Sí, existe.

FB 03

El cartel que ilustra esta entrada es una muestra patente de lo que yo llamo la odiosa filosofía Facebook. Allí cualquier imbécil dice lo primero que se le ocurre y de inmediato es seguido por una infinidad de estúpidos que ni siquiera se detiene a pensar durante tres segundos si lo que están viendo y leyendo tiene algún asidero lógico o (como en el caso de las citas o de ciertas noticias) si tiene una base real y fundamentada. Este tipo de carteles (o como diablos se los llame) se vuelven de inmediato virales; término que si lo pensamos un poquito poco tiene, también, de amable o halagüeño. El error del cartel precedente es buscar el “error” o la “culpa” donde no está. No es atacando a la ciencia como van a terminarse los problemas; sino que hay que buscar a los verdaderos culpables donde están: en las fábricas de armas (sobre todo en ellas; un par de datos: un bombardero B2 Spiriti cuesta 2.200 millones de dólares. El año pasado EE.UU. firmó un contrato por 55.000 millones de dólares para el desarrollo y la construcción de 20 bombarderos B3). por otra parte, el costo total del programa Curiosity (el que busca agua en Marte) fue de 2.500 millones de dólares; es decir lo mismo que cuesta un solo bombardero. La exploración científica es indispensable para el avance de la humanidad toda y no es recortando lo ya bastante poco que tiene ésta como van a solucionarse los problemas. Insisto: hay que atacar donde el problema está de verdad. ¿Y qué sucede con los actos de corrupción que mueven billones de dólares cuando con sólo una pequeñísima parte de eso podríamos encontrar la cura para muchas enfermedades curables? ¿Y el narcotráfico? ¿Y los billones que están en manos de diez o veinte familias y que además siguen creando más desigualdad para obtener más y más y más dinero? ¿Y las religiones —con el catolicismo a la cabeza de la lista—? Si hay sitios sin agua en nuestro planeta; si no hay comida suficiente en muchos países, si no hay salud en otros tantos, no es porque el dinero se gaste en exploraciones científicas estúpidas; sino que es debido a decisiones conscientes tomadas por políticos y hombres de estado o empresarios para quienes la vida humana tiene menos valor que la cantidad de ceros de su cuenta bancaria. Entre ellos juegan a ver quién al tiene más larga mientras medio mundo se muere de hambre, de sed o por enfermedades evitables.

El dinero para erradicar toda el hambre del mundo se ha calculado en aproximadamente 33.000 millones de dólares. Eso es lo que gastan las naciones en armamentos cada ocho días.

Sí, gente; hay inteligencia en la Tierra; pero no es haciendo carteles como estos la manera de demostarlo.

Más de lo mismo:

Limpiadores de conciencia (gratis)

Todos conocemos la vieja idea —hija de la guerra fría— del lavado de cerebro; técnica usada por la CIA, la KGB, varias religiones desde el inicio de los tiempos y nuevos cultos siniestros. Allí una institución usaba esas técnicas para lograr adeptos o para conseguir que esos adeptos hicieran tal o cual cosa, desde donar todos sus bienes hasta suicidarse.

Hoy gracias a las nuevas tecnologías, existe algo que he dado en llamar —a falta de un término público que lo identifique— limpiadores de conciencia. Vienen en varias formas y colores y, en líneas generales, se parecen a esto:

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El cartelito verde que se encuentra sobre estas líneas lo descargué de Facebook, el cual es uno de los sitios donde pululan estos limpiadores de conciencia. Si lo leemos, todos, casi diría sin excepción, estaríamos de acuerdo con lo que allí se dice. Todos estaríamos de acuerdo en que la columna de la derecha expone los términos de una vida digna de ser vivida y experimentada; el asunto es que llevar a cabo todo lo que allí se destaca no es tarea fácil. Lo que sí es fácil es publicar el cartelito en cuestión en reemplazo de las actitudes expuestas. Conozco, como es lógico, a la persona que “subió” el cartelito, y puedo asegurar de que no cumple ni con la mitad de los términos de la lista. Pero estoy seguro de que se fue a dormir convencida de que su vida era más limpia y perfecta de lo que realmente es (al igual que la vida de cualquiera de nosotros, no estoy aquí con el fin de ponerme en el lugar del alma impoluta que puede señalar los errores de los demás sin tomar nota de los propios).

Cada uno de nosotros debe conocer varios casos como estos. Yo conozco a personas que engañan o han engañado a sus parejas y que “suben” frases de amor tan huecas como obvias (limpiadores de conciencia románticos) u otros que saturan con sus limpiadores de conciencia religiosos pero que sé fehacientemente que han llegado a golpear a su esposa entre otras delicias de la vida cotidiana.

Los limpiadores de conciencia son útiles, sencillos de usar, no tienen contraindicaciones y permiten un sueño tranquilo y reparador. Mejores que el Clonazepam y el Valium y mucho más baratos.