Entre lo sacro y lo profano

 

Marco Battaglini 22

 

Hace unos días me encontré frente a la obra de Marco Battaglini. Lo primero que me llamó la atención fue lo obvio: el uso de imágenes clásicas en ambientes modernos propios de las grandes urbes del siglo XXI. Busqué algunas imágenes más y, aunque en un primer momento el uso y abuso de este recurso hace que poco a poco las imágenes pierdan un poco de su fuerza expresiva, luego fui «puliendo» las que más me gustaban y las que no y el resultado final terminó pareciéndome más que interesante. Claro está, a medida que uno avanza en la lectura de la obra va encontrando más y más detalles, lo que agrega capas de sentido a cada uno de los cuadros.

 

Marco Battaglini 04

 

Copio la biografía de Battaglini tomada de la página Eden Fine Arts: Marco Battaglini, nacido en Verona, Italia, en 1969, es un artista afincado en Costa Rica que combina de manera magistral los estilos Clásico y Contemporáneo en los pastiches Pop postmodernos. Estudió en academias en Italia durante más de diez años antes de comenzar a crear colecciones notables e icónicas de impresiones en plexiglás.

Battaglini actualiza la historia profundamente tradicional de sus raíces italianas combinando imágenes de pinturas maestras con fondos urbanos profanos. Su obra de arte expone influencias históricas con un toque irónico y contemporáneo en un plano donde el tiempo no existe. El objetivo del artista es revelar las limitaciones temporales y espaciales que interrumpen la interpretación de la realidad al eliminarlas de sus collages, combinando el tiempo y el espacio en un trabajo que combina diosas y graffiti. Las obras de arte de Battaglini combinan lo divino con lo vulgar, lo tradicional con lo iconoclasta y lo sobrio con lo humorístico en una colección complicada y visualmente impresionante. El artista utiliza en su obra una mezcla de estilos, culturas y espacio-tiempo, para invitar a su público a reflexionar sobre la aldea global de hoy y cómo la «democratización» de la cultura ha creado una evolución del conocimiento.

 

Una galería de obras de Marco Battaglini. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas:

 

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El oxímoron de los murales

México, país de gran tradición muralista, me ha hecho disfrutar, aprender, comprender, saborear, entender y sorprender con este género artístico. La pintura mural ha pasado de ser, para quien esto escribe, una mera exposición grandilocuente (generalmente de una expresión política) a una forma maravillosa de magnificencia expositiva y, al mismo tiempo, de delicadeza detallística. Claro, yo sólo había visto murales en los libros sin comprender del todo que ese oxímoron me impedía ver absolutamente nada. Ahora tomo nota no sólo de los sitios adonde quiero viajar, sino también de las obras que quiero ver y, entre ellas, se encuentra este mural italiano, pintado por Giulio Romano entre 1532 y 1534.

 

Lahabitacion de los gigantes 1

 

Copio: El pintor Giulio Romano decoró el Palazzo del Te fuera de Mantua con una serie de espacios ilusionistas y efectos especiales, que culminaron en una sala desconcertante en la que los gigantes que se han rebelado contra Zeus son aplastados por su transgresión: Giulio «pinta las paredes», dejando al espectador en una ciudad desmoronada en la que Zeus arroja relámpagos desde los cielos. El poeta Gregorio Comanini elogió la fantástica imaginación de Giulio:

«En Mantua, en una habitación en el Palazzo del Te, Giulio Romano ha pintado gigantes golpeados por un rayo en Flegra. Están aplastados bajo los escombros de la roca y la montaña, en posiciones tan extrañas y horribles que cualquiera que viera un espectáculo así en realidad seguramente se horrorizaría y sentiría una gran angustia. Sin embargo, dado que se trata de una imitación y una pintura, cualquier persona agradecería la oportunidad de verla y se sentiría muy complacida con ella, como lo demuestra la frecuencia con la que los visitantes acuden en masa para verla».

 

Lahabitacion de los gigantes 2

 

Giorgio Vasari escribió: «Que nadie piense nunca ver ningún trabajo del pincel más espantoso o más realista que este».

Esa breve acotación de Vasari selló de manera definitiva la necesidad de tener que ver ese mural, algún día, con mis propios ojos. De alguna manera, sigo viendo murales a través de un medio incorrecto: papel o pantalla, poco importa lo inapropiado que sea; lo importante es que sé que estoy perdiéndome algo realmente grande.

Para ver la primera imagen en mayor tamaño y excelente definición, pueden ir aquí.

Para ver la segunda imagen en mayor tamaño, pueden ir aquí (no encontré otra con mejor definición).

Un enlace, también, al sitio oficial, aquí.

