Hoja de ruta (VIII) Rauda salida de Bolivia (Copacabana, La Paz, Villazón)

 

Bolivia (6)

 

Luego de descender del Cerro del Calvario, las cosas no mejoraron en Copacabana; así que decidimos cortar por lo sano; es decir, irnos de allí. No voy a detenerme en los detalles, sólo voy a hacer notar de modo general que el maltrato al turista y al cliente en general aquí parecen ser moneda más que corriente. Desde la mujer que nos vendió los pasajes (y que si fue descortés con nosotros fue por demás grosera con dos muchachos españoles que estaban a nuestro lado), hasta quienes conducían el autobús o quienes nos vendían un simple refresco, todos parecían estar enojados por algo y, al menos eso nos hacían notar por su modo de actuar, culpaban a cualquier extranjero por ello.

 

Bolivia (3)

Decía que nos fuimos de allí y lo hicimos rumbo a La Paz, la capital boliviana. El viaje fue de unas tres horas, pero tardamos dos horas y media para llegar desde los suburbios de la ciudad hasta la central de autobuses, ya que el caos del tránsito hizo imposible que nos dirigiéramos de manera directa (y eso que ni siquiera llegamos a la central en sí, en realidad el autobús se detuvo a unos quinientos metros y todos tuvimos que seguir la marcha a pie). Para colmo de males, llovía y La Paz no es, lo que se dice, una ciudad bonita para andar caminando con equipaje incluido. Tengo entendido que esta ciudad es la que mayor diferencia de altura tiene entre los puntos más alto y más bajo; con una diferencia que supera los mil metros; así que nos quedamos en el primer sitio que nos ofreció cobijo a un precio razonable.

 

Bolivia (2)

Salimos a pasear por la ciudad pero, entre la lluvia y el caos del tránsito (el cual no se circunscribe a la típica hora de la salida laboral), sólo anduvimos en el nuevo sistema de teleféricos que está construyendo el gobierno de Evo Morales. Ante la imposibilidad de construir un sistema de metros o subterráneos, lo mejor y más práctico es un sistema de teleféricos interconectados que une a toda la ciudad. Hay que reconocer que es una obra magnífica y que beneficiará a grandes sectores populares de la población. Nosotros lo usamos como un modo práctico y seguro para recorrer grandes distancias de la capital boliviana en poco tiempo y para ver desde la altura aquello que nos parecía interesante y entonces sí, bajar de modo directo y seguro.

 

Bolivia (1)

Sin mucho por hacer allí, también de ese lugar nos fuimos enseguida y lo hicimos con rumbo directo a la frontera boliviano-argentina. Lamentablemente no pudimos visitar el salar de Uyuni; ese magnífico sitio en el altiplano boliviano, debido a las fuertes lluvias que se estaban sucediendo desde un par de semanas atrás y que mantenían inundado todo ese sector del sur del país. Hasta tal punto llegaba el agua en algunos sitios que no pudimos hacer el viaje en tren, que es lo que personalmente quería hacer, sino que tuvimos que conformarnos con un autobús. Luego de más de quince horas de viaje, arribamos a Villazón y dimos por terminada la etapa boliviana de nuestro viaje. Como hace tres años atrás, mi experiencia en este país no fue para nada placentera. Esta segunda visita fue, en muchos casos, peor que la primera; así que con todo pesar me fui de allí diciendo “Bolivia, nunca más”; cosa que puede no ser cierta, pero que trataré de hacerla realidad en la medida de lo posible; cuando uno anda dando vueltas por cualquier sitio que sea, lo menos que puede pedirse es que no le anden aguando la sopa ni amargándole los días.

 

Bolivia (7)

Anuncios

Hoja de ruta (VII) Sincretismo a la boliviana. Copacabana (II)

20180203_101423

 

Antes de irnos de Copacabana, cosa que queríamos hacer cuanto antes en vista de lo mal que nos iban las cosas, subimos al mirador o ascenso del Calvario; es decir, a la elevación mayor de las que rodean al lago Titicaca (del cual no he tenido la oportunidad de hablar. Vayan entonces un par de datos apurados: el Lago Titicaca es el lago navegable más alto del mundo, a 3800 metros sobre el nivel del mar y tiene una superficie de 8562 km², lo que lo convierte en el 18° en tamaño. Se encuentra dividido entre Perú y Bolivia).

