Hermann Hesse, acuarelas

Hermann Hesse no necesita presentación alguna. Sus novelas han sido alimento estético y espiritual para incontables generaciones y, aunque en general se lo considera como a un autor «para jóvenes» (tal vez sea porque muchos de sus personajes principales suelen ser adolescentes que buscan o encuentran los paraísos que yacen dentro de cada uno), bien vale la pena acercarse a él en cualquier momento de nuestro derrotero.

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En estos meses de recuperación he leído sus Obras Completas; las cuales, por supuesto, no son realmente «completas»; pero los siete libros que contenía el volumen en cuestión fueron un buen reecuentro con aquellos textos que me marcaron hace algunas décadas (¿qué adolescente puede pasar incólume después de leer Demián o Siddharta?). Ahora, buscando información adicional, me encuentro con algunas acuarelas de Hermann Hesse, faceta que desconocía del autor alemán. Son sencillas y directas y, más que nada, poco pretenciosas; es decir, son de alguna manera como el mismo Hermann Hesse.

 

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«He sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo, pero ya no busco en las estrellas y en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre».

Una pequeña galería de sus obras. Pueden ver más (y muchas, como la primera de esta entrada ilustrando manuscritos), en la Galería Ludorff; aquí.

El universo en una cáscara de nuez

 

William Blake - Flames Of Furious Desires

William Blake – Flames Of Furious Desires

 

William Blake, el poeta, pintor y místico inglés nacido en 1757, es uno de esos autores a los que vuelvo una y otra vez. Sus trabajos poseen esa cualidad única de ir cambiando con el tiempo. Cada vez que uno lee un libro de Blake encuentra que es un libro distinto; que nos dice cosas diferentes de las que nos había dicho la última vez. También sus acuarelas tienen mucho para decir y no por nada es que son muy utilizadas por otros artistas como referencia o como objeto central de sus obras.

Ahora encuentro una carta que acrecienta mi reconocimiento por Blake al mismo tiempo que aclara un poco esa cualidad suya tan importante: la ambigüedad en el sentido de su trabajo.

William Blake - Ancient Of Days

William Blake – Ancient Of Days

Cuando Blake tenía unos veinte años, el reverendo John Trusler —autor de exitosos libros sobre religión, a la manera de los best sellers modernos, los cuales le habían brindado una pequeña fortuna— le pidió a Blake que ilustrara uno de sus libros sobre moral. Los trabajos que el pintor envió no fueron del agrado del reverendo, ya que no estaban de acuerdo al canon moral y estético de la época. El reverendo escribió una carta al poeta criticándolas y calificándolas de raras y exageradamente extravagantes; también aseguró que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus” (sea lo que fuere que eso pudiera significar).

En la carta de respuesta, Blake, luego de defender su obra y el carácter de su trabajo, se despacha con un párrafo de soberbia lucidez:

«Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención».

«Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión. Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera. A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas. El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino. Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza. Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo. Par mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…».

Sí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación. Esto se dijo en 1577. Era válido entonces, es válido hoy y lo será siempre. Imaginación, esa parte de la receta para la felicidad que solemos dejar fuera del pastel.

Alicia en el país del surrealismo

En mi adolescencia tuve un fuerte enamoramiento con Dalí. Este enamoramiento duró un tiempo relativamente largo y tuvo sus vaivenes, con su punto más alto en la visita que pude hacer del Museo Dalí en St. Petersburgh, hace ya más de una década. Después Dalí comenzó a caer en el olvido y son pocas las obras del español que aún llegan a conmoverme. Pero de tanto en tanto suele aparecer con algunos trabajos tangenciales que cobran sentido más por la curiosidad de la referencia que por el trabajo en sí. De todos modos, es por estas grietas que Dalí vuelve a aparecer, cada tanto, en mi vida y requiere, en silencio, algo de atención.

 

01 - Por la madriguera del conejo

Por la madriguera del conejo

 

Creo que no hace falta hablar mucho de Alicia en el país de las maravillas; sin duda es uno de esos libros e historia conocidos por todos y para quien cada uno tendrá sus propias referencias estéticas. Yo acabo de encontrar estas doce acuarelas dalinianas sobre el libro de Charles Dogson, más conocido como Lewis Carroll.

La galería con los doce trabajos. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

 

Junto con las acuarelas venía este texto, el cual me parece más una justificación como las que encontramos en los folletos de los museos; pero lo dejo como anexo para quien lo desee interpretar: «La interpretación de Dalí de Alicia en el país de las maravillas es una serie surrealista multifacética de obras que explora el subconsciente del artista. Utilizando una integración fascinante de acuarelas que impregnan bajo una red de líneas, marcas y personajes oscuros, con una organización psicodélica del paisaje, Dalí utiliza el color y el caos para volver a contar la historia mágica en su lienzo. Inspirado por el genio y creado con una indiferencia a la realidad, Dalí finalmente cumple con las exigencias de la mística de Alicia, donde una percepción abstracta se funde con dimensiones conflictivas del arte, que en la mano de Dalí recrea la emoción y la confusión de la historia amada». Por mi parte prefiero quedarme con los trabajos en sí y sólo mirarlos o, tal vez, jugar con ellos. Mezclarlos como si fuesen un mazo de naipes y ver qué historia me cuentan. Después de todo, de eso se trata el inconsciente y el surrealismo.

