No le falta el talento…

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Anna Dorothea Lisiewska-Therbusch. Autorretrato, 1777.  Óleo sobre tela. Staatliche Museen, Berlin.

 

“No le falta el talento para crear sensación en este país, sino la juventud, la belleza, la humildad, la coquetería; la mujer debe extasiarse ante los méritos de nuestros artistas, tomar lecciones de ellos, tener un buen pecho y nalgas y concederse a sus maestros”.  (Denis Diderot, citado en el Diccionario de mujeres artistas, de Delia Gaze, p. 99). La mirada cruda y descarnada de Diderot sobre su amiga Anna bien podría servir de acápite a una Historia Universal de la Mujer; historia que no dejaría muy bien parados a los hombres de casi todas las épocas. Éste estado de cosas, por fortuna, está cambiando. Poco a poco, lentamente, es cierto; pero aunque aun falta mucho por andar, pensemos que, como bien dijo Lao Tsé, hasta el viaje más largo empieza por el primer paso.  A continuación, algunos datos que, quienes lo deseen, bien pueden pasar por alto.

Nació el 23 de julio de 1721 en Berlín y allí moriría el 9-11-1782. Es otro caso de familia de artistas. Su padre, el retratista Georg Lisiewski, de origen polaco, enseñó pintura a Anna Dorothea, a su hija mayor, Anna Rosina, y a su hijo Christian Friedrich Reinfold Lisiewski. Se conservan al menos dos cuadros de Anna Dorothea (de fiestas galantes) anteriores a su matrimonio en 1745, con el también pintor Friedrich Therbusch. Tuvo 4 hijos y parece que dejó de pintar durante 15 años.

 Pero en 1760 aparece pintando con éxito y recibe encargos en la corte de Stuttgart, en la de Mannheim y la de Berlín en 1764. Ese éxito y su ambición la mueven a probar a instalarse en París en 1765, a sus 44 años. Allí conoce a Diderot (que por entonces hacía crónicas de las exposiciones anuales del Salón). Entra en la Acadèmie des Beaux Arts con la Pieza de recepción titulada El Bebedor, con luz de velas. Pero le rechazan una pintura mitológica. Es criticada y respetada por su profesionalidad pero no tiene encargos. Diderot le compra una Cleopatra y le encarga un retrato de sí mismo, en torso desnudo, que solo se conserva en grabado.

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