 

20180203_094548

Bien, el ascenso al cerro El Calvario no es demasiado exigente; pero para aquellos que no solemos vivir a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, ya requiere un notable esfuerzo el solo acto de caminar, así que de todos modos ese ascenso se hace lento y pausado. A lo largo del camino se van siguiendo las catorce estaciones del calvario de Jesús. Llama la atención el fuerte sincretismo que no se oculta en lo más mínimo. Si en Copacabana, en la misma esquina de la iglesia podemos encontrar un cartel que dice «Area de bendicion de vehiculos. Solo dos carriles» (Sic) (Ver foto), a medio camino del ascenso podemos encontrar un altar donde puede leerse el siguiente cartel: «Bienvenidos a sagrado corazon de Jesus donde se sauman challan todos sus objetos deseados autos casas dólares etc.» (Sic, Sic, Sic) (Ver foto).

 

Ya en la cima, además de deleitarnos con la estupenda vista del lago Titicaca y de Copacabana, pudimos ver cómo un chamán oficiaba una ceremonia donde una familia SAMSUNG CAMERA PICTURESsaumaba fajos de billetes falsos y autitos de juguetes, los cuales pensamos que se trataba de juguetes de los niños, pero no, no era así. En esa ceremonia donde se conjuntaba la virgen María y la Pachamama, Jesús y el humo de hierbas locales en alguna mezcla precolombina, el acto de saumar a esos objetos tenía por objetivo el hacer que luego éstos se produjeran en la realidad. Así uno podía comprar en los muchos puestos ubicados en aquel sitio, una casa, un local comercial, fajos de billetes (depende lo que uno quisiera podía comprar un fajo más o menos voluminoso) o podía agenciarse coloridos diseños confeccionados con dólares dorados y la mismísima virgen María o billetes como el de la mano de Fátima, el que promete «Un millón de manos de Fátima de poder» y también «Limpieza pesada. Descarga absoluta».

 

page

Con tanta moral desvirtuada, no me resultó extraño lo que vi un poco más tarde, al bajar de El Calvario. Hace tres años, cuando pasé por este sitio hacia el norte, vi a una anciana cruzar la plaza que rodeaba a la iglesia. Lo recuerdo porque en ese momento la plaza estaba desierta y la anciana caminaba doblada en un extraño ángulo de noventa grados. Su espalda estaba paralela al suelo y debía levantar mucho su cabeza para poder ver por dónde andaba. Ahora volvía a verla esquivando a los que festejaban la fiesta local y luego la encontré dentro de la iglesia, pidiendo limosna. La iglesia estaba llena y tuvimos que esperar a que salieran las autoridades: militares gordos y con cara de pocos amigos (un lugar común, pero eso fue lo que vi), damas vestidas con lo mejor de su vestuario, hombres mayores y jóvenes de impecable traje, niños con camisa y corbata, niñas pulcras y por demás correctas, curas que charlaban con el alcalde o con otras autoridades y mucha gente tomándose una selfie con la virgen. Pero nadie quien le diera a esa anciana una sola moneda. Es claro que esto debe ser así en un sitio donde sólo parece que se pide para uno mismo y nada más. Todo lo demás, eso de querer al prójimo como a uno mismo, hacer el bien sin mirar a quien, lo de que los pobres serán quienes recibirán el cielo y tonterías por el estilo parece que lo perdieron en alguna de las estaciones del calvario o será que tal vez nunca lo tuvieron y se olvidaron de pedirlo.

