Breve descanso del caminante

 

Nubes 100

Collage de nubes. Fotos: Borgeano.

En la ruta, sobre todo cuando se recorren largos trechos por tierra y no por aire, se recurre, como siempre, a la lectura para matar las horas. Alguna novela, revistas y, por supuesto, algún volumen de poesías. De una antología variopinta, rescato este poema de Charles Baudelaire; un poco porque así descansamos de tanto retrato sudamericano y otro poco porque acompaña, también, a las Hojas de ruta que preceden a esta entrada y a algunas de las siguientes.

 

El extranjero.

 

-¿A quién amas más, viajero? ¿A tus padres, a tu hermana o a tu hermano?

-No tengo padre ni madre, ni hermana, ni hermano.

-¿A tus amigos entonces?

-Te sirves de una palabra cuyo significado siempre me ha sido incomprensible.

-¿A tu patria, tal vez?

-Ignoro en qué latitud está situada.

-¿A la belleza?

-Bien la amaría, ya que es diosa e inmortal.

-¿Al oro, sin duda?

-Lo aborrezco como tú aborreces a Dios.

-¿A quién amas entonces, misterioso extraordinario?

-Amo a las nubes…, a las maravillosas nubes que van pasando allá abajo…

Anuncios

Hoja de ruta (VIII) Rauda salida de Bolivia (Copacabana, La Paz, Villazón)

 

Bolivia (6)

 

Luego de descender del Cerro del Calvario, las cosas no mejoraron en Copacabana; así que decidimos cortar por lo sano; es decir, irnos de allí. No voy a detenerme en los detalles, sólo voy a hacer notar de modo general que el maltrato al turista y al cliente en general aquí parecen ser moneda más que corriente. Desde la mujer que nos vendió los pasajes (y que si fue descortés con nosotros fue por demás grosera con dos muchachos españoles que estaban a nuestro lado), hasta quienes conducían el autobús o quienes nos vendían un simple refresco, todos parecían estar enojados por algo y, al menos eso nos hacían notar por su modo de actuar, culpaban a cualquier extranjero por ello.

 

Bolivia (3)

Decía que nos fuimos de allí y lo hicimos rumbo a La Paz, la capital boliviana. El viaje fue de unas tres horas, pero tardamos dos horas y media para llegar desde los suburbios de la ciudad hasta la central de autobuses, ya que el caos del tránsito hizo imposible que nos dirigiéramos de manera directa (y eso que ni siquiera llegamos a la central en sí, en realidad el autobús se detuvo a unos quinientos metros y todos tuvimos que seguir la marcha a pie). Para colmo de males, llovía y La Paz no es, lo que se dice, una ciudad bonita para andar caminando con equipaje incluido. Tengo entendido que esta ciudad es la que mayor diferencia de altura tiene entre los puntos más alto y más bajo; con una diferencia que supera los mil metros; así que nos quedamos en el primer sitio que nos ofreció cobijo a un precio razonable.

 

Bolivia (2)

Salimos a pasear por la ciudad pero, entre la lluvia y el caos del tránsito (el cual no se circunscribe a la típica hora de la salida laboral), sólo anduvimos en el nuevo sistema de teleféricos que está construyendo el gobierno de Evo Morales. Ante la imposibilidad de construir un sistema de metros o subterráneos, lo mejor y más práctico es un sistema de teleféricos interconectados que une a toda la ciudad. Hay que reconocer que es una obra magnífica y que beneficiará a grandes sectores populares de la población. Nosotros lo usamos como un modo práctico y seguro para recorrer grandes distancias de la capital boliviana en poco tiempo y para ver desde la altura aquello que nos parecía interesante y entonces sí, bajar de modo directo y seguro.

