Posiciones encontradas

.

SLLy6u0B_Q8 - 500

 

Dijo Elena Garro: «El amor no existe. Existe sólo un mundo que trabaja, que va, que viene, que gana dinero, que usa reloj, que cuenta los minutos y los centavos y acaba podrido en un agujero, con un piedra encima que lleva el nombre del desdichado». Pero de inmediato por la ventana entra William Burroughs y sentencia: «No hay nada. No hay sabiduría final ni experiencia reveladora; ninguna jodida cosa. No hay Santo Grial. No hay Satori definitivo ni solución final. Sólo conflicto. La única cosa que puede resolver este conflicto es el amor. Amor Puro. Lo que yo siento ahora y sentí siempre por mis gatos. ¿Amor? ¿Qué es eso? El calmante más natural para el dolor que existe. Amor».

 

SLLy6u0B_Q8-crop 01

 

¿Qué hacemos ante la dicotomía? Podemos tomar un camino o el otro o, mejor aún, podemos crear el nuestro. Por mi parte, pesimista irredento, no creo en la bondad del mundo, pero creo que al final de la jornada, cuando la noche cae y el silencio se adueña del mundo, no hay nada como la compañía de una piel amada para expulsar a todos los fantasmas. No es verdad que el amor no existe, como dice Garro; el amor es un acto, una acción, una práctica. El amor no existe si eres imbécil o incapaz, pero si te pierdes en él y aprendes un par de cosas, pues sí, ahí está, frente a ti, resplandeciente como ninguna otra cosa. Burroughs lo entendió (el viejo beatnik sorprendió a más de uno aquí): a pesar de todo lo malo que nos rodea —¡O tal vez por eso mismo!— el amor es algo que tenemos que crear (si no existe) o aprender a alimentar (si existe independientemente de nosotros).

 

 

SLLy6u0B_Q8-crop 02

 

Y hablo del amor como sentimiento a un ser y del amor como sentimiento abarcador, amplio, general. El amor a nuestra pareja y el amor a todos y a todo lo demás. He dicho aquí incontables veces que las dos únicas cosas que valen la pena en esta vida es el (amor al) conocimiento y el amor en sí. Para mí Borges, Mozart, viajar, pasear por cualquier calle de cualquier ciudad, un bosque, Schopenhauer, la llanura pampeana, el mar, Gustav Klimt, la matemática (que no entiendo del todo), la lluvia, el jazz, son algunos de los que forman parte del primer grupo. El segundo lo ocupa Lourdes, por completo. Es por eso que, al apagar la luz al llegar la noche, si siento su respiración a mi lado, sé que todo estará bien y que el día ha valido la pena. A pesar de todo. 

El universo en una cáscara de nuez

 

William Blake - Flames Of Furious Desires

William Blake – Flames Of Furious Desires

 

William Blake, el poeta, pintor y místico inglés nacido en 1757, es uno de esos autores a los que vuelvo una y otra vez. Sus trabajos poseen esa cualidad única de ir cambiando con el tiempo. Cada vez que uno lee un libro de Blake encuentra que es un libro distinto; que nos dice cosas diferentes de las que nos había dicho la última vez. También sus acuarelas tienen mucho para decir y no por nada es que son muy utilizadas por otros artistas como referencia o como objeto central de sus obras.

Ahora encuentro una carta que acrecienta mi reconocimiento por Blake al mismo tiempo que aclara un poco esa cualidad suya tan importante: la ambigüedad en el sentido de su trabajo.

William Blake - Ancient Of Days

William Blake – Ancient Of Days

Cuando Blake tenía unos veinte años, el reverendo John Trusler —autor de exitosos libros sobre religión, a la manera de los best sellers modernos, los cuales le habían brindado una pequeña fortuna— le pidió a Blake que ilustrara uno de sus libros sobre moral. Los trabajos que el pintor envió no fueron del agrado del reverendo, ya que no estaban de acuerdo al canon moral y estético de la época. El reverendo escribió una carta al poeta criticándolas y calificándolas de raras y exageradamente extravagantes; también aseguró que la imaginación de Blake pertenecía más bien al “mundo de los espíritus” (sea lo que fuere que eso pudiera significar).

En la carta de respuesta, Blake, luego de defender su obra y el carácter de su trabajo, se despacha con un párrafo de soberbia lucidez:

«Lamento de verdad que usted se encuentre distanciado del mundo espiritual, especialmente si soy yo quien tiene que responder por ello. Si estoy equivocado, lo estoy en buena compañía… Lo que es grande es necesariamente incomprensible para los hombres débiles. Aquello que puede hacerse explicable para los tontos no merece mi atención».

«Siento que un hombre podría ser capaz de ser feliz en este mundo. Y sé que éste es un universo de imaginación y visión. Veo que todo lo que pinto existe en este mundo, pero no todos lo ven de la misma manera. A los ojos de un indigente, una moneda es más hermosa que el sol, y una cartera gastada por haber estado llena de dinero ostenta proporciones más bellas que una vid cargada de uvas. El árbol que mueve a algunos al punto de las lágrimas, para otros es solamente una cosa verde que estorba en su camino. Algunos ven a la naturaleza ridícula y deforme, y yo nunca regiré las proporciones de mi arte bajo estos preceptos; hay personas que ni siquiera ven la naturaleza. Un hombre es, y así es como ve. […] Usted está ciertamente equivocado cuando clama que las visiones fantasiosas no pueden ser encontradas en este mundo. Par mí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación…».

