Cuerpo y escritura

 

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De La lectura como plegaria, de Joan-Charles Mèlich; una cita que puedo (querría) firmar con mi propio nombre:

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(Cuerpo y escritura)

Cada vez estoy más obsesionado con escribirlo todo, con registrarlo todo. Sin escribir no podría vivir. Pero necesito cuadernos, una pluma y tinta color violeta. No puedo utilizar el ordenador porque tengo que sentir el cuerpo de la escritura, el olor de la tinta y la textura del papel. Escribir es un acto corpóreo: corporal y espiritual al mismo tiempo. No puedo separarlo de mi vida.

 

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Escribir lo que nadie leerá. Ése es el momento en el que surge la escritura como forma de vida.

 

Eso mismo: la escritura como forma de vida. Síntesis perfecta a la que nada puede agregarse.

 

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Lo que sé

Sombrero

 

Lo que sé

Sé un par de cosas.
Lo digo con toda modestia
y también,
con algo de no fingida inmodestia:
Sé un par de cosas.
Porque eso, después de todo,
es lo que tienen que dejarnos los años:
alguna cicatriz, un par de moretones,
varias arrugas en las comisuras de los labios,
un olvido, o dos, o tres,
el polvo en la suela de nuestras sandalias
y las noches compartidas.
Sé, lo digo con modestia e inmodestia,
un par de cosas.
Por ejemplo sé cuándo callar
e irme
saludando
con un ligero gesto del sombrero.

 

®Borgeano

¿De qué lado de la cama se acuesta Facebook?

Quizá es que hoy, soñé el mar.


“Dejé el invierno,
mi cuerpo sobre la arena, promete flores.
El sol alumbra mi sonrisa
y la noche la recoge pintando estrellas.
Llegó la primavera!!!
y mi piel la reconoce
en cada pulso de sus venas”.

 

Este breve poema le pertenece a María G. Vicent y fue publicado ayer, martes 26 de marzo, en su sitio personal (pueden ver la entrada aquí). Hasta aquí nada abría que agregar, salvo que cuando María quiso enlazar su entrada a su cuenta de Facebook, ésta le fue censurada porque alguien (o algo, nunca se sabe cuándo hay una persona o un algoritmo detrás de estas supuestas denuncias) la consideró con contenido ofensivo.

Lo ridículo de la situación mueve más a risa que a otra cosa; pero creo que esto no termina aquí y que hay algo más que la torpeza de un funcionario o el error de una función matemática (la cual es inocente de toda inocencia; detrás de ella vuelve a haber un hombre, que fue quien la creó y la colocó allí para cumplir una función específica).

The Venus of Willendorf. Courtesy of Naturhistorisches Museum Wien

La Venus de Willendorf es una venus paleolítica datada entre 28.000 y 25.000 a.e.c.; fue censurada hace poco por Facebook por considerarla pornográfica. Ante las denuncias y el absurdo, un vocero de la empresa salió al ruedo a pedir disculpas y a explicar que en realidad pensaron que la publicación se trataba de una publicidad.

 

Gustave Courbet's Origin of the World (1886)

Gustave Courbet’s Origin of the World (1886)

La pintura de Gustave Courbet El origen del mundo, censurada en una publicación del profesor Frédéric Durand-Baïssas, quien inició demandas a la empresa ya que no sólo le fue censurada la publicación, sino que su cuenta fue cerrada, provocándole la pérdida de cientos de contactos y de sus publicaciones previas.

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Otros dos artistas censurados en Facebook: Jeremy Mann (a la izquierda, de quien hablé en este mismo sitio hace unos años. La imagen la tomé de su página de Facebook oficial y pueden notar el pixelado en los pechos de la imagen pintada) y Kate Hansen (a la derecha, con su proyecto Madonna and Child, el cual consta de varias pinturas de madres amamantando a sus hijos).

