Tecnología y la &@#$^@$%#^*&^(%&*

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Un mes atrás sufrí un percance que seguramente a todos, de una u otra forma, les habrá sucedido. Un golpe dañó el disco duro de mi laptop. Los problemas posteriores son varios: además del gasto de dinero, lo peor es perder información; en mi caso casi todo el trabajo que hice en los dos últimos meses, por ejemplo (sí, sé que hay que hacer respaldos y todo eso; y lo hago, pero a veces uno se confía, se deja estar y pasa esto). Luego de arreglar el problema —en la medida de lo posible—, me dedico a reorganizar el nuevo aparato. Luego de unos días el feader, ese adminículo que nos avisa de las entradas de los blogs amigos, decide borrarse por sí mismo; ahora es el teclado el que decide declararse en rebeldía y bajo una estricta autonomía, hace lo que se le antoja. Desaparecen los signos y hasta alguna letra (la ñ, por ejemplo) y hay que andar buscándolos por todo el teclado hasta que por suerte se las encuentra en el otro extremo. De todos modos no sirve de mucho, cuando a la degenerada se le antoja vuelve a la configuración anterior y otra vez comienza la búsqueda de un signo de interrogación o de un acento.

No hace mucho tiempo que se hablaba del fin del libro y tonterías similares. Aquí tenemos un argumento de peso sobre un valor añadido al acto de recopilar la información importante en papel. Tenemos libros que llevan cuentos de años encima y que, por supuesto, son perfectamente legibles; cosa que no pasa ni pasará con las modernas tecnologías. Cuando apareció el CD parecía que se había encontrado la panacea universal ¡Toda una biblioteca cabe en un pequeño disco plástico! Al diablo con ello, los CD tenían una vida limitada (limitadísima) y por si fuera poco, las mismas tecnologías se ocuparon en que quedara caduco en menos de una década. Ahora con las plataformas digitales y demás, todo el saber humano cabe en… vaya uno a saber dónde. Hace unos días leí un artículo sobre las futuras computadoras cuánticas o atómicas, las cuales podrán guardar el equivalente a todo lo que los seres humanos han escrito en una memoria del tamaño de un sello postal. Eso sí, que no se te corte la luz, hermano, porque vas a quedar, literal y metafóricamente, bien a oscuras.