 

Bolivia (1)

Sin mucho por hacer allí, también de ese lugar nos fuimos enseguida y lo hicimos con rumbo directo a la frontera boliviano-argentina. Lamentablemente no pudimos visitar el salar de Uyuni; ese magnífico sitio en el altiplano boliviano, debido a las fuertes lluvias que se estaban sucediendo desde un par de semanas atrás y que mantenían inundado todo ese sector del sur del país. Hasta tal punto llegaba el agua en algunos sitios que no pudimos hacer el viaje en tren, que es lo que personalmente quería hacer, sino que tuvimos que conformarnos con un autobús. Luego de más de quince horas de viaje, arribamos a Villazón y dimos por terminada la etapa boliviana de nuestro viaje. Como hace tres años atrás, mi experiencia en este país no fue para nada placentera. Esta segunda visita fue, en muchos casos, peor que la primera; así que con todo pesar me fui de allí diciendo “Bolivia, nunca más”; cosa que puede no ser cierta, pero que trataré de hacerla realidad en la medida de lo posible; cuando uno anda dando vueltas por cualquier sitio que sea, lo menos que puede pedirse es que no le anden aguando la sopa ni amargándole los días.

 

Bolivia (7)

Hoja de ruta (VII) Sincretismo a la boliviana. Copacabana (II)

20180203_101423

 

Antes de irnos de Copacabana, cosa que queríamos hacer cuanto antes en vista de lo mal que nos iban las cosas, subimos al mirador o ascenso del Calvario; es decir, a la elevación mayor de las que rodean al lago Titicaca (del cual no he tenido la oportunidad de hablar. Vayan entonces un par de datos apurados: el Lago Titicaca es el lago navegable más alto del mundo, a 3800 metros sobre el nivel del mar y tiene una superficie de 8562 km², lo que lo convierte en el 18° en tamaño. Se encuentra dividido entre Perú y Bolivia).

 

20180203_094548

Bien, el ascenso al cerro El Calvario no es demasiado exigente; pero para aquellos que no solemos vivir a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, ya requiere un notable esfuerzo el solo acto de caminar, así que de todos modos ese ascenso se hace lento y pausado. A lo largo del camino se van siguiendo las catorce estaciones del calvario de Jesús. Llama la atención el fuerte sincretismo que no se oculta en lo más mínimo. Si en Copacabana, en la misma esquina de la iglesia podemos encontrar un cartel que dice «Area de bendicion de vehiculos. Solo dos carriles» (Sic) (Ver foto), a medio camino del ascenso podemos encontrar un altar donde puede leerse el siguiente cartel: «Bienvenidos a sagrado corazon de Jesus donde se sauman challan todos sus objetos deseados autos casas dólares etc.» (Sic, Sic, Sic) (Ver foto).

 

Ya en la cima, además de deleitarnos con la estupenda vista del lago Titicaca y de Copacabana, pudimos ver cómo un chamán oficiaba una ceremonia donde una familia SAMSUNG CAMERA PICTURESsaumaba fajos de billetes falsos y autitos de juguetes, los cuales pensamos que se trataba de juguetes de los niños, pero no, no era así. En esa ceremonia donde se conjuntaba la virgen María y la Pachamama, Jesús y el humo de hierbas locales en alguna mezcla precolombina, el acto de saumar a esos objetos tenía por objetivo el hacer que luego éstos se produjeran en la realidad. Así uno podía comprar en los muchos puestos ubicados en aquel sitio, una casa, un local comercial, fajos de billetes (depende lo que uno quisiera podía comprar un fajo más o menos voluminoso) o podía agenciarse coloridos diseños confeccionados con dólares dorados y la mismísima virgen María o billetes como el de la mano de Fátima, el que promete «Un millón de manos de Fátima de poder» y también «Limpieza pesada. Descarga absoluta».

