Revoluciones en todos los tamaños

 

Revolución (1)

 

Walter Benjamin, en su Tesis sobre la historia (apuntes, notas y variantes), dice: «Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Pero tal vez las cosas se presentan de muy distinta manera. Puede ser que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en tren aplica los frenos de emergencia».

Cuando hablamos de revoluciones solemos pensar en la revolución rusa, en la francesa, en la cubana o en alguna otra particular pero que siempre tendrá la misma forma identitaria: un grupo de hombres y mujeres que mediante actos más o menos violentos cambia el estado de las cosas. Eso hace que olvidemos un hecho importantísimo: las revoluciones pueden ser de cualquier tamaño y objetivo. Las revoluciones pueden ser, incluso, personales y privadas. Como he dicho aquí alguna vez, hoy en día hablar bien es un acto revolucionario.

 

Revolución (2)

 

Ahora acabo de leer un artículo que promueve algunas acciones personales para llevar adelante una pequeña revolución. Si lo hiciéramos todos las cosas cambiarían radicalmente; pero como eso seguramente no ocurrirá, lo mejor que podemos hacer es llevar adelante estos cambios nosotros. Si por casualidad la cantidad de personas es mucha será genial, si no lo es, al menos habremos ganado en lo personal y eso, insisto, es una forma de revolución.

Vayamos a la propuesta del artículo (voy a tratar de no comentar demasiado cada punto. Muchos de ellos son claros por demás):

  1. Cuestiona.

Uno de los puntos claros. Desde Descartes en adelante ya se sabe que hay que cuestionar todo. Incluso a nosotros mismos.

  1. Desconéctate.

Fundamental. Hoy los medios no sólo estupidizan, sino que adoctrinan. Cuanto más lejos de ellos, mejor.

…. 3.Evita la distracción.

  1. No votes por ningún partido político.

Éste es un punto delicado. Sin bien la clase política está a la baja no es menos cierto que es una mal necesario. Además un buen político es algo maravilloso, que haya pocos es otra cosa. Comencemos a crearlos, por ejemplo.

  1. Aprende a discernir.

Esto está relacionado con los puntos 1, 2, y 3; y la síntesis es la filosofía.

  1. No formes parte de ningún ejército.

Obvio.

  1. Es tu salud, cuídala tú (no la industria farmacéutica).

Otro punto delicado. Si bien uno puede tomar ciertas precauciones sobre la propia salud, la crítica barata y liviana sobre la industria farmacéutica no es, creo, del todo beneficiosa. Es cierto que es una de las industrias más oscuras, pero también es de las más necesarias. Sólo hagamos un ejercicio de imaginación. No tenemos que ir muy lejos, sólo 150 años al pasado y pensar cómo era la salud en aquellos tiempos. Sin aspirinas, ni penicilina ni anestesia. Imagen sólo una visita al dentista…

  1. Evita los alimentos industrializados.

….  9.Deja de consumir.

Éste es el que más me gusta. Simple, higiénico y el más efectivo.

 

Revolución (3)

 

¿Servirá para algo todo esto? Sí, no me cabe la menor duda de ello. Sirve para la sociedad de todos y para la sociedad de uno. Y todo es cuestión de empezar, nada más.

Cambio de perspectiva

perspectiva

Aprender a cambiar de perspectiva cuando se hace necesario es una de las mejores costumbres que podemos tomar como hábito. En la medida de lo posible, trato de hacerlo siempre que me encuentro frente a un argumento o a una razón que me demuestra mi error, como hace un par de días, cuando un par de comentarios en mi entrada Belleza y verdad me hicieron rever mi postura y, aunque no la abandoné del todo, tuve que reconocer que lo que dije en esa entrada no era absoluto, sino parcial. Pero más importante sería cambiar de perspectiva en otros asuntos, como el que señala el científico y activista David Suzuki:

“La forma en que vemos el mundo moldea la forma en que lo tratamos. Si una montaña es una deidad, no un montón de mineral; si un río es una de las venas de la tierra, no el agua de riego potencial; si un bosque es un bosque sagrado, no de madera; si otras especies son parientes biológicos, no recursos; o si el planeta es nuestra madre, no una oportunidad; entonces nos trataremos con mayor respeto. Así es el reto, mirar el mundo desde una perspectiva diferente”.

Un simple pero profundo cambio de perspectiva es lo único que necesitamos para empezar a hacer las cosas de la manera adecuada. Como en un juego de dominó en el que una pieza se apoya en otra y ésta en otra y así hasta el infinito: hacerlo por nosotros y para nosotros.