 

SAMSUNG CAMERA PICTURES

 

Hoja de ruta (VI) Copacabana (I)

 

Copacabana (1)

Luego del regreso de Machu Picchu a Cusco (lo cual nos llevó un día completo, por supuesto), decidimos seguir rumbo al Lago Titicaca. La idea de detenernos en Puno fue descartada porque no había mucho para ver allí (y que me perdone si algún peruano pasa por aquí y estoy diciendo una burrada mayúscula; pero no creo que haya mucho más que la isla de los Uros, si mal no recuerdo) y por una cuestión de ahorro también. Así es que seguimos rumbo a la frontera con Bolivia y el pueblo de Copacabana.

Nos detuvimos poco más de media hora en la frontera Copacabana (1)para el ingreso al país y seguimos sin problema hacia el este. Llegamos en plenas festividades locales y bajo una intensa lluvia. El autobús nos dejó a varias cuadras pero al menos en esos minutos que caminamos hasta el centro la lluvia nos dio un respiro (cosa que no haría en todo el resto del día). Encontramos un hotel y, aunque no era una maravilla, nos quedamos allí ya que estaba limpio y tenía todas las comodidades. Salimos a desayunar y al regresar, nos encontramos con que de esas comodidades que se nos brindaban, casi ninguna existía o había que pagarla aparte. Y lo peor no era eso, sino que a media cuadra había un escenario y donde un grupo de cumbia tocaba a todo vapor, y eso que eran las diez de la mañana. Preguntamos hasta qué hora duraba eso y nos dijeron que hasta las dos de la madruga sin descanso. En el hotel habían colgado un cartel, en inglés, donde se avisaba a los turistas que no se aventuraran a salir solos en época de fiestas locales, ya que puede ser peligroso. Gracias por el aviso (tarde). Luego de discutir fuertemente con un ayudante del hotel (la mujer que nos había atendido apenas dos horas antes no aparecía por ningún lado) y de ser insultado por extranjero (como no pudo saber de qué nacionalidad era yo se me dijo que «Todos los que tienen ese acento son una mierda» y bellezas por el estilo) pude recuperar parte de lo que había pagado y salimos, ahora sí bajo la lluvia, en busca de otro hotel más alejado del ruido, cosa que fue bastante difícil, ya que Copacabana no es grande y el volumen de las fiestas era apenas más bajo que el de Woodstock.

Copacabana (3)Luego de golpear tres o cuatro puertas, por fin encontramos un hotel donde se nos atendió de manera digna (es decir: se nos atendió, lo cual fue suficiente). Luego de bañarnos y comprobar que sí había agua caliente salimos a almorzar y a recorrer un poco el pueblo. Nos cruzamos con los desfiles locales, los cuales son una mezcla sincrética de carnaval con religión, tradiciones locales, alcohol en exceso y música de cumbia y matracas por doquier. Nos llamó la atención que las mujeres de uno de los grupos desfilara, además de sus voluminosos vestidos, con osos, tigres y gorilas de peluche colgados de su pecho; y nos dijeron que esas eran ofrendas a la virgen por los favores recibidos. Luego nos cruzamos con demonios, toros, músicos, bailarines; los cuales terminaban su desfile ingresando a la iglesia.

 

Copacabana (4)

El clima se iba poniendo espeso, por decirlo de algún modo. Casi todos los integrantes (tanto hombres como mujeres) de los grupos que desfilaban llevaban en sus manos latas de cerveza de una pinta y, en un caso particular, una señora que acompañaba al grupo a un lado se acercó a las mujeres de las primeras filas para ofrecerles algo para beber, lo cual no era más que Ron. Un muchacho joven salió de las filas con su tambor a un lado y quiso arrebatarle su bandera a una mujer que se encontraba a nuestro lado, hasta que otro integrante del grupo, tan alcoholizado como el muchacho, se lo llevó de nuevo a su lugar. Pocos minutos después un hombre corpulento cayó sobre mí, empujándome hacia atrás y cayendo cuan largo era sobre su espalda. Supuse un tropezón entre el barro y el gentío, pero no, era sólo un estado de ebriedad un poco más que avanzado. Entre dos hombres y su cholita lo pusimos de pie y allí siguieron, como si nada hubiera pasado. Como dije, el clima se iba poniendo complicado y decidimos, aunque no era tarde, volver al hotel y no salir por lo que quedaba del día.

 

Copacabana (2)