 

page

Con tanta moral desvirtuada, no me resultó extraño lo que vi un poco más tarde, al bajar de El Calvario. Hace tres años, cuando pasé por este sitio hacia el norte, vi a una anciana cruzar la plaza que rodeaba a la iglesia. Lo recuerdo porque en ese momento la plaza estaba desierta y la anciana caminaba doblada en un extraño ángulo de noventa grados. Su espalda estaba paralela al suelo y debía levantar mucho su cabeza para poder ver por dónde andaba. Ahora volvía a verla esquivando a los que festejaban la fiesta local y luego la encontré dentro de la iglesia, pidiendo limosna. La iglesia estaba llena y tuvimos que esperar a que salieran las autoridades: militares gordos y con cara de pocos amigos (un lugar común, pero eso fue lo que vi), damas vestidas con lo mejor de su vestuario, hombres mayores y jóvenes de impecable traje, niños con camisa y corbata, niñas pulcras y por demás correctas, curas que charlaban con el alcalde o con otras autoridades y mucha gente tomándose una selfie con la virgen. Pero nadie quien le diera a esa anciana una sola moneda. Es claro que esto debe ser así en un sitio donde sólo parece que se pide para uno mismo y nada más. Todo lo demás, eso de querer al prójimo como a uno mismo, hacer el bien sin mirar a quien, lo de que los pobres serán quienes recibirán el cielo y tonterías por el estilo parece que lo perdieron en alguna de las estaciones del calvario o será que tal vez nunca lo tuvieron y se olvidaron de pedirlo.

 

SAMSUNG CAMERA PICTURES

 

Hoja de ruta (VI) Copacabana (I)

 

Copacabana (1)

Luego del regreso de Machu Picchu a Cusco (lo cual nos llevó un día completo, por supuesto), decidimos seguir rumbo al Lago Titicaca. La idea de detenernos en Puno fue descartada porque no había mucho para ver allí (y que me perdone si algún peruano pasa por aquí y estoy diciendo una burrada mayúscula; pero no creo que haya mucho más que la isla de los Uros, si mal no recuerdo) y por una cuestión de ahorro también. Así es que seguimos rumbo a la frontera con Bolivia y el pueblo de Copacabana.

Nos detuvimos poco más de media hora en la frontera Copacabana (1)para el ingreso al país y seguimos sin problema hacia el este. Llegamos en plenas festividades locales y bajo una intensa lluvia. El autobús nos dejó a varias cuadras pero al menos en esos minutos que caminamos hasta el centro la lluvia nos dio un respiro (cosa que no haría en todo el resto del día). Encontramos un hotel y, aunque no era una maravilla, nos quedamos allí ya que estaba limpio y tenía todas las comodidades. Salimos a desayunar y al regresar, nos encontramos con que de esas comodidades que se nos brindaban, casi ninguna existía o había que pagarla aparte. Y lo peor no era eso, sino que a media cuadra había un escenario y donde un grupo de cumbia tocaba a todo vapor, y eso que eran las diez de la mañana. Preguntamos hasta qué hora duraba eso y nos dijeron que hasta las dos de la madruga sin descanso. En el hotel habían colgado un cartel, en inglés, donde se avisaba a los turistas que no se aventuraran a salir solos en época de fiestas locales, ya que puede ser peligroso. Gracias por el aviso (tarde). Luego de discutir fuertemente con un ayudante del hotel (la mujer que nos había atendido apenas dos horas antes no aparecía por ningún lado) y de ser insultado por extranjero (como no pudo saber de qué nacionalidad era yo se me dijo que «Todos los que tienen ese acento son una mierda» y bellezas por el estilo) pude recuperar parte de lo que había pagado y salimos, ahora sí bajo la lluvia, en busca de otro hotel más alejado del ruido, cosa que fue bastante difícil, ya que Copacabana no es grande y el volumen de las fiestas era apenas más bajo que el de Woodstock.

