Manuscritos medievales gigantes (y otras curiosidades por el estilo)

Si bien la mayoría de los manuscritos medievales son de un tamaño que podría ser fácilmente recogido y transportado, hay algunos libros que son tan grandes y pesados ​​que se necesitarían dos o más personas para levantarlos y trasladarlos. Entre estos se encuentran los volúmenes conocidos como «Biblias gigantes» (es por todos sabido que la Biblia fue el libro más copiado en la edad media) . Estos libros contienen una colección completa del Antiguo y Nuevo Testamento y presentan enormes dimensiones. Una Biblia de gran formato particularmente famosa es un pandect (término inglés utilizado para señalar a un tratado que cubre todos los aspectos de una materia en particular) de principios del siglo XIII conocido como Codex Gigas, que mide 890 x 490 mm y pesa más de 75 kilogramos (alguna vez escribí una entrada sobre este libro; si alguien quiere acercarse a ella puede ir aquí). Además del Antiguo y el Nuevo Testamento, el Codex Gigas también contiene dos textos de Flavio Josefo, Etymologiae de Isidoro de Sevilla, y una colección de tratados médicos.

 

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El manuscrito también se conoce comúnmente como la «Biblia del Diablo» debido a una gran miniatura a toda página del Diablo en fol. 290r, así como un mito que rodea la creación del libro. Se dice que un monje llamado «Herman el Recluso», rompió sus votos y fue sentenciado a ser enterrado vivo en las paredes del monasterio. Sin embargo, su sentencia sería conmutada si pudiera copiar un libro que contuviese todo el conocimiento humano y divino en una sola noche. A pesar de los mejores esfuerzos de Herman, alrededor de la medianoche se dio cuenta de que no podía completar la tarea, y se vio obligado a pedir un favor del Diablo, quien terminó el manuscrito a cambio del alma del monje. La miniatura fue pintada en homenaje al diablo.

 

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Sin embargo, no fueron solo las Biblias cristianas las que se hicieron en gran formato en la Edad Media. También hay algunas copias medievales tardías del Corán que presentan dimensiones igualmente impresionantes, como este manuscrito de 500 años de antigüedad, actualmente en la Biblioteca John Rylands de la Universidad de Manchester:

 

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Debido a que el manuscrito se ha considerado demasiado frágil para ser exhibido, la Biblioteca John Rylands ha optado por fotografiar el libro y ponerlo a disposición para su estudio a través de sus colecciones digitales. (Puede encontrar más información sobre este proyecto de digitalización aquí).

Pero, ¿por qué, exactamente, estos libros se hicieron tan grandes?

Hay una serie de posibles explicaciones. En primer lugar, el tamaño tiende a reflejar importancia. Debido a que los manuscritos de gran formato a menudo contienen la Palabra de Dios, es muy posible que algunas personas poderosas hubiesen deseado reflejar la importancia del texto con un formato que demostrara su estatus desde el primer acercamiento. Adicionalmente, algunos han sugerido que estos libros estaban destinados a reflejar el poder y el prestigio de los donantes que pagaron por su comisión, un obispo o noble acaudalado que quiso conmemorar su nombre en la producción de  un llamativo volumen. Otros han proporcionado un razonamiento más pragmático, sugiriendo que estos libros fueron diseñados en grande para descansar en un atril para la lectura pública, su gran tamaño hace que sea más fácil para los lectores de una iglesia ver la página. De hecho, la lectura colectiva de libros de gran formato estacionados en atriles se ha registrado en una serie de iluminaciones y pinturas medievales, como la imagen a continuación (aunque parece que estos cantantes podrían estar participando en un bar, en lo que tal vez fue el inicio del karaoke, más bien que entonar los salmos …):

 

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En la mayoría de los casos, es probable que sea una combinación de estos factores lo que motivó a algunos a crear enormes volúmenes manuscritos. La tradición de hacer libros de gran formato no se detuvo en la Edad Media, sino que continuó hasta el Renacimiento, ya que los escribas e impresores optaron por hacer copias aún más grandes e impresionantes que antes. En la siguiente imagen vemos a Glenn Holtzman en la Biblioteca Henry Charles Lea de la Universidad de Pennsylvania con un manuscrito absolutamente gigantesco de la era renacentista:

 

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La fascinación por los libros gigantes continúa en la actualidad, y algunos artesanos particularmente ambiciosos han asumido el desafío de llevar los límites de la producción de libros a proporciones épicas. Les dejo con este proyecto familiar en Hungría, que ha tenido éxito en crear, posiblemente, el libro más grande jamás realizado (¿Alguien se animaría, en estas épocas de cuarentena, donde parece que todos están más que aburridos, a hacer algo así?):

 

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El Códex Gigas

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Por un momento tuve ganas de titular esta entrada como “El Códex Gigas y la estupidez del vulgo”; pero luego me dije que el vulgo no es culpable en este caso (al menos no del todo) y dejé las cosas un poco más amables. Y es que a veces uno se cansa de tener que andar separando la paja del trigo, sobre todo cuando se supone que no debería haber tales mezclas.

Me explico: el Códex Gigas es un notable manuscrito medieval que ha sobrevivido en excelentes condiciones hasta el día de hoy. Es notable en muchos aspectos, casi todos ellos técnicos: su tamaño (mide  92 × 50,5 × 22 cm), su peso (75 kilos) y parte de su contenido (además del Antiguo y del Nuevo Testamento contiene algunos conjuros y parte de las Antigüedades judías, del Flavio Josefo.

Alguno se estará preguntando, entonces, a qué viene ese título que al fin no fue. Pues bien, es que al Códex Gigas se lo conoce, también, como La Biblia del diablo porque contiene una imagen de dicho ser fantástico. Al lado de esta página hay otro dibujo de la Santa Ciudad Celestial, pero nadie parece notar eso; todos se quedan en la mera exposición de la palabra diablo.

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La molestia también surge porque a veces encontrar información fidedigna en la red es bastante complicado. Si hacen la prueba podrán verlo ustedes mismos. Incluso busqué algo de información en inglés, en la inocente presunción de que allí encontraría algo más serio, pero lo primero que leo es: “llena de imágenes satánicas y hechizos demoníacos, el texto maldito, de acuerdo con la leyenda…”. Bueno, al diablo (precisamente) con toda esa estupidez. La verdad es que El Códex Gigas es un texto bastante aburrido. Tengo un ejemplar digital (si alguien quiere una copia puedo enviársela), el cual contiene las dos famosas páginas que se ven más arriba (no en la mitad como dicen, sino en las páginas 563 y 564) y; de las imágenes que verán a continuación, unas cinco páginas del primer tipo y unas 590 del segundo. Es decir que nada del otro mundo.

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Claro, por ahí anda dando vueltas una leyenda sobre un monje que hizo un pacto con el diablo y otras tonterías. No pienso perder el tiempo con eso. El Códex es un libro con algunas características sorprendentes y con eso debe ser suficiente para maravillarnos. Quien necesite historias vulgares puede buscar «Códex Gigas» en Google y recibirá una enorme cantidad de ellas.

Nota: las dos primeras fotos no corresponden al Códex original. Como podrán observar, en la primera de ellas las imágenes están en mitad del libro, cuando en el original se encuentran casi al final. También, en ambos casos las páginas se ven muy blancas y cortadas con exactitud. Es decir que ambos ejemplares son meras copias para el consumo de la masa, por más que usen guantes blancos y hagan toda la pantomima del caso.