Carta de presentación.

Modigliani

En el capítulo 3 de Rayuela leo: “La Maga era de las pocas que no olvidaban jamás que la cara de un tipo influía siempre en la idea que podía hacerse del comunismo o de la civilización cretomicénica, y que la forma de sus manos estaba presente en lo que su dueño pudiera sentir frente a Ghirlandaio o Dostoievski.” Recordé aquella canción de David Byrne que dice algo así como “nuestra cara es un reflejo de lo que somos”. Ese tipo de ideas no es demasiado extraña; ya que todos, de manera más o menos consciente la ponemos en práctica. Sin ir más lejos, hay una sonrisa que me vuelve loco y a la que le agrego todas las virtudes que puedan imaginárseles. Todas las virtudes y ninguno de los defectos que seguramente debe tener y que siguen sin importarme. Por ahora me pliego a esa idea de que un rostro, un gesto o un detalle físico es suficiente carta de presentación.

De censura y democracia y Cortázar y León Ferrari

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Hoy se inauguró en Mar del Plata el IV Congreso Nacional de Ateísmo. Por cuestiones de trabajo no pude asistir a la inicio de las actividades, pero no me perdí el documental sobre León Ferrari con el que se cerraron las actividades de hoy. El documental se centró en los actos de vandalismo y censura que ocurrieron en el año 2004, con motivo de la muestra retrospectiva por los cincuenta años de actividad de ese artista inmenso que fue León Ferrari (quienes no conozcan su obra harían bien en buscarlas en la red. Hay mucho y bueno para ver, aunque siempre es recomendable hacerlo dentro de cierto marco de referencia, es decir, buscar las obras pero también leer algo al respecto). Uno de los más acérrimos opositores a la muestra fue el entonces Cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, hoy más conocido como el Papa Francisco. Lamentablemente, el documental no se encuentra en YouTube ni en ningún otro lado, ya que por razones de copyright (se incluyen en la cinta imágenes tomadas de la televisión y los responsables de dichos canales televisivos no autorizan su reproducción. La Santa Iglesia Católica sigue teniendo demasiado poder, incluso hoy), y esa fue una de las razones pro las cuales no quise perderme esta proyección: era hoy o nunca.

Más allá del interés por la obra de Ferrari (quien en el 2007 ganaría el León de Oro en la 52º Bienal de Venecia por su obra La civilización occidental y cristiana, y donde Ferrari, con acertada ironía, agradeció particularmente a Jorge Bergoglio por la publicidad que le había dado a su obra), uno sale rumiando el tema de la censura, de la intolerancia, del poder, de la estupidez (ésto último en referencia a los comentarios de religiosos, periodistas y políticos que se muestran en la película).

la-civilizacion-occidental-y-cristiana-1965-plastico-oleo-y-yeso-200-x-120-x-60cmLa civilización occidental y cristiana

León Ferrari, 1965

Ya camino a casa, y como todos los sábados, me detengo en un puesto de diarios y revistas y compro mi ejemplar de la revista Ñ. El tema central de este número son los treinta años de democracia en Argentina, pero me detengo en la columna editorial, escrita por Ezequiel Martínez:

“Ocurrió el 4 de diciembre de 1983. Oscurecía cuando Julio Cortázar salió de un cine sobre la avenida Corrientes, donde había ido a ver No habrá más penas ni olvido, basada en la novela de su amigo Osvaldo Soriano. Llevaba menos de una semana en Buenos Aires, casi de incógnito, después de una década de ausencia forzosa. Al salir del cine, la avenida estaba bloqueada por una manifestación a favor de los derechos humanos. Entonces sucedió lo que sigue, según el testimonio del periodista Carlos Gabetta en el libroCortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar de Diego Tomasi, que acaba de editar Seix Barral: “Había cantos, gritos, tambores, y en medio de esos sonidos se filtraba una especie de relámpago. Era el flash de la cámara de un fotógrafo que había reconocido la figura del barbudo escritor de casi dos metros. Entonces los flashes se multiplicaron, y la marcha se detuvo. Dice Gabetta: ‘Muchos empezaron a acercarse para saludarlo a Julio. Gritaban ¡Está Cortázar!, y se le tiraban encima. Empezaron a abrazarlo, a besarlo. ¡Julio, volviste!, le decían. Cantaban ¡Bienvenido, carajo! Entraban a las librerías a buscar libros de él, y se los traían para que él los firmara. Hasta hubo una persona que le trajo uno de Carlos Fuentes, porque no quedaban más de él. Yo lloraba, apoyado contra la pared del cine’”. 

