(Otra) Biblioteca portátil del siglo XVII

Hace un par semanas hablé de la biblioteca portátil de Napoleón Bonaparte ―quien quiera acercarse a ver esa joyita, puede pasar por »aquí«―. Allí dije que esa biblioteca bien podía igualarse a los modernos lectores digitales, lo cual es una comparación bastante obvia. Lo que les traigo ahora es, podría decirse, una versión mejorada de ese Kindle del siglo XVII. Tal vez sería el equivalente a tener un montón de libros en un smartphone. Algo así.

.

.

Como bien sabemos, hemos llegado a tal punto de desarrollo que la tecnología nos permite tener miles de libros en el bolsillo, puede que más de los que podamos leer en una sola vida. La técnica nos hace creer, con sus avances más que acelerados, que esas ideas de tener todo en un espacio pequeño y manejable, son completamente originales y solemos pensar  que los siglos pretéritos vivían en una especie de barbarie. ¿Cómo le explicaríamos a una persona de siglos pasados qué es un libro electrónico?  Pero como ya vimos el otro día, ya está todo inventado; lo que podemos hacer es mejorar las cosas (de alguna manera, no vamos a entrar otra vez a discutir si un lector digital es tan bueno como un libro ni nada de eso) y poco más.

.

.

   Hablando de que todo ya está inventado, la Universidad de Leeds acaba de descubrir entre sus volúmenes la que podría ser la primera biblioteca portátil del mundo o la más antigua, hasta el momento. Data del siglo XVII y se trata de una caja de madera con forma de libro, del tamaño de un folio y encuadernado en cuero marrón, que alberga tres pequeños estantes con cincuenta libritos en perfectas condiciones, encuadernados en vitela, de letras y cantos dorados. Además, cada una de sus cubiertas muestra a un ángel leyendo un pergamino con la leyenda «Gloria Deo». En la cubierta interior de la caja aparece a modo de índice, ricamente iluminado, una tabla con los contenidos de cada una de las tres secciones. La biblioteca contiene todo lo que podría interesar a un amante de la cultura de la época: desde historia y poesía hasta teología y filosofía, pasando por autores clásicos como Cicerón, Virgilio, Ovidio, Séneca, Horacio o Julio César.

.

.

   Este tipo de bibliotecas son extremadamente extrañas: que se sepa, solo unas cuatro familias tuvieron la suerte de poseer una de ellas. Esta, en concreto, fue encargada en 1617 por un miembro del Parlamento llamado William Hakewill como obsequio para un amigo miembro de la familia irlandesa Madden. Y parece que el regalo tuvo tanto éxito que en los siguientes cinco años encargó otras tres más con idéntico propósito. Esta biblioteca en miniatura ha pasado a ser uno de los elementos más singulares de la colección Brotherton dedicada a libros, manuscritos y fotografías raras en la Universidad de Leeds.

A través de innumerables almas

.

.

Dijo Nietzsche: «Un alemán que tuviera la desfachatez de afirmar “Dos almas, ¡ay!, moran en mi pecho”, estaría atentando gravemente contra la verdad, o mejor dicho, se estaría quedando muchas almas por detrás de la verdad».

Al respecto, comenta Byung-Chul Han: «Quien afirme tener dos almas en el pecho, escribe Nietzsche, atenta gravemente contra la verdad. Se queda muchas almas por detrás de la verdad. La vida es el camino a través de innumerables almas: «Mi camino atravesó cien almas». La muerte saca adelante la vida. La vida atraviesa la muerte. Se vive muriendo. La vida es un «ir muriendo permanentemente». El «camino a través de innumerables almas» no se recorre dialécticamente. Lo que caracteriza al peregrino que recorre las almas no es la superación ni el deseo de acumulación, sino la despedida. La vida es un permanentemente duelo sin compensación dialéctica: «Recorrí mi camino atravesando cien almas, algunas despedidas tuve ya, conozco las horas últimas que rompen el corazón». (Caras de la muerte, p. 109).

.

.