Copacabana (3)Luego de golpear tres o cuatro puertas, por fin encontramos un hotel donde se nos atendió de manera digna (es decir: se nos atendió, lo cual fue suficiente). Luego de bañarnos y comprobar que sí había agua caliente salimos a almorzar y a recorrer un poco el pueblo. Nos cruzamos con los desfiles locales, los cuales son una mezcla sincrética de carnaval con religión, tradiciones locales, alcohol en exceso y música de cumbia y matracas por doquier. Nos llamó la atención que las mujeres de uno de los grupos desfilara, además de sus voluminosos vestidos, con osos, tigres y gorilas de peluche colgados de su pecho; y nos dijeron que esas eran ofrendas a la virgen por los favores recibidos. Luego nos cruzamos con demonios, toros, músicos, bailarines; los cuales terminaban su desfile ingresando a la iglesia.

 

Copacabana (4)

El clima se iba poniendo espeso, por decirlo de algún modo. Casi todos los integrantes (tanto hombres como mujeres) de los grupos que desfilaban llevaban en sus manos latas de cerveza de una pinta y, en un caso particular, una señora que acompañaba al grupo a un lado se acercó a las mujeres de las primeras filas para ofrecerles algo para beber, lo cual no era más que Ron. Un muchacho joven salió de las filas con su tambor a un lado y quiso arrebatarle su bandera a una mujer que se encontraba a nuestro lado, hasta que otro integrante del grupo, tan alcoholizado como el muchacho, se lo llevó de nuevo a su lugar. Pocos minutos después un hombre corpulento cayó sobre mí, empujándome hacia atrás y cayendo cuan largo era sobre su espalda. Supuse un tropezón entre el barro y el gentío, pero no, era sólo un estado de ebriedad un poco más que avanzado. Entre dos hombres y su cholita lo pusimos de pie y allí siguieron, como si nada hubiera pasado. Como dije, el clima se iba poniendo complicado y decidimos, aunque no era tarde, volver al hotel y no salir por lo que quedaba del día.

 

Copacabana (2)

Hoja de ruta (V) Machu Picchu

20180129_083803

Nos levantamos temprano y decidimos subir a Machu Picchu en los autobuses que llevan a los turistas hasta la cima de la montaña porque la otra opción, es decir subir por las escaleras se nos tornaba demasiado exigente para esa hora de la mañana (y seamos sinceros: para los años de quien escribe esto, también, ya que, dependiendo el estado físico de cada uno, esa subida puede llevar un buen par de horas y llegar a las ruinas ya agotado no es una buena idea). Cuando ingresamos a las ruinas todo estaba envuelto en una espesa niebla y no podía verse nada más allá de unos diez metros. Unos turistas japoneses esperaban pacientemente con sus cámaras y otros grupos de europeos hacían lo mismo sentados en grupos más o menos numerosos a lo largo de las terrazas.

 

20180129_095201

La espera no fue larga. Media hora después de haber llegado y como si todo obedeciera a una puesta en escena teatral magníficamente ejecutada las nubes se abrieron casi de manera repentina y todo el esplendor de Machu Picchu se presentó ante nosotros. Es la segunda vez que visito este sitio y me gustó el efecto dramático. La primera vez, al subir, todo estaba iluminado por un sol fuerte y claro y aunque eso no hace menos espectacular a lo que tenemos frente a nuestros ojos, ver a las ruinas aparecer por entre las nubes y éstas correr veloces entre las cumbres fue como una maravilla añadida a lo que esperábamos.

 

