No todos los caminos conducen a Roma

Me gustan los mapas. Mucho (en este mismo sitio hay varias entradas en las que hablo de ellos. Dejaré un enlace más abajo). Cada tanto encuentro alguno que me hace el día por algún motivo particular. En este caso encontré este mapa típico de mediados del siglo XIX, donde se creaban muchos de estos mapas como diversión. El autor es C. Wiltberger, quien creó este mapa alegórico de la templanza en 1838. El objetivo es llegar desde el Océano del Apetito Animal en el oeste hasta el Océano de la Eternidad en el este. (Pueden ver el mapa en mayor tamaño aquí).

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En un primer momento uno piensa que sería bastante natural investigar las Islas Indulgencia y de la Generosidad, pero esto te llevará a la Isla de la Compañía del Mal, y una vez que hayas atravesado la Trampa del Diablo tendrás que navegar por el Mar de la Intemperancia, con sus islas del Asesinato, del Hurto y de la Pelea. Más allá del Gran Golfo de la Miseria se encuentra el Mar de la Angustia, que te llevará a la Isla del Suicidio (y su capital, la combustión espontánea).

El sur aparenta ser un buen plan, con sus Lagos de Vino, Cerveza, Ron o Whisky; pero para ello hay que atravesar las tierras del Falso Placer, la Falsa Seguridad o las Falsas Esperanzas, lo cual no parece una buena idea.

Creo que el mejor plan es dirigirse hacia el norte y entrar en el Río de Agua Fría en Isla Esperanza. Luego tomar hacia el sur, hacer una parada en Cultureville (Villacultura) y seguir hacia el Monte la Ciencia. El Camino sigue hacia el Mar de la Templanza y luego dirige hacia el norte a través de la salida de la Edad Antigua, bordeando la tierra de la Plenitud (Cuidado con el golfo de las promesas rotas; incluso en esta última etapa, puede llevarte directamente al punto de la desesperación).

Mi parte favorita: Poverty Island (Isla Pobreza), la que tiene un puerto llamado Nosupper (Sincena).

Desconozco cómo era que se promovían o vendían estos mapas en aquellos tiempos y qué tanto se divertían las personas con ellos. Por mi parte me encantaría tener uno de verdad en mis manos y revisarlo cada tanto sintiéndome un Livingston momentáneo.

De una vieja entrada en este blog: El mapa del corazón.

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