Cuando leí este fragmento de Byung-chul Han no pude menos que recordar Límites, aquel poema de Borges que suelo citar demasiado a menudo aquí, sobre todo estos dos versos: «Para siempre cerraste alguna puerta / y hay un espejo que te espera en vano» que me parecen la síntesis de lo que expresaron ambos filósofos: la vida como un devenir constante del que no siempre (o, mejor dicho, casi nunca) somos conscientes. Todo es una despedida constante y nosotros mismos estamos en un estado de modificación personal permanente, es decir, que de alguna manera estamos despidiéndonos de nosotros mismos a cada momento.

Casualmente hace unos días escribí en mi diario: «Cualquier persona que sostenga sus convicciones por más de seis meses debería ser considerado como un conservador». La cita resultó premonitoria de lo que leería dos días después; pero eso no es raro, seguramente algún tiempo atrás, vaya uno a saber cuándo, ya había leído ese fragmento de Nietzsche y, como dije, esos versos de Borges siempre están en mi memoria, así que el hecho de que yo diga algo así no significa nada más que tal vez el germen de esa idea que creí mía no lo era tanto. Otra pequeña modificación, y esto no me molesta en absoluto; es que esa cita la escribió otro Borgeano; uno pretérito. El de hoy ya sabe, ahora, que no fue nada original cuando escribió eso.

Veremos qué dice el de mañana con respecto a esto que aquí se termina…

México inagotable

.

.

Mi México es inagotable, lo cual es una virtud que agradece este ser inquieto que siempre está tratando de conocer algo nuevo o de encontrar algo que despierte a ese hermoso gusanito de la curiosidad. A lo largo de estos años, en los que he podido recorrer cierta parte de este enorme país (nueva ventaja: siempre me quedará algo nuevo por recorrer), he visto que cada zona muestra con orgullo sus tradiciones culturales; las cuales incluyen la gastronomía, las danzas, los ritos, la vestimenta. Sobre este último punto hoy quiero compartirles uno de esos hallazgos de los que hablé al principio. Uno de esos simples detalles que cambian todo lo que uno verá a continuación.

.

.

Acabo de encontrar un artículo que, entre otras cosas, me ha enseñado que aquello que yo veía sólo como una mera forma decorativa, tiene, además, un profundo sentido simbólico. Una síntesis de esos significados podrán verla en la imagen siguiente:

.

.

Ahora podría decir «Bueno, muy interesante. Y qué bonito. Ya, felicitaciones» e irme muy tranquilo a comprar una artesanía o a tomar un refresco; pero no puedo minimizar ese tipo de cosas y no porque no pueda hacerlo, sino porque no quiero; porque siento que estoy perdiendo algo que excede lo meramente decorativo o artesanal. No puedo dejar de ver, en cada muchacha que pasa caminando por la plaza (porque aquí es común que todavía se usen estos trajes diariamente, y no solo en las festividades o celebraciones locales), que lleva en su falda, en su corpiño o en los volantes, una síntesis de México todo: allí, en esas formas geométricas bordadas con esmero, lucen y danzan las estrellas y las flores; las serpientes se mueven sinuosas, las mariposas parecen posarse en los árboles y hasta el universo todo es sólo una parte más de la danza y el color. Aquí todo es siempre nuevo y siempre renovado. ¿Cómo no estar feliz de ser de aquí?

Lo dije: México es inagotable.

.

Las explosiones son primavera

Para L., mi estación favorita.

Las explosiones son primavera – Salvador Dalí

.

Las explosiones son primavera

Las explosiones son primavera
como manchas de sangre en un fondo de nieve
o nubes en tono pastel abandonadas en el cielo
por un artista indisciplinado y olvidadizo.
Palabras que renacen, voces
desde lo alto de un árbol, en un nido
donde pichones hambrientos no dan tregua
a sus incansables padres.
Voluntad atareada, velo descorrido
(recuerdo rasgado de anteriores destellos)
polen viajero, brote y tallo
aire espejo
reliquia
voces de enamorados en promesas infinitas.

Todo es
porque todo es en sí mismo
Danza de abejas en un mundo que es todo panal
y almendros en flor.