Sí, este universo es una sola y continua visión de la imaginación. Esto se dijo en 1577. Era válido entonces, es válido hoy y lo será siempre. Imaginación, esa parte de la receta para la felicidad que solemos dejar fuera del pastel.

Quedan años por hacer…

De Los canales de piedra, de Miguel Ángel Zapata, (2008) dejo este poema casi en prosa en el que nos recuerda que la poesía siempre está allí, al alcance de la mano. Que somos nosotros quienes debemos recoger sus frutos y, sobre todo, que a mirar se aprende y que es casi nuestra obligación el hacerlo.

 

crear

 

Poema

Borges había dicho: “Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente”.

Ahora estamos aquí desorientados mirando el crisantemo, el lirio que no llora ni se lamenta.

Escribimos el ciprés y decidimos que nuestras vidas no son los ríos que van a dar al mar.

El mar es esa bestia amorosa que te entrega todo sin razón.

El poema está aquí, en el árbol de tu casa:

Escúchalo cuando cae de las ramas del Jacinto, cuando sube con el olor de la comida hacia tu boca, y te tienta y te roza como una mujer.

Quedan años de por hacer antes de dormir.

 

 

El misterioso acto de la creación

 

creación

 

Hace unos días Julie Sopetrán compartió un poema titulado Breviario de jardín. El título me pareció muy bonito y le pregunté cómo era que ella trabajaba, si comenzaba desde el título o si a éste lo buscaba después. Este tema que parece trivial no parece serlo tanto; algunos escritores dicen empezar por el mismo título o aseguran que son éstos quienes les inspiran las obras; otros, sin embargo, dicen sufrir horrores a la hora de encontrar el título adecuado (a vuelo de pájaro recuerdo ahora dos casos: el Oficio de tinieblas/5, de Camilo José Cela; quien le agregó la barra y el número a su novela al enterarse de que ya existían al menos otras cuatro con el mismo nombre; y el filósofo esloveno Slavoj Zizek, quien antes de publicar un libro suyo busca en internet de manera exhaustiva para asegurarse de que no haya ningún otro libro con un título igual al suyo).

En la conversación que mantuvimos con Julie, ella dijo: «Sí, ese fue un libro inspirado de principio a fin, fue como si alguien, no de este mundo, te dijera el título y luego tú tuvieras que girar alrededor de él, incluso vencer las dificultades que fueron muchas». Y luego continúa: «Depende, en este poema el título lo escribí al final, otras veces comienzo por el título. Por ejemplo mi libro El tiempo habitado, lo primero que escribí fue el título. Yo creo que surge de ese proceso de asentar el trabajo… tú sabes…». Yo agregué, para terminar (pero para continuar aquí, como verán): «Aquí hay algo que ya sabemos todos los que escribimos: hay belleza en la obra, pero hay una enorme y extraña belleza en el acto mismo de crear la obra. Tal vez, en ciertos casos, el acto de creación sea más sorprendente y maravilloso que el resultado en sí mismo».

 

1

 

Llegamos al punto, entonces, a tratar. Todos, en menor o mayor medida y según el trabajo o el autor, reconocemos la belleza de tal o cual obra; pero a lo que no podremos acceder jamás es a la belleza de la creación en sí. Soy un ferviente creyente en que en muchas ocasiones el proceso es muy superior a la obra, pero como este proceso es intransferible, se pierde para siempre en la nada y jamás podrá ser recuperado. Salvo que… (y esto es una forma de decir pero… y hacerlo de una manera positiva) enseñemos a los demás a ser creativos y que puedan pasar ellos por ese proceso de manera personal e individual. Ahora que lo pienso creo que también debería enseñarse en el mismo proceso el actuar con modestia; de lo contrario cualquiera va a querer acceder al Olimpo Artístico sólo porque escribió una página cualquiera.

Me voy a permitir, con toda modestia, hablar de dos casos personales. Algunos de ustedes habrá visto que cada tanto ilustro una entrada con un collage de mi autoría. Esto es lo más cercano que voy a estar de compartir un trabajo «plástico» mío, aunque tengo por costumbre pintar o dibujar a menudo. No voy a mostrar esos trabajos porque no tienen la calidad suficiente; pero trabajar con mis carboncillos o con mis pasteles, óleos, acrílicos o acuarelas se me hace algo necesario. Es el proceso lo que me interesa, no el resultado final. Mi segunda fuente de placer, aún mayor que la anterior, es sentarme a tocar el bajo con mis auriculares puestos para no molestar a los vecinos y dejarme ir; improvisar e improvisar a veces durante horas (si uno cierra los ojos hasta se consigue cierto estado meditativo muy interesante) sin importar que esa música se pierda para siempre en el aire ¿Qué importancia tiene? Lo que importa es el acto creador; como dije antes, lo que importa es el proceso; porque es allí donde reside, a veces, el arte.

