México como disciplina.

Hopper - Monterrey Cathedral

Edward Hopper – Monterrey Cathedral

“México es una disciplina para el espíritu” escribe Jo Hopper (esposa de Edward Hopper) en uno de sus diarios. “Para cualquier cosa te hacen esperar hasta volverte loco. Llevan la mantequilla pero no el pan. El café se enfría esperando la leche…”, pero después añade: “Pueden ser encantadores estos mexicanos…” Cuando leí esas palabras en el libro sobre Edward Hopper ArtBook: Hopper. Realidad y poesía del mito americano, no pude menos que reír abiertamente. Me vi reflejado en esas palabras, las cuales ya he dicho en otras ocasiones aquí mismo y, sobre, de manera personal con las personas con las que me encuentro y con quienes tengo la suficiente confianza como para poder decirlas y que me entiendan (hay que tratar de evitar todo choque nacionalista que sea inconducente, es decir: todos y cada uno de ellos).
Sobre todo a lo largo de éste último mes me he encontrado con esa cara desesperante de un México, por otro lado, entrañable: aquellos quienes nos atienden con displicencia, profesionales que no cumplen con su palabra, amigos que nos hacen esperar varios minutos (o que directamente nunca llegan), cortes de calles por cualquier motivo y razón y otras bellezas por el estilo. Pero después aparecen con esa sonrisa inigualable que todos parecen compartir, te abrazan y todo, mágicamente, parece estar bien.
Al margen: Edward Hopper no se encontraba muy a gusto en la capital mexicana; es entonces cuando Katherine Kuh, en ese entonces restauradora del Art Institute de Chicago, le sugiere que se acerque a las ciudades más pequeñas, aquellas “sin las grotescas atracciones para los turistas”. De allí algunas de las obras que les dejo a continuación. De ese sitio que, como bien dijo Jo Hopper “es una disciplina para el espíritu”.

Para verlas en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.