El ombligo patriota

 

Banderas

 

Hace unos días les pedí a varios amigos españoles que me brindaran sus puntos de vista sobre el tema de la independencia o separación de Cataluña. No voy a hablar de ello ahora; lo que esos amigos me dijeron quedará entre nosotros y, además, no soy la persona indicada para tocar ese tema que me resulta lejano (aunque no por ello del todo incomprensible). Lo que sí voy a dejar a continuación es una serie de citas en referencia al concepto de nacionalismo, el cual me parece una de las enfermedades emergentes en este siglo XXI.

Insisto en que no deben considerarse estas citas en referencia a lo que ocurre en Cataluña; sólo es que un tema impulsó al otro y eso no significa que estén relacionados entre sí.

«Los pueblos son la ilusión de que las cosas van juntas de algún modo». Anne Carson (a propósito de su libro La vida de los pueblos).

«Quiero ser un ser humano, nada más y nada menos. … No creo que podamos dejar de odiarnos unos a otros, pero ¿por qué animarlos a mantener las viejas etiquetas con su historia de odio milenaria?» Isaac Asimov.

«Los patriotas siempre hablan de morir por su país, y nunca de matar por su país».  Bertrand Russell.

«Si yo supiera algo que pudiera servir a mi nación pero arruinaría a otro, no lo propondría a mi príncipe, porque soy primero un hombre y sólo entonces un francés… porque necesariamente soy un hombre, y sólo accidentalmente soy francés» Montesquieu.

Y el que tal vez sea el más lúcido de todos los conceptos sobre el patriotismo:

«El patriotismo es su convicción de que este país es superior a todos los demás países porque usted nació en él». George Bernard Shaw.

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Pequeña guía para políticos modernos

 

Franklin Delano Roosevelt

A veces parece que los políticos no saben leer la historia o que hacen caso omiso de ella. Eso no es cierto, claro; en líneas generales los políticos saben bien lo que hacen y por qué lo hacen; sólo es que no les conviene recordar a este o a aquel político anterior que dijo aquellas cosas tan incómodas y que incluyen términos como igualdad, humanidad, justicia, etc.

Un ejemplo es el de Franklin Delano Roosevelt; quien dijo aquello de «La prueba de nuestro progreso no es si añadimos más a la abundancia de aquellos que tienen mucho; es si proporcionamos suficiente a aquellos que tienen demasiado poco».

¿Se imaginan a Trump leyendo estas palabras? Trump y muchos otros de diversas latitudes para quienes, si bien Roosevelt no fue un antecesor directo, no pueden decir que esas palabras no les caigan como anillo al dedo, según el saber popular.

Y si algún político contemporáneo quisiera argumentar al respecto con posturas neoliberales o alguna patraña similar, no estaría mal recordarle esas otras palabras del mismo Roosevelt que también tienen forma circular; es decir de anillo más que adecuado para el dedo de la dama o del caballero:

«Aquellos que tratan de establecer sistemas de gobierno basados en la reglamentación de todos los seres humanos por un puñado de gobernantes individuales… llaman a esto un “nuevo orden”. Pues no es nuevo y no es orden».

La razón del débil

Geoffrey_V_Plantagenet«Todo lo que se hace por amor siempre ocurre más allá del bien y del mal» dijo Nietzsche alguna vez. ¿Y lo que se hace por amor al prójimo? ¿Y aquello que se hace no sólo por amor a una persona sino a toda la humanidad? Pues sin duda que ello también entra en esa categoría que le permite estas más allá «del bien y del mal».

Recuerdo aquel cuento breve de Manuel Peyrou titulado La confesión; el cual, más allá de la ficción, bien puede haber sido un pedazo de historia que el autor argentino nos comparte como si él la hubiera inventado. No es improbable que esto hubiese ocurrido alguna vez en los vericuetos de los avatares humanos.

La confesión

En la primavera de 1232, cerca de Aviñón, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el Conde.

Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda.

-¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D’Orville-. ¿Por qué me llenas de vergüenza?

Porque soy débil -repuso-. De este modo simplemente me cortarán la cabeza. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

La revista del frío

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Durante la primera expedición antártica de Robert Falcon Scott, entre 1901-04, Ernest Shackleton editó una revista ilustrada, el South Polar Times, para entretener a la tripulación. Cada edición consistió en una sola copia mecanografiada que circulaba entre los 47 lectores a bordo del Discovery, a través de dos inviernos oscuros. Quienes SPT_3 pg 28-cropdeseaban contribuir dejaban sus ensayos, artículos y poemas de forma anónima en un buzón de caoba, y Shackleton componía cada número en una máquina de escribir Remington colocada encima de una caja de embalaje del almacén.

Scott escribió: “Puedo ver otra fila de cabezas inclinadas sobre un nuevo número mensual para escanear los últimos esfuerzos de nuestros artistas y puedo oír, también, la risa sorda de nuestros humoristas. Veo también al orgulloso autor expectante del giro de la página que debe revelar su obra y al tímido autor deseoso de que sus páginas se giren rápidamente”.

