La Biblia de Borso d´Este

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Hace un par de semanas encontré una biblia antigua que, literalmente, y como suele decirse, me dejó sin aliento. Uno ha visto por aquí y por allá ―incluso personalmente en algunos afortunados casos― manuscritos iluminados, obras antiguas ilustradas a mano o con mayúsculas adornadas; pero nunca había visto un manuscrito medieval donde cada página estuviese decorada de una forma tan meticulosa y detallada.

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La magnífica Biblia de Borso d’Este o Breviario de Ercole representa el apogeo de la pintura ferraresa en miniatura y uno de los puntos culminantes de la iluminación de manuscritos del Renacimiento italiano (recordemos que un manuscrito iluminado es un manuscrito en el que el texto es complementado con la adición de decoraciones varias, tales como letras capitales decoradas, bordes y miniaturas). Fue encargada por Borso d’Este (1413-1471), el primer duque de Ferrara, con la intención de demostrar el esplendor de la casa de Este, que en aquel momento competía con Florencia y con la corte de los Medici por un estatus internacional. El manuscrito se terminó entre 1455 y 1461, al mismo tiempo que Johannes Gutenberg estaba produciendo la primera Biblia impresa con tipos móviles. La Biblia se compone de dos volúmenes en folio con más de 1000 iluminaciones individuales. Las hojas están ricamente iluminadas, con viñetas pintadas que representan escenas de la Biblia, acontecimientos históricos, el escudo de armas Estense y vistas de la naturaleza. El comienzo de cada uno de los libros de la Biblia está decorado con un elaborado borde arquitectónico y dibujos de colores vivos. Las iluminaciones pertenecen a un equipo de artistas dirigidos por Taddeo Crivelli y Franco dei Russi, que también incluyó a Girolamo da Cremona, Marco dell’Avogadro y Giorgio d’Alemagna. El texto fue escrito en fina caligrafía renacentista por el escriba boloñés Pietro Paolo Marone. En 1598, tras el paso de Ferrara al control papal, la familia Estense dejó Ferrara para ir a su nueva sede de poder ducal en Módena, y se llevaron con ellos sus pinturas, esculturas y libros. La Biblia se conservó en Módena hasta 1859, cuando la ciudad pasó a formar parte del nuevo Reino de Italia. Francisco V de Austria huyó a Viena, y se llevó consigo muchos bienes de la familia, incluida la Biblia. En 1923, el industrial Giovanni Treccani degli Alfieri le compró la Biblia a un librero y anticuario parisino. Como señal de respeto por la República de Italia, devolvió la Biblia a la Biblioteca Estense de Módena. En la segunda mitad del siglo XVIII se hizo una nueva encuadernación. La Biblia fue recortada con crudeza y se ha perdido parte de la decoración de los márgenes superiores y externos. La encuadernación se volvió a reemplazar en 1961. Está formada por 2 volúmenes de 311 hojas y 293 hojas, respectivamente.

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He conseguido varias páginas, de las cuales les comparto algunas aquí debajo (como siempre, para verlas en mayor tamaño, deben hacer clic sobre una de ellas). Quien quiera echarle un vistazo a la Biblia completa, puede darse una vuelta por

aquí.

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Mejor en Blu-ray

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“Creer no implica ningún deseo de saber; Todo el mundo lee la Biblia, pero ¿quién lee a Flavio Josefo?” Dijo Arthur Koestler y creo que tiene la razón en un cincuenta por ciento. Es cierto lo que dice que “Creer no implica ningún deseo de saber”; ¿Pero que todo el mundo lee la Biblia? No, ni por asomo. Los creyentes, al menos, no lo hacen; sólo leen —y eso si tenemos suerte— los versículos que el pastor en cuestión le señala y bajo el sentido (es decir la interpretación) que ese pastor le da. Después, leer la Biblia completa y como debe hacerse toda lectura; es decir, con sentido crítico, no, eso no lo hace casi nadie. De allí que esas personas se fanaticen tan fácilmente, de allí que defiendan, si es necesario hasta la muerte (del otro) palabras o “verdades” que no entienden ni entenderán, porque para ello deben leer un libro así de gordo y, además, viejo ¿para qué tanto esfuerzo? Si con sólo preguntarle al pastor ya está…

Vaya, acabo de darme cuenta de que es lo que hacen muchos ante los libros: prefieren ver la película…

Bienaventurados.

Conocí esta historia hace muchos años (cuando uno empieza a recordar cosas de décadas atrás empieza, también, a hablar de “muchos años”, como si eso minimizara las cosas), cuando la leí en la maravillosa y extrañable Juegos para Gente De Mente; pero nunca había visto la prueba de ella (hasta hoy, claro está). La historia en cuestión hablaba de un mísero error de impresión, el cual podría haber tenido más que interesantes consecuencias. Un simple “no” faltante (tal como en la novela de José Saramago Historia del cerco de Lisboa) hizo que Robert Barker y Martin Lucas, los impresores de una Biblia publicada en 1631, fuesen a la ruina debido a las 300 libras con la que fueron multados. Lo que sucedió no era algo trivial, fíjense:

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Y es que el “Thou thalt NOT commit adultery” bíblico, se convirtió en “Thou thalt commit adultery”, lo cual transformó el clásico “No comenterás adulterio” en un sugerente “Cometerás adulterio”. Dichosos sean quienes se hayan guiado por esa versión bíblica…