Si me piden una escena que transmita el clima de efervescencia que se vivía hace exactamente tres décadas a partir de la recuperación de la democracia, me quedo con ésta. Hay muchísimas otras, por supuesto. Pero en el plano de la cultura, hundida durante tantos años en un pantano de censuras, listas negras, hogueras y prohibiciones, la imagen de Cortázar reconocido y abrazado por una muchedumbre, resume de algún modo el triunfo de la libertad y de la memoria sobre la torpeza de una dictadura ignorante.”

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Y entonces todo cobra un nuevo significado: la unión de una efeméride como la de los treinta años del fin de una dictadura monstruosa, la censura a un artista por pensar de manera diferente, el hecho de que hoy pueda llevarse a cabo un Congreso Nacional de Ateísmo sin que a uno lo quemen en la plaza pública, el hecho de que un documental no pueda ser exhibido libremente; todo ello nos dice que las cosas han mejorado, sin duda, pero que no es posible detenerse; de que es imprescindible e imperioso el tener una actitud de constante vigilancia y de constante activismo. No importa que haya muchos que prefieran quedarse dormitando frente a una pantalla o frente a un partido de fútbol o a cualquier otro sucedáneo. Uno sabe que debe hacer, sólo eso: hacer; y el tiempo dará sus frutos. Es una obligación moral para con los demás pero, sobre todo, para con uno mismo.

Historia de Cronopios y de Famas (la película)

Dentro del ciclo del actual Festival de Cine de Mar del Plata pude ver, ayer, Historia de Cronopios y de Famas, película basada, claro está, en el libro de Julio Cortázar. Desconocía la existencia de esta película y debo reconocer que pensé mucho en cómo se habría llevado a cabo tal adaptación, ya que ese libro de Cortázar no es, precisamente, un libro sencillo para ser traducido al lenguaje del cine (compré la entrada con bastante anticipación, ya que supuse que las localidades iban a agotarse, lo cual, obviamente, es lo que sucedió).Lo que me resultó atractivo desde el principio es que se trataba de una película animada basada en dibujos y pinturas de grandes artistas argentinos, es decir que prometía ser algo más que  una mera película de “dibujitos animados”. Esto último, sin duda, fue mi más certera predicción. Historia de Cronopios y de Famas no es una película común bajo ningún aspecto. Tan así es que me cuesta encontrar el punto de partida por el cual empezar a hablar de ella. Creo que lo mejor será desmenuzar lo que quiero decir en diferentes puntos. Por el momento les dejo el único video que encontré de la película y seguiré después.

· Historia de Cronopios y de Famas se basa tangencialmente en el texto homónimo de Cortázar. La película está dividida en diez secciones o capítulos y en algunos de ellos es difícil reconocer el texto que se ha tomado como referencia. En ese sentido tengo la sensación de que la película se basa más en las ideas o en la postura política de Cortázar que en el libro en sí (éste sirve, sin embargo, como nexo general, como eje narrativo; pero no mucho más).

· El trabajo plástico es desigual, aunque en líneas generales es de altísimo nivel. Para mí (ésta no es una palabra que me guste usar mucho, pero no tengo opciones), lo mejor de la película fueron los capítulos ilustrados por Antonio Seguí (el cual abre la película); el  abigarrado multicolor de Felipe Noé; los casi monocromáticos pasteles de Crist, y el excelente capítulo final, a cargo del enorme Carlos Alonso.