 

También en algún momento hablé de esto en este blog, pero no me queda otra opción que volver a decirlo, porque creo que este tipo de censura obedece a lo peor que ha creado el ser humano: la religión y la moral del rebaño. Nada hay que obedezca más a los estamentos más mediocres del ser humano que la moral burguesa, esa misma que se escuda detrás de los fascismos (es decir: de todo aquello que promueva toda clase de censura). Facebook censura un pecho femenino (aunque sea el de una estatuilla antiquísima o una pintura al óleo o la delicada versificación poética de un acto erótico) pero no censura a la violencia. Pueden ver en ese sitio cualquier acto de violencia que puedan imaginarse, sólo hay que apretar un botón para ello. ¿Quieres ver cómo decapitan a alguien, cómo le disparan en vivo y en directo? ¿Quieres ver cámaras de seguridad donde un automóvil atropella a alguien adrede o tal vez te interesen los accidentes reales con profusión de cadáveres y sangre? ¿Quieres ver publicaciones donde se incita a la violencia de manera directa; donde se dice “A X habría que matarlo”? No hay problema: podrás ver todo eso y más, ya que Facebook no lo censura, sólo lo cubre y te dice que si quieres verlos debes apretar el botón inferior (en le caso de las provocaciones a la violencia, ni siquiera eso). Pero eso sí, ni si te ocurra subir una foto de una madre amantando a su hijo porque arde Troya.

Lo mismo sucede con la T.V., por supuesto (en ese sentido FB no es más que la versión personal de la televisión, publicidad incluida). La violencia en la televisión es explícita; en programas como CSI (en todas sus versiones: Miami, New Orleans, New York, Las Vegas), Law and Order; Chicapo PD.; The Mentalist y cualquier otro del mismo estilo se enseñará cómo matar y destripar y violar y descuartizar y otras bellezas similares de modo claro y práctico. Incluso se podrá ver los cadáveres en la mesa del médico forense y se podrá acceder a la autopsia casi completa. Eso sí: si la muerta es una mujer nunca estará con el pecho descubierto porque un pecho femenino es algo repugnante, pero un balazo en la frente, no.

Dije que ya había tratado este tema antes y veo que fue hace poco más de seis años. La entrada se tituló Sexo no, violencia sí y terminaba así (para que no vayan hasta allí, si no lo desean):

«Seré simple, seré inocente; pero creo que si les enseñáramos a nuestros hijos el valor de amar, estaríamos bastante mejor. Y no me refiero a las vacías frases de amor de una tarjeta o de un cartelito de esos que aparecen en la red. Me refiero al verdadero acto del amor, al que incluye el cuerpo y el alma; los labios y el sentimiento, las manos inquietas y la bondad, la confianza ciega de entregarse a las manos del otro. Quizá con el paso del tiempo conseguiríamos una generación donde las personas verían la piel del otro como algo digno de acariciar, no un lugar donde marcar una cruz con un cuchillo de quince centímetros».

Y, por supuesto, si consiguiéramos lo anterior, también haríamos innecesario todo acto de censura; ya que el remedio vendría incluido en nuestro propio accionar.

Diez consejos para escribir de Zadie Smith

 

Zadie Smith 01

 

Me gustan los consejos de escritores, aunque bien se sabe que, a la larga, no sirven para nada. En general lo que sucede con estas listas de consejos es que se les reconoce su validez, pero después resulta que ponerlos en práctica no es algo que uno consiga con facilidad. De todos modos, como dije, me gustan porque me dejan entrar en la «cocina» de esos autores que me gustan y de algún modo puedo ver qué es lo que hacen cuando escriben esos libros que tanto me gustan.

Zadie Smith, la notable narradora inglesa puede, sin duda, brindar algunos consejos con plena conciencia y uno debe reconocer que la mujer algo sabe sobre llevar una historia y cómo entretener a un lector a lo largo de varios cientos de páginas (hago un pequeño ejercicio de memoria y me parece que ninguna de las novelas que leí tiene menos de 450 páginas).

En síntesis: sirvan o no, aquí están los diez consejos que Zadie Smith nos brinda para escribir. El resto, claro, nos corresponde a nosotros.

 

1. Cuando aún seas un niño, asegúrate de leer muchos libros. Pasa más tiempo haciendo esto que cualquier otra cosa.
2. Cuando seas adulto, intenta leer tu propio trabajo como lo leería un extraño o, incluso mejor, como lo haría un enemigo.
3. No romantices tu «vocación». Puedes escribir buenas oraciones o no puedes. No hay un «estilo de vida del escritor». Lo único que importa es lo que dejas en la página.
4. Evita tus debilidades. Pero haz esto sin decirte que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No enmascares la duda de ti mismo con desprecio.
5. Deja un espacio de tiempo decente entre escribir algo y editarlo.
6. Evita los grupos. La presencia de una multitud no hará que tu escritura sea mejor de lo que es.
7. Trabaja en una computadora que esté desconectada de internet.
8. Protege el tiempo y el espacio en el que escribes. Mantén a todos alejados, incluso a las personas que son más importantes para ti.
9. No confundas los honores con los logro.
10. Di la verdad a través de cualquier velo que se presente, pero dila. Resígnate a la tristeza de toda la vida que viene de nunca estar satisfecho.

