Los expulsados (de sí mismos)

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Dice Aldous Huxley: «El amor ahuyenta al miedo y, recíprocamente, el miedo ahuyenta al amor. Y el miedo no expulsa sólo al amor; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre a la humanidad misma».

Hace un tiempo hablé del «animal que toma decisiones conscientes»; y ahora, al encontrar esta cita de Huxley, veo que una idea y otra se realimentan y se fortalecen. El miedo no es más que el detonante de nuestra animalidad. El amor (el amor como sentimiento puro y abarcador, no el que se limita a lo meramente romántico) es, por el contrario, el que nos permite acceder a lo humano desde lo humano. Es entonces que la frase «animal que toma decisiones conscientes» puede ser equiparada a la ecuación «odio (animal) ≠ amor (decisiones conscientes)».

Es así que cuando nos encontramos con los gordos y repugnantes nubarrones del odio y la difamación, podemos estar seguros de estar frente al escalón más bajo de la humanidad. Alguien que pretenda acceder al estatus de humano no puede sino actuar de manera madura, pensante, consciente. No hay ni puede haber términos medios: se es humano o se es animal. Y la decisión es absolutamente nuestra.

La ilusión del individuo

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El tema de la locura ha sido tomado en cuenta, sobre todo, desde los impecables análisis de Michel Foucault; pero hay otro tipo de locura que nos rodea en todo momento y a la cual consideramos, cada vez más, como normalidad. De esa extraña forma de insania nos habló ya Aldous Huxley en su Nueva visita a Un mundo feliz; libro en el que analiza —veintiséis años después— los alcances sociales y políticos de su famosa novela. Al respecto, Huxley nos dice: “Donde cabe hallar a las víctimas realmente incurables de la enfermedad mental es entre quienes parecen los más normales. Muchos de ellos son normales porque se han ajustado muy bien a nuestro modo de existencia, porque su voz humana ha sido acallada a edad tan temprana de sus vidas que ya ni siquiera luchan, padecen o tienen síntomas, en contraste con lo que al neurótico sucede. Son normales, no en lo que podría llamarse el sentido absoluto de la palabra, sino únicamente en relación con una sociedad profundamente anormal. Su perfecta adaptación a esa sociedad anormal es una medida de la enfermedad mental que padecen. Estos millones de personas anormalmente normales, que viven sin quejarse en una sociedad a la que, si fueran seres humanos cabales, no deberían estar adaptados, todavía acarician “la ilusión de la individualidad”, pero de hecho han quedado en gran medida desindividualizados”.

No están todos los que son ni son todos los que están; eso ya lo sabemos. ¿A cuántas personas conocemos que tienen estas características que nos señala Huxley? Y más importante aún: ¿Cuántas veces nosotros mismos actuamos dentro de estos parámetros?

Un mundo feliz. Aldous Huxley.

“Un gramo a tiempo, te pone contento.”

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Clásico. Llamar a un libro clásico implica añadirle una capa extra de sentido e importancia. Más allá del uso comercial del término de estos últimos tiempos, el término nos remite a una obra que trasciende su tiempo y, en algunos casos, hasta a su mismo autor. Un mundo feliz es uno de esos libros que lleva merecidamente el término de clásico unido a su nombre. Una de las dos distopías más importantes del Siglo XX  (la otra es 1984, de Orwell), la novela que Aldous Huxley escribió en 1932 nos habla de hoy y de ahora (nos habla y nos habló desde ese «hoy» imperecedero que ya tiene 82 años y que seguirá activo durante algún tiempo más).

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“Cuanto más grande es el talento de un hombre, mayor es su poder para extraviar a los otros.”

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Distopía. El concepto de distopía proviene de la cultura anglosajona. En cuanto a la etimología, el término se acuñó a partir de los términos del griego antiguo δυσ- (dis) “malo” y τόπος (tópos) “lugar, paisaje, escena”. De acuerdo con el Oxford English Dictionary, el término fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill, filósofo y economista inglés del Siglo XIX. Hay distopías de varios tipos, pero no vamos a entrar en detalles accesorios. Un mundo feliz es lo que se llama una distopía negativa; es decir que nos presenta una sociedad perfecta (en teoría) cuando lo que subyace es una sociedad atroz (en la práctica).

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“Tal es el fin de todo el condicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá librarse”

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Capítulo 16. ¿Pero qué tan atroz es esa realidad que se nos presenta en la novela? Porque no olvidemos que nuestra mirada es la propia de un habitante del Siglo XX o XXI; es decir, una mirada propia del salvaje, del hombre no domesticado o condicionado. En el capítulo 16 de Un mundo feliz está la clave. Su lectura me hizo recordar al diálogo que mantienen el Capitán Ridley y Montag, en Farenheti 451 (otra gran novela distópica. anótenla como la tercera de la lista). Aquí los personajes son John —el salvaje— y Mustafá Mond, el Interventor. Los argumentos que éste expone son tan convincentes, tan sólidos desde un punto de vista lógico (lo mismo hacía el ya nombrado Capitán Ridley con respecto al peligro que representaban los libros) que uno hasta termina dudando de lo que cree, de lo que siempre creyó que era correcto.

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“62.400 repeticiones hacen una verdad.”

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Regreso al presente. Claro está, después uno regresa al presente y se queda pensando, generalmente con la mirada perdida en el horizonte y el dedo índice en la página que todavía está leyendo. Y uno poco a poco se da cuenta de que esa fantasía distópica tiene poco de fantasía y menos aun de distópica. Salvando las obvias distancias (hablamos de una novela, no de un libro de profecías) uno puede observar que lo atroz que se nos presenta en el texto ya ha pasado a ser una realidad palpable, cotidiana, aceptada. Y el asunto ya comienza a ponerse más interesante y, también, menos esperanzador. ¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a convertirnos en John o en Bernard o en Watson? ¿Cuántos optarían por ser parte de la masa tranquilizada y condescendiente?

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“Si uno es diferente se ve condenado a la soledad”

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Continuará. La maravillosa edición de Edhasa que acabo de comprar contiene, además de la novela, el ensayo Nueva visita a un mundo feliz; escrito treinta años después y donde Huxley analiza los principales temas abordados en la novela. Así que supongo que en unos días completaré esta entrada en su totalidad. Hace poco tiempo subí una cita de Huxley que, hoy, me parece un anticipo de lo que voy a encontrar a continuación.

Aldous Huxley en 1958

1946 --- Aldous Huxley --- Image by © Bettmann/CORBIS

“Creo que esta clase de dictadura del futuro, será muy diferentes a las dictaduras que nos han sido familiares en el pasado inmediato. Si quieres preservar tu poder indefinidamente, tendrás que obtener el consentimiento de los dominados; y esto se hará en parte por drogas, como predije en “Un mundo feliz”, en parte por nuevas técnicas de propaganda. Lo harán evitando el lado racional del hombre y apelando a su subconsciente y sus emociones más profundas e incluso a su fisiología. Y entonces, haciéndote de hecho amar a tu esclavitud —y creo que éste es el mayor peligro—, la gente podrá ser feliz, de alguna manera, bajo el nuevo régimen. Pero serán felices en situaciones en donde no debieran serlo”.

Aldous Huxley. Entrevista por Mike Wallace, 1958