El discreto encanto de la blasfemia

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Me encanta, no voy a negarlo. Me encanta porque detesto todo lo sagrado y porque quienes defienden estas ideas me parecen lo más cercano al pensamiento medieval que existe sobre la Tierra. No niego su derecho a ello, claro está; pero tampoco pueden negar mi derecho a lo que considero justo o bello o adecuado o lo que sea. Saber que los ídolos tienen los pies de barro (y no solamente creerlo; sino saberlo) debería ser la base lógica fundamental para pensar sobre todos estos asuntos; entonces es que no entiendo a la gente que cree que todos los ídolos tienen pies de barro menos uno. Y lo peor es que son capaces de partirle un palo en la cabeza a quien no acepte ese delirio personal y privado. Es por eso que me encanta la blasfemia. Molestarlos cuando vienen a molestarme (nunca al revés); burlarme cuando vienen a burlarse; reírme cuando vienen a reírse. Y, con infinita tristeza, verlos irse con su librito y sus ropas y su ídolo, todos manchados de barro de pies a cabeza, aunque ellos no lo vean.

Mitad y mitad.

Mythology

La mitad de las personas en el mundo creen que las metáforas de sus tradiciones religiosas son hechos; y la otra mitad afirma que no son hechos en absoluto. Como resultado tenemos personas que se consideran creyentes porque aceptan las metáforas como hechos y tenemos otros que clasifican a sí mismos como ateos porque piensan metáforas religiosas son mentiras.

Joseph Campbell, Thou Art That: Transforming Religious Metaphor.

Leer a Joseph Campbell ha sido uno de los grandes, grandes placeres de mi vida. Si alguien me ayudó a poner en claro muchos aspectos religiosos (y sobre todo a limpiar los residuos de la episteme religiosa que permaneces siempre constante en la mayoría de las sociedades) fue el bueno del profesor neoyorkino. La cita con la que inicio esta entrada parece, en un primer momento, contradictoria: ¿Al final las metáforas religiosas son hechos o no lo son? En síntesis: ¿Son verdaderas o falsas? La respuesta de Campbell es sencilla y elegante: no son ninguna de las cosas o, lo que es lo mismo: son ambas cosas al mismo tiempo; porque esas metáforas religiosas no son más que representaciones simbólicas; es decir: pura mitología. Las metáforas religiosas sirven como símbolos en los cuales podemos ver con mayor precisión la psique humana en toda su profundidad y extensión. Esta idea es desarrollada por Joseph Campbell en varios de sus libros (en español puede recomendarse, para empezar a indagar mejor estos temas, Los mitos. Su relación con el mundo actual) y no solo hace referencia a las religiones más poderosas, sino que toma desde religiones tribales muy particulares hasta los tres grandes monoteísmos. De un modo u otro, en tanto seres humanos, todos estamos allí representados. Todos somos, en suma, hijos de los relatos mitológicos; lo importante es ser conscientes de ello y no esconder, como el avestruz, la cabeza bajo la tierra.

La estupidez interminable.

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“Los hombres que cocinen, realicen tareas domésticas como barrer, trapear o fregar corren el riego de “enfermarse de homosexualidad” afirmó la iglesia pentecostal…” etc., etc., etc. Bien, ya sabemos que cada tanto aparecen algunos tontos evangélicos con su misoginia y homofobia a cuestas. No deja de ser gracioso leer un suelto como éste que ilustra la entrada y uno no puede menos que sentir esa cosa extraña que nos ataca en estos casos; ese sentimiento que mezcla tristeza, lástima, risas y cierto inevitable desprecio. Accedí al artículo hace unos días y casi lo dejo en el olvido, hasta que hoy me enteré de algo un poco más preocupante. El asunto es que existe una repugnante iniciativa impulsada por la Iglesia Universal del Reino de Dios —asentada en Brasil— bajo el nombre de Gladiadores do Altar, y que fomenta, a través de fotos y vídeos, el odio a los homosexuales y los ateos. Brasil es hoy el centro fanático cristiano más fuerte de latinoamérica y esta iniciativa ya ha sido exportada a otros países, como Colombia. Espero que las autoridades detengan a estos idiotas peligrosos antes de que comiencen a actuar y no que se espere a que estos fanáticos repugnantes actúen como el ISIS latino y empiecen a aventar homosexuales desde las terrazas de los edificios. Para que vean el grado de patetismo y de peligro que implican estos individuos, les dejo un enlace a un video donde pueden ver su accionar propio de las camisas negras fascistas. Es preocupante que en pleno Siglo XXI la estupidez tenga tanto señorío sobre la gente; es preocupante que tantos jóvenes tengan la mente carcomida por esa forma de la ignorancia suprema llamada religión; y lo más preocupante de todo es que ese dios de pacotilla sea tan poca cosa como para dejar sus designios últimos en manos de semejante caterva de imbéciles.

