Tal vez…

conexión

Imagínate que hubiera una máquina capaz de proporcionarte cualquier experiencia que quisieras.

¿Qué pasaría si todo cuanto desearas pudiera replicarse con una máquina tan exacta que fuera imposible notar la diferencia entre la copia y el original?

Una innovación tecnológica como esa, igual que el descubrimiento de la fuente de la juventud o el secreto de la vida eterna, te conectaría a una realidad más placentera que la propia vida real.

La «máquina de experiencias» se conectaría directamente al lóbulo prefrontal con nodos y cables unidos a un disco duro donde se programaría todo lo imaginable. Podría interactuar también con la memoria muscular para que los sistemas físicos del cuerpo, los brazos, las piernas, el tórax tuvieran contacto directo con la experiencia y replicaran las endorfinas propias de la actividad física.

Relaciones, aventuras, corazones rotos, riesgos, epifanías, alegrías y tristezas: todo podría articularse con tanta autenticidad que la experiencia real de esas actividades sería menos real, menos auténtica, que las que proporcionaría la «máquina de experiencias».

Hasta las sensaciones más complejas como la expectación, la derrota o la victoria, o lo que se siente al dirigir una película de éxito o al actuar ante una multitud de admiradores, todo podría emularse. Si fuera posible, si pudieras disfrutar de experiencias más humanas que las propias experiencias humanas, ¿lo harías?

¿O acaso ya lo has hecho… en internet?

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