SPT_June 11 cover-cropShackleton quedó inválido ese verano y no pudo participar de la siguiente expedición, pero otros miembros de la tripulación se hicieron cargo de la revista ese invierno y también en la segunda expedición de Scott en 1911.

En el archivo de History Extra pueden encontrarse algunas páginas escaneadas de lo que sin duda puede considerarse la revista más austral que jamás se haya publicado.

La matemática del soneto

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Collage – Borgeano

Sigo leyendo y deleitándome con Ideas para la imaginación impura, de Jorge Wasenberg. En el capítulo veinticinco, luego de hacer algunos malabares con números y de determinar la clásica cifra de todas las partidas de ajedrez posibles, Wasenberg se adentra en el terreno literario, pero lo hace de la mano de la matemática. El resultado es maravilloso. Por un lado accedemos a un costado poco habitual de la literatura; pero en el mismo acto también accedemos a algo a lo que no estamos acostumbrados: a la belleza de la matemática. Transcribo el párrafo que llamó mi atención:

“Los poetas parecen tenerlo un poco mejor que los ajedrecistas. Un uno seguido de 415 ceros (10415) mide el número de sonetos libres distintos que se pueden llegar a componer, es decir, el número de maneras distintas que existen, en castellano, de ordenar seis palabras del total de las 85 000 de esta lengua en cada uno de los 14 versos. La inmensa mayoría de esos «sonetos» no tienen, claro, el menor sentido. Y de la inmensa minoría que sí tienen sentido, una inmensa mayoría serán malísimos. De modo que sólo una inmensa minoría, aún inmensa, de aquella minoría merece editor. Ahora bien, ni todos los seres humanos que quedan por nacer, metidos todos a genios del soneto con furia creadora de 24 horas al día, son suficientes para escribir una mínima parte del número de poemas geniales posibles, todavía no escritos. Salvados por la enormidad. Quevedo quizá no llegara a saberlo, ni falta que le hacía, pero sus sonetos ya estaban escritos en el mundo de lo realizable pero aún no realizado. Se pueden escribir 10354 918 novelas de 200 páginas a 360 palabras por página”.

Todo está ya escrito, dice Wasenberg; al menos en el mundo de lo realizable. El artista (ya no solo el escritor) sólo busca y desnuda, tal como Miguel Ángel lo hiciera con la piedra frente a él, la obra oculta.

“Crear es una ilusión, aunque sea una ilusión tenaz. Sin embargo, estamos salvados. Crear es descubrir. O digámoslo un poco mejor. Crear es descubrir, desde el mundo real, algo de mérito entre la sideral quincalla del mundo de lo solamente realizable. Duchamp quizá no llegara a caer en la cuenta, o, justamente, quizá sí, pero su idea del ready made era una propuesta sublime. Todo es, en rigor, un ready made. Incluso la idea del ready made”.

A descubrir, entonces, que con ello ya tenemos suficiente.

Brilla

Alguna vez hablé de Grant Snider; el maravilloso ilustrador que hace de la síntesis su marca distintiva. Hoy encontré este cartón (había otros dos más, tan buenos como éste) y quiero compartirlo sólo porque sí; porque a veces hay que aquietar las aguas y calmar el espíritu. Nada mejor para ello que una verdad y su síntesis.

 

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El texto de las viñetas casi podría ser, en sí mismo, un sencillo poema:

Iridiscencia

burbujas de jabón
charcos de aceite
viejos CD’s
pájaros raros
conchas marinas
alas de escarabajo.

.
En lugares ordinarios
el mundo brilla.

 

El minotauro interior

 

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Poco afecto a las frasecitas de ocasión, encontré esta cita —que no sé a quién pertenece— que tiene más jugo de lo que su simple exposición permite:

“Hay un lugar, en el interior de cada uno de nosotros, como una cueva, donde almacenamos todos nuestros miedos, nuestros odios, nuestras penas y nuestra tristeza, nuestra agonía y el dolor, nuestras fallas, y si no nos ocupamos de ellos, en momento en que ya como un monstruo que se esconde en la cueva. Este monstruo crece con el tiempo, escondiéndose en la oscuridad, esperando para atacar. Si esperamos demasiado tiempo, llegaremos a ser impotente para ella y cuando ataca, no vamos a tener nada que podamos usar para defendernos”.

Para ser sinceros no me agrada mucho esa personificación con el monstruo y demás (y menos ahora, que cualquier idiota dice cosas como «Debes aceptar mis monstruos interiores» por el simple hecho de vestir de negro; creyendo que por eso ya son hijos de Satanás); pero creo que algo de cierto hay en lo que se dice allí. Para hablar de monstruos o de aparecidos, mejor quedémonos con quien sabe algo del tema, como Stephen King, quien alguna vez dijo «Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan». La misma idea, pero con mejor síntesis.