Medios de incomunicación (Política II)

                                                           

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      A nadie escapa el hecho de que vivimos en una época de manipulación  mediática furiosa, intransigente, constante, exhaustiva. Ni siquiera debemos caer en paranoias conspirativas ni nada tan obvio ni débil. El poder mediático es, tan solo, el resultado de una ecuación simple: la necesidad del mismo neocapitalismo de afianzar su propia estrategia. Esta estrategia va más allá de las ideas de control un grupo de personas, es el fruto inevitable de su accionar; es la herramienta más poderosa que se ha creado para controlar a las masas. La otra herramienta es más grosera y menos efectiva: la del poderío militar. A diferencia de ésta, la manipulación mediática tiene, entre sus muchas virtudes, una inconmensurable: logra hacer creer a las propias víctimas de las virtudes de la opresión a la que son sometidas. ¿De qué otra forma puede entender, sino, que un pobre vote a un partido de derecha? ¿Cómo puede entenderse que un grupo de personas apoye medidas que están diseñadas para provocarles peores niveles de vida o recortes en sus libertades individuales? No otra cosa es la Patriot Act estadounidense o el apoyo a sistemas políticos-financieros que ni siquiera esconden sus ideas de trabajar para un grupo en particular de ciudadanos o, en algunos casos, directamente para países extranjeros.

“El liberalismo no puede dejar dudas al momento de comprobar su efectivo dominio, que se asienta además de en los resortes económicos en la superestructura cultural, educacional e instructiva. En las últimas décadas, esa superioridad se impuso largamente sobre la sociedad “electrificada” discursivamente, sobre todo por la televisión. Podría decirse que la captación que consiguió a control remoto generó una suerte de rebaño humano que, como en esos combos de comida chatarra que se ofrecen en las grandes ciudades, acabó siendo mediatizado, mediocrizado, idiotizado”. (Claudio Díaz. Diario de guerra).

No estoy descubriendo nada nuevo al tratar este tema; no tienen más que buscar en la red bajo el los términos manipulación mediática para encontrar una cornucopia de páginas que les podrán brindar millares de ejemplos diferentes. Pero me atrevo a recomendarles las muy conocidas 10 estrategias de la manipulación mediática. Para quienes tengan pereza y no quieran leer todo el artículo, les dejo un enlace donde podrán escucharlo en la voz del gran Eduardo Aliverti: https://www.youtube.com/watch?v=uTmjCfBSdzs.

Otro ejemplo:

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El simple recorte de una fotografía bien puede convertirse en una fuente magnífica para enervar los ánimos populares, si lo hiciera Al-Jazzera; o bien para tranquilizar los ánimos en la otra cara del planeta, si lo hiciera CNN. Insisto: esto es moneda corriente. Esto es algo de lo cual somos víctimas todos los días, en mayor o menor grado, en temas más o menos importantes. no voy a incluir más ejemplos porque este post sería interminable, pero “a vuelo de pájaro” como quien dice, recuerdo dos o tres casos: uno o dos días después de la muerte de Ramón Sampedro, el diario argentino Clarín publicó un montaje con cuatro fotografías. En las tres primeras se lo veía a Ramón hablando “a cámara” (las imágenes fueron tomadas del video que él hizo filmar en aquella ocasión), pero la cuarta era muy diferente, hasta en el color y el nivel de claridad. En esa imagen se veía a una mujer sosteniendo la cabeza de Ramón luego de muerto. Después se supo que esa imagen era anterior, y que la mujer estaba, simplemente, lavándole la cabeza. También recuerdo la portada del diario español El País, mostrando una foto falsa de Hugo Chávez, o el documental de Michael Moore Farenheit/911 donde vemos cómo la televisión norteamericana muestra a un grupo de civiles musulmanes festejando la caída de las torres gemelas (en aquel entonces yo vivía en los EE.UU. y recuerdo el odio generalizado que provocaron esas imágenes) cuando la realidad era bien otra: esas personas —casi todas mujeres y niños— sonreían y festejaban debido a que un grupo de soldados norteamericanos les estaban regalando golosinas y comida. Tal como en la imagen superior, el recorte no mostró a soldado alguno, por supuesto. 

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Y basta por hoy. Como dije, ejemplos sobran, cada cual puede buscar en su país (sería un ejercicio muy saludable, por cierto) y ver qué medio es el que miente más, en qué casos lo hace (de ese modo se sabe a quién sirve) y qué influencia tiene en la población. No hay muchas opciones: para saber dónde están nuestros enemigos tenemos que informarnos; y eso implica leer (mucho) y pensar (otro tanto). Buena suerte.

                                                                                                                                                                          

Ética contra ética

gelman

Recién hoy pude conseguir mi ejemplar semanal de la revista Ñ. Fue una grata sorpresa encontrar que todo el número está dedicado a Juan Gelman, con quien tengo una deuda pendiente. Esto se suma a mi satisfacción por los tres días de duelo que decretó el gobierno nacional. Así es como debe ser despedido un poeta, al menos con los honores que se merece. Ya lo había dicho el propio Gelman:

Condecoraciones

Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier,  a  mi vecino
el sargento de policía,
y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre   tanta   miseria   humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.
.
Lo que no dejó de molestarme, y en grado sumo, fue que quienes hoy le rinden un sentido homenaje con un título certero, adecuado, preciso: El poeta del compromiso y la ternura, son los mismos que en su momento apoyaron y dieron cobertura a la peor dictadura que haya sufrido la Argentina, la misma que sufrió Juan Gelman en carne propia (en 1976 Gelman tuvo que exiliarse, ese mismo año su hijo Marcelo, de 20 años de edad y la esposa de éste, María Claudia, de 19 años, embarazada de su primer hijo, fueron secuestrados. Marcelo fue asesinado y desaparecido. María Claudia conservó su vida hasta que dio a luz a una niña, la que fue dada en adopción a una familia pro-gobierno militar, y luego fue asesinada y también desaparecida. En 1990 Juan Gelman pudo recuperar los restos de su hijo, quien fue enterrado en un barril lleno de arena y cemento, y en el año 2000 pudo encontrar a su nieta. De María Claudia, aun hoy, no se sabe nada).
El número que tengo en mis manos de la revista Ñ lo voy a leer con atención y, seguramente, con una mezcla de sensaciones encontradas; pero lo haré porque los editores tuvieron, al menos, el buen gusto de encargar las notas a poetas y escritores como Juana Bignozzi, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Jorge Aulicino, o Raúl González Tuñón; pero no olvido (no puedo olvidar, ni quiero) que detrás estuvieron y siguen estando aquellos que fueron cómplices en la tortura, muerte y desaparición de un muchacho de 20 años y de su esposa de 19, junto a otros que suman los 30.000 —tristemente famosos— desaparecidos; personas con nombre y apellido ya de sobra conocidos. Que detrás de esta publicación siguen estando aquellos cuyo único dios es el poder y cuya única ética es la que les dicta el dinero.