Todo lo que he leído

 

Todo lo que he leído

 

«Me pregunto si existe un ser que haya leído todo, o aproximadamente todo, lo que se supone que la persona de cultura promedio tiene que haber leído y que no haber leído podría ser considerado como un pecado social. Si tal ser existe, seguramente es un anciano, un hombre muy viejo, que ha leído constantemente lo que debería haber leído dieciséis horas al día, desde la temprana infancia. … Mi tiempo libre ha sido moderado, mi deseo fuerte y constante, mi gusto por la selección está por encima del promedio, y sin embargo, en diez años parece que apenas he impresionado a la multitud intolerable en volúmenes que se supone que todos han leído».

Esto dice Arnold Bennett en sus Diarios; más precisamente el 15 de octubre de 1896. ¡1896! Creo que si Bennett pudiese ver todo lo que se publica hoy (y todo lo que se ha almacenado desde ese año) se sumiría en la más profunda de las depresiones. Supongo que todo lector empedernido ha sentido esa sensación de vacío alguna vez; esa sensación que bien se sintetiza en esa frase tragicómica que dice ¡Tantos libros y tan poco tiempo!

Sea como fuere, y ante la imposibilidad práctica de leer todo lo que queremos leer, no deberíamos olvidarnos de que leer no es suficiente; sino que de debemos internalizar lo que leemos; es decir, aprenderlo, tamizarlo, pulirlo, adecuarlo a nosotros y a nuestra realidad. En ese sentido podemos decirnos (aunque más no sea como una especie de  placebo o de paliativo para nuestro pesar) que sí hemos leído lo suficiente si es que, antes que nada, lo hemos hecho bien. Algo es algo y eso es mejor que nada, supongo.

Todos en capilla VI

 

Ataraxia

 

Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para dar vida a las palabras que los apóstoles nos han legado a través del tiempo y de las latitudes todas. Para dar vida a las palabras, dije y me repito para recordar que éstas son algo más que un mero compendio de términos bonitos o bienintencionados. Así que abrimos nuestros libros y leemos la Regla número 1:

«Todos hemos nacido en Arcadia, es decir, entramos en el mundo llenos de aspiraciones a la felicidad y al goce y conservamos la insensata esperanza de realizarlas, hasta que el destino nos atrapa rudamente y nos muestra que nada es nuestro, sino que todo es suyo, puesto que no sólo tiene un derecho indiscutible sobre todas nuestras posesiones, sino además sobre los brazos y las piernas, los ojos y las orejas, hasta sobre la nariz en medio de la cara. Luego viene la experiencia y nos enseña que la felicidad y el goce son puras quimeras que nos muestran una ilusión en las lejanías, mientras que el sufrimiento y el dolor son reales, que se manifiestan a sí mismos inmediatamente sin necesitar la ilusión y la esperanza. Si esta enseñanza trae frutos, entonces cesamos de buscar felicidad y goce y sólo procuramos escapar en lo posible al dolor y al sufrimiento. Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar en manos del destino. Acerca de ello: ¿por qué habría de ser necio procurar en todo momento que se disfrute en lo posible del presente como lo único seguro, puesto que toda la vida no es más que un trozo algo más largo del presente y como tal totalmente pasajera?».

Ya lo dijo el apóstol; la vida es ahora. En este instante y nada más que en este instante. ¿Qué haremos con él, con ella, con esto? No desear en exceso, no permitir que las posesiones nos posean, no permitirnos no ser, en suma.

Vayamos en paz y que la paz venga a nosotros. Nos vemos el próximo domingo.

 


Aprovechando que el año tiene cincuenta y dos semanas, iré compartiendo las cincuenta reglas de un librito que tengo por ahí. Al final señalaré quién es el autor y demás. Digamos que abro aquí un proyecto que jugará con la filosofía, la literatura, y la realidad, todo matizado con un leve humor nada original pero que le dará a estas entradas un tono menos acartonado, si me lo permiten.