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Los límites de nuestra ignorancia.

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“Dios es el horizonte de sucesos de nuestra ignorancia. Cuando una persona creyente se encuentra frente a una pregunta sin respuesta, enseguida -sin detenerse a pensar siquiera- recurre a Dios en cualquiera de sus formas: como causa primera (¿Quien hizo todo?) o como salvavidas apto para cualquier situación (Los caminos de Dios son misteriosos; Sólo dios lo sabe, etc.). Si, entonces, Dios es el límite de nuestra ignorancia, el conocimiento es el que reduce los límites de la idea de un ser metafísico hasta hacerla desaparecer. Por supuesto, no es necesario que la relación entre uno y otro aspecto de la ecuación se establezca en relación directa, no. Del mismo modo en que no es necesario haber comprobado empíricamente que Plutón tarda algo mas de doscientos años en dar una vuelta alrededor del sol sino que esto se sabe con el auxilio de la matemática y de la física, también es más que suficiente el haber probado que el concepto de dios esta sujeto a modificaciones (a mayor grado de conocimiento, menor la necesidad del concepto divino; a menor grado de conocimiento, mayor la presencia de ese concepto) y, como el concepto de Dios, por su misma esencia, no puede estar sujeto a modificación alguna, de ello se deduce que ese concepto debe ser, entonces, falso.”

Leroy Earnest Corwin “Un hombre de principios”.

El ateísmo salva

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En el programa norteamericano de T.V. The Last Word, conducido por Lawrence O´Donnell, se llevó a cabo una encuesta entre diferentes grupos de creyentes y no creyentes sobre conocimientos acerca de religión y política. Los resultados fueron los siguientes:

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Como se ve, quienes lideran la encuesta son los ateos/agnósticos, seguidos por los judíos, mormones, protestantes blancos, católicos blancos, protestantes negros y católicos latinos.  Hay un mito popular que dice que los ateos son más inteligentes que los creyentes; lo cual no es necesariamente así, aunque haya alguna relación. Lo correcto sería decir que las personas más inteligentes tienden a ser ateas o no creyentes, como quieran.

“Según el análisis del profesor Richard Lynn de la Universidad de Ulster, las personas con un coeficiente intelectual más alto son menos propensas a creer en Dios. El profesr Lynn argumentó su conclusión en que la disminución de las creencias religiosas en el siglo XX ha ido de la mano del aumento de la inteligencia promedio, entre otras causas, por una mayor preparación de la sociedad en relación a la de otras épocas. También destacó que la disminución de la práctica religiosa durante el siglo pasado en 137 naciones desarrolladas estuvo directamente relacionada con el aumento de la inteligencia promedio”.

Es decir, una cosa va de la mano con la otra; se retroalimentan; pero la razón original está ne el nivel de inteligencia; no en el ateísmo en sí.

Por supuesto, el estudio del Dr. Lynn causó polémica; y pongo esto en cursiva porque hoy en día todo es causa de polémica. Es suficiente con que una sola persona se oponga a algo (generalmente sin la suficiente base argumental o estadística) para que enseguida los medios —tan valientes ellos a la hora de condenar personas antes que la justicia, exponer intimidades, ensuciar opositores y demás bellezas éticas— pongan en pantalla la dichosa palabrita: polémica.

El informe y la polémica fueron publicados en varios sitios. el más completo lo encontré The Free Thinker; si alguien quiere acceder a una versión en español (un poco más breve), puede acercarse a FayerWayer.

Para terminar, una cita de Dave Silverman; Presidente de Ateos Americanos:

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El ateísmo es un efecto del conocimiento, no una falta de conocimiento. Yo le di una biblia a mi hija. Así es como haces ateos.

Francisco miente.

