Jorge Luis Borges, correciones y malos poemas

.

Borges

.

Hace unos días tuve la oportunidad (y la suerte) de comprar un libro que hacía mucho tiempo que quería y al que no podía acceder. Se trata de Borges, de Adolfo Bioy Casares. 1600 páginas de los diarios de esos dos entrañables amigos. A poco de empezar me encuentro con estas palabras de Borges:

«[…] Después, hablando de la idea de un libro y de sus sucesivos borradores, agrega: «El libro es la sombra de algo que está en la mente del autor y que el autor no conoce claramente: esa sombra llega a ser y lo demás desaparece. La obra llega a ser lo real y la idea va quedando como un vestigio de la obra, progresivamente más irreal. Al ver los poemas tempranos de Yeats —buenos al cabo de veinte años, tras muchas correcciones— he pensado que los escribió para llegar a esta forma: son poemas que han necesitado toda la vida del autor para llegar a la forma perfecta. Tal vez no haya, en la mente de los poetas, poemas malos; tal vez en casi todos los poemas malos habrá un poema bueno, que movió a escribir al autor. Yeats empezó a escribir los suyos porque confusamente los adivinaba como son ahora, como quedaron después de las últimas correcciones; los poemas malos serían poemas no concluidos».

La literatura vista como la vida, es decir, siempre inacabada, modificándose a cada instante, cambiando junto a nuestros pasos o nuestra quietud. También un recuerdo de que la humildad es la base sobre la cual debemos construir nuestro material, ya que seremos nosotros mismos, en un tiempo futuro, los más certeros críticos de lo que hemos hecho. Si somos honestos (y deberíamos serlo, tratándose de un comercio tan personal) no tendremos escapatoria; sólo nos quedará la satisfacción de saber que así nos habremos acercado, siquiera un poquito más, a la inalcanzable perfección.

Una habitación con vistas.

MemoryPalaces_large

Cierta vez le dijeron a Adolfo Bioy Casares: “Una vez oí decir que escribir es, en cierto modo, dejar de vivir…” A lo que Bioy Casares respondió: “No, no crea. A mí me parece que ocurre lo contrario. Me atrevo a dar el consejo de escribir, porque es agregar un cuarto a la casa de la vida. Está la vida y está en pensar sobre la vida, que es otra manera de recorrerla intensamente”.

Ahora encuentro esta cita de Enrique Vila-Matas: “La ficción literaria forma parte de la verdad: lo que uno imagina es tan real como la vida, pues forma parte de ella. La vida, además, como la naturaleza misma, es engañosa”.

Quienes solemos escribir, aun cuando lo hagamos como un mero hobby, hemos podido comprobar empíricamente las muchas virtudes del acto de escribir. En mi caso particular lo noté por primera vez cuando comencé a tomar notas de los libros que iba leyendo. Al terminar uno de ellos escribía una pequeña crítica o comentario sobre ese libro y no pocas veces noté que el acto de escribir modificaba la lectura que había realizado. El escribir sobre un texto leído hacía que afloraran ideas o relaciones que no había tenido en cuenta en el acto propio de la lectura. Después llegó otra observación similar: al comenzar a escribir ficción, el acto de escribir iba creando en sí mismo el relato o sus variaciones. Podríamos seguir sumando otros aspectos positivos de la escritura: el autoconocimiento o autoanálisis, la potencialidad de la creatividad, las relaciones temáticas, etc. Sea como fuere, todo está en esa síntesis perfecta de Bioy Casares: escribir es agregar un cuarto a la casa de la vida.