Sobre la maledicencia

Leer a José Ingenieros es una tarea no apta para espíritus débiles. Cada página —si no cada párrafo u oración—, es un verdadero mazazo de sentido común y fortaleza moral. En su El hombre mediocre, en el capítulo II (La mediocridad intelectual), encuentro este apartado sobre la maledicencia; esa moda actual que se esparce por todos los ámbitos bajo el amparo de la estupidez general que nos rodea y que gusta más de los chismes que de las verdades y que presta más atención a los prejuicios que a las pruebas. Seguramente ustedes conocen a alguno (yo sí). Dice Ingenieros:

 

Maledicencia

 

«Si se limitaran a vegetar, agobiadas como cariátides bajo el peso de sus atributos, las personas sin ideales escaparían a la reprobación y a la alabanza. Circunscritas a su órbita, serían tan respetables como los demás objetos que nos rodean. No hay culpa en nacer sin dotes excepcionales; no podría exigírseles que treparan las cuestas riscosas por donde ascienden los ingenios preclaros. Merecerían la indulgencia de los espíritus privilegiados, que no la rehúsan a los imbéciles inofensivos.

   Desgraciadamente, suelen olvidar su inferior jerarquía y pretenden tocar la zampoña, con la irrisoria pretensión de sus desafinamientos. Se tornan entonces, peligrosos y nocivos. Detestan a los que no pueden igualar, como si con sólo existir los ofendieran. Sin alas para elevarse hasta ellos, deciden rebajarlos: la exigüidad del propio valimiento les induce a roer el mérito ajeno. Clavan sus dientes en toda reputación que les humilla, sin sospechar que nunca es más vil la conducta humana. Basta ese rasgo para distinguir al doméstico del digno, al ignorante del sabio, al hipócrita del virtuoso, al villano del gentilhombre. Los lacayos pueden hozar en la fama; las personas excelentes no saben envenenar la vida ajena».

A continuación, Ingenieros nos regala, a modo de ilustración de los párrafos anteriores, una lectura de La calumnia de Apelles, el cuadro de Botticelli (si quieren ver el cuadro en detalle, pueden entrar aquí):

 

Botticelli - La calumnia de Apelles medium

 

   «Ninguna escena alegórica posee más honda elocuencia que el cuadro famoso de Sandro Botticelli. La calumnia invita a meditar con doloroso recogimiento: La Inocencia yace, en el centro del cuadro, acobardada bajo el infame gesto de la Calumnia. La Envidia la precede; el Engaño y la Hipocresía la acompañan. Todas las pasiones viles y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo del mal. El Arrepentimiento mira de través hacia el opuesto extremo, donde está, como siempre sola y desnuda, la Verdad; contrastando con el salvaje ademán de sus enemigas, ella levanta su índice al cielo en una tranquila apelación a la justicia divina. Y mientras la víctima junta sus manos y las tiende hacia ella, en una súplica infinita y conmovedora, el juez Midas presta sus vastas orejas a la Ignorancia y la Sospecha».

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte I)

A pesar de lo poco humilde del título de la entrada, lo que me mueve a escribirla (al igual que las que seguirán a ésta) es un honesto sentimiento de pequeñez y de humildad. Trataré de explicarme: desde hace unos días vengo viendo a mi alrededor que algunas personas a las que quiero, se sienten presas de un pesimismo profundo e, incluso, de hasta una notable pérdida del natural deseo de vivir. Quien esto escribe cree, precisamente, que la vida carece de un sentido a priori y, también y por sobre todo, de un sentido soteriológico (es decir, de un sentido que tiene que ver con la doctrina de la salvación cristiana y, por extensión, de toda salvación post morten); en síntesis, vamos, que a esto que llamamos vida no le veo sentido alguno ni del derecho ni del revés; y sin embargo, me veo abrazando a esta oportunidad como a lo que es: la única que tengo y tendré. Es por ello que me animo a escribir esta serie de entradas con este título pomposo (y juguetón, si quieren, algo de eso hay también); porque lo que sí creo fervientemente, es que a la vida le tenemos que dar sentido nosotros mismos; de lo contrario, caemos en la nada más absoluta. Como ha dicho el Dr. Alonso Puig: «Te construyes o te destruyes».

Para empezar con la serie dejaré un video (o vídeo) que es una verdadera joya: Francis Bacon hablando sobre su arte, en la voz de Jeremy Irons. Poco más de tres minutos sin fisuras, sin desperdicio alguno y, por supuesto, con una profunda mirada sobre la vida y sobre cómo darle sentido.