· Retomo el primer punto (lo cual demuestra que aun sigo sin encontrarle la punta al ovillo de lo que quiero decir). El capítulo décimo, ilustrado por Carlos Alonso, es el que mejor expone la mixtura de textos cortazarianos. Las referencias a la última dictadura militar argentina –en particular a los secuestros y a las torturas– son directas e inequívocas. Cuando uno piensa en Historia de… (es decir, en el libro) no encuentra nada que se le parezca; salvo está que se lea ese texto como una fábula o como un símbolo, lo cual no creo que haya sido la idea original de Cortázar (a este respecto hablaré dentro de poco. Hace un par de semanas terminé de leer Lecciones de literatura, el último libro publicado de Julio Cortázar, y lo que recuerdo que él mismo dice sobre Historia de… es algo bien diferente. De todos modos, releeré esas páginas otra vez antes de escribir el post en cuestión).

· Aun así, rever un texto de un autor y ampliarlo con la misma mirada de ese mismo autor no es algo que esté intrínsecamente mal; simplemente creo que habría que ser más certeros y decir que la película se basa en textos de Cortázar o especificar que se extienden las referencias más allá de ese texto, etc. A lo que apunto es que Historia de Cronopios y de Famas es uno de los libros más divertidos y livianos de Cortázar; sin embargo la película por momentos es demasiado oscura, densa, hasta un poco cruel por momentos. Repito: esto no es un demérito en sí mismo, simplemente me parece poco exacto.

· Dos puntos en contra: a) El doblaje. En líneas generales está bastante bien, pero hay momentos en que los parlamentos suenan terribles, falsos, fuera de tono. En ese sentido creo que hay que aprender de los muchachos del norte, cuyos parlamentos en las películas de animación es perfecto. Si se contrataron a los mejores artistas plásticos para realizar la película ¿por qué no contratar a los mejores actores para las voces? b) La extensión de algunos capítulos o su falta de un final más “redondo”, más acabado.

· Y ya voy terminando que esto se está haciendo demasiado largo para ser sólo un post. Historia de Cronopios y de Famas no es una película fácil de digerir. Por un lado no es una animación tradicional, a lo que hay que sumarle ciertas referencias locales (no pocas veces casi ocultas dentro de un trabajo estético denso u oscuro), también, por supuesto, es necesario conocer el texto original pero, además, es necesario conocer la otra faceta de Cortázar, aquella que se encuentra en algunas de sus novelas o de sus cuentos, pero que mayormente está en los ensayos y en los reportajes. Ésto último no deja de ser un escollo, ya que limita mucho el espectro de posibles espectadores.

 

Cortázar es Buda

Cortazar

En nuestro deambular por la red todos nos hemos encontrado con esos cartelitos con frases o citas de autores diversos y las hemos puesto en nuestros blogs o las hemos descargado a la memoria de nuestras computadoras. Pero ninguno es tan citado como Julio Cortázar. Creo que Cortázar es el autor que mejor tolera ser citado de esta manera, en base a esas frases u oraciones tomadas de sus novelas o sus cuentos y sacadas totalmente fuera de contexto. Aquí hay algunas, las cuales seguramente todos conocemos:

 

En este sentido me atrevo a decir que las frases de Julio Cortázar bien pueden ser consideradas como pequeñas piezas de conocimiento, no como meras frases bonitas como esas que se usan para adornar tarjetas de cumpleaños y que luego se olvidan para siempre. Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos. Dijo Buda; y si ponemos en práctica lo que cada frase de Cortázar nos dice, tengo la sensación de que seríamos  más comprensivos, más tolerantes, mejores amantes; en suma: mejores personas. Es decir, lo que pretendía Buda de nosotros.