De sellos e incógnitas

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La costumbre de llevar un diario es algo por demás común; muchas personas suelen adoptar esta práctica, la cual, en lo personal me parece algo muy saludable. Pero cada cual lleva el diario de la manera que se le antoja, claro está; y es así que podemos encontrar a personas que llevan diarios ilustrados, fotográficos, escritos o, incluso, filmados. Como el artista Donald Evans, que pasó su vida pintando los sellos de países inexistentes. “Los sellos son una especie de diario o bitácora”, dijo. “Es, para mí, como viajar a un mundo inventado que me gusta más que en el que estoy”.

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Más tarde, Willy Eisenhart en The World of Donald Evans (1980), señaló: “Sobre pequeños rectángulos de papel pintó transcripciones precisas de su vida. Conmemoraba todo lo que era especial para él, disfrazando esas ideas en sellos de países imaginarios —cada uno detallado con su propia historia, geografía, clima, moneda y costumbres—. Todo ello representativo de esos mundos ficticios pero, como los sellos reales, reflejado con absoluta tranquilidad”.
Los pintó con acuarelas, manipulando el papel con pinzas y trabajando siempre con el mismo pincel. Cuando terminaba, a veces los cancelaba con un matasellos de fantasía tallado con un borrador de goma. Los conservó en un libro de 330 páginas, modelado como un verdadero catálogo de sellos, donde registraba en cada caso el nombre del país de ficción, la fecha, el motivo y la ocasión de la emisión del sello y la fecha en que había terminado la pintura. Llamó a este libro su Catálogo del Mundo.

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Donald Evans murió en un incendio en Ámsterdam en 1977; para ese entonces había pintado casi 4.000 sellos de 42 naciones imaginarias, con fechas que iban desde 1852 a 1973. Dijo, alguna vez, al  París Review: “Cuanto más hago, más loco y más minúsculo se vuelve el detalle y más similares a un sello postal se convierte. Y eso me intriga…”.

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Cuando veo este tipo de trabajos no puedo dejar de pensar en lo intrincado de la mente humana. Sé que esto ocurre porque me encuentro en las antípodas de este tipo de artistas; es bien sabido que las personas que se dedican a hacer varias cosas son las menos productivas, ya que saltan constantemente de una cosa a la otra sin terminar nada. Por ello, conocer a estas personas que dedican toda una vida a una actividad me sorprende por partida doble; por un lado esa capacidad para mí desconocida de hacer una y sólo una tarea; por otro (lo cual no es extraño teniendo en cuenta lo anterior) lo amplio y detallado de su obra.

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Tesoros escondidos III

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En dos oportunidades anteriores hablé sobre las pinturas escondidas en los bordes de libros antiguos. Ahora encontré unas nuevas imágenes y, como estos libros siguen sorprendiéndome como la primera vez, vuelvo a compartir con ustedes estos pequeños hallazgos.

fore-edge-painting-2La pintura oculta en estos libros obedecía a diversos motivos, desde el simple placer de poseer un volumen con características estéticas únicas hasta el mantener ciertas imágenes eróticas lejos de las miradas indiscretas. Sea como fuere, esa costumbre sólo podían permitírsela aquellos que podían pagar semejantes lujos y que así nos han legado maravillosos volúmenes con los cuales embellecer cualquier biblioteca.

Pueden ver un video sobre cómo se realizan estas escenas (y tal vez tengan un buen amigo acuarelista que les haga el favor de hacerles un buen trabajo) aquí. Claro está, ninguna valdrá lo mismo que una que nos haya llegado desde un par de centurias atrás; pero al menos alguno podrá darse algún gusto en particular y así también podrá deslumbrar a sus amigos mostrándoles alguna imagen personal y única.

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Por cierto, hablando de imágenes únicas llamo la atención, en particular, sobre la que cierra esta entrada. Debo decir que de las muchas que he visto —las cuales competían entre sí y cada una de ellas por un motivo particular— la que dejo a continuación sigue pareciéndome la más sorprendente de todas. En el extremo izquierdo del libro se ve a una pareja avanzar unos metros en el paisaje y a un perrito que corre hacia ellos. La pericia técnica para lograr ese detalle me parece que la eleva por sobre todas las demás.

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Aquí dejo, por si alguien quiere echar una mirada a otras imágenes y a parte de su historia, los enlaces a las dos entradas anteriores:

Tesoros escondidos

Tesoros escondidos II