazados con el paisaje, que siguen fórmulas matemáticas combinando simetría y curvas, y representan elementos cosmológicos y geométricos. Así, uno de los elementos centrales es la cascada escalonada que simboliza la historia del Universo, permitiendo realizar un viaje figurado a través de miles de millones de años, partiendo desde el Big Bang.

Luego un puente en espiral une figuradamente el cielo y el infierno, mientras otra zona está dedicada completamente a los sentidos humanos. Una terraza muestra la distorsión producida en el espacio-tiempo por un agujero negro; y un denominado Paseo de los Quarks propone un viaje por los más pequeños bloques de materia conocidos.

 

jardín de la especulación cósmica - Charles Jenckes

Charles Jencks

Cada una de las 40 zonas del parque presenta un motivo diferente, creado con la ayuda de científicos y horticultores con el fin de diseñar paisajes que entrelazasen los mundos del arte, la naturaleza y la ciencia. Montículos y lagos crean una ilusión de fractales geométricos, que se mezclan con hélices de ADN y referencias a la Teoría de Cuerdas.

Pero este lugar casi fantástico solo puede ser visitado una vez al año, dado que es de propiedad privada. Cada último domingo de abril el parque abre sus puertas a los visitantes de 11 de la mañana a 5 de la tarde. El precio de la entrada son 10 libras, gratis para los niños (5 libras para estudiantes y jubilados), dinero que se destina a una fundación contra el cáncer que lleva el nombre de la esposa de Jencks, fallecida en 1995.

Eso sí, es necesario reservar la entrada online, debido al elevado número de solicitudes. Y tener en cuenta que dentro del recinto no hay aseos, y solo se vende té. Si alguien quiere ir agendando su próxima visita (yo lo haría, pero Escocia me queda un poco a trasmano, para ser sinceros) puede acceder a los datos necesarios aquí.

Una galería de imágenes del Jardín de la especulación cósmica. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

La perfección estaba allí

 

Mozart

 

Mis gustos musicales suelen ser amplios y variados, pero a veces ni siquiera esa variedad suele satisfacerme del todo. Ayer, por ejemplo, intenté escuchar un disco que acabo de adquirir y no, sentí que no era lo que necesitaba. Busqué algo más fuerte, más activo, ya que muchas veces la música que necesito es la que mi estado de ánimo requiere (a veces es la misma música la que modifica o condiciona al estado anímico, pero esta vez, por lo visto, no lograba hacerlo); y no, tampoco funcionó. Por esa lógica ilógica que usamos a veces y que nos hace creer que si algo no funciona lo contrario sí lo hará, busqué algo tranquilo, lento, relajado y… tampoco.

¿Y no será que la respuesta está en la nada, entonces? Me refugié en ese amigo ejemplar que me acompaña a menudo: el silencio. Pero no, tampoco era eso lo que me hacía falta. Mientras me duchaba, un pensamiento cruzó por mi mente: «En algún lado debe haber un disco que sea perfecto; un disco que contenga una obra maravillosa». Ese pensamiento apareció así, solo, casi como una imposición. Y la obra también apareció (casi) sola y si se impuso fue con mejores modales que los de una imposición violenta.

MozartLa perfección estaba allí, en la pantalla de mi computadora: el Concierto número 20 en re menor de Mozart era todo lo que necesitaba y, estoy tentado a decir, todo lo que cualquiera puede llegar a necesitar en cualquier momento del día. Escuché la versión veloz y precisa de Martha Argerich y luego la más accesible de Mitsuko Uchica (pero molesta por su excesiva gesticulación. Hay intérpretes que parece que tocan con la cara en lugar de hacerlo con las manos. Uchida es una de ellas, lo cual es una pena porque es realmente buena); por último, oí la rítmica y detallada versión de Friedrich Gulda.

Comencé diciendo «ayer» y resulta que hoy sigo escuchando este concierto una y otra vez y sigo creyendo (sintiendo, sería mejor) que es todo lo que una persona puede necesitar a la hora de salir de la mediocridad general. Mozart compuso este concierto cuando tenía veintinueve años, lo cual me hace sentir bastante pequeñito; pero luego vuelvo a escucharlo y es como si me crecieran alas y me elevara por sobre las nubes y las corrientes aéreas y es entonces que mi pequeñez ya no tiene ninguna importancia.