20180129_091338

Íbamos decididos a recorrer todo lo posible y eso fue lo que hicimos; tal vez por ello nos llamó la atención que algunas personas recorrieran apenas una pequeña parte de la ciudad para irse rápidamente de allí. Luego de todo el esfuerzo económico y físico que implica llegar a Machu Picchu largarse de allí en media hora nos parecía el colmo de la estupidez; pero allá cada cual con su mochila. Nosotros llegamos a las ocho y media de la mañana decididos a recorrer todo lo que pudiéramos y eso hicimos. Las ruinas se encuentran abiertas hasta las cinco de la tarde y nosotros emprendimos el regreso a las cuatro y media luego de haber visitado la ciudad entera (con sus preciosas llamas pastando en las terrazas y las incógnitas que se nos presentan al ver esa ciudad allí, en la cima de una montaña imposible), la Puerta del Sol (donde nos detuvimos a descansar y donde disfrutamos el espectáculo de los que llegaban a las ruinas provenientes del camino del Inca; el cual implica días de travesía y donde todos, al ver la ciudad sonreían maravillados y hasta hubo alguno que dejó derramar alguna que otra lágrima) y el Puente de los Incas (desde donde se tiene una vista sorprendente del camino entre las montañas del que hablé en la entrada anterior).
Al único sitio donde no pudimos acceder fue al Wayna Picchu, la montaña más alta que se ve en las famosas fotos de Machu Picchu. Para poder llegar allí hay que pagar una entrada extra y, además, hay que reservar con meses de anticipación el sitio, ya que sólo se permiten un par de centenares de visitantes por día. Tal vez la próxima, nos dijimos, esperanzados en un futuro regreso.

 

 

20180129_091852

Hablar de Machu Picchu implica caer, casi con seguridad, en lugares comunes; para evitar eso (cosa que no conseguiré) debería terminar esta crónica aquí ¿pero cómo evitar decir que lo que se siente allí es algo incomparable y maravilloso? ¿Cómo encontrar los sinónimos adecuados para describir la sensación de encontrarse frente a algo que excede a la razón? ¿Cómo hablar de lo mágico sin hacer referencia a la magia? Sí, mejor dejarlo aquí y desearles que algún día puedan ustedes encontrarse así, sin palabras, frente a la ciudad de Machu Picchu y todo lo que es y representa.

 

20180129_140050

Hoja de ruta (IV) Camino a Aguascalientes

20180128_092114

Para llegar a Machu Picchu, primer hay que hacer una escala en Aguascalientes (no confundir con el Aguascalientes mexicano, claro está). El Aguascalientes peruano es un pequeño pueblo enclavado en medio de la cordillera de Los Andes, a unos 2000 metros de altura sobre el nivel del mar y con una población de poco más de 3000 habitantes, los20180128_124455 cuales se dedican, más que nada, al comercio y al turismo. Pero para llegar allí se hace necesario disponer de un día entero, aún cuando el pueblo diste apenas unos 280 kilómetros de Cusco. El punto es que al ser un camino de montaña, no hay un tramo recto donde los vehículos puedan alcanzar velocidad alguna y, la verdad sea dicha, esto es algo que se agradece, ya que las combis o autos que hacen este trayecto (imposible para un autobús) bordean peligrosamente el abismo entre montañas cuyas rutas no tienen protección alguna. Es así que, si uno no sufre de vértigo o no es demasiado temeroso, el viaje se disfruta, pero sobre todo si se hace a poca velocidad. Viajar es muy bonito, pero no vale la pena quedarse a mitad de camino sólo por haber intentado ganar un par de minutos en lo que debería ser un día de placer.

 

Entonces esos 280 kilómetros insumen alrededor de siete horas, con alguna breve parada para comer algo y nada más. Israel, nuestro conductor, era un hombre experimentado y por demás amable e iba respondiendo nuestras preguntas sobre el paisaje o sobre las costumbres locales. Como suele ocurrir en estos casos, donde el largo viaje agota la curiosidad del turista o la paciencia del guía, la charla deriva hacia asuntos personales y se termina hablando de la familia o, directamente, se termina con los papeles invertidos y es el turista el que continúa contando las bellezas de sus propio sitio de origen. Así las horas van pasando y entre curva y contracurva —en algunos tramos la 20180128_104458ruta es tan angosta que un vehículo debe detenerse o dar marcha atrás para que el que viene de frente pueda pasar; y ha llegado el caso en donde ninguno de los dos quiere hacerlo debido a lo peligroso del paso; es entonces cuando se entablan discusiones entre los conductores para ver quién lo hace primero y de qué modo y alguno, claro está, debe ceder de mala gana y profiriendo insultos varios— se llega a destino.