Las explosiones son primavera
en los ojos de la noche que destellan más claros
en el terciopelo que los contiene
en la fuerza de la migratoria ballena y mariposa
en el tiempo que abre los glaciares
las almenas, la savia renovada
en el río que apalabra su descenso
lenguaje de furia incontenible, tintineo de caireles
que se vuelve órgano de catedral
y coda definitiva en los deltas o los mares.

Las explosiones son primavera
zumbidos invisibles de mosquitos en la noche
e inicio de insomnio
¿y por qué no? Ellos también tienen derecho
a su porción de alegría, a su parcela de vida
a esos renovados impulsos que son y serán y serán
por siempre ―ciclo infinito, devenir eterno―
las inevitables, y cíclicas, y necesarias, y delicadas
explosiones
de primavera.

La noche de la verdad, Albert Camus

.

.

Cada tanto aparece en las mesas de novedades de las librerías algún volumen con «Textos recobrados» de tal o cual autor. En general esos libros tienen un carácter más bien hermano de la curiosidad que de la importancia literaria y, sobre todo, son hijos de la busca de beneficios rápidos por parte de las casas editoriales. El mes pasado fueron dos los libros que llamaron la atención del mundillo literario: El remitente misterioso y otros relatos inéditos de Marcel Proust y La noche de la verdad: los artículos de Combat, de Albert Camus.

Del primero no hay mucho para decir (no mucho bueno, al menos); el segundo ya nos regala más tela para cortar. Para empezar, debo reconocer que leí primero el de Proust, el cual, como dije, no merece mayor comentario; así que cuando tomé el de Camus ya venía mal predispuesto. Además, me pegunté qué valor tendría leer hoy una serie de artículos escritos en una revista política, subterránea, de hace más de setenta años; pero bueno, con echarle un vistazo no se perdía nada.

¡Y vaya maravillosa sorpresa que me esperaba en este volumen de breves pero concisos artículos políticos (y podría decir que también morales, aunque de manera indirecta) por un jovencísimo Albert Camus! No hay página que no nos golpee a la distancia, porque esos dos problemas que señalé: lo político y lo moral, son temas que también importan hoy y, aunque no estemos inmersos en una guerra factual, la gravedad de los asuntos que nos rodean bien nos hace ver que vivimos en una especie de estado de guerra de hecho, por otros motivos y circunstancias; pero no por eso menos grave o peligrosa.

Tomo nota de un par de citas (sólo un par, de lo contrario me vería impelido a copiar casi todo el volumen):

«No somos hombres que odien. Pero no nos queda más remedio que ser hombres justos. Y la justicia quiere que quienes han matado y quienes han permitido matar sean responsables por igual ante la víctima, incluso aunque los que encubrían el asesinato hablen hoy de doble política y realismo. Pues ese lenguaje es el que despreciamos».

«¿Qué es una insurrección? Es el pueblo en armas. ¿Qué es el pueblo? Es la parte de una nación que no quiere arrodillarse nunca».

«Esta París que lucha esta noche quiere mandar mañana. No por el poder, sino por la justicia; no por la política, sino por la ética; no por el dominio de su país, sino por su grandeza».

.

.

Veo que las citas pierden algo de fuerza al ser sacadas del contexto y del tono general del libro; pero valgan, al menos, como pequeños ejemplos de lo que cada página de este magnífico libro contiene. La postura de Camus en plena ocupación nazi no deja de ser ejemplar en todo momento y, como todo ser moral y consecuente que se precie, no calla; y no lo hace porque es lo que corresponde que un hombre haga bajo esas circunstancias. Los nazis ―quienes por ese momento ocupaban la mitad de Francia con la anuencia del vergonzoso Régimen de Vichy― torturaban y mataban a franceses por docenas, y Camus arremetía no sólo contra ellos, sino contra los políticos colaboracionistas y contra la prensa que se doblegaba, temerosa, ante el enemigo (los artículos donde arremete contra la prensa con magníficos y deberían ser leídos por todos los periodistas y estudiantes de periodismo de la actualidad). Camus no, desde su trinchera señalaba a cada uno de ellos e impelía a sus compatriotas a seguir en la lucha por la liberación de su país. Defendía a los suyos desde todos los frentes y hasta llegó a enfrentarse a los ingleses, quienes por aquel entonces se mofaban de la posición francesa; pero todo esto ―y he aquí un punto de la mayor importancia― siempre desde la lógica, el argumento, la razón y el buen tono. Camus nunca se rebaja a la falacia, al ataque gratuito ni, mucho menos, a la injusticia. Su mayor fortaleza es simple: habla con la verdad y por la verdad. Nada más y nada menos que eso.