 

Rubik en versión china del siglo XIX

 

Marfil 0 (1)

 

La capacidad industriosa humana no deja de asombrarme. Me encuentro con estos maravillosos rompecabezas esféricos chinos y me pregunto cómo diablos es que alguien logró fabricar esta piezaa que, más que un juego, me sabe a obra de arte. Hijo de una época incrédula, pienso en que de alguna manera se las ingeniaron para colocar una esfera dentro de la otra pero, al mismo tiempo sé que esto no puede ser, así que me puse a buscar información, que es, en definitiva, lo que corresponde. Claro está, las cosas son de una manera más sencilla, al menos en su explicación, ya que su puesta en práctica es algo totalmente diferente.

Los rompecabezas esféricos son objetos decorativos ornamentados que consisten en varias esferas concéntricas, cada una de las cuales gira libremente, talladas en la misma pieza de material. Estas obras de arte detalladas generalmente se componen de 3 a 7 capas, aunque el rompecabezas más grande que se conoce está compuesto de 42 bolas concéntricas. Aunque las bolas internas se pueden manipular para alinear todos los agujeros, parece ser que el término o idea de «rompecabezas» proviene de las reflexiones que promueven la misma construcción de los artefactos (en ese sentido veo que no soy muy original).

Entonces, ¿cómo se hacen exactamente estos «rompecabezas»? Bueno, ciertamente requiere montañas de paciencia y una mano muy firme. Los maestros chinos rotaban una bola sólida en un torno y comenzaban perforando agujeros hacia el centro de los objetos. Luego, usando herramientas especiales en forma de “L”, comenzaban a separar las esferas internas. La herramienta con el montante más largo tiene el cortador más corto, y el que tiene el montante más corto tiene el cortador más largo. El artesano bajaba la herramienta más larga hasta el fondo angosto de cada orificio y la hacía girar para cortar la esfera más interna. Luego, utilizando el segundo montante más largo, que no llegaba tan abajo pero cortaba un segmento de arco más ancho, separa la segunda bola, y así sucesivamente, desde la capa más externa a la más interna. Debido a que es más fácil trabajar con él, el caparazón exterior es el más elaboradamente tallado, por lo general con un dragón entrelazado y un fénix.

 

Marfil 0 (2)

 

Los rompecabezas esféricos chinos son tan delicados que solo se pueden tallar a mano. Incluso el más leve movimiento de la muñeca puede dañar una de las frágiles capas internas y arruinar días de duro trabajo. Para comprender cuán delicadas son estas cosas, no se recomienda que se intente resolverlas alineando todos los agujeros, ya que existe el riesgo de dañar las esferas concéntricas (puede verse en la fotografía 4 de la galería una pieza con un fragmento roto en la capa exterior como ejemplo). Aun así, si se insiste en resolver este antiguo rompecabezas, se recomienda usar palillos de dientes finos o púas delicadas pero firmes.

Aunque los maestros talladores de marfil usaban este material de manera exclusiva, hoy pueden encontrarse rompecabezas hechos de marfil sintético, resina, madera, jade y otros materiales; pero no tiene el mismo encanto hablar de ellos, así que mejor dejamos las cosas aquí.

Una galería de rompecabezas esféricos (si alguien alguna vez quiere regalarme uno sepa de antemano que lo aceptaré con humildad y profundo agradecimiento). Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

No te cambio diez ayeres…

 

Max Ernst - My Friend Pierrot

Max Ernst – My Friend Pierrot

 

 

Disfraz

.
Me disfrazo con mi nombre
y salgo a la calle
listo para encallar mi nave
en la luz de lo posible.

.
Mi sombra, lista, se apresta a brillar y se adelanta
cómplice, en esta ciudad opaca                                                                                                        donde
no te cambio diez ayeres
por un hoy
o un medio mañana.

Adiós al columpio

 

Adrián

 

Adrián Camargo es director de cine y poeta o poeta y director de cine, vaya uno a saber. También puedo decir, por fortuna, que somos amigos y que además de esos dos temas señalados: el cine y la poesía, compartimos una tercera que completa nuestras charlas: la fórmula 1. Hace unos días tuve el placer de presentar su libro Todavía es mañana; presentación que se hizo online y en vivo dentro del ciclo de presentaciones organizadas por la Sociedad de Escritores Michoacanos.

De su primer libro de poemas, Clavicordio, (2002) les comparto un texto que desde el título señala las dos pasiones de Adrián; esas dos pasiones que se suman en su trabajo y que a veces es difícil de distinguir.

 

Las alas del deseo

 

Cuando el niño era

soñó que un racimo de ángeles

le dictaban las pocas palabras

que tenía para nombrar al mundo.

 

Cuando el niño era

no escatimaba en caminar

por entre los tristes lazos de la lluvia

y se atrevía a escuchar los murmullos

que los humanos pensaban a su alrededor.

 

Cuando el niño era

se escurrió entre los ojos de una mujer

y de un zarpazo cayó del columpio.