Aldous Huxley en 1958

1946 --- Aldous Huxley --- Image by © Bettmann/CORBIS

«Creo que esta clase de dictadura del futuro, será muy diferentes a las dictaduras que nos han sido familiares en el pasado inmediato. Si quieres preservar tu poder indefinidamente, tendrás que obtener el consentimiento de los dominados; y esto se hará en parte por drogas, como predije en «Un mundo feliz», en parte por nuevas técnicas de propaganda. Lo harán evitando el lado racional del hombre y apelando a su subconsciente y sus emociones más profundas e incluso a su fisiología. Y entonces, haciéndote de hecho amar a tu esclavitud —y creo que éste es el mayor peligro—, la gente podrá ser feliz, de alguna manera, bajo el nuevo régimen. Pero serán felices en situaciones en donde no debieran serlo».

Aldous Huxley. Entrevista por Mike Wallace, 1958

Anuncio publicitario

No se coman las comas

medium

«El año 2000 nos encontrará unidos o dominados» Dijo el General Perón hace ya una cuantas décadas; y más allá de las simpatías o antipatías que el personaje en cuestión despierta, hay que reconocer que algo de razón tenía.

Como bien se sabe, hay formas y formas del dominio; los dos extremos podrían representarse, uno, con la guerra; el otro, con la publicidad. Al primero no queda otra opción que enfrentarlo con las mismas armas; en cambio, frente al segundo, estamos totalmente desarmados. Hasta tal punto esto es así que muchas veces somos nosotros mismos quienes adoptamos ideas o costumbres foráneas creyéndolas mejores sólo por ése hecho.

Hoy, en el trabajo, entre otros papeles, encuentro dos facturas. Leo: «Total a pagar: 18478.44». La otra dice: «Total a pagar: 101731.74». De manera inevitable, traduzco: «18.478,44» y «101.731,74» Y me pregunto: ¿De dónde salió la peregrina idea de reemplazar la clásica coma (la cual siempre indicó una fracción) por un punto? Pues de dónde va a ser. De los EE.UU. ¿Y quitar el punto que indicaba las unidades de mil o sus múltiplos? Bueno, los norteamericanos usan para ello, precisamente, la coma (siempre haciendo las cosas al revés) pero acá el cerebro no les da para tanto, así que, sencillamente, no ponen nada y que se las arregle el contribuyente o el lector.

mathheart

No soy de los que se quejan de todo lo extranjero; por el contrario: si algo se hace bien, tomemos nota de ello y adaptémoslo a nuestra forma de vivir o de actuar ¿Pero copiar lo malo? ¿En qué cabeza cabe tomar tal decisión? Los norteamericanos desconocen el número 1.000.000.000, el cual para todo el mundo es lo que es: mil millones. Para ellos ése número es un billón (creo que al billón lo llaman trillón, pero no estoy muy seguro de ello y no pienso averigüarlo). 

Math-Fail-Pics-159-600x456

Nuestros sistemas de medidas y pesos son prácticos, sencillos, (casi) universales y elegantes; los de ellos son confusos y complejos. ¿Por qué copiarlos entonces? No se me ocurre otra explicación: estamos tan dominados intelectualmente que ya no sólo aceptamos, sino que adquirimos malos hábitos simplemente porque vienen de afuera y, como se sabe, lo de afuera siempre es mejor.

Actualización: Son las seis de la mañana. Llego al trabajo y, como tengo programada una cena para esta noche, miro el pronóstico del tiempo (es un verano atípico, con lluvias cada cuatro días). Y me encuentro con que, para el lunes 21, no sólo tenemos el pronóstico del tiempo sino, también, se destaca el Martin Luther King Jr. Day. ¿Qué diablos hace esa fecha —feriado laboral en los EE.UU.— destacada en el pronóstico del clima de una ciudad de Argentina? No, si vamos de mal en peor…

Imagen 2

Vigilar, controlar, castigar. Parte I

Michel Foucault publicó en 1975 su estudio titulado Vigilar y castigar.  En él examina los mecanismos sociales y teóricos que hay detrás de los cambios masivos que se produjeron en los sistemas penales occidentales durante la era moderna. Allí hace referencia al Panóptico de Bentham.

Jeremy Bentham, en 1791, diseñó un sistema carcelario llamado panóptico. En palabras sencillas: el panóptico es una prisión circular con una torre en el centro. En dicha torre se sitúa el guardia, el que puede observar, de este modo, a todos los prisioneros. La torre central posee cristales que permiten la visión del guardia, pero impiden a los hombres encarcelados verlo a él.

El guardia ve al preso pero el preso no puede ver al guardia. Todos sabemos que, cuando una persona es observada, se comporta de manera diferente del modo en que lo hace habitualmente (no hay más que pensar en nosotros mismos; en las muecas que hacemos cuando nos cepillamos los dientes o en como cantamos a viva voz bajo la ducha. Y ni hablar si tenemos la casa sólo para nosotros durante un fin de semana).

Aquí se produce el primer giro interesante del diseño. El prisionero se sabe observado por el guardia y adapta su conducta para no ser castigado; es decir, se comporta de la mejor manera posible. Luego de un tiempo, ni siquiera es necesario que haya un guardia en la torre. Basta con que el prisionero suponga o crea que hay un guardia en la torre. Ante la duda de si hay o no un guardia en la torre, el prisionero se comportará como si lo hubiera. el prisionero comienza a autovigilarse; a autocontrolarse. El panóptico es el sistema de vigilancia perfecto: el prisionero se vigila a sí mismo.

Breve digresión:

En 1948, George Orwell publica su famosa novela 1984. Si no la han leído, seguramente conocerán a uno de los «personajes» principales: el llamado Gran Hermano. ¿Les suena? El Gran Hermano es, lisa y llanamente, el poder; y controla y vigila a todos los habitantes. ¿A todos? Bien, no a todos directamente. Orwell se encontró con un problema. No se puede controlar a todos  al mismo tiempo. Si B controla a A, ¿Quién controla a B? Digamos que lo hace C.; entonces ¿quién controla a C? Etc. Orwell sale del pasomcon una solución sencilla: hace que el Gran Hermano  controle directamente y durante las veinticuatro horas a los integrantes del gobierno -sin controlas a los controladores, por extensión controlas a todo el pueblo-.

¿Y adónde quiero ir a para con todo esto? Vamos al grano. A esto:

Hay millones de cámaras de seguridad en todo el mundo. ¿Hay alguien detrás de ellas? No lo sabemos. Pero cuando vemos una cámara de seguridad nuestro comportamiento se modifica. Somo los nuevos prisioneros del panóptico foucaltiano. Nos vigilan las veinticuatro horas y, a diferencia del 1984 de Orwell no necesitan que haya una persona detrás de cada cámara. Con las nuevas tecnologías todo se graba; es decir que todo podrá verse de ser necesario.

Así que, cuando veas una cámara de seguridad, no lo olvides, no importa si hay o no una persona detrás de ella. El Gran Hermano te vigila.