Por último, es inevitable (porque Camus es hijo de su época y yo lo soy de la mía) que haga un nexo entre estos textos, esta postura de Albert Camus y lo que veo hoy a mi alrededor. Seré breve: ¿Quién podría hoy compararse con aquel hombre y su accionar? Sinceramente, no veo a ninguno que, siquiera, esté a la altura de poder lustrarle los zapatos. Y con la falta que nos haría alguien así…

La malvada Mona Lisa

.

.

Muchas veces he dicho que hay que ser cuidadoso con lo que se afirma, ya que de manera inevitable algo tal vez inapropiado se colará entre esas palabras que salen de nuestra boca. En ese sentido, siempre me ha gustado mucho, y también he usado, la idea del «Test de Rorschach literario»; es decir, algo así como que vemos en lo que leemos sólo aquello que queremos o podemos ver, al igual que quien se somete al famoso test de las manchas de pintura ve en ellas algo propio y particular. Esta idea, por supuesto, la tomo «entre comillas»; ya que no soy muy amante de las ideas psicoanalíticas y, mucho menos, si estas se presentan de manera terminante. Que algo pueda parecerse a otra cosa no quiere decir que eso vaya a ser indefectiblemente una imagen especular de eso a lo que se parece.

.

.

Pero vamos a un ejemplo concreto, que fue el que me llevó a irme por las ramas en el primer párrafo. Encontré esta cita, tomada del New York Times, en un lejano 1 de diciembre de 1913:

«En una conferencia sobre Belleza y moralidad en la Universidad de Londres, Kane S. Smith llamó a la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci “una de las pinturas más activamente malvadas jamás pintadas, la encarnación de todo el mal que el pintor podría imaginar, para ponerlo en la forma más atractiva que se pudiera idear”».

Unos pocos días después, el 3 de enero de 1914, en el Literary Digest, alguien (cuyo nombre desconozco), escribió:

«El conferencista admitió que era una obra de pintura exquisita, pero también dijo: “si la miras el tiempo suficiente para adentrarte en su atmósfera, creo que te alegrarás de escapar de su influencia. Tiene una atmósfera de maldad indefinible”»; para terminar el artículo: «Se dice que el público aplaudió con entusiasmo, pero es probable que lo hubieran aplaudido con el mismo entusiasmo si el conferenciante hubiera encontrado buenas las influencias de la imagen».

.

.

Vaya un aplauso para la lógica sencilla y prudente del articulista; y después perdámonos en el mundo de las suposiciones que nos permiten las palabras del tal Kane S. Smith. Por ejemplo, lo primero que se me ocurre es preguntarme qué es lo que tenía en la cabeza ese pobre hombre. ¿Sería un fanático religioso o tal vez un puritano extremista? No eran raros esos personajes por aquella época… ¿Cuáles serían sus conocimientos de arte y de historia del arte? ¿Qué habrá pensado y dicho pocos años después, ante el avance del dadaísmo y el surrealismo? ¿Habría visto a la Mona Lisa en algún momento o sólo tuvo acceso a ella a través de una reproducción?

Las preguntas siguen y siguen apareciendo; pero la que más me intriga es una de las primeras en aparecer y que vuelve, recurrente, de manera inevitable: ¿Qué tendría en el alma ese buen señor Smith para ver, dentro de todas las cosas que podemos ver en la Mona Lisa, una atmósfera de maldad indefinible? Menudo misterio…

Retrato del poeta adolescente

.

.