 

bass

 

Comencé hablando de Julie Sopetrán y terminé hablando de mí. Eso tampoco es del todo extraño; en realidad estaba hablando de la creación artística y en ese sentido puedo decir que hablar de Julie o de mí es lo mismo; Maestra o alumno, lo que importa, como siempre, es la obra y, sobre todo, el proceso.

Mi voz, tu voz

Woman, Old Man, and Flower - Ernst

Max Ernst

En su breve poema Contra los recitales, José Emilio Pacheco nos dice:

Si leo mis poemas en público
Le quito su único sentido a la poesía:
Hacer que mis palabras sean tu voz,
Por un instante al menos.

 

Por demás acertada la visión del poeta mexicano. Si nos adentramos en el significado etimológico de la palabra poesía vemos que ésta nace del término griego ποίησις, (poeima); palabra compuesta, a su vez, del verbo ποιεῖν (poiein = hacer o crear). Es decir que la propia palabra poesía nos lleva de la mano al acto mismo de la creación; entonces, lo que nos propone José Emilio Pacheco no es otra cosa que ser partícipes de esa creación poética de la que él es el germen, pero no el hacedor último o absoluto.

Al margen: No puedo dejar pasar la oportunidad de irme por las ramas. No dejo de pensar en aquel En el principio fue el verbo” bíblico. Sigo jugando con la etimología y veo que puedo relacionar una cosa con la otra y decir «En el principio fue el verbo, es decir, la creación o, incluso, la poesía». La creación como acto poético, el poeta como creador germinal. ¿Qué fue primero, el verso o el poeta?

Mis neuróticos queridos

knausgard-1

“Estar en un recital de poesía es como estar en un hospital. No son más que neurosis”. Dice Karl Ove Knausgård que le dijo su amigo Geir. ¿Será así? ¿Serán los poetas unos neuróticos irredentos? Si ese diagnóstico es acertado me temo que la psicología debería rever sus planteamientos, ya que entonces nada mejor que ser un neurótico de cabo a rabo (o digamos de pies a cabeza, no quiero que ninguno de mis amigos poetas se sienta ofendido por esa referencia anatómica al antedicho rabo) y, posiblemente, cuanto más neurótico, mejor.

Busco una definición de neurosis en la red y qué va, no sirve de nada. Parece que hay tantas definiciones como necesidades prácticas (unos dicen que es una afección del sistema nervioso, otros que es una estrategia psicológica, otros que es una enfermedad emocional, otros…). Bueno, tomemos a la primera de estas definiciones: “La neurosis podría definirse como la estrategia que desarrolla la persona para eludir lo inaceptable, aunque con frecuencia lo que más trata de evitar el mecanismo neurótico es el sentimiento de angustia existencial o ansiedad”. Pues no, nada que ver… precisamente un poeta no elude su interioridad ni a palos ¡Precisamente lo que hace a un poeta es su sensibilidad y su capacidad de introspección! Que esa angustia existencial lo mueva a la creatividad y a expresarla de un modo tan rico y particular no los hace presa de una enfermedad ni mucho menos.

creacion

No sé quién está más errado, si el amigo de Knausgård o los psicólogos que ven enfermos por todos lados. Por las dudas, desconfiemos de ambos y sigamos trabajando nuestras “neurosis” según nuestro buen entender y proceder, es decir, volcando en bellos versos lo que tenemos dentro de nosotros.

Un Deja-vú divino

nuwa2

Nu Wa, creadora de la humanidad

Cuando la Tierra se separó del Cielo, no se conocía la especie humana aunque había ríos, lagos, montañas y mares. La diosa Nu Wa descendió un día al mundo y vio todo tipo de animales, pero se sintió sola porque no había nada que se pareciera a ella y que pudiera hablar. Se sentó a la orilla de un lago, amasó barro con el que hizo una figura imitando su propia imagen reflejada en la superficie del agua.
Jugueteó un poco con la figura de tierra y le dio un soplo divino. La figurita cobró aliento y empezó a parpadear. La depositó en el suelo para que caminara a su alrededor, mientras que ella modeló otras figuritas más o menos parecidas, que cobraron vida también con un soplo de su respiración providencial.
No se contentó en crear imágenes sólo de mujeres, empezó a conformar pequeños hombres para que formaran parejas con las mujeres existentes en el mundo. Así, tras trabajar un buen rato en la creación de la humanidad, creyó necesario acelerar el proceso. Tomó una cuerda larga cubriéndola de lodo, y empezó a girarla, desperdigando pedacitos de barro a su alrededor, que al caer al suelo se convertían en figuras de niños y niñas que se alejaban alegremente.
Así nació la humanidad, hecha de barro y animada en el aliento de la diosa.

La historias se repiten, la historias se realimentan, se amalgaman, se influencian. ¿Cómo es posible que aún haya gente que esté dispuesta hasta a matar por sostener ideas semejantes?