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Todo el mundo se encuentra maravillado con el nuevo papado. El Papa Francisco parece ser el hombre que vino a traer paz y buenaventura al mundo todo. Si hasta personas ajenas al catolicismo se muestran como idiotizadas por las imágenes que se dan a conocer y con las palabras y actitudes del Santo Pontífice. A mí, qué quieren que les diga, me llama mucho la atención que nadie note la enorme trama publicitaria de la que Francisco es la figura estelar. ¡Un niño burló la seguridad que rodea al Papa y se quedó cerca de veinte minutos en el escenario donde el Papa se encontraba hablando! ¡Incluso se sentó en el trono papal, y Francisco lo dejó! ¿No es maravilloso? (Si esto fuera verdad, el personal de seguridad de El Vaticano hoy estarían trabajando de camareros en una cantina de Nápoles). También se dio a conocer una fotografía que mostraba a una paloma posándose en la mano izquierda del Papa, mientras éste recorría en su vehículo la Plaza de San Pedro entre la multitud. Luego se supo que en realidad alguien le acercó una jaula con dos palomas. La primera de ellas voló ni bien Francisco abrió la puerta enrejada, en cambio la segunda, asustada, se acurrucó en un ángulo. ésta fue la que Francisco sacó y liberó. Ésa, exactamente, fue la foto que se dio a conocer. Ahora, Francisco le responde por medio de una carta a Eugenio Scalfari, periodista agnóstico y fundador del diario “La Repubblica”

“Dios perdona a quien obedece a su propia conciencia”. La carta, de cuatro páginas, está dirigida a los no creyentes, y es una respuesta a una serie de artículos publicados por Scalfari. “La misericordia de Dios no tiene límites si se le dirige con el corazón sincero y arrepentido. La cuestión para quien no cree en Dios es obedecer a su propia conciencia”, responde Francisco a la pregunta sobre si el Dios de los cristianos perdona a quien no cree.

“Escuchar y obedecer (a la conciencia) -explica Jorge Bergoglio- significa decidir ante lo que se percibe como el bien o como el mal. Y sobre esta decisión se juega la bondad o la maldad de como actuamos”.

También responde a otros temas presentados por Scalfari, como si es pecado o un error creer que no existe un “absoluto” y sobre ello expresa que tampoco para quien cree se puede hablar de “verdad absoluta”, pues “la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios por nosotros en Jesucristo y por tanto la verdad es una relación”.

“Cada uno recibe la verdad y la expresa a partir de si mismo, de su historia, de su cultura y de la situación en dónde vive”.

¿Un acercamiento liberal al ateísmo? No, otro truco publicitario. En el sitio web de la Universidad Del Salvador, en el apartado “Principios”, se lee: “…donde quedan delineados los puntos en los que la Nueva Universidad del Salvador deberá apoyarse para ser fiel a sí misma, para rescatar su “continuidad en el espíritu jesuítico: lucha contra el ateísmo, avance mediante el retorno a las fuentes, universalismo a través de las diferencias”.. (Destacado en el original). Es más, les dejo una imagen del texto:

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¿Y quién firma la Declaración de Principios de la prestigiosa Universidad? Pues nada menos que nuestro amigo Jorge Bergoglio, nuestro maravilloso Francisco.

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¿La Iglesia Católica muestra una nueva apertura de cara al siglo XXI? Pues nada de eso, sólo tienen una mejor campaña publicitaria. Tan así es que hasta la revista Time lo puso en su clásica portada de diciembre como “Personaje del año” a pesar de que en el texto que acompaña al artículo principal reconocen que “no traerá cambios profundos de doctrina”. Más claro, echale agua bendita.

De censura y democracia y Cortázar y León Ferrari

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Hoy se inauguró en Mar del Plata el IV Congreso Nacional de Ateísmo. Por cuestiones de trabajo no pude asistir a la inicio de las actividades, pero no me perdí el documental sobre León Ferrari con el que se cerraron las actividades de hoy. El documental se centró en los actos de vandalismo y censura que ocurrieron en el año 2004, con motivo de la muestra retrospectiva por los cincuenta años de actividad de ese artista inmenso que fue León Ferrari (quienes no conozcan su obra harían bien en buscarlas en la red. Hay mucho y bueno para ver, aunque siempre es recomendable hacerlo dentro de cierto marco de referencia, es decir, buscar las obras pero también leer algo al respecto). Uno de los más acérrimos opositores a la muestra fue el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, hoy más conocido como el Papa Francisco. Lamentablemente, el documental no se encuentra en YouTube ni en ningún otro lado, ya que por razones de copyright (se incluyen en la cinta imágenes tomadas de la televisión y los responsables de dichos canales televisivos no autorizan su reproducción. La Santa Iglesia Católica sigue teniendo demasiado poder, incluso hoy), y esa fue una de las razones pro las cuales no quise perderme esta proyección: era hoy o nunca.

