Rebelión azucarada

rumania

La foto con la que abro esta entrada corresponde a la protesta de hace un par de días en Bucarest, Rumania, donde cientos de miles de personas marcharon para exigir la renuncia del gobierno. Más allá del caso rumano, lo que quiero es enlazar el tema con los asuntos locales; los que nos competen aquí, en México y en América Latina. No hace muchos días también hablé sobre el boycott y sobre los valores que tiene esta forma de protesta (valores que incluyen la poderosísima arma que es el pacifismo como forma activa. El boycott no es sólo práctico por su poder, sino que no lastima a nadie ni permite que nadie lastime a quien proteste de esta forma); y lo que conseguí fue que una amiga me dijera, textualmente: “Yo no voy a boicotear a una empresa sólo porque sea extranjera” y, con respecto a Starbucks en particular, defendió a esta empresa aduciendo que “es un buen lugar donde tener una reunión de trabajo”. Bueno, como que así es algo difícil ¿no? Otra persona terció en el debate criticando a “Doña Chonita” y defendiendo a una empresa extranjera porque allí él puede comprar cerveza “a las once de la noche”, si así lo desea. Esta persona desde el mismo lenguaje ya demuestra su falta de nivel intelectual como para poder debatir con altura; ya que “Doña Chonita” es un término despectivo hacia un comerciante local, mientras que cuando habló del comercio extranjero lo hizo con su nombre correcto. Es decir que para ese mexicano un comercio extranjero tiene nombre propio, mientras que un comerciante local es poco menos que un indio vago e irresponsable.

Y sí, es algo difícil. No hay mayor victoria del dominador que la que logra cuando la misma víctima lo defiende; y eso es lo que veo en una gran medida aquí; demasiado para mi gusto.

Pienso en Mariano Moreno, en Miguel Hidalgo, en José María Morelos, en Isidro Baldenegro (muerto en enero del 2017), en Ernesto Guevara, en Emiliano Zapata, en Rodolfo Walsh, en Pancho Villa y en tantos otros que ofrecieron sus vidas (literalmente, sus vidas) por un estado de justicia para todos y ahora resulta que aquí se me deprimen porque no pueden dejar de tomar una Coca-Cola o porque no pueden comprar un café en Starbucks. Pendejos.