 

20180128_165542

 

Este destino, no es, como podría pensarse, el pueblo de Aguascalientes; sino que es una usina hidroeléctrica que dista unos diez kilómetros del pueblo. De aquí el turista debe 20180128_162040seguir a pie, caminado por las vías del ferrocarril (también, por supuesto, se puede viajar en él; pero además de ser caro ¿dónde está la diversión?). Las vías bordean la base de las montañas y hay que dar vuelta a cuatro de ellas, entre la densa vegetación de esa selva montañosa peruana, bordeando también el río Urubamba, el cual refresca cada tanto algún recodo del camino. A nosotros nos llevó unas tres horas de caminata recorrer esos diez kilómetros, lo cual es poco más que el tiempo promedio. Llegamos a Aguascalientes poco antes del atardecer (habíamos salido de Cusco a las siete de la mañana) y a pesar del cansancio (luego del reparador baño y de la más que bienvenida cena) salimos a recorrer el pequeño pueblo, donde se oyen tantas lenguas como en aquella lejana Babel. Machu Picchu estaba a sólo un día de distancia.

 

20180130_095630

Hoja de ruta (III) Cusco (I)

 

20180127_123533

Cusco desde la altura. (Todas las fotos: Borgeano)

 

Cusco, la antigua capital del Imperio Inca, no ha cambiado nada en estos casi cuatro años que pasaron desde que la visité por primera vez: la plaza bien cuidada, los portales y locales que la rodean no molestan con ruidos de música o pregones, el tránsito es ordenado, los turistas de todas las nacionalidades van y vienen sin cesar o almuerzan en uno de los muchos balcones coloniales de los cafés o pubs que están, casi todos ellos, en el piso superior de cada caserón colonial.

 

20180127_114432

Coricancha (del quechua: Quri Kancha, “templo dorado”).

 

Los cusqueños son por demás amables y, acostumbrados al turista (y conscientes de que el turista es el que deja más dinero en la ciudad y los alrededores y de la necesidad de cuidar esa fuente de ingresos), responden amablemente a las consultas que se les hacen y son muy atentos a la hora de dar indicaciones o consejos. Pero… hay un punto que se les escapa y ellos son, en general, un cierto porcentaje de los comerciantes; de manera específica, me refiero al bendito cambio de dinero: si no tienes cambio no hacen el menor esfuerzo por conseguirlo y ni siquiera se preocupan por no vender: o pagas con cambio o sales de la tienda. Muchas veces uno simplemente va a comprar a otro lado, pero en otras ocasiones hemos tenido que caminar más de un kilómetro para encontrar alguien que quisiera o pudiera cambiarnos un billete para luego poder hacer la compra que queríamos. Salvo ese punto no puedo tener más que palabras de elogio para Cusco y su gente.

 

20180127_110013

Catedral de Cusco

 

Ubicada al sureste del país y con una altura de 3400 metros sobre el nivel del mar, a Cusco hay que caminarla despacio, de lo contrario se corre el riesgo de quedarse sin aire cada veinte pasos. Para que ello no suceda puede ayudarnos un mate (té) de coca o también mascar la hoja de coca, directamente (en realidad no se masca en el sentido de masticar; sino que se coloca la hoja en el maxilar superior, entre la encía y la mejilla y se va extrayendo su jugo poco a poco. La hoja de coca actúa como un estimulante ligero y ayuda a combatir el hambre, la sed, el dolor y el cansancio. También ayuda a superar el mal de alturas).

 

20180127_123117

 

Luego de unos días recorriendo la ciudad, nos preparamos para el siguiente paso (el cual es sólo transitorio, ya que de una u otra manera hay que volver a Cusco después): Aguascalientes.

 

20180127_123816

Monumento a Pachakuteq Inca Yupanki (Transformador del Universo).