Más allá del interés por la obra de Ferrari (quien en el 2007 ganaría el León de Oro en la 52º Bienal de Venecia por su obra La civilización occidental y cristiana, y donde Ferrari, con acertada ironía, agradeció particularmente a Jorge Bergoglio por la publicidad que le había dado a su obra), uno sale rumiando el tema de la censura, de la intolerancia, del poder, de la estupidez (ésto último en referencia a los comentarios de religiosos, periodistas y políticos que se muestran en la película).

la-civilizacion-occidental-y-cristiana-1965-plastico-oleo-y-yeso-200-x-120-x-60cmLa civilización occidental y cristiana

León Ferrari, 1965

Ya camino a casa, y como todos los sábados, me detengo en un puesto de diarios y revistas y compro mi ejemplar de la revista Ñ. El tema central de este número son los treinta años de democracia en Argentina, pero me detengo en la columna editorial, escrita por Ezequiel Martínez:

“Ocurrió el 4 de diciembre de 1983. Oscurecía cuando Julio Cortázar salió de un cine sobre la avenida Corrientes, donde había ido a ver No habrá más penas ni olvido, basada en la novela de su amigo Osvaldo Soriano. Llevaba menos de una semana en Buenos Aires, casi de incógnito, después de una década de ausencia forzosa. Al salir del cine, la avenida estaba bloqueada por una manifestación a favor de los derechos humanos. Entonces sucedió lo que sigue, según el testimonio del periodista Carlos Gabetta en el libroCortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar de Diego Tomasi, que acaba de editar Seix Barral: “Había cantos, gritos, tambores, y en medio de esos sonidos se filtraba una especie de relámpago. Era el flash de la cámara de un fotógrafo que había reconocido la figura del barbudo escritor de casi dos metros. Entonces los flashes se multiplicaron, y la marcha se detuvo. Dice Gabetta: ‘Muchos empezaron a acercarse para saludarlo a Julio. Gritaban ¡Está Cortázar!, y se le tiraban encima. Empezaron a abrazarlo, a besarlo. ¡Julio, volviste!, le decían. Cantaban ¡Bienvenido, carajo! Entraban a las librerías a buscar libros de él, y se los traían para que él los firmara. Hasta hubo una persona que le trajo uno de Carlos Fuentes, porque no quedaban más de él. Yo lloraba, apoyado contra la pared del cine’”. 

Si me piden una escena que transmita el clima de efervescencia que se vivía hace exactamente tres décadas a partir de la recuperación de la democracia, me quedo con ésta. Hay muchísimas otras, por supuesto. Pero en el plano de la cultura, hundida durante tantos años en un pantano de censuras, listas negras, hogueras y prohibiciones, la imagen de Cortázar reconocido y abrazado por una muchedumbre, resume de algún modo el triunfo de la libertad y de la memoria sobre la torpeza de una dictadura ignorante.”

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Y entonces todo cobra un nuevo significado: la unión de una efeméride como la de los treinta años del fin de una dictadura monstruosa, la censura a un artista por pensar de manera diferente, el hecho de que hoy pueda llevarse a cabo un Congreso Nacional de Ateísmo sin que a uno lo quemen en la plaza pública, el hecho de que un documental no pueda ser exhibido libremente; todo ello nos dice que las cosas han mejorado, sin duda, pero que no es posible detenerse; de que es imprescindible e imperioso el tener una actitud de constante vigilancia y de constante activismo. No importa que haya muchos que prefieran quedarse dormitando frente a una pantalla o frente a un partido de fútbol o a cualquier otro sucedáneo. Uno sabe que debe hacer, sólo eso: hacer; y el tiempo dará sus frutos. Es una obligación moral para con los demás pero, sobre todo, para con uno mismo.