¿Qué escribíamos cuando teníamos quince años? En general, podríamos decir sin temor a equivocarnos, que escribíamos lo mismo que escriben los muchachos de quince años de hoy, es decir, torpes acercamientos a algo parecido a la poesía, plagado de lugares comunes que podían tener dos aspectos: o ser sencillos versos que ya habían sido escritos millones de veces o, si se pretendía ser o parecer eso que uno pensaba que era «un escritor serio», unos versos incomprensibles, de esos que uno mismo no reconocería o entendería años después. Escribir es algo que se aprende paso a paso y, en términos generales, lleva bastante tiempo hacerlo con corrección (no se habla aquí de perfección porque, como bien se sabe, se puede apuntar a ella, pero nunca dar en el blanco).

Luis Alberto Spinetta escribió lo siguiente a los quince años:

Barro tal vez.

Si no canto lo que siento
me voy a morir por dentro
he de gritarle a los vientos, hasta reventar
aunque solo quede tiempo en mi lugar.

Si quiero me toco el alma
pues mi carne ya no es nada
he de fusionar mi resto con el despertar
aunque se pudra mi boca por callar.

Ya lo estoy queriendo
ya me estoy volviendo canción
barro, tal vez.

Y es que esta es mi corteza
donde el hacha golpeará
donde el río secará para callar.

Ya me apuran los momentos
ya mi sien es un lamento
mi cerebro escupe ya el final del historial
del comienzo que tal vez reemprenderá.

Si quiero me toco el alma…

.

Lo escribió cuando tenía entre catorce y quince años y no sólo hizo eso, sino que además le puso música. El tema es una zamba, pero no clásica, sino que modificaba los acordes iniciales, dándole así un toque absolutamente personal. Se trata de una zamba con aire de rock iniciada con una combinación de acordes re menor-sol mayor, que rompe la forma de zamba en mitad del estribillo, justamente para pronunciar el título de la canción, «barro tal vez». Durante toda la canción se escucha un fondo de grillos, perfectamente audibles al inicio, debido a que el tema fue grabado en el jardín de su casa, por la noche.​ Spinetta hace una referencia a esto en uno de los textos del sobre interior del disco, donde dice «los grillos y las ranas en múltiples estéreos para la zamba final».

Quince años, che… no hay derecho…

Hablando se entiende la gente

.

.

No hace mucho tiempo conocí un idioma inventado recientemente: toki pona, el cual generalmente se traduce como «el lenguaje del bien». Su sencillez y sus características particulares (sobre todo su aspecto lúdico y su relación con las ideas taoístas) me llevó a estudiarlo, lo cual me ha hecho adentrarme en un mundo particular y por demás interesante. Añadido a ello, he visto en varios artículos relacionados, algunos de los idiomas inventados por personas particulares con la idea básica, casi común en todos ellos, de hacer que la humanidad se comunique de manera más fluida y así, de alguna forma, poder evitar conflictos y malentendidos varios. Sin duda, un espíritu humanista subyace en todos esos intentos.

Tal vez el más conocido de esos idiomas sea el esperanto, del cual se dice que las virtudes que posee son muchísimas y que es una pena que no se hable como una lengua común a todos, al menos como una lengua secundaria. Otro es el volapük, creado por el sacerdote alemán Johann Martin Schleyer; el cual tuvo muchos adeptos a principios del siglo pasado, pero el que decayó debido a su compleja gramática y a un profundo disenso entre sus hablantes (nuevamente, una completa diferencia con el esperanto). Ya he nombrado a toki pona, el cual fue creado a principios de este siglo por la lingüista Sonja Lang como lengua artística filosófica; y no puedo dejar de nombrar al idioma analítico de John Wilkins, el cual era genial en su concepto, pero impracticable en la realidad.

.

Ahora he encontrado este nuevo ejemplo histórico: En 1922, el profesor y lingüista de alemán báltico Edgar de Wahl ofreció un nuevo idioma para facilitar la comunicación entre personas de diferentes naciones. Lo llamó Occidental, y lo diseñó para que muchas de sus palabras sean reconocibles por quienes ya conocen una lengua romance. Tómense un minuto para leer el siguiente párrafo y verán que, en líneas generales, pueden entender el sentido completo de lo que allí se dice (ayuda un poco el leerlo en voz alta):

Li material civilisation, li scientie, e mem li arte unifica se plu e plu. Li cultivat europano senti se quasi in hem in omni landes queles have europan civilisation, it es, plu e plu, in li tot munde. Hodie presc omni states guerrea per li sam armes. Sin cessa li medies de intercomunication ameliora se, e in consequentie de to li terra sembla diminuer se. Un Parisano es nu plu proxim a un angleso o a un germano quam il esset ante cent annus a un paisano frances.