Apuntes de salitre o la pasión a flor de piel

Hace unos pocos días he recibido, con no poco placer, el libro de María Jesús Beristain Apuntes de salitre, el cual había estado esperando con no pocas expectativas. Muchos de los que aquí pasan conocen a María por los escritos en su blog ; pero es muy diferente leer la obra de alguien de manera fragmentaria a tener todo un volumen con sus trabajos (en este caso, con sus poesía). Vamos, entonces, al libro en sí mismo.

 

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En una primera lectura veo que la mayor parte de los poemas de Beristain son, podría decirse, poemas de amor; pero eso sólo ocurre, como dije, en una primera lectura, la cual, como bien se sabe, sólo es apta para hacerse de una idea general de lo que tenemos entre manos. En una lectura posterior, más pausada, veo que si bien el eje central de los poemas son la visión romántica de un estado espiritual (ya vemos aquí que no podemos decir “poemas de amor”, con tanta simpleza) los versos de la poesía de Apuntes de salitre exceden la idea de un amor presente (presente y ausente al mismo tiempo y uno que ha brindado no pocas satisfacciones a la poeta). En estos poemas la evocación de aquella pasión no se convierte en lacrimógenos versos, sino en precisas metáforas de orgullosa vida; vida vivida (si se me permite la aliteración) con la misma pasión con que se ha amado. Los poemas de María Jesús Beristain son un ejemplo de pasión vital; de deseo de vivir a pesar de ya haber vivido algo (y bien, por fortuna). Esa pasión por la vida es la misma pasión que se siente en el amor y ambos términos pueden ser cambiados haciendo que todas las expresiones que así se obtienen son igualmente válidas: la pasión por la vida es la misma que la pasión del amor; la pasión del amor es la misma que la de la vida y aquí, en Apuntes de salitre encontramos la unión (como corresponde a toda poesía) en la síntesis metafórica: cada verso, desde el más romántico hasta el más sensual, nos remiten —aunque están escritos con un hombre en particular en la pluma de la poeta— con la misma intencionalidad, a la vida misma. Abro el libro al azar y leo:

 

Adagio

 

¡Cuánto musgo
detenido
llevo esta mañana
ensortijado
en las pestañas…!

 

Cada vez que intento esconderme
del adagio ardiente de tus manos
una música de algas extraviadas
me invade
y un terror deliciosísimo
me diluye,
abismal y diversa, entre tus dedos
de infinitos senderos…

 

 

Vale este poema como ejemplo de lo que digo. Si el poema sólo tuviese como destinatario a alguien en particular, no tendría más valor que el de una mera nota o carta en la que se establecería un diálogo privado; pero la poeta, a pesar de que parta de una subjetividad imposible de soslayar, habla de aquello que excede a lo meramente personal. Es entonces que Apuntes de salitre es una oda a la vida desde la pasión y con toda la pasión (y la sutileza) que la poeta puede volcar en una página. Valga, como otro ejemplo, este poema (y ustedes juzgarán a quién se lo escribe María Jesús Beristain o cuáles son los alcances de su poesía):

 

Pretil de piedra

 

Mira la piedra el poeta,
más allá se recuesta en el pretil
y saborea
la humedad de unos labios
en el silencio de las horas,
siesta de pétalos de seda
salvaje,
laberinto de sombras
ávidos lazos de sangre y sueños
cautivos
de un jardín sin dueño.

 

María Jesús Beristain

 

Apuntes de salitre puede leerse, entonces, como lo que es: un libro de poemas donde la autora nos invita acceder a lo más íntimo de sí (cada poema es hijo de una subjetividad insoslayable, ya lo dije); pero también puede (y creo que debe) leerse como un libro que nos abre las puertas a algo que va más allá. En mi caso encontré una pasión entre contenida y desbocada (¡vaya paradoja!) por la vida. ¿Qué encontrará cada uno de los otros lectores? Vaya uno a saberlo. Pero eso es lo bello de la poesía y de los libros: dialogamos en la lectura de cada verso, de cada página y, en ese sentido, cada poema de Apuntes de salitre es una charla que mantenemos con María Jesús Beristain y  con su pasión por la vida.