 

Franz Kafka sobre Picasso

Conversaciones con KafkaDel estupendo Conversaciones con Kafka, de Gustav Janouch (amigo personal del escritor checo y compañero de muchas tardes de paseos y charlas varias), extraigo este fragmento:

«Asistí con Kafka a una muestra de pintores franceses en la sala de exposiciones del Graben. En ella había cuadros de Picasso: bodegones cubistas y mujeres de color rosa con unos pies enormes.
—Es un deliberado deformador —opiné yo.
—No lo creo —dijo Kafka—. Picasso únicamente registra las deformaciones que todavía no han penetrado en nuestra conciencia. El arte es un espejo que «adelanta» como un reloj… a veces».

 

Si bien Kafka parece hablar de la imposibilidad de comprender a las nuevas formas artísticas (al menos hasta que nos acostumbramos a ellas o aprendemos el significado o la intencionalidad discursiva del artista), no puedo menos que ver en esas palabras también una prefiguración de la muerte. El artista, parece decir Kafka (y esta es una lectura totalmente personal que hago de sus palabras) se adelanta a todos los tiempos y esa deformidad que se nos muestra en la tela no es otra cosa que nuestro futuro inevitable. El arte nos habla del ahora, pero también de nuestra eternidad, sea ésta lo que vaya a ser en ese tiempo indefinido.

Poder y potencia

Hay imágenes poderosas y hay imágenes potentes; esta distinción le ha servido al historiador del arte Georges Didi-Huberman para delinear las principales ideas de su trabajo. En un breve video, Didi-Huberman dice, dirigiéndose a alguien detrás de cámara: «Antes de que empezara este programa me pediste que mirara a cámara y yo te dije «No, quiero mirarte a ti» Así estaríamos haciendo una imagen de poder. Si sólo mirara a cámara, creo que sería una imagen de poder; pero si te miro a ti, allí, detrás de cámara, es una imagen de diálogo. No es lo mismo. A mí me interesa la potencia de las imágenes. Potencia, no poder. Es muy diferente. Incluso creo que la civilización en la que estamos, no es una civilización de las imágenes, sino que es una civilización de los clichés. ¿Entiendes lo que quiero decir por clichés? Es decir, las imágenes que toman el poder. Pero la imagen más bella es la que tiene su potencia pero que no busca tomar el poder. Es como las palabras. ¿Acaso un poema busca tener poder sobre el otro? No. Y sin embargo no hay nada más bello que un poema. Tomemos un ejemplo del comienzo de la modernidad: Goya. Goya es un pintor oficial. Hace, pues, imágenes de poder. Es decir hace retratos de los reyes.

 

Goya (1)

.Goya (2)

 

Y también se interesa por el pueblo. Esto es muy complicado para él, porque no puede, realmente, publicar sus grabados ya que lo censurarían enseguida, etc. Pero lo hace. Lo hace. Se interesa por la gente que no tiene nombre alguno; por el pueblo, y se acerca a él. Hace imágenes de poder pero también imágenes potentes y son estas imágenes las que recuerdan todos los artistas posteriores. Son esas imágenes las que recuerda Picasso en el Guernica. En el Guernica de Picasso ¿Dónde está el poder? No hay poder, sólo hay potencia. Hay «impoder» porque la gente es bombardeada, muere, grita; estamos en el pathos, como se dice. Así que no hay poder, pero la imagen es potente. ¿Ves la diferencia?»

 

Guernica

Querer lo imposible

 

Cliff Walk At Pourville - Claude Monet

Cliff Walk At Pourville – Claude Monet

Debido a que el clima y la luz del día cambian continuamente, Claude Monet creía que cualquier efecto visual duraba solo siete minutos, tiempo demasiado breve para pintar toda una obra. Dijo que quería «expresar mis impresiones antes que los efectos más fugitivos».
Su solución fue trabajar en varios lienzos a la vez, colocando uno nuevo en el caballete cada siete minutos aproximadamente para capturar el efecto que buscaba. Georges Clemenceau lo encontró una vez en un campo de adormideras haciendo malabarismos con cuatro lienzos diferentes: “Iba de uno a otro según la posición del sol”. En 1885, Guy de Maupassant dijo: «Ya no es un pintor, es un cazador. Camina a lo largo del campo, seguido por niños que llevan lienzos, cinco o seis lienzos que representan el mismo tema a varias horas del día y con diversos efectos. Los recogía o los dejaba caer uno por uno según cambiaba el cielo…».

 

River Thames in London, Waterloo Bridge

River Thames in London, Waterloo Bridge – Claude Monet

Cuando Monet visitó Londres en 1901 para capturar la «atmósfera única» de la niebla de la ciudad, John Singer Sargent lo encontró rodeado de 90 lienzos, «cada uno el registro de un efecto momentáneo de luz sobre el Támesis. Cuando se repetía el efecto y se daba la oportunidad para terminar la imagen, el efecto generalmente había desaparecido antes de que pudiera encontrar el lienzo particular en el que debía trabajar».

«Estoy persiguiendo un sueño», dijo Monet una vez. «Quiero lo imposible».