Una traducción aproximada (no hablo Occidental; pero supongo que la cosa va por aquí):

«La civilización material, la ciencia e incluso el arte se unen cada vez más. El europeo educado se siente casi como en casa en todas las tierras que tienen civilización europea, es decir, cada vez más, en el mundo entero. Hoy casi todos los estados guerrean con los mismos armamentos. Sin pausa los modos de intercomunicación mejoran y, en consecuencia, el mundo parece disminuir. Un parisino está ahora más cerca de un inglés o un alemán que cien años antes de un campesino francés».

El Occidental ganó una pequeña comunidad de hablantes en las décadas de 1920 y 1930 y se había extinguido en gran medida ya para la década de 1980; pero en los últimos años ha visto un resurgimiento en Internet como interlingüa.

.

.

Es inevitable terminar con algunas preguntas: ¿Será realmente una solución a los conflictos humanos el poder hablar una misma lengua? Por supuesto, alguien podría aducir que si con eso bastara no habría violencia alguna dentro del seno mismo de cada sociedad o país; pero, por otro lado, también tenemos la idea más general de que las personas suelen ver como menos extrañas (si me permiten la expresión) a aquellos que tienen más cosas en común con ellos mismos. En ese sentido, la posibilidad de comunicación es indispensable y también podemos dar un ejemplo: en una sociedad multiétnica (las cuales son cada vez más) el hecho de poder comprenderse los unos a los otros no es algo menor y no son pocas las veces que esto hace que un grupo pueda adaptarse y ser reconocido en una nueva cultura. De todos modos, la violencia se ejerce por cuestiones de raza, religión o nacionalidad; así que, si bien una lengua común podría se de ayuda, también habría que atacar otros aspectos irracionales de nuestra sociedad; lo cual nos lleva al principio de estas dudas: ¿Y no servirá para ello el tener una lengua en común?

Poesía compartida

.

.

Estos tiempos de pandemia han creado un estado de conducta y de relaciones al que se ha llamado (creo) nueva normalidad o algo así (en realidad no sé si esto es exactamente de esta manera, pero no importa demasiado o, al menos, no me importa a mí en lo personal). Sea como fuere, este nuevo estado de cosas nos ha obligado a conectarnos con los otros por esos medios que antes también estaban ahí, pero que eran la excepción, no la norma. Es así que la presentación de un libro o de un disco o de cualquier otra obra artística, por ejemplo, traía consigo el placer del espectador por acceder a la obra y al autor y el placer del autor al poder compartir su obra de manera directa con ese público presente y atento, en una realimentación que siempre resultaba positiva. Pero bueno, estamos inmersos en tiempos complejos y esto hace que lo virtual sea hoy lo que se viva como real, mal que nos pese.

Vamos al punto central de esta entrada: dos amigos de esta casa —cada uno a su manera y forma— nos han compartido su obra literaria, su obra poética. Nada mejor, entonces, que acompañarlos en estos andares donde podemos acceder a estas poesías compartidas. Uno de ellos es Xabier Novella, quien en su sitio personal, Metáfora de un grito está compartiendo algunos de sus libros en formato PDF para quien quiera descargarlos desde allí. Ya ha compartido tres de ellos y tengo entendido que pronto llegaran un par más. (Dejaré los enlaces en el renglón que seguirá a este párrafo. Estaría mejor aquí, pero este nuevo formato de WordPress no me permite hacerlo como yo quisiera. Mis disculpas por ello). Así que puede pasar por Metáfora de un grito para leer los poemas que a diario nos comparte Xabier Novella o pueden pasar directamente por los siguientes enlaces para descargar sus libros:

Sueños de papelHaikus desde el silencioMorfeo Reloaded

Quien también ha presentado su nuevo trabajo, titulado Cuerpos acantilados (me encanta ese título, por cierto) es María Jesús Beristain; quien en su sitio MJB Literaria nos ha compartido un vídeo estupendo donde podemos verla y oírla compartiendo su poesía y su trabajo. El vídeo también puede encontrarse en Youtube; pero es mejor, me parece, acercarse por el sitio mismo de la María, así además podemos darnos una vuelta por allí para seguir leyendo otros aspectos de su trabajo poético. Para ver y oír a María leyendo sus poemas, pueden ir a…

Cuerpos acantilados

Espero que disfruten de esos trabajos que la nueva normalidad o como quiera que se llame esto en lo que estamos inmersos, nos ha traído de la manos de los propios autores. La poesía, por suerte, siempre es y será la misma… demos gracia por ello.

La Biblia de Borso d´Este

.

Hace un par de semanas encontré una biblia antigua que, literalmente, y como suele decirse, me dejó sin aliento. Uno ha visto por aquí y por allá ―incluso personalmente en algunos afortunados casos― manuscritos iluminados, obras antiguas ilustradas a mano o con mayúsculas adornadas; pero nunca había visto un manuscrito medieval donde cada página estuviese decorada de una forma tan meticulosa y detallada.

.

.

La magnífica Biblia de Borso d’Este o Breviario de Ercole representa el apogeo de la pintura ferraresa en miniatura y uno de los puntos culminantes de la iluminación de manuscritos del Renacimiento italiano (recordemos que un manuscrito iluminado es un manuscrito en el que el texto es complementado con la adición de decoraciones varias, tales como letras capitales decoradas, bordes y miniaturas). Fue encargada por Borso d’Este (1413-1471), el primer duque de Ferrara, con la intención de demostrar el esplendor de la casa de Este, que en aquel momento competía con Florencia y con la corte de los Medici por un estatus internacional. El manuscrito se terminó entre 1455 y 1461, al mismo tiempo que Johannes Gutenberg estaba produciendo la primera Biblia impresa con tipos móviles. La Biblia se compone de dos volúmenes en folio con más de 1000 iluminaciones individuales. Las hojas están ricamente iluminadas, con viñetas pintadas que representan escenas de la Biblia, acontecimientos históricos, el escudo de armas Estense y vistas de la naturaleza. El comienzo de cada uno de los libros de la Biblia está decorado con un elaborado borde arquitectónico y dibujos de colores vivos. Las iluminaciones pertenecen a un equipo de artistas dirigidos por Taddeo Crivelli y Franco dei Russi, que también incluyó a Girolamo da Cremona, Marco dell’Avogadro y Giorgio d’Alemagna. El texto fue escrito en fina caligrafía renacentista por el escriba boloñés Pietro Paolo Marone. En 1598, tras el paso de Ferrara al control papal, la familia Estense dejó Ferrara para ir a su nueva sede de poder ducal en Módena, y se llevaron con ellos sus pinturas, esculturas y libros. La Biblia se conservó en Módena hasta 1859, cuando la ciudad pasó a formar parte del nuevo Reino de Italia. Francisco V de Austria huyó a Viena, y se llevó consigo muchos bienes de la familia, incluida la Biblia. En 1923, el industrial Giovanni Treccani degli Alfieri le compró la Biblia a un librero y anticuario parisino. Como señal de respeto por la República de Italia, devolvió la Biblia a la Biblioteca Estense de Módena. En la segunda mitad del siglo XVIII se hizo una nueva encuadernación. La Biblia fue recortada con crudeza y se ha perdido parte de la decoración de los márgenes superiores y externos. La encuadernación se volvió a reemplazar en 1961. Está formada por 2 volúmenes de 311 hojas y 293 hojas, respectivamente.

.

.

He conseguido varias páginas, de las cuales les comparto algunas aquí debajo (como siempre, para verlas en mayor tamaño, deben hacer clic sobre una de ellas). Quien quiera echarle un vistazo a la Biblia completa, puede darse una vuelta por

aquí.

.